Daniel Artana | Desde Buenos Aires
A pesar de la fuerte depreciación real del peso, la evolución de los volúmenes exportados por la Argentina ha sido bastante mediocre. Veamos algunos números.
El tipo de cambio real bilateral contra el dólar se ubica en un nivel de 219 comparado con 100 en 1997, mientras que en los casos de Brasil y Chile la depreciación real contra el dólar ha sido mucho menor (30% y 24% respectivamente). Si bien es cierto que la manipulación del índice de costo de vida de la Argentina también afecta a la estimación del tipo de cambio real, el impacto acumulado no tiene entidad suficiente para afectar la conclusión (*).
Las exportaciones en todos los países de la región han aumentado en dólares como consecuencia de la mejora en los precios internacionales y de los volúmenes exportados. Para aproximar mejor la tendencia de largo plazo es preferible concentrarse en la evolución de los volúmenes vendidos al exterior.
Entre 1998 y 2006 el total de toneladas exportadas por la Argentina aumentó en un 40%. En Chile aumentó en 60% y en Brasil en 125%. Y Chile venía de un crecimiento de las exportaciones espectacular en años previos que aumenta la base para comparar, dando lugar a menores tasas de crecimiento.
Si miramos la evolución de los volúmenes exportados de productos industriales la conclusión es similar: mientras la Argentina muestra mejoras de 55% entre 1998 y 2006, en Chile el alza es de 95% y en Brasil de 125%.
Esta falta de dinamismo relativa de las exportaciones argentinas ya no puede atribuirse a la crisis macroeconómica que complicó el financiamiento de los exportadores o los llevó a perder algunos negocios. Obedece, a mi juicio, a causas más profundas.
La política económica argentina tiene un claro sesgo antiexportador que se manifiesta por diversos lados. El más evidente aparece por las restricciones cuantitativas a las exportaciones de carne. La suba en los precios de este producto en el mercado internacional brindaba una gran oportunidad para consolidar el desarrollo del sector. En cambio, el gobierno argentino priorizó el índice de precios al consumidor de algunos meses en un año electoral.
Este sesgo no es nuevo. Las retenciones a las exportaciones, que alcanzan en el caso argentino y como novedad mundial a las ventas al exterior de productos industriales, no sólo generan un menor precio efectivo sino que son altamente discrecionales ya que son el único impuesto que puede ser alterado por decisión del Ejecutivo. Por ejemplo, en el año 2005 el anterior ministro de Economía decidió aumentar las retenciones a las exportaciones de lácteos ante la falta de "compromiso" del sector para reducir los precios en el mercado interno.
El lector debe notar que los productos industriales que se venden al mercado interno no sufren estos problemas. Si sustituyen importaciones que provienen desde fuera del Mercosur están protegidos por aranceles que son relativamente elevados en la comparación internacional y en algunos casos por cuotas. Y también para las importaciones de países del Mercosur la Argentina ha logrado imponer algunas restricciones cuantitativas. Por ejemplo, se alienta a los productores argentinos a que acuerden con sus competidores brasileños un reparto de cuotas de mercado en la Argentina. Este es un claro ejemplo de una política de acuerdo horizontal entre competidores que perjudica a los consumidores y que cualquier organismo de defensa de la competencia penalizaría. El gobierno argentino, en cambio, termina alentando estas restricciones voluntarias de exportaciones desde Brasil a la Argentina para proteger a la industria nacional.
En definitiva, el tipo de cambio efectivo (sumando los aranceles a las importaciones y restando las retenciones) para las ventas al mercado interno es para la mayoría de los productos industriales, por lo menos, 20% superior al que perciben al exportar. Y 20% es una diferencia notable al definir la utilidad de una operación.
En suma, los grupos de presión sustituidores de importaciones han sido capaces de aumentar los precios de venta al público sin tanta interferencia gubernamental, mientras que los que producen manufacturas y bienes primarios de exportación han sufrido penalizaciones crecientes del gobierno.
Esta señal es muy nociva para el crecimiento de mediano plazo y es otro ejemplo del sesgo cortoplacista de la actual administración.