WILLIAM PESEK | BLOOMBERG
Durante años, los descontentos con la globalización han esperado descarrilar el libre movimiento de bienes, capital y personas. La mayoría de los Gobiernos se mantuvieron firmes, apostando a que con el fenómeno ganarían más de lo que perderían.
¿No sería impresionante, entonces, si muchos de esos Gobiernos estuvieran armando involuntariamente el escenario para el fin de la globalización? Podrían estar haciendo exactamente eso con la proliferación de los llamados fondos de riqueza soberana.
Tal vehículo, financiado por reservas monetarias, es lo que usó China para hacerse de una cuota de US$ 3.000 millones en Blackstone Group LP. También es lo que hará que los mayores fondos de cobertura, fondos mutuos y capital de riesgo del mundo parezcan un puñado de monedas.
Hasta ahora, los fondos de riqueza soberana surgieron de los ingresos del petróleo y se usaron para estabilizar los mercados de energía. En medio de los altos precios del petróleo, se transforman en cuentas de acumulación de riqueza pública. Y conforme las reservas monetarias se disparan, los Gobiernos se apresuran a darles un mejor uso que estacionar el efectivo en bonos del Tesoro de Estados Unidos.
¿Cuánto podrían crecer estos fondos de riqueza soberana?
Stephen Jen, jefe global de investigación monetaria en Morgan Stanley en Londres, estima que a US$ 12 billones para 2015. Esto es aproximadamente el actual tamaño de la economía estadounidense, y podría crear interesantes problemas para la economía mundial.
"Creo que los fondos de riqueza soberana se volverán absolutamente masivos en tamaño en un futuro no muy distante, y tendrán poderosas consecuencias en los mercados financieros", dice Jen. "Me preocupa cada día más la globalización financiera como reacción al surgimiento de estos fondos".
TOLERANCIA AL RIESGO. Con el tiempo, poderosas compañías de inversión gubernamentales podrían aumentar la demanda de acciones y reducir el interés en los bonos. El hambre de más altos rendimientos podría aumentar globalmente la tolerancia al riesgo. Jen estima que los rendimientos globales de los bonos subirán, en promedio, 30 a 40 puntos básicos a lo largo de los próximos 10 años, al tiempo que los coeficientes precio/ganancias sobre las acciones suben entre 5 y 10 por ciento.
Tales fondos tienen "un horizonte de inversión de más largo plazo con una más alta tolerancia al riesgo de corto plazo y, por lo tanto, pueden tener una asignación de activos más diversificada y menos conservadora", dijo el mes pasado Hong Serck Joo, jefe del fondo de inversión estatal de Corea, que asciende a US$ 20.000 millones.
El creciente tamaño y alcance de los fondos de riqueza soberana probablemente tenga importantes consecuencias en las compañías tecnológicas y de materias primas.
En los años ochenta del siglo pasado, los inversores japoneses compraron propiedades estadounidenses. A comienzos de la década de 2000, los inversores rusos adquirieron clubes de fútbol y los inversionistas del Oriente Medio se apoderaron de pistas de carreras. En la búsqueda de altos rendimientos para sus reservas, los países exhiben gustos diferentes en cuanto a activos.
PROBLEMAS. Aquí, Singapur es un ejemplo interesante. Tiene el segundo fondo de riqueza soberana en tamaño después de los Emiratos Árabes Unidos y ha hecho lo que otros probablemente hagan: buscó activos con sólidos rendimientos financieros que lucen atributos difíciles de encontrar en compañías nacionales. Eso es exactamente lo que China, Corea del Sur, Brunei, Malasia, Taiwán y otros Gobiernos asiáticos tratan de hacer.
China ya ha tenido su cuota de problemas. Hace dos años, una oferta de su tercera compañía petrolera en tamaño, Cnooc Ltd., para comprar Unocal Corp. fue frustrada por el Congreso de Estados Unidos. Singapur, mientras tanto, está enredado en controversias por su compra de un control mayoritario en Shin Corp. La compañía de telecomunicaciones era propiedad de la familia del ex primer ministro tailandés Thaksin Shinawatra, que cayó por un golpe de Estado en septiembre último.
TENSIONES. La cuestión es, ¿se quedará tranquilo Estados Unidos si China sale a comprar en Silicon Valley? ¿Aceptarán Australia, Nueva Zelanda y Canadá que sus compañías de recursos sean blanco de compra de Gobiernos extranjeros? ¿Cómo reaccionarían el Reino Unido o Japón a las adquisiciones de sus bancos de inversión?
"El proteccionismo financiero es la cara contraria del proteccionismo comercial, a mi ver", dice Jen. "Mientras los argumentos a favor y en contra del proteccionismo comercial son claros, las ventajas y desventajas de resistirse al capital extranjero todavía no lo son, y tampoco está claro cómo reaccionarían los diversos países".
La consecuencia es que "existe un evidente riesgo de que los fondos extranjeros que se transforman de acreedores en propietarios desencadenen reacciones de los países receptores que socaven la globalización".
Jen admite que su predicción de US$ 12 billones puede no realizarse. Si los fondos de riqueza soberana se desempeñan deficientemente, con el tiempo podrían asignárseles menos recursos financieros. Asimismo, en cualquier momento la liquidez podría ser reabsorbida por las reservas monetarias oficiales.
BURBUJAS. Es probable, no obstante, que estos instrumentos de inversión se conviertan en destacados actores en los mercados de todas partes. Con el paso del tiempo, se parecerán más a enormes fondos de cobertura y fondos mutuos, que serán más difíciles de rastrear por los inversores. No está claro cuántos datos suministrarán sobre sus carteras. Conforme sus masivos fondos se combinen con capital privado, los cambios en las carteras gubernamentales podrían llevar a que se produzcan movimientos inesperados e inexplicables en los mercados.
En Asia, pocas interrogantes son tan amenazadoras como el de qué hacer con las reservas por billones de dólares amasadas desde la crisis asiática de 1997. Diez años después de la turbulencia, esos activos permiten a los Gobiernos cobijar a sus economías de los especuladores y ayudar a los exportadores.
También han creado algunas de las más obvias burbujas del mundo.
En cierto sentido, los funcionarios de Pekín, Tokio, Seúl y otras partes han creado un monstruo financiero. No pueden deshacerse fácilmente de sus reservas; los mercados se enterarán, harán bajar los valores de los activos y dejarán a los Gobiernos con pérdidas masivas. Y tampoco pueden dejar de acumular reservas porque sus monedas se dispararían.
Habiéndose metido en una situación insostenible, los Gobiernos asiáticos buscan formas de usar el dinero. Esperemos que lo hagan sabia y cuidadosamente. De ello puede depender nada menos que el futuro de la globalización.