Las "fuentes" del desarrollo

ISAAC ALFIE

Es usual que lo cotidiano nos domine. El mundo actual es "en tiempo real", el de lo inmediato, las noticias fluyen vertiginosamente, aun las consabidas y repetidas dentro de nuestra pequeña comarca, donde los temas suelen ser "vestidos" de manera diferente, pero en los hechos son los mismos de siempre, y la discusión tediosa y repetida. Quienes escribimos con asiduidad, muchas veces llevados por el tema del momento, otras porque es de más sencilla comprensión, no escapamos al análisis coyuntural. Lo cierto es que desde esta columna, cada tanto abordo temas de largo plazo que considero importantes, aunque la mayoría de las veces teñidos de sucesos de corto plazo. Intentaré que esta vez sea una excepción.

Recurrentemente se habla de desarrollo económico y se busca la explicación para el mismo de las maneras más diversas. Las personas suelen tender a pensar que algo planificado desde el gobierno o algún órgano o institución central es mejor, más complexivo y acabado. Admitamos que puede resultar mas fácil de comprender o ver ex-ante, además es un pensamiento "menos mágico" que la mano invisible, pero la realidad ha mostrado su total fracaso. La planificación individual de las personas, guiadas por sus incentivos, habilidades, gustos y preferencias, conjuntamente con los precios libres de mercado que señalan las oportunidades, es la mejor manera que a lo largo de la historia las sociedades han encontrado para desarrollar sus potencialidades en un marco de libertad. Ciertamente que al Estado le corresponde un papel importante cual es el dotar a la sociedad de reglas claras y estables que marquen el orden de las cosas y más modernamente la intervención para generar condiciones de igualdad de oportunidades en la base, fundamentalmente a través de la educación y la salud, dos servicios de extraordinaria relevancia en la formación del capital humano y su rendimiento. Dado el "estado del arte" en el conocimiento académico y popular, parece de Perogrullo abundar sobre la fuente genuina de riqueza, que no es otra que el capital humano. Los ejemplos en el mundo son por demás elocuentes. También es indiscutido que para crecer se necesita inversión, y para que sea suficiente solo aparecerá bajo determinadas circunstancias.

TEORÍA DE LA INVERSIÓN. En la literatura económica, la teoría de la inversión es por lejos la más débil en cuanto a su explicación y capacidad de predicción. En términos clásicos, esta expresa que cuando "todo lo demás es igual", la inversión depende de su retorno esperado, o sea de su tasa de interés implícita. Por tanto, a medida que la tasa de interés de mercado baja la inversión aumenta, porque más proyectos se hacen factibles; en tanto se reduce cuando la tasa de interés sube. Una explicación sencilla pero poco conducente.

En primer lugar, toda inversión se hace bajo condiciones de incertidumbre, por lo tanto la medida del riesgo es importante, ya que el inversor buscará que se le abone una prima por asumirlo. Los riesgos pueden ser de varios tipos, pero dos resultan relevantes. Los llamados riesgos de mercado, donde es el propio agente económico quien debe valuarlos y asumirlos sin que nadie haga nada por él, y "los otros", en los que básicamente se agrupan riesgos de cambios en las políticas del gobierno, alteraciones sustanciales en las reglas del juegos, etc., donde el Estado y las sucesivas administraciones de los países juegan un rol central evitando los cambios bruscos, las confiscaciones, sean estas directas o indirectas, etc.. Es esta la forma en que la intervención del gobierno puede reducir la prima de riesgo y con ello aumentar el volumen de la inversión. En países como el nuestro este factor es normalmente mucho más gravitante que cualquier estímulo monetario, sea mediante subsidios o exoneraciones. Es que la historia cuenta.

A vía de ejemplo, una menor carga de impuesto a las utilidades empresariales debería ser sustancial para lograr el objetivo de aumentar la inversión, en la medida que un entorno poco "amigable" a la misma no cambie, o que los agentes económicos no crean en dicho cambio. Vemos entonces que estamos ante un hecho mucho más profundo, donde la causalidad no es sencilla, ni tampoco de una sola fuente.

La idea de esta nota es dar mi posición al respecto, asumiendo desde ya que es imposible que alguien tenga "la razón" y que debemos buscarla entre todos. Solo intento provocar la discusión, recibir la crítica, intercambiar ideas, buscar síntesis que nos permitan progresar. Es más que factible que gran parte de lo que escriba no sea válido, o al menos no lo sea en todos los casos y bajo cualquier circunstancia, por lo que entonces, haya que relativizar o poner un condicional a determinados hechos.

FACTORES RELEVANTES. Las economías no crecen por sus sectores consolidados y tradicionales sino por los que innovan, que le imprimen dinamismo ya que satisfacen las nuevas demandas. Observando y analizando el mundo desde mi perspectiva, los sectores que "tiran el carro" son especialmente los de telecomunicaciones, energía, combustibles, logística (recepción, fraccionamiento, consolidación, distribución y transporte) e infraestructura básica.

La pregunta a contestar es ¿qué hemos hecho y estamos haciendo en Uruguay por ellos? La respuesta es que hubo intentos de hacer, la mayoría fracasados por la fuerza de un estado de opinión desfavorable a los cambios necesarios en los mismos. En las telecomunicaciones el monopolio estatal sigue siendo una enorme limitante, ya que si bien existe cierto grado de competencia, no es libre la instalación de empresas para llamadas de larga distancia, ni las empresas pueden brindar servicios de internet y transmisión de datos e imágenes si no utilizan los servicios de Antel. El lector recordará que estos servicios se liberalizaron en la ley de presupuesto del 2000 (artículos 613 y 614) y que ante la inminencia de un referéndum fueron derogados. La situación quedó estancada con las empresas que habían entrado al mercado y una única compañía con red propia para servicios de internet. Por tanto, el sector depende de la inversión de una empresa pública para mejorar y abaratarse. Hoy el costo de los servicios de internet en Uruguay es entre 5 y 8 veces el que rige en los mercados mundiales y regionales. Respecto a la energía eléctrica se sabe del penoso proceso de la ley de marco regulatorio, de los problemas de Argentina y la falta de interconexión con Brasil. No hay un ambiente favorable para que los privados inviertan. En combustibles, la situación es por demás conocida. Si esperamos las inversiones de Pdvsa que son políticas y no económicas y nos asociamos a las mismas, el desperdicio de recursos de la sociedad (impuestos que deberemos pagar para solventarlo) será monumental. Nos quedan los sectores de logística e infraestructura básica. Son quizás los únicos donde se han hecho avances, en especial en el primero a través de la concesión de la playa de contenedores del puerto de Montevideo, y los permisos para puertos privados, básicamente sobre el río Uruguay. La concesión del aeropuerto de Carrasco va en el mismo sentido. De todas maneras queda mucho por hacer y no parece haber avances. En materia de transporte la CND parece comenzar a transformarse en una megaempresa pública que intenta hacer de todo en el sector, aunque en principio en asociación con privados y por ende compartiendo riesgos innecesarios. Habrá que esperar por los trenes y las carreteras. En el primer caso, el llamado a privados en la pasada administración fracasó, en tanto en el segundo el mantenimiento de las rutas por aquellos ha dado un excelente resultado.

Por último, pero quizás lo más relevante para el desarrollo, son las llamadas "Reformas Estructurales". Dos son las que entiendo de fundamental importancia; la primera hacer competir a las empresas en mercados libres, sin interferencias distorsivas que afecten la eficiencia de la producción de bienes y servicios y dentro de esta, quizás la de mayor relevancia, es la apertura externa y el acceso a los mercados mundiales a través de acuerdos de libre comercio, de manera que nuestros empresarios tengan una correcta señal de precios en el mercado mundial, todo lo cual está al alcance de la mano y dentro de las posibilidades de un gobierno. La segunda es lograr formar mercados financieros sofisticados y profundos, donde las crisis tengan un buen amortiguador. Aquí si bien los gobiernos pueden ayudar, no depende solo de ellos, ni tampoco de una sola administración, es algo más complejo y de largo plazo.

Para que la liberalización de los mercados claves a la competencia, la apertura de la economía o la formación de mercados financieros sofisticados y profundos sean viables y tengan efectos concretos se necesita estabilidad, que reduzca la prima por riesgo y haga fluir la corriente de inversión. Esta estabilidad refiere entre otras cosas a normas fiscales, laborales, de quiebra, el respeto de los contratos, los contratos libres, la libre movilidad de capitales, el mercado de divisas libre y transparente y una justicia preparada, especializada en cada tema e independiente. Advertirá el lector que algunas ya son un activo del país, en tanto que para lograr las restantes la tarea es amplia, pero lo primero que se necesita es la convicción de que hay que hacerla.

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