Más allá de las innumerables declaraciones a favor del "país productivo", la actual combinación de políticas económicas lo está perjudicando, al aumentarse el gasto público improductivo y mantenerse una alta indexación salarial, ya que afectan al sector exportador y al sector productor de bienes transables. No hay que olvidar que ambos fueron el motor de la salida de la crisis de 2002 y son los que razonablemente deberían liderar el crecimiento en una economía del tamaño de Uruguay, afirmó el Dr. Michele Santo. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el director de la consultora Michele Santo & Asociados hizo un análisis del panorama económico uruguayo, poniendo especial énfasis en las políticas fiscal, monetaria y cambiaria. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-Desde mediados de este año los cuestionamientos a la gestión económica tienden a generalizarse. ¿Puede atribuirse esa actitud a los efectos de la Ley de Reforma Tributaria?
-Si bien la nueva legislación impositiva molesta a mucha gente, también hay un convencimiento cada vez mayor de parte de la población, especialmente de los empresarios, de que el país está desaprovechando un contexto internacional sumamente favorable. Esta prosperidad externa facilitaría la implementación de reformas estructurales de fondo que viabilicen un crecimiento sostenido de la economía a largo plazo y que prepararan mejor al país para enfrentar cualquier circunstancia adversa externa. Lamentablemente, se ha hecho poco y nada en ese sentido, lo que es preocupante y desalentador. Desde el punto de vista fiscal, no se ha hecho prácticamente nada en ese sentido, más allá de que el gobierno señala constantemente que ha mantenido una conducta fiscal prudente.
-¿Cómo califica, entonces, la conducta fiscal de la actual administración?
-En lo único que se ha visto prudencia es que no se ha gastado la totalidad del espectacular aumento de la recaudación fiscal registrada, al menos, hasta agosto pasado. Ese incremento ha permitido que el superávit primario llegara a 4.5% del PIB. Sin embargo, debería ser muchísimo mayor, dada la actual fase fuertemente expansiva del nivel de actividad. De todas maneras, el gasto primario está creciendo muy por encima de lo que sería consistente y coherente con los objetivos de inflación del gobierno, siendo los fuertes aumentos del gasto primario previstos para el año próximo todavía más preocupantes. Además, el escaso margen fiscal actual, de hecho, ya está desapareciendo en función de atender el costo de las medidas antiinflacionarias adoptadas recientemente.
-¿No está preparada la economía uruguaya para hacer frente a una posible reversión del actual ciclo económico positivo a nivel internacional?
-Justamente uno de los enormes problemas que Uruguay tiene a futuro -y que no es nuevo porque ya vivimos la misma historia con la crisis de la "tablita" en 1982 y la crisis generada por la devaluación del real brasileño en enero de 1999- es que no hemos aprovechado estos años de bonanza para generar una reducción permanente del gasto público y, sobre todo, realizar una reforma del Estado que contribuya a reducir el costo país. Más allá de las innumerables declaraciones del equipo económico -antes y después de asumir el gobierno- de que se iba a aplicar una política fiscal contracíclica, ello no ha ocurrido en los hechos, por más que se señale que lo que se ha incrementado es el gasto social. En el caso del sector público, la experiencia muestra que el incremento del gasto fiscal es casi permanente hasta que una crisis obligue a licuarlo a través de algún ajuste, mientras que el aumento de los ingresos es transitorio porque está atado al ciclo económico. En consecuencia, los números fiscales actuales son cifras que lucen muy bien en la superficie, pero están íntimamente ligadas a una significativa expansión económica local y mundial. Si esa situación se revirtiera, volveríamos a tener problemas fiscales muy serios.
-¿Podría el aceleramiento reciente del gasto del Estado, que está creciendo más que el PIB, poner en riesgo el superávit fiscal primario para este año y el próximo?
-No habrá mayores inconvenientes este año. Probablemente, el superávit primario será del orden de 3.7% del PIB en función de la suba del precio del petróleo, el costo de las medidas antiinflacionarias tomadas últimamente, etc. En cambio, el resultado fiscal de 2008 aparece más complicado si se toman en cuenta los aumentos del gasto público que ya estaban previstos en la Ley de Presupuesto, los incrementos que se incorporaron en las partidas de gastos de la última Rendición de Cuentas y las nuevas subas que le han sido arrancadas al gobierno por la conflictividad laboral más el costo de las recientes medidas antiinflacionarias. Como, además, es muy difícil pensar que la recaudación de la DGI y el BPS va a seguir creciendo al ritmo que lo ha hecho en 2007, es probable que los números fiscales del año próximo sean bastante más estrechos que los actuales.
-¿En cuánto estima el superávit fiscal primario, si lo hubiera, para el año que viene?
-El nivel de superávit primario de 2008 debería tener un piso de 2.5%-3% del PIB, dependiendo de qué conducta exhiba el gobierno en materia de gasto y qué duración tengan las medidas antiinflacionarias.
Inflación
-¿Qué consecuencias tendrá el actual empuje inflacionario en el crecimiento de la actividad?
-Hoy la inflación no es un freno para la expansión de la economía uruguaya a mediano plazo. Sí
es un problema a corto plazo, que puede transformarse en una seria complicación en un horizonte más lejano en caso que el financiamiento del mayor gasto público se termine realizando con emisión. Como el actual ciclo externo positivo se va a revertir en algún momento, es muy probable que impacte negativamente en el crecimiento de nuestra economía con la consiguiente desaceleración en el ritmo de la recaudación impositiva. En ese escenario, los ingresos fiscales lógicamente empezarían a flaquear y, por tanto, podría surgir un problema inflacionario importante.
-¿Qué efectos tendrá el paquete antiinflacionario del gobierno en la evolución de la inflación durante el año que viene?
-Las medidas adoptadas, en el mejor de los casos, son muy parciales y están básicamente destinadas a contener la inflación a muy corto plazo, a efectos de que el IPC no llegue a los dos dígitos este año. Además de su efecto sicológico, una tasa de 10% o superior determinaría que el gobierno tuviese que dar aumentos semestrales a los funcionarios públicos y jubilados en 2008. Asimismo, el paquete está apostando a que se reviertan los factores transitorios que impactaron sobre los precios -tales como las malas condiciones climáticas, el aumento de las cotizaciones del petróleo y de los commodities agrícolas, etc.- de modo de poder dejar sin efecto esas medidas en el correr del próximo año, ya que tienen un costo fiscal considerable.
-¿Qué puede suceder si el gobierno pierde esa apuesta?
-Entonces el costo fiscal de mantener el paquete antiinflacionario será muy gravoso. Al deteriorar la situación fiscal, y más allá del impacto directo puntual de las medidas sobre el IPC, las medidas adoptadas tienden a estimular la demanda agregada, lo que potencialmente puede mantener la inercia inflacionaria. Salvo que el público ahorre la totalidad de lo que podría gastar en menos por viajar en ómnibus, por pagar la cuota mutual y por el menor consumo en las cuentas de electricidad y combustibles, etc., tendrá más dinero disponible para aplicar a la compra del resto de los bienes y servicios, lo que seguirá presionando al alza a los mismos. En síntesis, la adopción de medidas antiinflacionarias para incidir sobre el IPC a corto plazo, genera un debilitamiento de la situación fiscal a mediano plazo y eso en sí va a generar una presión de aumento sobre los precios. Por lo tanto, el paquete es insostenible. Ni que hablar si se concreta un aumento salarial con un piso del 13% para el sector público a partir del 1º de enero de 2008, como se ha manejado informalmente.
-¿Cuáles son sus expectativas con respecto al comportamiento de la inflación el año próximo?
-Luego de haber agotado la batería de recursos fiscales que la administración puso en juego para poder contener los precios, el único instrumento disponible a corto plazo para evitar que la inflación termine el año con una tasa de dos dígitos es dejar que la cotización del dólar caiga. Pero, ni las medidas puntuales que el gobierno ha tomado para bajar el IPC ni la política de dejar caer el tipo de cambio son sostenibles en el tiempo. Por consiguiente, si el gobierno no hace un compromiso muy fuerte en materia de contención del gasto público y de desindexación salarial, será complicado contener la inflación en 2008, sobre todo, si los precios externos se mantienen en sus niveles actuales.
Tasa de interés
-¿Es positivo que el Banco Central (BCU) prosiga con su política de fijar altas tasas de interés en pesos a efectos de bajar el tipo de cambio y así contrarrestar la aceleración del índice de inflación?
-No es conveniente porque, si el BCU sigue transitando por esa vía en un contexto donde la política fiscal y la política salarial siguen siendo expansivas, se fortalecerá significativamente la tendencia a generar atraso cambiario, lo cual es evidentemente negativo a mediano y largo plazo. El problema radica en que la política monetaria, o sea el control de la cantidad de dinero en moneda local, en Uruguay tiene muy poco efecto sobre la inflación porque el mercado de pesos es muy reducido. Entonces, el impacto de la política monetaria se da básicamente sobre el tipo de cambio. Si bien dicha política puede ayudar en el corto plazo al abatimiento de la inflación, termina siendo contraproducente en la medida que se vaya desalineando la competitividad de la economía. Como al mismo tiempo que se está restringiendo la cantidad de dinero, subiendo las tasas de interés y generando una caída del dólar, se está aumentando el gasto público improductivo e indexando los salarios, se crea una situación de tensión que, a la corta o a la larga, tendrá resultados pésimos, sobre todo, si el contexto internacional cambia en forma desfavorable para la economía uruguaya.
-¿Hasta cuándo estima que el Banco Central podrá mantener una tasa de interés tan alta sin enfriar demasiado la economía local?
-La inflación no va a ceder si la economía no se enfría. No hay una fórmula mágica para bajar la inflación sin que se desacelere el nivel de la actividad económica. El gobierno tiene que elegir dónde se hace el daño. Más allá de las innumerables declaraciones a favor del "país productivo", la actual combinación de políticas económicas lo está perjudicando, al aumentar el gasto público improductivo y mantener una alta indexación salarial, ya que afectan al sector exportador y al sector productor de bienes transables. No hay que olvidar que ambos fueron el motor de la salida de la crisis de 2002 y son los que razonablemente deberían liderar el crecimiento en una economía del tamaño de Uruguay. La restricción monetaria con expansión del gasto público e indexación salarial es una combinación perversa en el largo plazo.
-Si se quiere evitar que el IPC termine el año con un nivel de 10% o superior, ¿qué deberá hacer el BCU con la tasa de interés?
-En la medida que, por un lado, la política monetaria no reciba el auxilio de la política fiscal ni de la política salarial en términos de la contención del gasto público y de una desindexación salarial y, por otro lado, que los shocks de precios externos y de oferta continúen, probablemente el BCU no va a tener otra alternativa que seguir subiendo la tasa de interés y generando más daño en términos de la competitividad de la economía nacional a corto plazo, hasta que la situación se haga insostenible. Si las expectativas del mercado no se alinean con las del equipo económico rápidamente, algo que parece muy difícil sin un viraje importante en las políticas fiscal y salarial, el daño en materia de competitividad que tendrá que provocar el BCU para intentar contener la inflación sería todavía mayor.
Tipo de cambio
-Desde hace muchos años se reclama una desdolarización de la economía uruguaya. ¿Considera que la actual suba de la tasa de interés interbancaria en pesos es una herramienta idónea para ese fin?
-Puede serlo, de alguna manera, en el muy corto plazo ya que se está intentando "sobornar" a los inversores para que pasen sus ahorros de dólares a pesos. Sin embargo, cabe preguntarse cuán sostenible es el nivel del tipo de cambio a mediano y largo plazo. Si el contexto internacional cambia -y lo único seguro es que va a cambiar, aunque no podamos saber a ciencia cierta cuándo- todos los que hoy están pensando en pasarse de la divisa norteamericana a pesos harían un pésimo negocio. El beneficio lo obtuvieron quienes optaron por posicionarse en pesos hace un año. Ahora, con la actual paridad, con un contexto internacional no tan favorable para Uruguay y con el empeoramiento del nivel de competitividad, la apuesta a la moneda nacional no es tan segura.
-El presidente del BCU, Walter Cancela, señaló a principios del mes de octubre que el gobierno no tiene objetivos fijados para la variable "tipo de cambio" que será fijada por el mercado. ¿Se puede afirmar que la cotización del dólar flota libremente en nuestro país?
-Es imposible que el dólar flote libremente en Uruguay porque el Estado tiene una presencia determinante en el mercado cambiario local. Además, el mercado está estructurado de tal forma que el sector público es un demandante permanente de dólares y el sector privado tiene exceso de oferta de divisas. Por lo tanto, en condiciones normales el precio del dólar, directa o indirectamente, lo fija el sector público, sobre todo en una situación donde las cuentas fiscales están relativamente ordenadas, lo cual fuerza a los privados a desprenderse de divisas.
-¿Cómo maneja el gobierno su operativa en el mercado cambiario?
-Uno de los problemas que dificulta el funcionamiento del mercado es que el Estado no tiene una regla de intervención clara en el mercado cambiario. No se sabe cuándo, cómo y por qué el BROU opera en el mercado. No hay información si está comprando por orden de la Tesorería o para atender las necesidades de divisas de las empresas públicas, si actúa a instancias del BCU o lo hace como banco comercial. Se dice que estamos en un régimen de flotación porque la Autoridad Monetaria está controlando la tasa de interés y, por lo tanto, formalmente no interviene en el mercado de cambios. Teóricamente, las compras o ventas de dólares que hace el BCU, a partir del nuevo régimen monetario, son para graduar la tasa de interés de mercado.
-¿Cómo prevé que cierre la cotización del dólar con respecto al peso uruguayo este año?
-En definitiva, es una tómbola porque dependerá de dónde querrá el gobierno que el tipo de cambio se ubique a fines de diciembre. No debería caer mucho más de 22 pesos por dólar en función de los niveles de competitividad que tiene la economía local con el mundo.
La indexación salarial siempre genera problemas de inflación
-No se puede desconocer que a fines del año 2005 el PIB de nuestro país recuperó sus niveles previos a la crisis económica de 2002, mientras que la recuperación del salario real todavía está en torno a la mitad. En consecuencia, ¿es posible pensar en que se negocie un ajuste de salarios que no tenga un impacto demasiado elevado en el índice de inflación?
-La única política salarial que no genera presiones inflacionarias consiste en vincular los aumentos de sueldos estrictamente a la productividad laboral. En la medida que los aumentos de salarios nominales incluyan una recuperación del salario real por encima del incremento de la productividad media de la economía, siempre se genera un problema.
Sin embargo, el tema más preocupante actualmente no es ese, sino la existencia de una indexación generalizada en un contexto donde la economía ha recibido shocks de oferta y de precios externos que han disparado la inflación al alza. A vía de ejemplo, el incremento de la inflación generado por la suba del precio de los combustibles no tiene nada que ver con el aumento de la productividad de la mano de obra; si algo hace es que la economía uruguaya sea más pobre. Si se indexan los salarios nominales incorporando el impacto de la suba del petróleo sobre la inflación, entonces eso lleva a un piso de inflación más alto a futuro y retroalimenta la espiral precios-salarios. Como mínimo, debería eliminarse el impacto de la suba del precio internacional del crudo sobre el Índice de los Precios del Consumo (IPC) de los futuros aumentos nominales de salarios.
Competitividad por debajo de los promedios históricos de largo plazo
-¿En qué situación se encuentra nuestro país en materia de competitividad?
-Actualmente, Uruguay sólo tiene una competitividad muy favorable con respecto a Brasil debido a que el dólar ha caído más en ese país que en el nuestro. Obviamente, también hay una buena competitividad de las exportaciones de todos los commodities agropecuarios dados los altos niveles de sus precios en el mercado internacional. El problema surge cuando se intenta incorporar valor agregado a las materias primas porque el costo de producción en dólares ha subido significativamente.
-¿Cómo visualiza la evolución de la competitividad de las exportaciones uruguayas?
-El país está ingresando en una zona complicada porque se ha perdido el colchón que tenía hace uno o dos años al estar el nivel de competitividad hoy ubicado por debajo de los promedios históricos de largo plazo. La actual caída del tipo de cambio, como consecuencia de las medidas antiinflacionarias impuestas por el gobierno, coloca a los sectores exportadores que no han recibido una mejora de los precios externos ante una situación muy delicada. Además de la caída del dólar, los costos internos en pesos han subido mucho y el cambio en el régimen de devolución de impuestos indirectos, en promedio, perjudica al sector, a lo que hay que agregar el aumento de los aportes patronales en el sector manufacturero como resultado de la aplicación de la reforma tributaria. Si se sigue permitiendo que el tipo de cambio baje aún más, el daño será todavía mucho mayor y, seguramente, va a replantear en la interna del gobierno las discusiones que hasta no hace mucho tiempo tenía el ministro de Ganadería -quien hasta había amenazado con renunciar si seguía bajando el tipo de cambio- con el equipo económico. Pero el problema de fondo radica en que es insostenible la combinación de aumento del gasto público, indexación salarial y restricción de la política monetaria. Cuanto antes lo entienda el gobierno, mejor para todo el país.