¿Se hunde la Ronda de Doha?

JULIO PREVE FOLLE

El título es quizás más fuerte que lo que yo mismo siento, pero en todo caso que cada lector vea al final del artículo si responde afirmativamente o no a mi pregunta. Veamos algunos hechos.

EN ESTADOS UNIDOS. Este país es absolutamente clave para una posible culminación exitosa de las negociaciones. Por este motivo, la existencia de dos situaciones adversas al cierre de la Ronda en los Estados Unidos, amenaza fuertemente aquella culminación. La primera de ellas es el vencimiento de la autorización para negociar conferida por el Congreso al Presidente, que determina que éste en los hechos no posee una posibilidad real, operativa, de alcanzar acuerdos. Durante la vigencia del Trade Promotion Authority (TPA) los negociadores pueden trabajar en nombre del gobierno que luego reclama del Congreso su consideración, pudiendo éste aprobar el nuevo tratado o rechazarlo in totum pero no abrir su discusión. Vencido el TPA, que es esa autorización genérica, nada de lo acordado en Ginebra puede tener validez dentro de los Estados Unidos, por lo que los restantes países se niegan a cerrar acuerdos, y es sensato que así sea, ya que cualquier punto cerrado puede reabrirse en el Congreso. Como las posibilidades de Bush de lograr una nueva autorización son mínimas, ello obliga a esperar las elecciones de Estados Unidos para que el nuevo presidente obtenga si lo desea un nuevo TPA o fast track como también se lo llama. Nada bueno entonces por aquí.

Junto a esta dificultad digamos procesal, se suma la peor de todas que es el aumento del proteccionismo estadounidense que se recoge en múltiples expresiones, en especial de sus pre candidatos a la Presidencia, empezando por Hillary Clinton. Uno no puede apreciar desde aquí cuánto de sus declaraciones es solo para consumo interno preelectoral, pero en cualquier caso es evidente que no son estos tiempos los más favorables al libre comercio. También por esto hay que lamentar no haber llegado por parte de nuestro país a ningún acuerdo con Estados Unidos. Más adelante tal vez será más difícil.

BRASIL. Es notorio que hay más de un Brasil. En materia agrícola por ejemplo existen dos ministerios: el Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento (MAPA), que es el que simplificando las cosas podemos decir que se vincula con el "agronegocio", con el Brasil potencia exportadora de alimentos, y el Ministerio de Desenvolvimiento Agrario (MDA) que se ocupa de la llamada agricultura familiar campesina, cuya atención se fundamenta en posiciones fuertemente defensivas, que vinculan la pobreza con el comercio, con la falta de tierras y otros planteos de tufillo muy conocido. La negociación externa brasileña en Ginebra ha estado fuertemente influida por el MDA, con intereses coincidentes con el industrialismo paulista tradicional. En efecto, este poderoso lobby ha sido y es responsable de posiciones fuertemente defensivas en productos industriales, lo que está en la base de una respuesta equivalente de las potencias en materia agrícola, lo que a la vez satisface las posiciones brasileñas vinculadas a la defensa de la agricultura campesina. Claramente Brasil, líder del G 20, no posee en su posición externa intereses similares a los nuestros, lo que con singular miopía no ha sido advertido por nuestros negociadores, y si lo fue, la política o la ideología los hizo callar.

ARGENTINA. Tampoco representa hoy nuestros intereses sustantivos, dado que se encuentra en un proceso de reindustrialización en base a protección doméstica -detracciones a la materia prima, subsidios- al igual que hace cincuenta años. En el frente externo pues, de ser un león de las posiciones ofensivas en materia agrícola, se ha convertido en un gatito sin peso alguno, y suma con Brasil en las demandas de flexibilizaciones que permitan bajar el nivel de exigencia en la apertura de sus mercados industriales, lo que lleva inevitablemente a bajar la ambición en la apertura del primer mundo en sus mercados agrícolas. En otras palabras, pedir tolerancia en el acceso a nuestros mercados de productos industriales lleva inevitablemente a una acción equivalente de países importantes en sus mercados agrícolas. La suma de las flexibilizaciones de Argentina y Brasil, que se traduce en listas y más listas para no abrirse más, da como resultado que Uruguay pierde por todos lados: más y peor Mercosur económico, quizás un Mercosur más "compañero"… Por supuesto no escribo de Venezuela ya que ni siquiera integra el G 20 sino el G 33, absolutamente defensivo en materia agrícola.

El caso de Chile es uno sobre el que me gusta escribir ya que se trata de un país que no tiene que esperar nada de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En efecto posee acuerdos de libre comercio con países que en conjunto significan el mundo entero. Es decir que la mejora de otros países en el relacionamiento comercial con naciones con las que los chilenos tienen acuerdos, solo les empeora en términos relativos su confortable situación actual. Podría haber sido la nuestra cuando el gobierno dejó pasar el tren.

Hay otro elemento que perturba con seguridad la voluntad de muchos de llegar al final. Me refiero a la situación excepcional de los mercados mundiales derivada de la demanda creciente de países como China e India pero no exclusivamente. En momentos como el actual muchos se olvidan de la OMC ya que no es ésta una época de ayudas internas ni subsidios pero en razón de los elevados precios, que aunque duren serán siempre circunstanciales.

Lo que va en vías de hundirse no es poco. Ya he señalado en estas columnas que si no se reacentúa el tema de las flexibilizaciones de los compromisos preliminares -algo que ahora propician Argentina, Brasil y patéticamente Uruguay- podrían sobrevenir interesantes beneficios en particular para nuestro comercio agrícola. No solo por la certeza que un sistema multilateral de reglas introduce al entendimiento entre países, sino también por progresos muy tangibles. Ellos son muy rápidamente el fin de los subsidios a las exportaciones, las reducciones en la ayuda interna muy importante en Estados Unidos -hoy se estaba hablando de llegar a entre 13 y 16 mil millones de ayuda cuando Estados Unidos había empezado a negociar en 22 mil- y mejoras sustanciales en acceso por la vía de rebajas arancelarias, pero también con cuotas tarifarias en Europa. Esta oferta de cuotas Europa la va mediatizando cada vez que nosotros nos sumamos al coro de países con industrias de pacotilla a proteger, muchas veces también en nombre de intereses campesinos que tampoco poseemos.

SIN AMIGOS. Estas posiciones más defensivas que en bienes industriales viene adoptando Uruguay en la OMC, con todo el costo que significará también para la agricultura. No tengo dudas que derivan de posiciones que no son las del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), sino las de otras instancias de gobierno donde no solo no existe capacidad técnica porque se la ha destruido, sino donde se resuelven las cosas con arreglo a la ideología; y aún ésta, empolvada y vieja. En el MEF esa capacidad aunque mayor también es mínima, pero al menos no parecen darse tan intensamente aquellos reflejos sesentistas. Así las cosas nos vamos quedando solos. Sin acuerdos comerciales con los países más ricos como muchos tienen, sin acuerdos con países emergentes, sin relaciones intensas ni hacia el Atlántico ni hacia el Pacífico, sin vocación ni voluntad de apertura unilateral, sin muchas chances de un arreglo multilateral, nos queda solo México como un país próximo. Lo demás -Mercosur, Venezuela, Cuba- no solo no suma sino que resta.

Toda la conducción exterior del país, no solo en lo político sino en lo comercial, nos va a dejar al final del día con un nulo relacionamiento con los países que nos pueden ayudar en lo económico, y con un desastroso relacionamiento con los vecinos en todos los terrenos. Incluso dejando cada semana jirones de soberanía, como acontece con el Parlamento del Mercosur. A cambio de eso a lo mejor nos salvan Cuba, Venezuela o Vietnam o la India (sic)….O el más y mejor Mercosur. Hasta que descanse en paz.

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