Menor participación de América Latina y el Caribe en la IED en el año 2006

| Las empresas transnacionales pierden protagonismo, mientras las empresas privadas y las estatales adquieren más importancia

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La inversión extranjera directa (IED) recibida por América Latina y el Caribe (con la excepción de los principales centros financieros) ascendió a 72.440 millones de dólares en 2006, cifra que se compara con 71.361 millones en 2005 y 66.003 millones en 2004. Esto indicaría que la región está en vías de recuperar la estabilidad en lo que respecta a estas corrientes de inversión, que sufrieron un marcado descenso a comienzos de la presente década.

Otro aspecto positivo en este ámbito es el notable incremento de las inversiones directas en el exterior realizadas por los países de América Latina y el Caribe (también con excepción de los principales centros financieros), una demostración de que las empresas de la región se están internacionalizando a un ritmo mucho más rápido que en el pasado. Las empresas translatinas, es decir, las nuevas empresas transnacionales de la región, son la mayor fuente de ese tipo de inversiones. Estos dos indicadores permiten concluir que la región se está adaptando al proceso de globalización, mediante una participación más activa en él.

PARTICIPACIÓN DE LA IED. Pese a este adelanto, la participación de la región en las entradas mundiales de IED no solo no se incrementó, sino que se redujo al 8% en 2006. Mientras la entrada de IED en la región se mantuvo estable, se estima que las corrientes de IED en todo el mundo aumentaron un 34%. Históricamente, América Latina y el Caribe ha recibido una proporción más alta de IED; de hecho, en los años setenta, período en que las entradas de IED eran mucho menores, la proporción que representaba la región a escala mundial llegó al 17% antes de contraerse bruscamente después de la crisis de la deuda de fines de los años ochenta. La región volvió a convertirse en un gran receptor de IED mundial en los años noventa, en el período de auge de estas inversiones; su participación subió a un 16% en 1997, en el contexto de amplios programas de privatización y desregulación.

En los últimos años, la región recibió alrededor del 11%, cifra que se redujo al 8% en 2006. La participación de la región como receptora de IED entre los países en desarrollo también era muy superior en los años setenta (del 40% al 50%), pero en 2006 había disminuido a cerca de la mitad del anterior. En la medida que este descenso refleja una pérdida de interés de las empresas transnacionales en la región o la incapacidad de ésta para competir eficientemente por atraer inversiones externas, el fenómeno plantea un gran desafío a los formuladores de políticas.

Estos dos posibles motivos de la disminución de la IED también se reflejan en otros indicadores, a saber:

V El estancamiento o descenso de la proporción de IED proveniente de las principales fuentes tradicionales, entre otros Estados Unidos y Europa.

V La falta de dinamismo que se observa en fuentes no tradicionales y relativamente nuevas de IED, entre otras la República de Corea y Portugal. De hecho, la primera no ha alcanzado aún su potencial y la segunda se ha ido reduciendo.

V La baja de la participación correspondiente a empresas transnacionales en las ventas de las 500 mayores empresas de la región.

V El aumento de las empresas transnacionales que han decidido retirarse de la región o reducir considerablemente sus operaciones en importantes sectores, tales como telecomunicaciones (France Telecom, Verizon, BellSouth, AT&T, TIM), electricidad (EDF, PPL), agua (Suez), comercio minorista (Royal Ahold, Sonae), banca (Bank of America) y recursos naturales (Royal Dutch Shell, ENI, Total).

V Por lo general, la limitada capacidad para atraer proyectos de IED de calidad y elevar la calidad de los existentes. Algunos ejemplos de tales proyectos son los que forman parte de un sistema internacional de producción integrado o suponen actividades de investigación y desarrollo, los que incorporan nuevas labores productivas en las economías receptoras y los que contribuyen de manera decisiva al mejoramiento (upgrading) industrial y tecnológico.

PREOCUPACIONES. Uno de los motivos de mayor preocupación en este campo es la intensificación de los conflictos relacionados con la explotación de recursos naturales que podrían limitar la IED, ya sea debido a los nuevos contratos de explotación de petróleo y gas natural, que reducen el control de los inversionistas extranjeros sobre sus operaciones, al alza de las regalías o los impuestos aplicados a las concesiones para la exploración y explotación de hidrocarburos y recursos mineros, o a factores sociales y ambientales. Otro motivo de inquietud es la relativa incapacidad de los procedimientos formales de arbitraje internacional que existen con arreglo a los tratados bilaterales de inversión o a los acuerdos de libre comercio para solucionar las actuales controversias sobre inversiones entre inversionistas extranjeros y algunos gobiernos.

En vista de la importante contribución que puede hacer la IED al desarrollo de un país, de estos indicadores se infiere que ahora es el momento de evaluar las características de las inversiones realizadas en la región, estudiar alternativas que permitan superar la brecha entre las políticas sobre IED y sus efectos en la región y las de los países receptores que se han visto más favorecidos por ellas, y de explorar métodos para fomentar y consolidar la IED de inversionistas no tradicionales.

CARACTERÍSTICAS DE LA IED. En el análisis realizado por la Cepal se han estudiado las características de la IED y la presencia de empresas transnacionales en la región sobre la base de dos series de datos. La primera de ellas consiste en cifras de la balanza de pagos correspondientes a entrada y salida de inversiones directas, en tanto que la segunda contiene información sobre las operaciones de las principales empresas transnacionales, además de adquisiciones transfronterizas y proyectos de inversión. La combinación de ambas series permite hacer un examen más exhaustivo de la IED en América Latina y el Caribe.

En el cuadro adjunto se ilustra la evolución de la entrada de inversiones en el período 1992-2006. El promedio anual recibido se triplicó, de 27.500 a 76.900 millones de dólares entre 1992 y 1996 y entre 1997 y 2001, antes de descender a 61.200 millones en 2002-2006. Como ya se indicó, en los últimos tres años la región ha registrado un progresivo aumento del valor absoluto de las inversiones recibidas, de 66.000 a 72.400 millones de dólares, aunque ha disminuido su participación en las inversiones mundiales y en los países en desarrollo. Las inversiones en la región, calculadas como porcentaje del PIB, también han ido en descenso en los últimos años, del 4% en 2004 al 3% en 2006, lo que contrasta con el incremento del coeficiente entre la IED y el PIB en otras regiones en desarrollo.

El promedio anual de inversiones en México se duplicó con creces, puesto que se elevó de 8.700 millones de dólares en 1992-1996 a 17.100 millones en 1997-2001. Las inversiones en el país siguieron aumentando desde entonces y alcanzaron un promedio anual de más de 19.000 millones en el período 2002-2006.

Las cifras preliminares sobre el Caribe revelan un aumento sostenido de las inversiones recibidas y el fenómeno fue aun más acentuado en los países de América del Sur, que captaron una gran parte de las inversiones extranjeras directas. De hecho, estas se triplicaron, pasando de un promedio anual de 17.000 a 54.300 millones de dólares entre 1992-1996 y 1997-2001, aunque posteriormente se redujeron a 35.800 millones entre 2002-2006. América del Sur registró un notable incremento de las inversiones recibidas tanto en 2005 como en 2006, que se tradujo en un total de 44.700 millones. Brasil, Chile, Colombia y Argentina fueron los mayores receptores en América del Sur en 2006.

ESTRATEGIAS CORPORATIVAS. Desde el punto de vista de las estrategias corporativas que han fomentado las inversiones en la región, hay importantes diferencias entre las subregiones de América Latina y del Caribe en lo que respecta a las categorías de IED que atraen.

Los cambios más importantes registrados en los últimos años son los relacionados con los países o grupos de países receptores, los países de origen de la IED y las modalidades que esta adopta. En el primer caso, en 2006 Uruguay (141%), Ecuador (83%), Centroamérica y Panamá (71%) y Chile (40%) superaron con creces el promedio anual de inversiones recibidas en 2002-2006. En cuanto a los países de origen, la participación de Europa ha disminuido notablemente, sobre todo debido al brusco descenso de las inversiones provenientes de España; en cambio, la participación de Estados Unidos se ha mantenido invariable. La mayoría de los países de origen cuyas inversiones en la región se han incrementado son inversionistas relativamente nuevos, tales como Canadá, México y otros países latinoamericanos. Las inversiones de países en desarrollo han aumentado a nivel mundial y los inversionistas de varios de ellos (China, India y la República de Corea) han expresado interés en invertir en América Latina y el Caribe, pero su interés no se ha reflejado aún en un aumento significativo de las inversiones en la región. Las adquisiciones siguen siendo una forma importante de invertir en ella, pero esta categoría fue más limitada en 2006 que en años anteriores, en los que se realizaron adquisiciones de gran envergadura (como las de Bavaria y Ambev).

SECTORES DE ACTIVIDAD. Desde el punto de vista de las ramas de actividad, no se han producido mayores cambios. Las cifras de 2005 indicarían que las inversiones en recursos naturales aumentaron, pero no queda claro cómo evolucionaron en 2006, dado que la IED se expandió en algunos países mientras en otros se redujo o se estancó.

La información disponible sobre inversiones de los países de América Latina y el Caribe en el extranjero es muy limitada, pero es indudable que aumentaron enormemente en los últimos tres años, dado que las cifras oficiales revelan una expansión de 6.000 a 38.600 millones de dólares en ese período. El mayor propulsor de estas inversiones externas es la internacionalización de un grupo relativamente reducido de translatinas de Brasil y México. El grupo brasileño está integrado por Companhia Vale do Rio Doce (CVRD), que compró la empresa canadiense INCO por 17.000 millones de dólares, y Petrobras, Gerdau e Itaú, que han realizado una amplia gama de operaciones independientes. El grupo mexicano está compuesto por América Móvil y Telmex, empresas que hicieron cuantiosas adquisiciones en América Latina y el Caribe, y el grupo Alfa, que creció en Estados Unidos, Europa y China. A eso se podría agregar Cementos Mexicanos (CEMEX), que compró el Grupo Rinker de Australia por una suma superior a los 14.000 millones de dólares en una operación que finalmente se concretó en abril de 2007. Fuera de las translatinas brasileñas y mexicanas, también realizaron grandes inversiones Tenaris de Argentina, que compró la estadounidense Maverick Tube Corp, y la empresa petrolera de la República Bolivariana de Venezuela (PDVSA), que está invirtiendo en refinerías (Argentina, Belice, Brasil, Uruguay) y gasoductos (Colombia). Esto demuestra que las translatinas han comenzado a participar mucho más activamente en el proceso de internacionalización, sobre todo fuera de la región.

En términos de ventas en la región, el porcentaje correspondiente a empresas transnacionales que forman parte de las 500 mayores por ventas aumentó considerablemente, de alrededor del 27% en 1990 al 41% en 2000, pero en 2005 disminuyó al 25%. La participación tanto de las empresas estatales como de las empresas nacionales privadas se expandió notablemente entre 2000 y 2005. Las empresas transnacionales se concentran en el sector manufacturero, aunque el porcentaje de ventas correspondiente a las 500 mayores empresas descendió del 58% al 39% en ese período. En los servicios, las empresas extranjeras también registraron una caída, disminuyendo la participación entre las 500 mayores del 38% al 23% en el mismo período. En el sector primario, en el que la participación de las empresas transnacionales es menos amplia, esta se redujo del 17% en 2000 al 13% en 2005. En cuanto a las empresas nacionales, las privadas son las más importantes en los sectores de manufacturas y servicios, en tanto que las estatales tienen una presencia predominante en el sector primario. Se observa, además un interesante cambio en la composición de las 200 mayores empresas exportadoras de la región. Mientras en el año 2000 las empresas estatales eran la fuente de solo un 15% de las exportaciones y las empresas transnacionales de un 50%, en el año 2005 la proporción se había invertido: las primeras representaban el 46% de las exportaciones de ese grupo y las empresas transnacionales solo un 27%. Entre otras cosas, esto refleja el marcado aumento de los precios de los hidrocarburos, un sector de recursos naturales que en la región está muy dominado por empresas estatales.

SÍNTESIS. En resumen, la combinación de estos dos grupos de datos ofrece una base analítica que permite entender la inversión extranjera directa y las operaciones de las empresas transnacionales en América Latina y el Caribe. Por una parte, si bien en los últimos años la región ha podido ir aumentando progresivamente la afluencia de IED, que en 2006 ascendió a 72.440 millones de dólares, su participación relativa en la IED mundial y la de los países en desarrollo ha ido disminuyendo. Por otra, en lo que respecta a la posición que ocupan entre las mayores empresas de la región, las transnacionales están perdiendo protagonismo, mientras las empresas privadas y las estatales adquieren cada vez más importancia.

La situación actual de la IED en la región representa un desafío para las autoridades de América Latina y el Caribe y exige que adopten medidas para reducir la diferencia con los países de otras regiones más exitosos como receptores de inversiones.

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