JORGE CAUMONT
El sábado 22, EL PAÍS informaba que el director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Fernando Lorenzo, dijo que "no existen razones" para prever ajustes importantes al alza o a la baja en el dólar y consideró que las condiciones de competitividad del país son "notoriamente buenas". El funcionario -agregaba la nota- adelantó que habrá "bajas notables (en los precios) de algunos productos" que tuvieron alzas transitorias. Entrevistado por El Telégrafo de Paysandú, Lorenzo dijo que "es muy difícil de argumentar con rigor y honestidad intelectual" que el tipo de cambio real "se encuentre fuera de parámetros normales". Consideró -agregaba la nota de EL PAÍS- que el nivel de fluctuación del dólar "está en niveles acordes al conjunto de factores que operan sobre el mercado de cambios en nuestro país".
SU PUNTO DE VISTA. Los dos puntos que desde el ángulo macroeconómico manifiesta el funcionario del Ministerio de Economía y Finanzas son ya conocidos por todos.
El primero es que para las autoridades económicas no hay inflación. Ya he manifestado desde este mismo medio, mi posición frente a este tema. He reafirmado en mi columna de hace ya dos semanas, luego que ya lo señalara hace varios meses, que hay inflación y que seguirá habiendo en el futuro si no hay cambios significativos en la política monetaria, en la fiscal y en la laboral. Y ello a pesar de las continuas manipulaciones que desde el Ministerio de Economía se vienen realizando desde mayo pasado. Entre otras, recordemos el adelanto en la baja de impuestos, las reducciones de otros por "fuera del libreto" -al margen de la reforma tributaria-, la dilación en la suba de tarifas y la reducción de otras cuando correspondería lo contrario como en el caso de los combustibles a los que le bajan sus precios cuando el precio internacional del petróleo trepa a niveles nominales récord. Esos esfuerzos para mantener a raya al índice inflacionario no contienen a las expectativas de la población sobre el comportamiento de los precios, ni atacan a las causas del problema. Solo atenúan transitoriamente sus manifestaciones con una represión relativamente más elegante de algunos precios que la "grosería" de fijarle un techo o imponerle una detracción. Pero el esfuerzo, visto de este modo, resultará inútil para retornar a las metas inflacionarias programadas.
El segundo punto sobre el cual el funcionario se define, es el del nivel del tipo real de cambio sobre el que afirma que se encuentra dentro de "parámetros normales". En una respuesta a la prensa es difícil explayarse sobre las razones que justifican tal expresión. Pero también es cierto que se debe justificar lo que se dice pues aunque no le entienda la población en general, sí le reclaman explicación quienes analizan a diario la situación económica del país y sobre todo quienes viven o creen -para el asesor del Ministro- vivir a diario, la amenaza a su actividad ante el declinante valor del dólar tanto en términos nominales como en términos de salarios. Obviamente, no me refiero a los productores del sector agropecuario que pueden ver minimizado el problema por alzas increíbles de sus precios internacionales, que siguen subiendo a pesar de la manifiesta expectativa del Ministerio que ha señalado que no seguirían en su carrera alcista, pero sí a quienes producen mercaderías transables que usan con intensidad relativa mayor a la mano de obra, al trabajo, que a otros factores de producción, en particular a la tierra. Lo que no se justifica con evidencia empírica tiene el carácter de lo que comúnmente se denomina "bolazo".
SOBRE EL PUNTO. Lo que no es tolerable de las expresiones del asesor es que afirme que "es muy difícil argumentar con rigor y honestidad intelectual" que el tipo de cambio real se encuentre fuera de parámetros normales.
Generalmente, cuando no se tienen argumentos científicos para rebatir una idea, se acude a un tipo de negación como la indicada. Largar "al voleo" una acusación como la señalada es fruto de la intolerancia seudo académica, de la creencia en una superioridad que no es justificada ni fundamentada por la realidad y por la falta de argumentos contestatarios "rigurosos". Desde el ministerio se habla de ese modo pero no se respalda lo que se afirma. Desearíamos conocer cuáles son las mediciones de tipo de cambio real que se manejan a nivel de quienes conducen la política económica. Desde ya considero inadecuada para la realidad uruguaya la que publica el BCU que, de todos modos, marca una baja de la competitividad fuerte frente a países de fuera del Mercosur y a la Argentina, desde comienzos de 2004. Tampoco basta con decir que si hubiese un tipo de cambio real desajustado, las exportaciones de mercaderías bajarían y no subirían como está ocurriendo. En otras ocasiones, también en presencia de una situación cambiaria comparable y con superávit en la balanza de pagos, se respondió de igual forma pero al cabo de un tiempo los hechos, cuando ya era tarde, desembocaron en ajustes alcistas importantes del tipo de cambio. La despreocupación sobre la estructura de la balanza de pagos, con un fuerte déficit comercial y de cuenta corriente y con fuerte ingreso de capitales como hoy ocurre, puede ser peligrosa. Resulta muy aventurado, al menos para lo que son los indicadores que uno maneja, mucho más vinculados a los estados de resultados de las empresas, a su realidad microeconómica, poder indicar livianamente y -reitero- sin fundamentos empíricos a la vista, que el tipo de cambio real no ha descendido a niveles de 2001 e incluso antes, cuando se insistía en lo insatisfactorio del nivel del tipo real de cambio.
Negar la honestidad intelectual de algunos analistas es también peligroso. Parece ser un slogan que se ha instalado como arma de defensa en un ministerio cuyo principal sí, ha incursionado peligrosamente en propuestas y afirmaciones que pueden ser calificadas del mismo modo. ¿O acaso no es algo por el estilo negar que el aumento sostenido y generalizado de los precios sea sinónimo de inflación? ¿O querer definir con un seudo código propio a la inflación y no como es reconocida internacionalmente y fundamentalmente por el bolsillo de nuestros consumidores? ¿O "disfrazar" la evolución de los precios reprimiendo su natural movimiento introduciendo rebajas tributarias que le vienen bien al consumidor pero que es hacer menos eficiente al sistema impositivo y cuasi fiscal y "hacerle trampas" a los contribuyentes de impuestos en general? ¿O ensalzar a la política de desdolarización vía las UI cuando en realidad se está dejando una granada en la puerta de los futuros contribuyentes que le puede explotar en las manos a los futuros jubilados si cambian las circunstancias internacionales y hay retiro de inversores en países emergentes? Y podríamos seguir con otras declaraciones pero éstas ya bastan.
INSISTIENDO. Observando estados de resultados de empresas industriales que fabrican productos que pueden ser o son objeto de comercio internacional -sustituidoras o competidoras de importaciones o exportadoras- se percibe un deterioro peligroso de los resultados. En este enfoque microeconómico, la evolución de sus ingresos marcada por la de los precios internacionales de sus productos y por el tipo de cambio nominal a lo largo del tiempo, revela que ellos les permiten comprar hoy menos mano de obra y menos insumos que se ajustan por precios al consumo o mayoristas, que lo que compraban en 2002; menos energía eléctrica de la que compraban en los años finales de los noventa y el menor monto histórico de combustibles. En los años indicados, la demanda por mejor tipo de cambio era generalizada. Es cierto que las noticias externas eran malas y que las regionales eran peores y que ello no ocurre hoy día. Pero también es cierto que los ciclos económicos se repiten como en la sugerencia bíblica, y que si bien la situación mundial y regional hoy es muy buena, lo prudente es no dejar todo para el momento de baja que ha estado amagando en venir. Por eso, porque hoy hay elementos claros de problemas de desajuste cambiario para la producción industrial local cuando el enfoque es microeconómico, es que no se deben considerar serias las manifestaciones que lo nieguen si no se les acompaña de la debida justificación.