El 31 de diciembre de 2003, Leonardo Olivera y Gabriel Fernández, Director y Gerente General respectivamente de Laboratorios Clausen, anunciaron a toda la organización que habían comprado una planta que se destinaría a la fabricación de productos farmacéuticos de alta tecnología. La planta sería acondicionada para la fabricación de productos biológicos y biotecnológicos sofisticados, y demandaría una inversión muy importante para el volumen de facturación de la empresa. Además, requeriría la contratación de técnicos y operarios que aumentarían en un 50 por ciento el personal. Más aún, representaba un cambio importante en la estrategia de la compañía.
Hasta ese momento, Clausen no tenía planta y todos sus productos eran fabricados por terceros. Además, el proyecto implicaba una fuerte reorientación hacia la exportación. Ambos tipos de actividad eran novedosas para la organización, que había comenzado a trabajar en 1995.
La profunda crisis de la economía del Uruguay del año 2002, que había afectado a todos los sectores de la economía pero muy particularmente al de la salud, apenas parecía que comenzaba a revertirse. El desafío era importante.
Leonardo es químico farmacéutico. Aunque nacido en Uruguay, realizó sus estudios universitarios en la Argentina; se graduó en la Facultad de Química y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires. Toda su vida profesional estuvo vinculada a la industria farmacéutica, tanto en Uruguay como en la Argentina. Gabriel también había estado conectado a la industria farmacéutica desde edad temprana. A los 21 años comenzó a trabajar en Laboratorios Gautier donde conoció a Leonardo. Durante este tiempo, Gabriel y Leonardo no sólo formaron un excelente equipo profesional sino que desarrollaron una fuerte amistad.
En el 2003, sólo el diez por ciento de la facturación se originaba en productos de venta libre. El resto estaba conformado por productos biológicos y biotecnológicos, orientados al tratamiento de patologías severas, como enfermedades oncológicas, transplantes y desórdenes de la reproducción. El 40 por ciento del total de los productos se elaboraba en Argentina y en Brasil. Con la nueva planta, la situación de la producción iba a cambiar sustancialmente. Allí se fabricarían sólo productos inyectables, biotecnológicos estériles en jeringa prellenada y sólidos segregados. El proyecto implicaba desafíos importantes ya que se debía contar con técnicos muy especializados en la construcción de las instalaciones, en las actualizaciones permanentes de la planta y de su moderno equipamiento, así como en la documentación de los procesos, las certificaciones, las validaciones y las valoraciones.
La nueva planta implicaba el ingreso de la empresa en otros países, pues el proyecto era inviable para atender un mercado con las dimensiones del Uruguay. Clausen tiene como objetivo ser líder en el área de productos de biotecnología e insumosupresores en el Uruguay, así como seguir exportando a la región y penetrar mercados tan exigentes como la Unión Europea. Además este proyecto productivo, implicaría incorporar un número importante de personal altamente especializado (científicos y técnicos en diversas áreas) lo que llevaría a cuadriplicar el número de trabajadores de Clausen.
Hoy la planta farmacéutica de alta tecnología ya no es más un proyecto, es una realidad y a partir del 17 de octubre del 2007 ha empezado a operar, en 6.500 m2; planta de sólidos segregada; planta biotecnológica; tres laboratorios de control de calidad, físico-químico, microbiológico y biotecnológico; construcción y equipamiento acorde a buenas prácticas de fabricación (GMP) bajo el marco regulatorio europeo (EMEA), de Estados Unidos (FDA) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Esta planta farmacéutica de alta tecnología, más los acuerdos comerciales alcanzados internacionalmente, convierten a este proyecto productivo, en un emprendimiento único en el Uruguay.