La inflación está de vuelta

Francisco Rosende | Desde Santiago de Chile

A mediados de los sesenta, en algunas de las más prestigiosas universidades del mundo, se proclamó "el fin del ciclo económico". Ello gracias a los conocimientos alcanzados por la ciencia económica en materia de políticas de estabilización y las destrezas adquiridas por los hacedores de política en cuanto a cómo maniobrar los instrumentos correspondientes. Como bien sabemos, pocos años después se comprobó que los ciclos económicos no sólo no habían desaparecido, sino que además, las acciones de la autoridad orientadas a suavizarlos habían provocado un significativo aumento de la inflación en el mundo.

Algunas décadas después, hemos visto como -con el mismo entusiasmo- ya no sólo se proclama el fin del ciclo económico sino que también el de la inflación.

Para economías con una larga tradición inflacionaria como las latinoamericanas, esta noticia no podía ser mejor.

MUERTE DE LA INFLACIÓN. Nuevamente, el argumento detrás de esta ola de optimismo -que se inicia en los noventa y comienza a diluirse en los últimos años- es el conocimiento que habría sido adquirido por la Ciencia Económica para administrar la política monetaria. Así, a través de sencillas reglas de determinación de la tasa de política monetaria -"reglas de Taylor" en el lenguaje técnico- sería posible alcanzar un escenario de estabilidad macroeconómica y baja inflación. Sólo se requería encontrar buenos directores de bancos centrales, en términos de su capacidad para aplicar este tipo de estrategia con una información habitualmente incompleta.

El representante más sobresaliente de esta nueva era fue por más de una década el anterior presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, a quién se le denominó como "maestro" por su depurada habilidad para tomar decisiones certeras con pocos datos.

Más aun, el satisfactorio desempeño observado por la economía norteamericana durante la mayor parte de la gestión de Greenspan llevó a que en algunos estudios académicos se evaluara la ecuación de la regla de movimiento "óptima" de la tasa de política monetaria que surgía de la investigación académica, con respecto a la trayectoria observada por dicha tasa durante su gestión.

INFLACIÓN Y DINERO. Como ha ocurrido otras veces en la historia monetaria de diferentes economías, la percepción de éxito de los bancos centrales a través de una determinada estrategia, llevó a desestimar teorías que ha ido construyendo la profesión a lo largo del tiempo y cuya relevancia parece vigente. Bien sabemos de ello en América Latina.

En concreto, en diversas economías se adoptó en la última década un esquema de "metas de inflación", donde el principal indicador -e instrumento- de la política monetaria es su tasa para préstamos a muy corto plazo, desestimándose la importancia de los agregados monetarios y los movimientos del crédito dentro del análisis. Al final, se retornaba a la idea de que la demanda de dinero se había hecho inestable, tras comprobarse que la liquidez creció fuertemente en los primeros años de la presente década, sin que ello se manifestara en la inflación. Este es, en términos generales, el tipo de debate que se ha planteado en economías como la chilena en los últimos años.

Así, bajo un esquema de "metas de inflación", la autoridad monetaria va calibrando "el límite de velocidad" de esta política en función de cómo evolucionen aquellas variables que se estiman como más relacionadas con su objetivo, como los costos laborales, el tipo de cambio y especialmente, las expectativas inflacionarias.

En esencia, parece una estrategia de política razonable, por cuanto se enfoca la política monetaria hacia un objetivo en el que su influencia es importante como la inflación, lo que no ocurre con otros como el empleo o el tipo de cambio real. Por otro lado, es razonable que la política monetaria se estructure a través de cambios en la tasa de interés, considerando la volatilidad que puede observarse en el corto plazo en la demanda por liquidez

No obstante, los problemas de dicho esquema de política son esencialmente dos:

i) por un lado, el uso de un esquema de metas de inflación puede llevar a decisiones erradas cuando se producen cambios transitorios en las condiciones reales de la economía -shocks de oferta- los que al reducir el ritmo de crecimiento de los precios promueven un manejo monetario más expansivo;

ii) cuando se opta por desestimar los movimientos del dinero se corre el riesgo de incubar un desequilibrio macroeconómico importante, en tanto se observe una tendencia persistente a que dicha variable crezca por encima de lo que sería la suma del crecimiento sostenible de la economía y la meta de inflación.

En la mezcla de ambos factores se encuentra buena parte de la explicación del aumento en la inflación que registran muchas economías, en un contexto en el que se observan episodios de fuerte expansión del crédito y en los precios de activos. El ejemplo más evidente está en la crisis hipotecaria de los Estados Unidos.

PRESIÓN DEFLACIONARIA. Buena parte del problema se origina en "la presión deflacionaria" mundial que provocó la fuerte incorporación al comercio mundial de las economías que anteriormente formaron la Unión Soviética, China e India. El efecto de ello ha sido impresionante y es fácilmente perceptible en bienes de consumo habitual.

En este contexto, naturalmente una política monetaria enfocada a un esquema de metas de inflación visualizó que podía ser más expansiva, como se observó en diferentes partes del mundo. En algunos países como Chile, que conozco mejor, un argumento repetido fue que la credibilidad en la meta de inflación de la autoridad "anclaría" las expectativas del público, al tiempo que esta vigilaría cercanamente el uso de la capacidad instalada. En este contexto, no tenía mayor relevancia el movimiento de las variables monetarias.

Evidentemente este exceso de liquidez debía manifestarse en algún momento. En algunos países se observó un fuerte aumento en el precio de los activos, en otros en incrementos de la deuda y del crédito. La pregunta entonces era ¿cuándo se trasladaría este a inflación?

Tal como ocurrió a comienzos de los setenta, fue un fuerte aumento en el precio internacional del petróleo -esta vez acompañado de mayores precios de los alimentos- el detonante de la mayor inflación que registran muchas economías.

Al igual que en los setenta, el problema más serio se ha producido en aquellos países donde la política monetaria ha reaccionado más lentamente al aumento de los precios, a la espera de que las condiciones reales adversas se reviertan. Por ejemplo, a través de una caída brusca en el precio internacional del petróleo. Sin embargo, el problema es que ello puede no ocurrir, o que demore lo suficiente como para "desanclar" las expectativas inflacionarias del público.

Para algunas economías como la chilena el resurgimiento de la inflación es un problema evidente, considerando que ésta pasó de 2,6% en el año 2006 a 7,8% en el 2007. En otros, el problema está latente. En definitiva, la inflación está comenzando a dar signos de vitalidad, lejos de haber muerto, lo que plantea un panorama complejo para bancos centrales que deberán hacer frente a un escenario internacional algo más turbulento.

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