El agujero negro del azúcar

Julio Preve Folle

Dos impactantes noticias se dieron a conocer hacia fin de año, que contribuyen a agrandar si fuera posible el agujero negro por el que la sociedad sigue tirando plata en favor de unos pocos.

DOS MALAS NOTICIAS. La primera es que la cosecha de caña del año 2007 cayó según Opypa un 30 % respecto del volumen que se esperaba, que se situaba en unas 350 mil toneladas, provenientes de unas seis mil hectáreas, las que duplican el área al momento del cambio de gobierno. Además, y como consecuencia de las mismas heladas que hicieron caer el rendimiento de caña por hectárea, cayó también el rendimiento en azúcar que de constituir normalmente un 10% bajó a 8,5%. Dicho sea al pasar, la existencia de heladas no puede señalarse como un hecho imprevisto. Más aún; se trata de la prueba del nueve, si fuera necesaria, para subrayar que la caña se planta en el mundo precisamente fuera de la zona donde aquéllas pueden con toda probabilidad ocurrir.

La segunda noticia es que la empresa estatal y venezolana ALUR (90% de Ancap, 10% de Pdvsa), anuncia una inversión de 35 millones de dólares para continuar la expansión de la caña y llegar a la mágica cifra de 10 mil hectáreas plantadas, número emblemático solo sostenible a partir de más gasto público y de transferencias de la sociedad.

Doña Ramona y Don Fermín, que son el sostén de muchas producciones, se merecen al comenzar un nuevo año explicaciones acerca de todo lo que está pasando en Bella Unión con su dinero.

AGUJERO NEGRO. Así por ejemplo, que la dirección de Ancap anuncie una inversión en aquel agujero negro de otros 35 millones de dólares, no puede pasar desapercibido entre pan dulce, zambombas y panderos. No puede ser. Hay que pasar raya de una buena vez y dar a conocer a la población cuánto se lleva gastado en alcanzar aquel objetivo de las 10 mil hectáreas, que algún día se logrará, vaya uno a saber con cuantos millones de dólares más. Esta información pública es particularmente necesaria porque Ancap, como ente autónomo que es, puede gastar e invertir lo que quiere sin el control previo del presupuesto nacional, sin opinión del Parlamento, es decir de la gente representada en él. Y la verdad que 35 millones es mucha plata como para pasarlo por alto entre burbujas de sidra. Por ejemplo, equivale a toda la devolución de impuestos que recibe el agro, es superior a lo recaudado hasta el 2006 cada año por concepto de Contribución Inmobiliaria, supera al Imesi de los combustibles, más que duplica el impuesto a los remates, y representa las dos terceras partes del Imeba del 2006 (fuente: Opypa en todos los casos).

Por supuesto que a esta cifra hay que sumar muchas otras. No sabemos por ejemplo cuánto invirtió ALUR en tierra; cuánto destinó a atender deudas de cañeros o de Calnu; cuánto pagó por reparar el ingenio; o cuánto participa en el financiamiento de toda la operación.

Y, finalmente, las dos cuentas más "saladas", al decir adolescente de hoy. Estas son: cuánto más paga el consumidor el azúcar hoy, por tener que comprarlo protegido; y cuánto pierde ALUR al elaborar su producto. De estas dos últimas cuentas voy a hacer unas estimaciones, y si me equivoco en ellas será un placer que se aclaren. Veamos.

El azúcar vale al público hoy, impuestos incluidos, $13,50 el kilo. Mi estimación de una paridad de importación libre hoy, sin aranceles, a partir de azúcar blanco de Brasil, agregándole márgenes de distribuidores, supermercado, etc., es de alrededor de $ 10 al público. Esta diferencia de 3,50 pesos, llevada a 60 mil toneladas de consumo supone un mínimo hoy de 8 millones de dólares anuales de transferencia del consumidor. Aquel precio de $13,50 se parece al equivalente de importación pagando aranceles. En cuanto a la empresa que importa crudo y lo refina -Azucarcito- en mi estimación podría vender tres o cuatro pesos más barato, tal vez a 10 pesos. Si no lo hace, y vende exactamente al mismo precio que ALUR, la Dirección de Comercio del MEF bien podría investigar la existencia de colusión con esta última. Aunque si vendiera más barato, entonces las pérdidas del ingenio de Bella Unión ya serían inenarrables.

La otra estimación es precisamente ésta: la de la pérdida de ALUR al extraer azúcar, pagando a los productores 31 centavos de dólar por cada kilo que su caña contenga. Este valor insólito duplica por ejemplo lo percibido hoy por los brasileños, entre 12 y 14 centavos. Estos productores por otra parte logran dos veces y media más de azúcar por hectárea que en Bella Unión, y además sin riego en la mayoría de los casos. En definitiva, lo que quiero señalar es que pagando por la materia prima más del doble que los brasileños, trabajando pocos meses, para volúmenes de industrialización que tienen importantes deseconomías de escala, la pérdida del ingenio no puede ser pequeña, aún vendiendo en el mercado doméstico con la protección del 35%. Hace un par de semanas un directivo de ALUR señalaba que al industrializar perdían 80 dólares por tonelada. Este cálculo optimista daría una pérdida anual para 30 mil toneladas de 2.400.000 dólares. Mi estimación es bastante mayor y la tomo a partir del dato de 550 funcionarios para una producción de 30 mil toneladas. En este caso con mis estructuras de costos estimo una pérdida de tres pesos por kilo, lo que supone más de 4 millones de dólares.

En definitiva, sumemos para festejar el 2008: 35 millones de inversión, 8 millones por diferencia de precio con una paridad de importación sin impuestos, y 4 millones de pérdida anual. Esto da 47 millones, sin contar otros apoyos que de seguro saldrán de los surtidores de nafta y gas oil. En resumen, estimo que importando crudo y refinando se podría vender a unos 10 pesos, e importando blanco sin aranceles también; pagando arancel se vende -este es el techo hoy- a $13,50 y calculo que ALUR para no perder probablemente debería vender a algo así como a 16 o 17 pesos lo que no logra obviamente. Estos tres precios marcan una tensión en el sistema, buenos motivos para coludir, y una bestialidad de despilfarro. No olvidemos tampoco que este proyecto político de Bella Unión fue llamado por el Mgap el "buque insignia del país productivo".

ALCOHOL. Con el alcohol hay también un espejismo. Las mismas razones que hacen inviable el azúcar se dan en el alcohol. Como es sabido, éste es apenas rentable aún en los países que son muy competitivos desde el punto de vista físico. Esto quiere decir que siempre será más barato importar alcohol de Brasil sin aranceles, porque produce mucho más, a mucho menor costo, sin riego, con otras economías de escala (475 millones de toneladas de caña contra 350 mil de Uruguay que la helada quemó) en las zonas geográficas correctas. Véase a este respecto que hay que recorrer muchos grados de latitud para encontrar un ingenio en Brasil o Argentina; no los hay por ejemplo en Rio Grande del Sur. De manera que para rentabilizar el alcohol en Uruguay a partir de caña también habrá que cerrar fronteras. No hay que olvidar que la competitividad no es de un país respecto de sí mismo sino en comparación con otros. Y allí perderemos también.

Y una última reflexión. Los productores cañeros de Bella Unión, a partir de un precio trucho, un precio político que triplica al del Brasil, obtienen hoy un ingreso bruto, si logran 4 toneladas de azúcar por hectárea, de 1.200 dólares. Quizás mañana sea de 1.500. Es casi lo mismo a valores de hoy que lo que se logra con 6 toneladas de maíz, que es el promedio nacional, o con 4 de trigo que es algo más de una media de 3.200 kilos. Y todo esto sin riego. En otras palabras, que hay disponibles genuinas alternativas agrícolas hoy totalmente a la mano, sin necesidad de que nadie pierda plata.

BUQUE INSIGNIA. Vamos pues a exigir de ALUR y del gobierno, ya que en definitiva es una empresa gubernamental, que nos dé cuentas de lo que viene haciendo; es el derecho de todos. Luego, a partir de los números cada uno opinará si, dados los beneficios sociales -económicos no hay ninguno- vale la pena que el buque insignia del país productivo siga navegando.

Una cosa más. Basta ya de propaganda oficial y de videos tontos, que muestran la engañifa de un país en movimiento que solo lo hace con el combustible retaceado de otros sectores o del consumidor, como si fuera un paisaje productivo mágico logrado sin costos sociales. No es así.

Es hora pues de explicaciones y con números en la mano.

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