JORGE CAUMONT
En su reciente libro, The Age of Turbulence (The Penguin Press, 2007), Alan Greenspan cuenta experiencias de su vida. Quizás lo más impactante sea su aseveración de que vivimos en un mundo nuevo que poco tiene que ver con el de 25 años atrás. Un mundo de economía capitalista global que es más abierto comercial y financieramente, más flexible, más cambiante, en el que los países tienen mayores elementos de defensa contra situaciones recesivas y en el que en particular Estados Unidos muestra una creciente capacidad para sobreponerse a sus crisis. Un mundo nuevo, sobre todo a partir de la caída del muro de Berlín en 1989 que, según el ex presidente de la institución económica más poderosa del mundo por las repercusiones internacionales de sus decisiones monetarias, "revelara el estado de ruina económica" a que había llevado el socialismo de la planificación central y de la propiedad pública de los medios de producción. Un mundo que ha descubierto -agrega el ex presidente de la Reserva Federal que durante veinte años coincidiera en su cargo con las administraciones de gobierno de Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo- el poder del capitalismo de mercado. Las afirmaciones de Greenspan hacen recordar por ratificarlas en los hechos, a las premoniciones sobre las consecuencias del socialismo que, en pleno auge de éste, realizara hace seis décadas y media Friederich Hayek en su libro The Road to Serfdom (The University of Chicago Press, 1944). Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974, anticipaba en su libro el fracaso del socialismo, la corrupción y los dislates de un sistema basado en la planificación central y no en el mercado como asignador de recursos, y basado en la propiedad colectiva y no privada de los medios de producción.
En The End of History and the Last Man (1992), basado en un artículo -The End of History-, en The National Interest de 1989, Francis Fukuyama proclamaba el triunfo de la democracia liberal y también, como Hayek primero y ahora Greenspan, puso a la economía capitalista de mercado, como condición fundamental para ello.
El derecho de propiedad, la propiedad privada de los medios de producción y las "grandes libertades" -de precios, de tasas de interés, de movimiento de capitales, etc.- están para Hayek, Fukuyama y Greenspan, en la base del triunfo del capitalismo de mercado y de la democracia liberal, sobre el socialismo de la planificación central y de la propiedad colectiva o social de los medios de producción.
RÓMULO Y REMO. La fundación de Roma se atribuye a Rómulo y a Remo. Hijos mellizos de Marte y de Rea Silvia, fueron abandonados en el Tíber por los sirvientes de Amulio quien había dado órdenes precisas para su muerte y asegurarse el trono de Alba Longa en el Lazio, que había quitado a Numitor. La loba Luperca los halló en el río y los amamantó y luego fueron recogidos por el pastor Faustulo quien los crió con su esposa. Con el paso del tiempo, Rómulo y Remo se enteraron de su origen, retornaron a Alba Longa, mataron a Amulio y repusieron a Numitor, su abuelo, en el trono. En el lugar donde la loba los había encontrado, Rómulo y Remo fundaron a Roma pero a pesar de su origen común, de sus luchas hombro con hombro ante terceros y de sus objetivos comunes, no coincidieron sobre el nombre de la ciudad y Rómulo terminó asesinando a Remo.
El progresismo uruguayo de hoy se aglutinó, mayoritariamente, ante las elecciones de 1971. Las distintas facciones que lo integran lucharon hombro con hombro por objetivos comunes y llegaron a la administración de gobierno y a la mayoría legislativa en 2004. Gobiernan además, a las empresas públicas y a los principales departamentos del país. Han tenido su triunfo pero, como Rómulo y Remo, esas facciones no piensan de manera idéntica. Cada una tiene una forma distinta de ver el camino hacia el objetivo común.
DOS PROGRESISMOS. Por un lado observamos el progresismo que busca modernizarse y se despoja de principios básicos de la izquierda del pasado. Un progresismo que respeta el derecho de propiedad y que confía en la propiedad privada de los medios de producción, que heredó las "grandes libertades" económicas, que las adoptó por confiar en ellas y que las sostiene a pesar de tener que realizar concesiones para progresar con ellas. Es el progresismo que entiende la importancia de la libertad de la tasa de interés, de los precios, del libre movimiento de capitales y de los pagos de la deuda pública, local y externa. Es el que ve a la globalización capitalista como proceso inevitable, ante el cual no se puede interferir si se desea el progreso económico para mejorar el bienestar de la población. Es el grupo que intenta trasponer las restricciones que impone el Mercosur y volcar el potencial comercial uruguayo hacia otras regiones en condiciones de una mayor libertad de comercio. Es en definitiva, la corriente que disimuladamente se vuelca e intenta adoptar al capitalismo de mercado como forma de lograr ese progreso.
Pero por otro lado está el otro progresismo, que convive con el anterior en las entrañas de la administración del gobierno. Es el progresismo que implícitamente reconoce el fracaso del socialismo y que intenta vanamente identificarse con un socialismo nuevo, que por el momento resulta indefinido y se resiste a abandonar características originales tales como la planificación central como asignadora de recursos y la propiedad colectiva o social de los medios de producción. Es el que pierde pie en el mundo y que solo encuentra escasos países, como Venezuela, Cuba, Corea del Norte o Ecuador y Bolivia, que vanamente siguen procurando alcanzar en los hechos una utopía irrealizable. Es el progresismo reminiscente que continúa rechazando la libertad de precios -propone controlar la inflación con sujeción de precios-; que ataca al derecho de propiedad en el agro -ve con desconfianza la tenencia de la tierra por extranjeros y propone fórmulas de desarrollo en el agro, diferentes a las que dictan los precios relativos-; y al derecho de propiedad en la industria, ya que ve con reticencia el cambio de propietarios y el avance de la propiedad de extranjeros. Es el que entiende conveniente la rigidez y no la flexibilidad en las relaciones laborales, y que sugiere regímenes particulares en cuanto a ocupaciones y a la conducción de las empresas. Es también el progresismo que se opone al pago de las obligaciones financieras del sector público, que se mantiene fiel a un proceso de integración comercial que ha fracasado, que por razones ideológicas no admite la vinculación comercial estrecha con una de las potencias económicas mundiales y que ataca denodadamente a la globalización capitalista. Es, como indicara más arriba, el progresismo reminiscente que insiste con avances estatistas y que desconoce las razones que explican el crecimiento excepcional de los últimos quince o veinte años de países socialistas como China, India, los emergentes del este europeo, los africanos y los emergentes de América Latina. Crecimiento que se ha dado, además, con baja inflación y sin crisis en sus sectores externos.
¿DUDA? Es indudable que el segundo grupo es superior en representación formal e informal, que el primero. Sus visiones son antagónicas y de la fraternal amistad inicial se ha pasado a la lucha explícita, la que de por sí retarda una expansión económica mayor, solamente disimulada por la situación tan favorable de la economía internacional. Es por ello que aún con origen y objetivos comunes, uno siente que como en el caso de los mellizos del Lazio, luego de las luchas que hombro con hombro han encarado, de las adversidades que han enfrentado juntos, de las alianzas que han construido para lograr sus propósitos y de otras cosas por el estilo, finalmente Rómulo puede terminar con Remo. Dada la disparidad de fuerzas entre uno y otro progresismo, la duda desaparecería. No sería improbable que en 2008, debido a objetivos políticos, un paso al costado de quienes integran al progresismo que se moderniza adoptando cada vez más los principios del capitalismo, cree el espacio para que el progresismo reminiscente vuelva a internarnos en etapas de estancamiento o retroceso, de inflación alta y de problemas en el sector externo.