Los bancos centrales tienen límites

| Los mercados de dinero son quienes marcan el rumbo de la política monetaria en el momento actual

MARK GILBERT | BLOOMBERG

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Quienquiera juzgaba a la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo entidades independientes, perspicaces y con amplia potestad en materia económica, tiene que haber perdido algo de esa confianza ante los últimos acontecimientos.

El banco central de Estados Unidos tuvo que bajar su tasa referencial de los préstamos en medio punto porcentual, y redujo la tasa de demora que les cobra a los bancos que necesitan fondos urgentemente. Esto llevó a algún chistoso a amañar un aviso publicitario en que el presidente Ben Bernanke aparece en un helicóptero de juguete a punto de rociar la economía con billetes de dólar. La imagen lleva el lema "Cuidado: no es capaz verdaderamente de impedir una profunda recesión".

En Europa hubo que prorrogar una prometida alza de tasas con que se esperaba frenar la inflación. El presidente francés Nicolas Sarkozy se atribuyó de inmediato el mérito de haber disuadido a los estrategas monetarios, lo que encolerizó al presidente del BCE, Jean-Claude Trichet.

Y el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, pasó la vergüenza de tener que retractarse y acceder a prestar dinero a tres meses a los bancos comerciales a cambio de una garantía prendaria consistente en las cédulas hipotecarias de dudoso valor de dichas entidades. También ha tenido que garantizar los depósitos en Northern Rock Plc, una entidad hipotecaria en aprietos, lo que ha dado lugar a titulares de portada en que se cuestiona su permanencia en el cargo.

DECISIONES INVOLUNTARIAS. Que no queden dudas de la naturaleza involuntaria de estas decisiones. La Fed no quería bajar el costo de los préstamos; Bernanke no quiere que le peguen el mote de "Ben el piloto". El BCE quería subir su tasa de préstamos y evitar que se dijera que cede a las presiones políticas. Y el Banco de Inglaterra estaba decidido a no apoyar lo que King llamó el "comportamiento riesgoso" de entidades hipotecarias a la caza de beneficios.

Los directivos de los bancos centrales se están topando con los límites de su independencia, la cual, no olvidemos, es una ampliación relativamente nueva de sus poderes. Los últimos acontecimientos deberían servir de recordatorio de que la independencia de los bancos centrales "no es algo inalterable", como el ex presidente de la Fed Alan Greenspan dijo en sus memorias, publicadas en el mes de septiembre.

Greenspan hizo una revelación muy inquietante durante una de las entrevistas que ha dado para publicitar el lanzamiento de su libro. Al preguntarle el Financial Times por qué no había subido el costo de los préstamos más rápidamente una vez se hizo evidente que su reducción del tipo referencial al 1 por ciento había evitado el peligro de una deflación, Greenspan dijo lo siguiente.

IMPRESIONES FALSAS. "La presunción de que éramos enteramente independientes y de que tenemos plena discreción, era falsa", dijo Greenspan en una entrevista publicada por el periódico el 16 de septiembre. Subir las tasas más rápida y más prontamente no habría sido aceptable "a los círculos gobernantes", dijo Greenspan.

Así que Greenspan ha revelado uno de los secretitos vergonzosos del mundo de los bancos centrales; a los estrategas monetarios no sólo les preocupa lo que sus superiores políticos probablemente piensen de sus decisiones, sino que a veces alteran su conducta conforme a tales expectativas.

Trichet estaba aún en medio de su conferencia de prensa del 6 de septiembre, explicando la decisión del BCE de mantener las tasas sin cambios, cuando Sarkozy, quien llevaba semanas arrojando saetas contra el BCE, dijo que dicha decisión "prueba que hablando y debatiendo puede haber un poco de progreso".

Cuando la corresponsal de Bloomberg Gabi Thesing leyó en voz alta las declaraciones de Sarkozy de la pantalla de su Blackberry, Trichet pareció estupefacto. Su rostro se contrajo de furia. "Nosotros somos independientes porque el tratado dispone que seamos independientes", dijo, ahogando con ello las risitas de los periodistas congregados allí.

NO TAN VIGILANTE. Sin embargo, sigue habiendo la sospecha de que, con el aumento anual de 11,6 por ciento en la masa monetaria, en vez del 4,5 por ciento que el BCE juzga preferible, Trichet sabía muy bien que ejecutar el alza de tasas prometida implícitamente con sus palabras "intensa vigilancia" habría dado a Sarkozy más argumentos para su campaña encaminada a tomar una tajada política del pastel de la política monetaria.

En el Reino Unido, las imágenes de la televisión mostraban a los ahorristas haciendo fila para sacar su dinero de Northern Rock Plc la semana pasada: una pesadilla para los responsables de bancos centrales. King parecía no haber dormido por una semana cuando compareció diez días atrás ante la comisión especial de hacienda del parlamento.

Dos semanas atrás, King escribió que suministrar créditos de emergencia podía ser un estímulo a "la toma de riesgos excesivos, y siembra las semillas de una futura crisis financiera". La semana pasada, el Banco de Inglaterra dijo que subastará deuda a tres meses por 10.000 millones de libras (US$20.000 millones) y aceptará cédulas hipotecarias como garantía.

LIBERTAD DE EXPRESIÓN. Al preguntarle un miembro de la comisión si lo habían apremiado a que cambiara de rumbo, King esquivó la pregunta prometiendo que no había permitido que su decisión fuese influida por ninguna presión externa, sin referirse a si el Gobierno o sus colegas reguladores intentaron disuadirlo.

"Les doy mi palabra de que yo nunca haría nada a menos que pensara que fuese la decisión correcta", dijo. "La independencia no es tan solo un asunto de leyes, es tener gente en el banco que hará lo que se necesita hacer y no solo lo que la gente les pide que hagan".

Si los mercados de dinero del Reino Unido siguen petrificados, negándose los bancos a prestarse dinero los unos a los otros, a King y sus ocho colegas del banco central les será muy difícil resistir los llamamientos a bajar la tasa referencial de los préstamos cuando vuelvan a reunirse el 4 de octubre. El BCE puede haber perdido su última oportunidad de subir los tipos, y se esperará a que la Fed lance otra lancha de salvamento.

Los mercados de dinero están ahora al volante de la política monetaria. A los bancos centrales no les será fácil recuperar el mando. Y la senda seguirá siendo accidentada por algún tiempo. Ojalá que no nos estrellemos.

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