ISAAC ALFIE
Pocos meses atrás escribía, en esta misma columna, que el gobierno se sentía cómodo con el nivel de inflación que tenía porque, sin acercarse al 10%, era lo suficientemente alto como para licuar parte del exceso de aumento del gasto público; al mismo tiempo evitaba que los mecanismos indexatorios se aceleraran, ya que mantenía el período de un año entre cada ajuste de salarios y pasividades. Al momento de escribir la presente opinión, aún no se conoce la inflación de setiembre, la cual es irrelevante a efectos de este análisis, pero según los trascendidos de prensa la misma no viene muy bien, más aún pensando en el maquillaje al que fue sometido el índice, cosa que expliqué quince días atrás.
También la prensa informó sobre sustanciales diferencias entre las autoridades del BCU y del MEF acerca de la resolución que tomaría el próximo Copom, hecho por demás alarmante. En efecto, según deja traslucir la prensa, mientras el BCU desea una suba abrupta de las tasas de interés, el MEF quería 0,5% o, como máximo, 1%. Desconociendo la decisión final del Copom, si ésta estuviera en línea con los deseos del MEF, las cosas se volverán cada vez más difíciles para el Directorio del BCU. Es que este Directorio tiene toda la razón, ya que una tasa de interés aproximadamente a la mitad de la inflación es expansiva desde el punto de vista monetario; por tanto, no tomar las medidas adecuadas demostraría varias cosas, pero la peor es que no mandan, por lo cual ya nadie creerá cuando realice anuncios. Sería de lamentar.
Hace tiempo que insisto en que el resultado fiscal debiera ser mucho mejor. En su momento, unos 6 meses atrás, cuantifiqué el superávit razonable en 2% del PIB, unos US$ 440 millones, a valores de este año, en función del aumento de precios y la caída en la cotización del dólar. Sin embargo, dicho resultado se construyó con las cifras al cierre del 2006, cuando aún teníamos guarismos "presentables" de inflación para el mundo que nos toca vivir y analizando las cifras únicamente en valores reales. Es decir, aquel análisis dejó de lado los efectos del comportamiento de los precios sobre el resultado fiscal corriente. Resulta que la inflación es hoy sustancialmente superior a la base que las autoridades informaron en sus proyecciones, producto de un error básico de política, que en este caso también influye de manera notoria en el desempeño fiscal, por el momento, mejorándolo. ¿Por qué? Es fácil comprender que desde que la inflación es un impuesto, más allá de otros daños al funcionamiento de la economía, lo que hace es recaudar. Este impuesto tiene la particularidad que es más difícil de evitar que otros y por ende recauda más cuando es inesperado, como lo ha sido este año. Por tanto, en general la inflación mejora la situación fiscal cuando es inesperada por los agentes lo que suele suceder cuando se viene de tasas de inflación bajas. Más aún, el resultado se refuerza si las tasas de interés nominales son tan bajas que siquiera compensan la inflación.
En nuestra nota anterior decíamos que la actual combinación de políticas fiscal y monetaria expansivas en un contexto internacional de exceso de liquidez, genera indefectiblemente atraso cambiario. Si ello se combina con un contexto de caída en la cotización del dólar frente a las principales monedas, la presión por el aumento interno de los precios se modera. A su vez, en el caso particular de Uruguay donde su deuda está principalmente constituida en dólares, la caída en la cotización de esta moneda beneficia las cuentas fiscales a corto plazo.
ALGUNAS CIFRAS. La diferencia entre la inflación minorista real y la implícita en el programa financiero de gobierno se infiere, en función de los anuncios, que es de entre 4 y 5 puntos porcentuales. Ni qué hablar de la mayorista relevante al momento de la recaudación (1) -la de productos manufactureros sin petróleo- que se sitúa hoy en el 12,8%, cerca de 7 puntos por encima de la base de cálculo.
Este comportamiento de los precios repercute, por el lado de los ingresos en la recaudación nominal, en especial la DGI y el BPS dada la indexación salarial, en tanto por el lado de los egresos en algunos gastos del BPS.
Considerando los ingresos brutos de la DGI, medio año de los del BPS y algunos otros menores sujetos a la inflación, así como los gastos que se ajustan de manera casi automática al aumento de los precios, tenemos que 4 puntos extras de inflación dan como mejor resultado fiscal, $ 4.546 millones (0,9% del PIB) en tanto 5 puntos $ 6.773 millones (1,1% del PIB). Por tanto, considerando que el sector público seguramente culmine el año con un ligero superávit de 0,3% del PIB, incluyendo un superávit de 0,1% del PIB que muestra el BCU, el resultado, de haberse cumplido las previsiones inflacionarias, hubiera sido de un déficit entre 0,6% y 0,8% del PIB.
Otra ayuda que recibe el buen resultado fiscal es la cuenta de intereses en función de la inflación y la baja en la cotización del dólar. Así, tomando el IPC y el valor de dólar promedio del año 2004 y en el año móvil finalizado en agosto de 2007, los precios en dólares subieron 40,4%, producto de una inflación de 17,1% y una reducción de la cotización del dólar de 16,5%. El efecto de esta disímil e insostenible situación es que una cuenta de intereses del gobierno central y las empresas públicas de US$ 675 millones en el año 2004, que representaron $ 19.360 millones, apenas crece a $ 20.626 millones, que significan US$ 861 millones. Es decir, si la cotización del dólar a valores nominales fuera igual a la vigente en el 2004, la cuenta de intereses sería 0,65% del PIB superior a la actual (2). Este guarismo crecería al 1,05% si el tipo de cambio se hubiera movido "al ritmo" del diferencial de aumentos de precios entre Uruguay y Estados Unidos.
He dejado ex profeso de lado la cuenta de intereses del BCU ya que la misma responde a otros factores, en especial en los últimos años en que se fondea a costo casi nulo y coloca ese dinero en el mercado mundial a las tasas vigentes obteniendo ganancias.
DÉFICIT ESTRUCTURAL. Si sólo consideramos el exceso de recaudación nominal por la inflación y el superávit fiscal que estimamos debería tener hoy el país en función de la etapa del ciclo que estamos, el resultado fiscal en lugar de mostrar un superávit de 0,3% del PIB, nos hablaría de un déficit del orden de 2,5%, unos US$ 550 millones al año. Es de este orden el guarismo del déficit estructural que muestran hoy las finanzas del Estado. Es éste el mayor problema y riesgo que enfrenta la política fiscal de medio plazo. Naturalmente que si la cotización del dólar comienza a subir, los problemas se agravarían rápidamente.
EL FUTURO. La inflación, obviamente, deprime los gastos en términos reales, de la misma manera en que ya se explicó lo que sucede con la cuenta de intereses. Ambos aspectos, pese a ser diferentes contribuyen a mostrar un mejor, en este caso sustancial, resultado fiscal corriente que el de equilibrio de mediano plazo.
El primero, el error en la estimación de la inflación, juega a favor del gobierno en un determinado período, en este caso el año 2007, siendo difícil que se repita en el futuro. El punto central es si el nivel nominal del gasto compensa o no la "ganancia" de este año. En mi opinión, es un escenario factible en especial al acercarse el inicio del proceso electoral, dada la debilidad que ha mostrado el gobierno ante los reclamos y su "sensibilidad" por el estado de ánimo que reflejan las encuestas.
Por su parte, el segundo tiene origen en el rezago de la cotización del dólar frente al peso que puede sostenerse por un tiempo más en la medida en que el escenario internacional y la combinación de las políticas fiscal y monetaria del gobierno no cambien.
Por tanto, deberíamos esperar una reversión parcial de estos factores que conducirán a un empeoramiento moderado de la situación fiscal para el 2008.
CONCLUSIONES. Las cifras detalladas muestran a las claras que el actual ligero superávit fiscal, es prácticamente fruto de una casualidad en medio de excepcionales condiciones a nivel mundial, donde todos los factores se alinearon en sentido favorable. Adecuadamente medidas, las finanzas del Estado muestran un déficit importante, del orden de los US$ 550 millones, que se torna más peligroso si partimos del hecho de que el país necesita superávit a efectos de reducir realmente su deuda para reducir su vulnerabilidad a posibles shocks externos. El riesgo que en un futuro próximo las cuentas públicas rápidamente pasen a ser deficitarias es importante.
Es hora de actuar porque el tiempo pasa y de seguir así, cuando se reviertan todas las condiciones el país sufrirá demasiado la falta de una política adecuada.
(1) Más del 75% de la recaudación privada proviene del sector mayorista.
(2) Considerando exclusivamente la parte de la deuda que está nominada en moneda extranjera.