Dólar barato, sensación de bienestar

ISAAC ALFIE

En los últimos meses es tema de diario comentario la profundización de la caída en la cotización del dólar frente al peso uruguayo, baja que, en menor porcentaje, también se da en el resto de las monedas extranjeras. Es decir, nuestra moneda se ha valorizado frente a la mayoría de las monedas. Algunos explican este comportamiento del peso por la "contractiva" política monetaria del gobierno, que ha subido la tasa de interés "piso" para las operaciones de call. Esta tasa subió de 4% a 5%, enseguida a 7% y recientemente a 7,25%; en todos los casos, por debajo de la inflación corriente y en especial de la esperada. En este sentido y si existiera "canal monetario", la política monetaria de todas maneras sería expansiva ya que los intereses no compensan la inflación (1). La suba de la tasa de interés tiene como objetivo aumentar la demanda por dinero doméstico. Ahora bien, Uruguay es un país donde la participación de la moneda nacional tanto en depósitos como en créditos es escasa, por tanto encarecer el costo del crédito, aumentando la tasa de interés, y con ello pretender desestimular la inversión y el consumo carece de sentido práctico. Siendo éste el instrumento elegido por las autoridades para aumentar la demanda de dinero y controlar la inflación, el mismo está destinado al fracaso. En función de lo anterior cuando en Uruguay se produce un desequilibrio por exceso de oferta en el mercado monetario que conlleva el aumento de los precios, el único instrumento efectivo y eficiente de corto plazo para controlar su suba es actuar sobre el tipo de cambio. Por ello es tan importante evitar esos desequilibrios.

Desde mi punto de vista, la política monetaria no es para nada contractiva ya que, con una cantidad de dinero que crece durante los últimos 4 meses a un ritmo del orden del 28% anual (2), no parece razonable pensar que la gente demanda más dinero adicional que ese 28%. En efecto, dado el crecimiento del PIB, para "mover" la expansión de la economía se necesita sólo 5% a 6% de dinero adicional por lo que, en equilibrio, el resto sobra. Personalmente no pienso que los agentes económicos, incluyendo los bancos, estén tan necesitados de pesos que, pese a ser negativa su tasa de interés real, de todas maneras retienen este enorme aumento de su cantidad y no les alcanza por lo que requieren más. Alguna otra explicación debe existir. En tren de buscarla me inclino por la creencia generalizada que los agentes están buscando el piso del valor del dólar y piensan que el gobierno no dejará subir su precio porque definitivamente sería su acta de defunción a la vez que, por el momento tiene recursos suficientes como para ello. Este pensamiento tuvo dos espaldarazos recientes.

El primero, cuando en determinado momento el BCU vendió una importante cantidad de dólares y su cotización cayó abruptamente para nunca más recuperarse.

El segundo, entre septiembre y octubre cuando el gobierno puso sobre la mesa una importante masa de recursos fiscales para hacer que el IPC mostrara un comportamiento moderado en el bimestre. A ello se le suma el no aumento de los combustibles cuando el precio de referencia de la tarifa, corregido por la cotización actual del dólar está en US$ 80,50 por barril, frente a uno superior a US$ 90 del spot.

Con esta expectativa y con el pensamiento "innato" de los uruguayos que en algún momento el dólar va a subir porque la situación se volverá insostenible, sabiendo que como la canción, "nada es para siempre", los agentes económicos toman la mayoría del exceso de oferta de moneda local, lo colocan en pesos, pese a su tasa real negativa (pero la tasa medida dólares es muy alta), esperando el momento exacto para salir a comprar dólares. El día que salgan a buscar los dólares, éste subirá indefectiblemente, causando los consabidos problemas.

Naturalmente que el comportamiento del público también se explica porque los capitales siguen fluyendo de manera abundante desde los países desarrollados hacia los emergentes y cuando eso pasa, es difícil que la moneda local se devalúe, no hay inestabilidad en el horizonte, de donde el "juego" se vuelve menos riesgoso.

DÓLAR Y EURO. Una creencia que está ganando terreno es que la valorización del peso es igual que el resto del las monedas del mundo y entonces bastaría observar la cotización del euro para verificar que estamos bien. Esto no es así desde el momento que el peso uruguayo se revalorizó frente a casi todas las monedas.

De todas formas intentaré desmitificar esta explicación. Tomando como base el promedio de 2004 y comparándolo con el promedio hasta septiembre de 2007, si bien el euro se ha revaluado nominalmente frente al dólar, lo hizo en apenas 8,1%, en tanto si corregimos la valorización nominal por el diferencial de aumento de precios domésticos en el área euro y Estados Unidos de América, la revaluación de la moneda europea en términos reales se reduce al 4,9% si tomamos como índice "corrector" los precios al consumidor, o 3,6% si tomamos los mayoristas. Por tanto no hay una gran diferencia entre la evolución vis a vis del euro frente al dólar, apenas si el primero se ha revalorizado.

En cambio, existe una realidad muy distinta si comparamos el euro o el dólar frente al peso uruguayo. En efecto, los precios internos de nuestro país, ya corregidos por la diferencia de niveles de inflación, se han encarecido en los últimos tres años 25,2% frente a los de Europa y 31,5% frente a Estados Unidos, si el deflactor es el IPC y 11,9% y 16,0% respectivamente si el deflactor es el índice de precios mayoristas. Es decir, el problema está ahí latente.

MARCO EXTERNO. No hace falta repetir bajo qué escenario internacional en materia económica nos movemos en la actualidad. El mundo vive un período de auge cuya extensión no conoce precedentes, al menos estadísticamente registrados, en medio de estabilidad de precios, tasas de interés reales muy bajas, enormes flujos de capitales y economías mucho más integradas y abiertas que antes. Como siempre, los abundantes flujos de capitales traen crecimiento de corto plazo, a la vez que permiten que las monedas locales se estabilicen y fortalezcan. Una moneda local fuerte, entre otras cosas, hace menos pesada la carga de intereses de la deuda (3) liberando recursos para otros usos, a la vez que facilita el acceso a bienes tecnológicamente superiores, es decir facilita el consumo de bienes "deseados" por la gente. Si a esto le sumamos que, a diferencia de otras bonanzas, la inversión no sólo es financiera sino que los fondos de inversión sea participando en empresas o financiándolas en condiciones ventajosas, han desembarcado en las economías emergentes tenemos que, sin perder su carácter de búsqueda de rentabilidad de corto plazo, los capitales ya no son tan volátiles como la mera inversión financiera a la vez que contribuyen de mejor manera al aumento del PIB y por tanto la situación es definitivamente mejor que antes.

LA SENSACIÓN. Esta coyuntura mundial produce aumento del PIB local, aumenta la actividad, el empleo y el salario real. Naturalmente reduce el desempleo. Las exportaciones suelen crecer, aún con tipos de cambios reales deteriorados, al tiempo que las importaciones también aumentan, incluyendo las de consumo, en especial de bienes de consumo duradero (4). Es claro que el precio relativo de determinados bienes se abarató, automotores, electrodomésticos, viajes y por tanto su demanda crece. La gente aprovecha la circunstancia. Todo eso está pasando en nuestro país.

Con las cifras a la vista, el marco externo y sus consecuencias ya reseñadas, los agentes económicos se sienten más seguros, consumen e invierten más. Si a esto le sumamos un fenómeno no muy frecuente, la enorme mejora de los términos del intercambio, todos lo efectos usuales se potencian. Es que la misma producción global produce mayor ingreso monetario, -porque el precio es mayor-, de donde el empleo y los salarios deberían crecer más. El propio teorema de remuneración de los factores de producción muestra cómo los términos del intercambio terminan determinando en gran parte los salarios de una economía, mucho más cuando ésta es pequeña y abierta.

Es obvio además que, el resultado de la estabilidad relativa de la moneda provoca un efecto de sensación de bienestar, que es real. En efecto, pocas cosas son mejores que no tener que pensar en el valor del dólar del día o mes siguiente. La estabilidad mueve la economía de la misma manera que la incertidumbre la para en seco. En especial si la incertidumbre se centra sobre el valor de la moneda, la actividad se retrae de manera casi inmediata siendo frecuentes los fenómenos de sobre reacción, es decir que a corto plazo los efectos son mucho más fuertes de lo que deberían ser.

El punto central es que la sensación de bienestar se convierta en bienestar duradero y para ello una de las condiciones necesarias es solidificar las finanzas públicas de manera de evitar la zozobra futura. Lamentablemente esta parte de los deberes no la estamos haciendo. La oportunidad del presente es única y seguramente inigualable en la vida de todos nosotros, el mundo como nunca antes parece seguir dándonos aún tiempo de hacerlo; si no nos preparamos lo pagaremos caro.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar