¿El colchón se volverá mochila?

JAVIER DE HAEDO

Conceptualmente, la evolución del precio del dólar en nuestro país, relativa a la del promedio de los precios de la economía, debería ser el espejo de la evolución de los precios en el exterior. Si los precios en el exterior suben mucho en dólares, los precios acá también deberían tender a hacerlo, mediante el abaratamiento del dólar frente al peso uruguayo, relativo a los demás precios de la economía.

Los precios en el exterior han venido subiendo aceleradamente y hay varios indicadores de ello: las series de precios de commodities, los precios de nuestras propias exportaciones (hay un buen indicador que produce la Cámara de Industrias del Uruguay) y cualquier indicador de inflación internacional, construido a partir de cotejar y promediar índices de precios en dólares en países, regiones o el mundo en su conjunto.

Es decir, si los precios externos suben, el país recibe un shock positivo, se vuelve relativamente más rico y su moneda tiende a fortalecerse. Como bien ha dicho el ministro Astori, no es posible pretender al mismo tiempo tener precios de exportación altos y dólar interno alto. Lo primero da lugar, razonablemente, a lo contrario de lo segundo.

Pero todo lo anterior no debería dar lugar a una pérdida de competitividad o de tipo de cambio real (TCR). Sin embargo, en nuestro país asistimos durante el 2007, a una significativa caída en el TCR. Según datos del BCU, que llegan a setiembre, en los primeros nueve meses de 2007 hubo una pérdida de competitividad, en promedio, con todo el resto del mundo, de 5,1%. Con fuera de la región, la pérdida llega al 8,0% y con Argentina al 10,0%, mientras que con Brasil hay una ganancia de 2,2%. Es posible que la pérdida con Argentina tienda a cero si se considera la verdadera inflación y no la que resulta de la manipulación del Indec, ya que la brecha entre realidad y ficción alcanza aproximadamente a 10%.

No obstante, los indicadores de TCR vienen convergiendo a un posible equilibrio desde arriba, desde hace algunos años, con mayor o menor velocidad. Con la crisis de 2002, el TCR se fue muy arriba del equilibrio que surge de considerar la evolución de precios en dólares en el país y sus socios comerciales. Natural sobre reacción por la crisis. Se puede alegar, entonces, que mientras no se llegue al "equilibrio", es razonable que siga cayendo. La cuestión es dónde está el equilibrio. Eso, en realidad es muy difícil saberlo, pero en cambio, sí sabemos (es público) que en el gobierno se lo considera en el promedio de los últimos 30 años (1977-2006). En lo personal comparto ese criterio, antes que elegir un año base con mayores o menores fundamentos. Por lo tanto, sabemos cuál es la referencia que tiene el gobierno cuando diseña sus políticas.

¿Qué dicen las series de TCR con base en el referido promedio histórico? Los datos del BCU, a setiembre, muestran al indicador extra regional en 89,5; al bilateral con Argentina en 72,8; y al bilateral con Brasil en 134,1. El indicador "global", es decir con relación al resto del mundo relevante, se ubica en 100,5. Casi, en el promedio histórico. Sin embargo, se puede estimar octubre algo más abajo, casi 1% por debajo del promedio histórico.

Hablando en plata, el precio relativo del dólar en Uruguay y los precios externos en dólares, que deberían ser espejo uno del otro, muestran este año una mayor caída en el primero que subida en los segundos. Pero esa pérdida de competitividad, que ha sido gradual, con paracaídas, hizo converger el TCR al promedio histórico que es la referencia oficial. Y en octubre, lo perforó. Se terminó el colchón, ¿se volverá mochila?

Tengo la impresión de que sí, que desde ahora la gráfica va a seguir hacia abajo y la pérdida de competitividad se dará dentro de la zona de números en rojo. No es fácil, en economía, para un gobierno, fijar el valor real de una variable. Mucho más difícil es fijar los valores reales de dos. Y, aparentemente, eso es lo que está ocurriendo, con el agravante de que hay un conflicto natural entre las dos variables cuyo valor real se intenta fijar por parte de las autoridades. Una, como ya dije, es el TCR, la otra, notoriamente, es el salario real.

El gobierno se ha impuesto como objetivo principal de su política económica, recuperar el nivel de salarios que se perdió durante la crisis, lo que implica un fuerte aumento del salario real en el actual período de gobierno. No tengo claro si ese propósito se limita al sector público o si incluye también al privado. Tampoco tengo claro cuál es la base de comparación a los efectos de la recuperación prometida. Pero veamos algunos números, a partir de las series de promedios mensuales de índice de salarios que publica el INE.

Consideremos a esos efectos como "pérdida durante la crisis" a la variación del salario real en la Administración Batlle y simplifiquemos, considerando los meses de diciembre de 1999 y 2004. En el caso del sector público, dicha pérdida fue de 17,0%. Desde diciembre de 2004 y hasta setiembre de 2007, la recuperación fue de 10,2%. Aún se está 8,5% por debajo del nivel de diciembre de 1999. Para el caso del sector privado la pérdida del quinquenio 2000-2004 fue de 23,6%, la recuperación desde diciembre de 2004 llega al 13,3% y aún se está 13,5% debajo de diciembre de 1999.

Ya sea que el compromiso se refiera a una parte o al conjunto, las consecuencias de su cumplimiento implican más gasto público (no hay que olvidar la indexación de las pasividades a la evolución salarial) y más presión sobre la demanda interna. En el caso de los salarios privados, con la productividad estancada, el traspaso a precios de los mayores costos es un agravante de la situación.

Es evidente que hay un conflicto de compromisos en la política económica: es imposible, al mismo tiempo, pretender alcanzar una significativa recuperación del salario real y el mantenimiento "equilibrado" del TCR. También estas dos variables suelen comportarse como espejos una de otra.

Es inexorable, volviendo al principio, que si el país enfrenta un mundo más caro, lo que en definitiva es algo positivo, que nos da márgenes, que nos da competitividad, el dólar caiga relativamente a los otros precios de la economía, ya sea que caiga en términos absolutos, cuando hay un objetivo de inflación moderada, o que aún subiendo en términos nominales, lo haga menos que los demás precios y caiga en términos relativos, como cuando la inflación mostraba dos o tres dígitos en nuestro país.

Pero ante un panorama como ese, hay ganadores y perdedores. Ganan los que reciben los mejores precios por su producción, que no son todos los productores locales. Pierden los que sólo reciben el impacto negativo del fortalecimiento del peso, pero no los beneficios de los mejores precios internacionales, ya sea porque sus productos no suben tanto o porque sus exportaciones o su competencia con importaciones, se refieren a países que no se han encarecido tanto.

Precisamente porque hay ganadores y perdedores, es que la política económica debe procurar atenuar los efectos negativos de los shocks positivos. Y eso se suele hacer con un mejor resultado fiscal, no gastándose toda la mayor recaudación que recibe por el aumento del ingreso y del gasto privado. Esa es la definición de un comportamiento contra cíclico. Más impuestos recaudados por el shock recibido, que se ahorran, se utilizan para comprar dólares y bajar la deuda pública neta.

Todo lo contrario es lo que se está haciendo: peso que entra, se gasta. En particular, en salarios y pasividades. Además, en el sector privado, se alienta una fuerte recuperación salarial, sin contemplar realidades particulares de ganadores y perdedores. De los que la pueden pagar y de los que no pueden hacerlo.

Ojalá me equivoque y que el gobierno pueda revertir la situación. Al menos, que no utilice la próxima Rendición de Cuentas para subir aún más el gasto en 2009, y que logre flexibilizar las pautas de salarios para la próxima negociación en el sector privado. Aunque lo ideal sería que recortara aumentos previstos para 2008.

En este contexto, en unos meses los indicadores de competitividad global van a estar más abajo y, por debajo de ellos, los de la competitividad con fuera de la región, que es la que se debería estar monitoreando en un contexto regional e internacional como el presente, muy diferente al de los noventa, cuando el peso de la región en nuestro portafolio era el doble que el actual. Competitividad extra regional que está, hoy, más de 10% debajo de su promedio histórico.

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