Hacia una ganadería muy diferente

JULIO PREVE FOLLE

Estamos viviendo transformaciones muy grandes en el paisaje productivo del país, convocadas por fenómenos que cuesta determinar si son pasajeros o quizás permanentes.

LA AGRICULTURA. He aquí lo que a mi juicio constituye una de las transformaciones más relevantes de los últimos tiempos, con proyecciones enormes en la pecuaria: me refiero al impactante avance de la agricultura en nuestro país. ¿Por qué ocurre esto? Operan razones internacionales, algunas regionales y otras internas.

Entre las internacionales hay que mencionar: por una parte el desempeño de las economías china e india, que hoy explican respectivamente el 32 y el 10% del crecimiento mundial, en tanto Estados Unidos y Europa contribuyen hoy solo con el 7,2%. Este crecimiento va acompañado de una occidentalización de los hábitos de consumo, lo que inevitablemente significa mayor demanda de alimentos así como de granos forrajeros necesarios para la obtención de proteína animal. En buen romance esto significa demanda incrementada desde el oriente en trigo, soja, maíz, carnes, lácteos, etc., todos rubros en los que -además- caen los subsidios, se reducen las ayudas internas y caen también los stocks mundiales, en buena medida como fruto del desarme parcial del proteccionismo de los países desarrollados.

El otro elemento fuerte de demanda internacional proviene de la búsqueda incesante de desarrollo de biocombustibles -bioetanol a partir de maíz o caña de azúcar, biodiesel a partir de aceite- para sustituir al petróleo. Esto no parte solo de una consideración económica asociada a los 100 dólares el barril de petróleo, sino también a una consideración política del principal productor de maíz del mundo que es Estados Unidos. En este país circula propaganda muy atinada en las estaciones de servicio en las que se ofrece la opción de biocombustibles o derivados de petróleo: la propaganda pregunta al usuario si prefiere ayudar a un terrorista islámico o a un agricultor maicero de Dakota… Es de los cambios americanos acaecidos luego del 11 de septiembre. En definitiva, por razones políticas y económicas, es claro que la demanda de maíz y soja viene tironeada también por el tema energético, dándose así la paradoja que la agricultura, que podría ser la gran perjudicada por los actuales precios del petróleo acaso su principal insumo, es en cambio la gran favorecida por los precios elevados que arrastra en los sustitutos agrícolas de aquél.

A estos factores internacionales más o menos permanentes -la demanda del Oriente parece una tendencia robusta, la del petróleo no lo sé- se suman los regionales, en concreto la Argentina y su política de castigo a la producción de granos a través de retenciones a la exportación. Esta política que había traído inversores a nuestro país, parecía entre las que podía revisarse a corto plazo. Sin embargo, la semana pasada recibió otro impulso al incrementarse nuevamente las tasas que quedaron ahora en 25% para el trigo, 35% para la soja, y 28% para el maíz. Las retenciones que están virtualmente prohibidas tanto en el Mercosur como en la OMC, permiten algunos efectos mágicos de corto plazo. Por ejemplo, la recaudación aumentará tanto como lo establecen las nuevas tasas porque en cualquiera de los tres rubros las siembras ya están realizadas. No obstante puede esperarse para el año próximo una reacción de los productores argentinos del tipo de la ocurrida en la carne vacuna, rubro que ha empezado a desarmar su maquinaria productiva como respuesta a estas políticas. Vale la pena repasar aquí que los derivados de aquellos granos obtendrán una materia prima abaratada en el porcentaje de las retenciones, aprovechando así un subsidio que les permite vender más barato en el mundo, incluido en los países vecinos. Chile y Uruguay se han defendido de este tipo de medidas y es muy lógico que así ocurra. Pero más allá de lo anterior, el efecto a marcar es que debería aumentar el arrendamiento de campos por parte de argentinos para hacer agricultura en nuestro país, escapando del asalto a que son sometidos allí.

LAS RAZONES INTERNAS. Esta expansión agrícola es posible también por una serie de razones internas que la favorecen. La primera es que se trata de rubros que a partir de los noventa son totalmente libres; no existe una política ni de fomento ni de castigo, resultando su desempeño el fruto del actuar libre de los empresarios, que se vinculan con el mundo a través del precio internacional sin interferencias de ninguna especie. La segunda es que en parte gracias al dinamismo de empresarios grandes, en buena medida vinculados con la Argentina, se ha incorporado un nuevo "paquete" tecnológico que se basa en esencia en escala, siembra directa y el uso de transgénicos, tanto como en una gestión de logística que les permite llegar a lugares impensados. Alcanzar hoy casi 400 mil hectáreas de siembra de soja cuando en el 2000 eran 8 mil debe ser un proceso único. Pero hay otra pregunta más. ¿Hasta cuánto podría continuar la expansión agrícola? La respuesta es que gracias a estas tecnologías la agricultura podría ocupar la mitad del país. Hay un estudio ya viejo de la Facultad de Agronomía que señala que de las 17,3 millones de hectáreas del país, no aptas para agricultura habría 8 millones y medio. De manera que el área agrícola actual de 1,2 millones de hectáreas podría multiplicarse varias veces sin limitantes por tipo de suelo, en particular con estas tecnologías modernas.

LA DISPUTA POR LA TIERRA. Pero véanse ahora estos números de valores máximos de los últimos días pagados por arrendamientos. La soja paga 200 y hasta 250 dólares de renta por hectárea; el maíz 200; la lechería 140; la forestación 130; la ganadería entre 80 y 100. ¿Qué significan estos números? Supongamos una relación insumo producto de 50% para la pecuaria, lo que significaría que la ganancia del rubro es un 50% del valor bruto de su producción. Haciendo una comparación con las rentas de 200 dólares, ello significaría que para equipararse a aquella renta obtenida sin trabajar, deberían lograrse con carne 400 dólares por hectárea, lo que supone a valores de hoy 300 kilos en pie por hectárea, para una producción media del país cercana a los 100. Esto significa que la presión de la agricultura por tierras ganaderas es enorme y explica que en las zonas agrícolas tradicionales no quede prácticamente ganado, ello explicado también por el hecho que con las técnicas nuevas los cultivos no tienen por qué rotar con ganadería.

Esto sugiere dos reflexiones: la primera es que el mérito del aumento de la producción de carne es mayor porque se hace cada vez en menos área. La segunda es que con seguridad la pecuaria se va a intensificar para disputar el espacio que aquellas rentas tan elevadas le disputan. Esta intensificación no pasa por un simple aumento de la oferta forrajera con tecnologías de producción de pasto, que no logran incrementos de producción como los que se necesitan, sino inevitablemente por la incorporación del grano a la alimentación en la pecuaria en distintas proporciones y modalidades combinadas con pasturas.

UN NUEVO PAISAJE. Si mi pronóstico es acertado cambiará -de hecho ya ocurre- drásticamente el paisaje rural, con agricultura en lugares impensados hasta hace un par de años, con suplementación con granos en casi todo el país, con figuras asociativas empresariales nuevas, y a lo mejor con muchos ganaderos con menos área dedicada a la carne por arrendar una parte a empresarios agrícolas, pero con una mayor producción animal en menos espacio a partir de granos aportados por los agricultores. Es posible que se vean cada vez más confinamientos de ganado, y en esta disputa por el espacio es seguro que cambiará el paisaje productivo. A lo mejor vemos soja o árboles donde antes había vacas lecheras, a lo mejor vemos agricultura en el norte realizada por agricultores del sur, argentinos o de otras nacionalidades, y mil combinaciones más. Es cuestión de ir al encuentro de esos cambios con la certeza de que todos, aun no exentos de tensiones, son para mejorar.

Hay no obstante una sola duda más allá de lo que ocurra afuera que no lo podemos manejar. La duda es qué pasará con nuestras políticas que amenazan ir en contra de este proceso. Ya tenemos prohibidos los nuevos transgénicos, las sociedades anónimas, hay gente del gobierno hablando del "problema" de la soja o de un nuevo modelo forestal, hay legisladores oficialistas que aprueban las detracciones y el control de precios, hay voces oficiales que califican ese agujero negro que es el proyecto azucarero como el buque insignia del país productivo, siguen tierras ocupadas, el MGAP anuncia limitaciones al derecho de propiedad que solo por su incompetencia no se han logrado implementar, hay amenazas de limitar exportaciones de lácteos y de las inversiones extranjeras en este rubro, y para postre este horror votado por casi todos los legisladores que es la comentada nueva ley de tierras, que ya ha impedido la concreción según me consta de negocios concretos. A ello hay que sumar otros temas fuera del agro que deshacen el clima de negocios como el desborde sindical, la inicua reforma tributaria, la ausencia de política exterior, la inseguridad, etc.

Se plantea pues un escenario preñado de oportunidades que entre otras cosas nos traerán una ganadería mucho más intensiva, con mucho grano en la alimentación provisto por una agricultura en expansión. Para que esto no se pare hace falta lo de siempre: respetar la libertad, intervención mínima del gobierno, apertura externa, transparencia en la formación de los precios, y unas pocas reglas. Nada más.

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