Los fondos soberanos no constituyen una amenaza

| Las acciones atraviesan las fronteras territoriales, por lo que cada vez hay menos empresas de capitales nacionales

MATTHEW LYNN | BLOOMBERG

Al ministro de Hacienda británico Alistair Darling no le gustan. Al primer ministro italiano, Romano Prodi, y el comisario de Comercio de la Unión Europea, Peter Mandelson, tampoco.

Los fondos soberanos, enormes reservas de capital acumuladas por un pequeño grupo de países, principalmente ricos en petróleo, para invertir sus fondos alrededor del mundo, han llegado a ser muy impopulares.

Conforme los fondos crecen en poder y riqueza, el clamor para que haya una mayor regulación de sus inversiones no hará sino aumentar.

Son puras tonterías. Los fondos no representan una amenaza para nadie. No hay un caso coherente que presentar en su contra. Y el remedio que se adopte probablemente sea peor que el problema que se intenta resolver.

Eso no evitará que los políticos lo intenten. Darling dijo en octubre que el Gobierno británico protegería a las industrias estratégicas de ser adquiridas por fondos de inversión extranjeros controlados por el Estado, como los de Kuwait, Arabia Saudita y China. "Los fondos de riqueza soberana o las compañías propiedad de Gobiernos tienen que jugar siguiendo las reglas", dijo.

Juergen Stark, miembro del consejo de gobierno del Banco Central Europeo, ha pedido que se disponga un código de conducta para los fondos. Y en julio Mandelson dijo que la Unión Europea posiblemente necesite una "participación de oro" en industrias estratégicas para evitar que las compañías caigan en manos de tales fondos, según el diario italiano Il Sole 24 Ore.

Para ser justos, es comprensible que haya un debate. Los fondos soberanos, que invierten reservas internacionales de un país en activos extranjeros, controlan unos US$ 2,5 billones, más que todos los fondos de cobertura del mundo juntos. Como los elevados precios de las materias primas están traduciéndose en reservas cada vez mayores de las economías emergentes, éstas tendrán una liquidez creciente.

Rusia dijo este mes que podría invertir parte de los US$ 141.100 millones de su fondo de estabilización en compañías extranjeras importantes. Si Putin Inc. empieza a comprar aeropuertos alemanes o carreteras francesas, verán la que se forma.

ATAQUES HIPÓCRITAS. "Ha habido mucha inquietud política sobre los fondos soberanos", dijo el economista de Morgan Stanley Stephen Jen en un análisis. "No parece tener sentido que las autoridades reguladoras y los políticos se centren en ellos".

Es hipócrita atacar los fondos. A nadie le importó cuando las economías emergentes reciclaron todos esos dólares, libras y euros haciendo depósitos de efectivo en nuestros bancos, o comprando bonos emitidos por nuestros Gobiernos. Así que ¿para qué preocuparse cuando empiezan a comprar compañías? Solo están diversificando sus participaciones, como cualquier inversionista prudente haría. Si no queremos que compren nuestras acciones, ¿no deberíamos decirles que dejen de comprar nuestros bonos y monedas también?

LA COMPETENCIA IMPORTA. En una economía mundial, pocas compañías son de propiedad nacional. La negociación de acciones atraviesa fronteras. No hay mucha diferencia si su supermercado o estación de servicio local es propiedad de un administrador de fondos de cobertura en Zurich, un fondo de pensiones en California o una empresa de inversión en Dubai. Lo que importa es si hay suficiente competencia para asegurarse de que se ofrezca un buen servicio y precios justos. De ser así, no hay problema.

Asimismo, en un mundo en que los precios de las materias primas suben, el dinero tiene que reciclarse en la economía mundial. Compramos su petróleo, sus metales o sus productos de consumo de manufactura barata, y tenemos que darles algo a cambio. No hay razón por la que no deban ser nuestras compañías.

La única forma de protegerse de los fondos, como Mandelson entiende, sería mediante algún tipo de participación de oro del Gobierno. Las empresas estarían entonces protegidas de adquisiciones que sus Gobiernos no quieren. Pero ¿qué tipo de efecto tendría eso? La administración se volvería ociosa e inepta al percatarse de que no la pueden cuestionar o despedir. El daño que eso haría al desempeño económico sobrepasaría por mucho cualquier peligro que los fondos representen.

COMPROMISO A LARGO PLAZO. Los fondos no son una amenaza mayor que ningún otro vehículo de inversión. No están agravando la volatilidad económica. Al comprar compañías enteras, se comprometen a tener una inversión de largo plazo. No guardan más secretos que muchos fondos de cobertura o de capital riesgo, o que compañías grandes. El que Gobiernos extranjeros sean los dueños no vuelve inaplicables las leyes de los países en que invierten. Si infringen las leyes inglesas o alemanas, se verán en aprietos, como cualquier otra entidad.

Quizá haya algunos límites. Uno no querría que un fabricante del sector de la defensa fuera propiedad de una potencia extranjera. Pero hay muy pocas de esas compañías. En realidad, todos los indicios apuntan a que, cuanto más abierta una economía, mejor le va, y los fondos soberanos no son la excepción a esa regla. No hay razones de peso para perseguirlos ahora.

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