OMC: un norte que resulta esquivo

SERGIO ABREU

Cuando en abril pasado el Presidente Lula da Silva anunció, luego de su encuentro con el Presidente Bush, que éste le había asegurado en forma personal que en los próximos treinta días debían cerrar el acuerdo en las negociaciones multilaterales de la Ronda Doha, dejamos sentada una nota de escepticismo. En ese momento, señalamos que las negociaciones de Doha eran bastante más amplias que un "diálogo bilateral estratégico" entre Brasil y Estados Unidos.

Lamentablemente, no nos equivocamos. A partir de Postdam, las negociaciones de la Ronda Doha viven su peor momento, luego que el Grupo de los 4 dejara en evidencia su incapacidad para alcanzar acuerdos esenciales. Se ha confirmado, una vez más, que las negociaciones de Doha trascienden este diálogo cuatripartito y que su complejidad es mayor que el simple requerimiento de reducción de aranceles industriales demandados por los países desarrollados. Por eso, si bien el fracaso de Postdam fue una gran desilusión, no necesariamente sorprendió.

Frente a esta situación, debemos reconocer que existe una responsabilidad colectiva, aunque muchos enfatizan que Brasil e India no han podido aportar un liderazgo firme al mundo en desarrollo. Nada nuevo se agrega si se reconoce que negociar una Ronda constituye un desafío complejo, que demanda tiempo, recursos y la voluntad política de llegar al consenso. Y este se sustenta cuando se construye un equilibrio entre todos los actores. En palabras más gráficas, cuando las insatisfacciones son compartidas.

Actualmente, la agenda de negociación comprende veinte temas, pero el paquete final -que como en el caso de la Ronda Uruguay será adoptado como un "todo único"- debe basarse en tres pilares fundamentales: los acuerdos en materia de subsidios, y los vinculados a aranceles agrícolas, y a aranceles industriales.

Hasta ahora, las propuestas que presentaron la Unión Europea y los Estados Unidos en Postdam fueron insuficientes y alejadas de las demandas del Grupo de los 20, que reúne a los países agrícolas eficientes. En algunos casos, llegaron incluso a representar un retroceso respecto de los niveles de protección existentes en la actualidad.

Estados Unidos, en particular, habría ofrecido una limitación a los subsidios mayor a la cantidad actual; y además, un aumento en los techos de las cajas amarilla y azul del Acuerdo de Subsidios de la OMC, superior a los niveles de subsidios que algunos paneles ya han reconocido que provocan perjuicio (caso del algodón de Brasil). Asimismo, requiere la incorporación de una cláusula de paz que lo proteja de las demandas por sus subsidios ante el órgano de solución de diferencia de la OMC.

En el caso de la Unión Europea, el centro de la discusión se ubica en los altos niveles arancelarios con que protege su mercado agrícola, en particular el de carnes. Según los analistas, los cortes arancelarios ofrecidos no representarían más que un 1,5% de apertura, cuando en la actualidad las importaciones en carne bovina y de pollo no representan más que el 5% de su mercado. Adicionalmente, también aspira a mantener una salvaguardia especial por la cual podría imponer tasas adicionales cuando los precios bajen.

Como se dice cuando se pierde el rumbo, "las negociaciones se han desnorteado". Y quienes han perdido más el norte, son los países del Hemisferio Norte (valga la redundancia). La Ronda Doha fue lanzada a partir del reconocimiento de que algunas normas de la OMC mantienen una situación de desequilibrio que afecta a los países en desarrollo. Y esto es particularmente cierto, en el caso de los países desarrollados que mediante subsidios agrícolas distorsionan los mercados internacionales y se protegen con altos niveles arancelarios.

En realidad, debemos asumir que nos estamos alejando del objetivo fundamental de la Ronda. Es decir, el de nivelar los desequilibrios del sistema de comercio internacional y otorgar a los países en desarrollo mejores oportunidades de acceso a mercado. El Director General Pascal Lamy (ex negociador europeo) lo ha resumido en forma impecable, al afirmar que "Mientras que la descolonización política tuvo lugar 50 años atrás, todavía no se ha completado la descolonización económica".

Sin perjuicio de lo anterior, las negociaciones en la OMC no pueden simplificarse en un enfrentamiento Norte-Sur. De hecho, uno de los temas que más preocupación debería generar en Uruguay se vincula con el proteccionismo de un grupo muy importante de países en desarrollo -reunidos en el Grupo de los 33- hacia el cual se destina alrededor del 45% de sus exportaciones agrícolas.

En tal sentido, el G33 está demandando dos mecanismos de protección que llaman a un análisis técnico y político. En primer lugar, una salvaguardia especial que se accionaría a partir de dos gatillos -aumento de las importaciones y caída de los precios- y que permitiría aumentar los aranceles a niveles incluso superiores a los alcanzados luego de la Ronda Uruguay. En segundo lugar, una lista de productos especiales que arriesga dejar fuera de todo el esfuerzo de liberalización a una serie muy importante de productos agrícolas.

Debe recordarse que este tema fue objeto de grandes diferencias entre los socios del Mercosur, ya que Brasil aceptó la incorporación de esta categoría -inexistente durante los sesenta años de vida del sistema multilateral GATT/OMC- con la oposición, entre otros, de nuestro país. La propuesta del G33 aspira a que el 20% de los aranceles agrícolas de un país puedan estar incluidos en esa categoría. Para el 10% de ellos, no habría ninguna reducción, y para el resto el corte arancelario sería solamente del 10%.

En consecuencia, los criterios de seguridad alimentaria, seguridad de los medios de subsistencia y desarrollo rural a ser aplicados en la selección de los productos sensibles nos resultan tan vagos como poco transparentes; aunque lo más grave está en que al incorporar la categoría de "productos sensibles" en el sector agrícola, muchos países en vías de desarrollo asumirán una cómoda situación de indiferencia. En la jerga negociadora: para qué dar más si ya se obtuvo lo que se quería.

A esta altura de los acontecimientos, puede decirse que el fracaso de Postdam ha agudizado la percepción de que el compromiso de las grandes potencias de que Doha fuera la Ronda del Desarrollo, no será cumplido. Esta incertidumbre se agrega a una situación de por sí preocupante, ya que los fracasos de Seattle, Cancún y Hong Kong colocaron a la Ronda Doha en un letargo, del que podrá despertar únicamente en función de las concesiones que las grandes potencias mundiales.

Lamentablemente, se carece de un liderazgo político firme, responsable y sintonizado con las necesidades urgentes de desarrollo de la enorme mayoría de la población mundial. Y a eso debe agregarse que luego de Postdam, el vencimiento de los plazos del "fast track" americano y la campaña presidencial en Estados Unidos, serán un obstáculo adicional para una solución al sistema multilateral de comercio.

Lo más alarmante es asistir al debilitamiento del multilateralismo y de la cooperación internacional -únicos garantes de los intereses de los países en desarrollo- y la aceleración de la tendencia a la celebración de acuerdos bilaterales y regionales. No hay que llamarse a engaño: los aranceles y los subsidios americanos y europeos no serán reducidos mediante la celebración de acuerdos, ya que ningún proceso de integración o acuerdo de libre comercio interregional podrá avanzar si no se tiene un marco predecible de normas y disciplinas en la OMC.

Uruguay debe -a nivel de la OMC- realizar planteos concretos en Ginebra, que faciliten salidas a las posiciones antagónicas, pero que interpreten en especial su visión de la Ronda a nivel agrícola. Los dos grandes socios comerciales del mundo han logrado, con su tradicional habilidad, que un grupo de 14 países en desarrollo pongan sobre la mesa nuevas propuestas de cortes más ambiciosos en el sector industrial. Así como es legítimo que países con niveles arancelarios industriales muy bajos, como Chile -que coordina el G14- presenten propuestas dirigidas a viabilizar un acuerdo en el sector, también es comprensible la situación de Brasil e India, que requieren de sus altos aranceles para proteger su industria. Uruguay no está en situación idéntica. Puede manejarse con cierta flexibilidad en la negociación industrial, pero no debe perder el norte. El corazón de esta Ronda sigue siendo la agricultura y ése debe ser el hilo conductor de la postura de nuestro país, máxime ahora cuando se pretende desplazar ese sector del centro de la negociación.

A pesar del fracaso de Postdam, esperamos que nuevos políticos faciliten la conclusión de la Ronda. El final de las negociaciones puede estar cerca, aunque el paquete global final pueda ser pobre a nivel sistémico. Apremia por eso defender los intereses específicos de nuestro país en esta etapa que puede ser la definitiva y en la que la rigidez de los países grandes en bajar aranceles y subsidios se traducirá en la negociación de compensaciones con cuotas para productos y países determinados. Todas las rondas terminan en una sumatoria frenética de negociaciones bilaterales de acceso a mercado. Negociemos con norte.

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