Julio Preve Folle
En la última semana y luego de un proceso en el que los brasileños sostienen que no hubo suficientes garantías, la Unión Europea prohibió la entrada de carne de Brasil en su espacio aduanero. La medida recogió inicialmente algunos comentarios favorables a nivel local, en un episodio que me recordó otro, que fue cuando algunos festejaban la aparición de la aftosa en Argentina por idénticas razones. Más allá de que el resultado final de la medida en el comercio internacional relevante para nuestro país no puede aún preverse, alegrarse con el mal de vecinos y aspirantes a socios no solo comporta una actitud pequeña, sino que es a la vez peligrosa en sus alcances.
SOBERANÍA SANITARIA. Estoy entre los que piensan que en nuestro país se sobrevaloran los aspectos sanitarios, frecuentemente convertidos en fines en sí mismos, a veces sin vínculo con el comercio, otras muchas sin fundamento científico serio. Es más, a veces las prevenciones sanitarias se ponen por encima de otros principios más relevantes tales como la libertad, la integración, el bien común, etc. En este sentido, recuerdo vívidamente a un director de servicios veterinarios en el 2002, cuando todo se caía y la gente sufría por problemas de desempleo y salario, fundamentando que de todas formas había que aumentar los recursos para el MGAP porque no había nada más importante en la prioridad de los gastos públicos: veía que la defensa de la frontera sanitaria era equivalente a una cruzada nacional, en atención a la que correspondía sacrificar cualquier otro objetivo. Razonaba de un modo lineal simple y equivocado pero frecuente: la economía depende de las exportaciones, éstas dependen de las de carne, éstas de los servicios veterinarios, y éstos de la mejora en el presupuesto. Incluso había y hay gente que hablaba de algo así como la soberanía sanitaria.
En Europa la tal soberanía no existe. En función de un valor superior -la integración- las decisiones sanitarias dejaron de tomarse en cada país, para hacerlo en una autoridad común. Llevado al Mercosur, esto implicaría la existencia de una autoridad sanitaria común supranacional, proventos cobrados por una autoridad común, decisiones sanitarias siguiendo fronteras biológicas técnicas y no políticas, en definitiva también en este tema, soberanía regional y no nacional. Quien conozca nuestros servicios oficiales, que creen ser distintos y mejores que los de todo el Mercosur y a lo mejor lo son, sabe bien que jamás entrará en la cabeza de sus técnicos dejar de resolver por sí y ante sí lo que afecte lo que llaman el patrimonio sanitario nacional, concepto absurdo y peligroso. Europa muestra que también en este tema se pueden tener decisiones regionales, lo que a la vez nos señala cuán lejos estamos de tener negocios comunes. Es esta forma de decidir por parte de Europa un modo sobre el que quería llamar la atención.
FESTEJO INDEBIDO. Aunque estuviera demostrado, que no lo está, que puede haber un cierto beneficio momentáneo en el comercio para Uruguay, lo que corresponde entre buenos vecinos y aspirantes a socios es la solidaridad. Lo primero que habría que haber hecho, al igual que cuando estalló la aftosa en Argentina, es llamar quien correspondiera al ministro del ramo del país vecino a testimoniar solidaridad, y a ofrecer ayuda que la puede haber en varios terrenos empezando por uno que a Brasil le importa mucho, que es el diplomático. Primero entonces solidaridad, no pequeñez, aunque queden dudas del accionar de los servicios del país vecino. Según parece todo este episodio contiene una mezcla de: demandas excesivas de requisitos técnicos por parte de los servicios veterinarios europeos, una respuesta imperial de los servicios brasileños, y una reacción desproporcionada de aquéllos, que sirve bien a intereses particulares de irlandeses entre otros.
NEGOCIOS POSIBLES. No se puede prever lo que pasará, entre otras razones porque se desconoce el tiempo que durará la aplicación de la medida. Se trata de efectos sobre una exportación a Europa de 517 mil toneladas, que suponen un 25% de las exportaciones de Brasil, las que a la vez representan algo más del 10% del comercio mundial lo que no es poco (entre 6 y 7 millones de toneladas). Pero entre cambios en los mercados de destino, una mayor absorción doméstica y una buena gestión diplomática, es posible que a no muy largo plazo la normalidad se restablezca. Quizás puede haber un cierto atoramiento en el mercado mundial fuera de Europa, lo que puede implicar presiones hacia abajo en los precios, y un efecto de sentido contrario en Europa que a lo mejor por un tiempito tonifica la demanda en ese mercado. Finalmente queda el efecto precio dentro de Brasil, que puede afectar no solo nuestras exportaciones sino incluso alentar desde allí importaciones, aunque para esto no faltará algún contratiempo sanitario que nuestros servicios pueden alegar.
Me queda otro efecto negativo que es el siguiente. El nerviosismo que sobre los precios de la carne evidencia el MGAP, seguramente se vería alentado si subiera de golpe algún precio de exportación. Y es precisamente este nerviosismo oficial el peor enemigo del funcionamiento del negocio cárnico. En efecto, nadie imagina el tipo de medidas que el gobierno podría querer tomar para afectarlo todo, aunque hasta ahora la cosa no pasa de cambios tributarios. Parece que el MGAP ha comprendido bien que en el toqueteo tiene más para perder que para ganar, pero sobre todo que si logra abatir precios por sus intervenciones no solo afectará la credibilidad del negocio, sino que aumentará la competencia de otros rubros con la producción vacuna. Pero insisto, todo parece indicar que el MGAP moderó su impulso, el que podría crecer si por el transitorio infortunio brasileño algún precio se fuera muy hacia arriba.
ITAMARATY. Finalmente una afirmación que encierra de mi parte un pronóstico de tipo maroñense. No creo que Europa pueda sostener frente a Brasil una medida draconiana de este tipo. No está fácil ni siquiera para Europa, dejar así en blanco y como incumplidor de reglas a Brasil frente al mundo. Creo que muy rápidamente Europa tendrá que levantar aunque sea parcialmente esta medida de una fuerza política enorme como para poder sostenerla. No es Irlanda una razón más fuerte que Brasil, que luce como país emergente de interés para todo el planeta. Mi pronóstico es que a partir de la acción externa de sus servicios muy profesionales, lograrán desarmar pronto la medida. Incluso más; si Brasil hubiese acudido a la OMC donde tiene todas las de ganar pero luego de engorrosos procesos, uno podría suponer que estamos frente a un largo contencioso. En cambio, al saber que Brasil ha preferido la vía diplomática bilateral, esto es porque descuenta una salida rápida a su problema.
En definitiva por muchas razones, más vale por un tiempo hacer como si nada hubiera pasado: por solidaridad, para no alentar el nerviosismo oficial, por prudencia económica y por una valoración de política internacional. Más vale la pena estar atentos a los que pase dentro de fronteras con la eventual intervención en los precios, que apostar a dudosos golpes de fortuna de afuera.