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IPC | La tendencia alcista se podría revertir con una baja del gasto que no condice con la política previsible de un gobierno de izquierda
Falta de coordinación macroeconómica provoca un aumento de la inflación
La pérdida de competitividad es un problema de origen fiscal y, por lo tanto, no se puede hacer responsable sólo al Banco Central

El aumento del gasto cercano a los US$ 600 millones -que entre Presupuesto y Rendición de Cuentas hasta el fin de este período de gobierno es equivalente al 3% del PIB- se traducirá en más impuestos, tarifas públicas más altas y/o mayor endeudamiento, lo que genera la interrogante de qué pasará cuando se revierta el ciclo y haya que soportar un nivel de gasto tan elevado, señaló el Cr. Juan Carlos Protasi, ex presidente del Banco Central del Uruguay y director de la revista Portfolio. A continuación un resumen de la entrevista con ECONOMIA & MERCADO.

-¿Cómo evalúa la situación económica actual de Uruguay?

-La situación en lo macro es buena y mejor de lo que se podía esperar de un gobierno de izquierda. Confiaba en la gestión del ministro Astori y su equipo porque su estrategia era pragmática y coherente y porque creía que por un tiempo no tendría la oposición que tuvieron los gobiernos anteriores. Me generaban dudas los posibles reclamos de los sindicatos y el impacto de la instalación de los consejos de salarios. Efectivamente la nueva administración pudo mantener, en sus primeros dos años, la ortodoxia fiscal, avanzar tanto en la creación de empleos como en el aumento de los salarios reales y reducir, por segundo año consecutivo, la pobreza y la indigencia. La simultánea mejora fiscal y de bienestar social le permitió al gobierno de Vázquez ganarse el respeto de los inversores internacionales que ven a Uruguay como un caso paradigmático en el camino de Chile, dentro de los países de gobiernos socialistas. Se podría decir que la situación es tan buena como hace diez años, si no fuera por el alto desempleo -que no se logró abatir a los guarismos de entonces- y por las pobres expectativas de progreso económico que ofrece el país para quienes se esfuerzan y trabajan sin reclamarle nada al Estado. El empuje emigratorio de los uruguayos el año pasado -similar al registro durante la peor crisis económica de nuestra historia en 2002 y cerca del triple de años normales- es un indicador muy negativo ya que ocurre en medio de un boom económico.

-¿Hay fundamentos que permitan prever que la economía se expandirá sostenidamente en los próximos años?

-El marco externo es excepcional. El contexto mundial sigue jugando a favor de la región. Un año atrás esperábamos que los altos precios que ya se observaban tendieran a estabilizarse, pero en la segunda mitad de 2006 y comienzos de 2007 las cotizaciones internacionales continúan firmes.

Esto se advierte particularmente en los commodities que exporta América Latina, más allá de que el petróleo no está en sus niveles récord. Esta evolución está asociada al fuerte crecimiento mundial, a la debilidad del dólar y a la elevada liquidez internacional. Si bien existen riesgos de que se desacelere la economía mundial, las perspectivas del FMI son sólidas para la mayoría de las regiones. Estimo que la apreciación del yuan chino tendrá mayor impacto sobre el comercio y las paridades en Asia, y podría beneficiar a Uruguay en la medida de que contribuya a mejorar el consumo de alimentos en China. No obstante, deben quedar claras dos cosas. Una es que todos los ciclos se repiten. No podemos saber la duración de esta expansión, pero no deberíamos tener dudas que se va a revertir en algún momento. La otra es que, pese a este escenario tan favorable, no es lo mismo crecer con capacidad ociosa para recuperar el nivel precrisis que mantener un proceso de crecimiento sostenido en el largo plazo, como será el que tendremos que mantener de ahora en adelante, para lo cual habrá que aumentar mucho más la inversión y la competitividad.

-¿Y usted cree que el país no transita por la senda adecuada?

-Yo creo que no. En lo interno se hace poco para mejorar las ventajas competitivas de la producción nacional. Es más, se va en la dirección opuesta. El costo del Estado sigue aumentando y el país se hace cada vez menos competitivo internacionalmente. El gasto público es excesivo. Peor aún, todo el mundo quiere ser empleado público y con presión sindical se consiguen arreglos que "satisfacen a todas las partes" como rezan las declaraciones de los dirigentes. A todas las partes no es cierto, porque estos arreglos implican aumento del gasto y suba de los impuestos al final del camino. Como señaló Mujica, es muy fácil reivindicar derechos cuando se enfrenta a un gobierno de izquierda. A los gobiernos anteriores también les hubiera gustado satisfacer los reclamos de la gente. Me pregunto a quién no le habría resultado gratificante. Imagínese esta bonanza externa cuando sufrimos la crisis. ¿Alguien puede dudar que el Dr. Batlle no hubiera querido hacer un plan de emergencia y ayudar a los desposeídos a mediados de 2002? Pero era un problema de responsabilidad fiscal y de falta de recursos. Actualmente, hay más disponibilidad de fondos, pero se está tirando manteca al techo. Eso debe preocuparnos porque se ha tomado una senda distinta de la que comenzó a transitar este gobierno. En aquel momento se fue con cautela y con respeto por las finanzas. Hoy la presión para gastar más es muy grande desde todos los sectores del Frente Amplio. Hablan de "poner toda la carne en el asador" como si los recursos no los tuvieran que poner los trabajadores y las empresas. El aumento del gasto cercano a los US$ 600 millones -que entre Presupuesto y Rendición de Cuentas hasta el fin de este período de gobierno es equivalente a un 3% del PIB- se traducirá en más impuestos, tarifas públicas más altas y/o mayor endeudamiento. ¿Y qué pasará cuando se revierta el ciclo y haya que soportar un nivel de gasto tan elevado?

Mayor gasto público

-¿Se podrán cumplir las metas de superávit fiscal primario de continuar aumentando el gasto público?

-El cumplimiento dependerá en buena medida de cuánto crezca la economía y del rendimiento del nuevo esquema tributario que, según mis cálculos, aportará más recursos al fisco. Ojalá no me equivoque porque sería absurdo implementar esa reforma, que complica a todo el mundo, y que al final se termine recaudando menos. Habiendo autorizado el gobierno aumentos tan importantes del gasto, que podrían llegar a ser mayores si todavía se abre el proyecto de ley de Rendición de Cuentas en el Parlamento, una baja en la recaudación sería un inconveniente serio.

-¿Qué consecuencias tendrá el actual aumento del gasto público?

-El país se hace cada vez menos competitivo frente a la producción extranjera. Hay que reconocer que el tipo de cambio está desalineado con los salarios y los impuestos, y que se debería corregir esta distorsión, pero no por la vía de subsidios como parece ser el nuevo camino. El reciente subsidio a la industria textil, me recuerda a la política de Domingo Cavallo en 2001 con los famosos "planes de competitividad" que reducían los impuestos para compensar la falta de competitividad causada por un tipo de cambio desalineado con el resto de los precios. Las devaluaciones fiscales no aportan soluciones sustentables porque tarde o temprano todos pretenden acceder al beneficio o de lo contrario se evaden impuesto. En los hechos se está reconociendo implícitamente que la competitividad no es la adecuada. Hace diez años, con soberbia se negaba desde el gobierno, que el tipo de cambio estaba desalineado, argumentándose que las exportaciones crecían a buen ritmo. Pero muchos decíamos públicamente, incluyendo a quienes hoy conducen la economía, que el gobierno estaba equivocado y anunciábamos que la economía ingresaría en una recesión por falta de competitividad. Los hechos parecían contradecir esa hipótesis, ya que desde el exterior el FMI no hacía más que elogiarnos y la demanda de deuda uruguaya crecía y el riesgo país bajaba. Se empapeló al país, mientras el desempleo aumentaba y las empresas no encontraban alternativas para competir. El resto de la historia lo conocemos.

-¿Estamos ingresando a una etapa similar a la que se fue generando a partir de 1999?

-Hoy no estamos todavía en esa situación. Pero se empiezan a sentir algunos síntomas de la falta de competitividad y de inversión. La economía se encuentra en el límite de su capacidad y las exportaciones hallan un techo para crecer. La exportación en dólares crece por efecto de los buenos precios internacionales, pero en términos reales desaceleró significativamente su ritmo en 2006. Si bien había aumentado 30.4% en 2004 y 16.3% en 2005, lo hizo sólo 7.6% el año pasado. Incluso las exportaciones en volumen físico de carne disminuyeron por falta de oferta en 2006 y en el primer trimestre de 2007. Es difícil competir para las exportaciones que incorporan trabajo uruguayo. Competir con commodities como la lana resulta más fácil, pero es virtualmente imposible hacerlo con textiles o prendas.

-Pero el PIB está creciendo a una buena tasa, ¿no es cierto?

-Efectivamente la economía está creciendo a buen ritmo; eso no se discute. Pero no se puede afirmar que ese crecimiento sea sostenible. Los indicadores que mencioné anteriormente son elocuentes. Debe tenerse en cuenta, además, que la principal fuerza propulsora del crecimiento actual proviene del consumo, que ya superó el nivel máximo de 1998. Sin embargo, sabemos que el crecimiento económico sustentado en la demanda interna demostró no ser duradero en el caso de Uruguay por el reducido tamaño del mercado local. Un crecimiento sólido de la economía debería sustentarse en dos pilares: la exportación y la inversión. Crecimiento hacia afuera y aumento de inversión van de la mano y ambos requieren un menor costo del Estado y mayor apertura de la economía. Si bien la inversión en capital fijo a precios constantes ha aumentado, aún no ha alcanzado el pico del cuarto trimestre de 1998.

Sólo un gobierno con fuerte liderazgo como el de Vázquez podría adoptar esa política de apertura. Sus intenciones como las del ministro Astori y otros miembros del gabinete son favorables en ambas líneas. De hecho se estuvo muy cerca de negociar un TLC con Estados Unidos, pero se perdió la oportunidad por no existir voluntad política al interior del Frente Amplio que no le dio el respaldo al presidente. Otro tanto ocurre con el aumento del costo del Estado. El presidente recién se pudo poner firme para no dar más aumentos luego de haber concedido US$ 600 millones. Pero es tarde, pues en mi opinión tendrá consecuencias negativas en la competitividad.

Menor competitividad

-¿Por qué Ud. relaciona el aumento del gasto a la pérdida de competitividad?

-He realizado estudios que muestran que el gasto público, fundamentalmente en bienes no transables como los salarios, incide negativamente en el tipo real de cambio. Lo he comprobado también para otros países. El gasto público aumenta por la presión salarial de los funcionarios públicos, como lo vemos casi todos los días. Pero la suba de los salarios públicos dispara los salarios privados, que en promedio crecieron 12.5%. Por otro lado, el tipo de cambio está fijo en 24 pesos por dólar. Este pierde alrededor de un 12.5% por año en relación a los salarios. En caso que la productividad no aumente a ese ritmo -se estima que se incrementa alrededor de un 3%- se pierde competitividad si los socios comerciales operan con costos más bajos. Los índices de tipo de cambio de paridad del Banco Central del Uruguay sólo toman en cuenta los precios, pero no comparan los costos laborales unitarios con los socios comerciales.

-¿El aumento del gasto público también incide negativamente en el tipo de cambio?

Sí. Porque no deja espacio para la compra de dólares. Por ejemplo, en Brasil el gasto interno es menor que la producción y, por esto logra un balance positivo en bienes y servicios con el exterior. El Banco Central brasileño puede comprar dólares genuinamente sin preocuparse de la inflación, porque se generaron los recursos con ese ahorro. En la mayoría de los países que acumulan reservas para defender la competitividad, como es el caso de los países asiáticos, el excedente positivo en el balance comercial o la cuenta corriente les permite hacerlo sin generar inflación. En Uruguay la compra de dólares es artificial, no hay superávit en la cuenta corriente y, por lo tanto, es inflacionaria porque no hay recursos reales para comprarlos. Esto hace que las compras de dólares incidan negativamente en la competitividad y en el déficit cuasifiscal. Si el gobierno y las empresas públicas gastaran menos, el superávit primario sería mayor y se podrían comprar más dólares genuinamente. Por esta razón debe tenerse claro que la pérdida de competitividad es un problema de origen fiscal y, en consecuencia, no se puede hacer responsable sólo al BCU por esto. Comprando dólares no se resuelve el problema. Es contundente la prueba de lo que ha pasado en 2006 y 2007, en que se han comprado dólares y los costos en dólares continúan subiendo.

-¿A qué atribuye ese resultado poco auspicioso?

-En mi opinión, hay un problema de coordinación macroeconómica. Cuando se establecen las metas fiscales y se define hasta cuánto el BCU puede expandir la oferta monetaria, se hacen supuestos que luego en la práctica pueden no darse. Creo que la programación no fue correcta, porque al no existir el ahorro de recursos del sector público, las compras de dólares debieron haberse esterilizado a efectos de que la inflación no se saliera de control. La emisión de letras de regulación monetaria y en unidades indexadas subió alrededor de 900 millones en los últimos 12 meses. En esa carrera de comprar dólares y sacar luego los pesos del mercado, se generó un costoso círculo vicioso que lleva a pagar tasas equivalentes en dólares de 12% anual, lo que induce a desdolarizar posiciones de los operadores y obliga a comprar más dólares teniendo después que volver a quitar la liquidez.

|Entrevista |

17.000 uruguayos emigraron en pleno boom

r -¿Cómo puede interpretarse que 17.000 uruguayos hayan emigrado en pleno boom económico el año pasado?

-Este es un tema del que poco se habla, pero que refleja la falta de cambios en la economía y de oportunidades de progreso. Quienes se plantean emigrar suelen tener empleo, pero les resulta difícil progresar localmente. A sus limitadas posibilidades se les agrega ahora un duro golpe a sus ingresos, con el mal llamado "impuesto a la renta" que, en realidad, es una extensión del Impuesto a las Retribuciones Personales, con un adicional para financiar la salud que se aplicará en pocos meses, y vaya saber qué otros tributos podrán venir en el futuro si no se frena el instinto de tipo Robin Hood de algunos integrantes de la coalición de gobierno. Sacarle a los ricos para darle a los pobres es aceptable por todos quienes tengan un espíritu de solidaridad, pero regalarle la plata a quienes no se esfuerzan va en contra de la "falta de hábitos de trabajo", de la que se queja el ministro de Trabajo.

-Sin embargo, las encuestas de opinión pública señalan que los índices de confianza de los consumidores están mejor que con gobiernos anteriores…

-Es verdad. Esos índices eran muy bajos en los anteriores gobiernos, pero al asumir el Frente Amplio ascendieron sustancialmente. No sé cómo los politólogos explican el hecho al que aludí porque, francamente, parece una contradicción. Si mejoró la confianza, ¿por qué se va la gente? Tal vez, al igual que la emigración, es una válvula de escape al desempleo. Si no fuera por ella, la tasa de desempleo estaría fácilmente dos puntos por encima de los niveles de hace diez años. Quizás la emigración contribuya a mejorar los índices de confianza porque quienes están desconformes se van y no son encuestados, pero es inadmisible que siga ocurriendo ese fenómeno que tanto criticó en el pasado la propia izquierda. Entre otras razones, porque el retorno neto de la inversión -descontadas las remesas que pueden enviar los emigrantes a sus familiares-, que hacemos quienes permanecemos en Uruguay y financiamos con nuestro trabajo una educación tan cara, resulta negativo.

Expectativas inflacionarias generan un aumento desordenado de los precios

r -¿Está la inflación bajo control como ha afirmado el ministro de Economía?

-En realidad, el aumento progresivo del gasto público y la convocatoria de los consejos de salarios han contribuido a tonificar el actual proceso inflacionario que tiene también una fuerte componente importada. Si bien era de esperar que un gobierno de izquierda aumentase el salario real ya que su prédica desde la oposición hacía previsible que una vez en el poder no podría negarse a las demandas de los sindicatos, la liberalidad expuesta y, sobre todo, la presión de la bancada parlamentaria del gobierno ha montado un sistema de indexación que ante el más mínimo cambio en los precios se genera una espiral inflacionaria, que es muy nociva para la estabilidad porque luego resulta difícil volver atrás. La indexación salarial, además de generar presiones inflacionarias sobre las tarifas públicas y otros bienes y servicios considerados no transables, tampoco ayuda a abatir el desempleo porque el aumento de costos hace que las empresas estén renuentes a contratar nuevo personal.

Asimismo, el aumento de la inflación en el primer semestre de este año ha promovido expectativas de inflación, lo que es muy malo. El mercado comenzó a ver con preocupación la suba de precios y tanto trabajadores como empresarios tratan de defenderse contra la inflación, los primeros presionando por mayores aumentos salariales y los segundos aumentando sus precios anticipándose a lo que subirán los salarios a partir del mes de julio. La inflación se ha generalizado y, por lo tanto, no me atrevería a decir que está bajo control.

-¿Cuál es la verdadera incidencia del incremento de los precios de frutas y legumbres en la actual tendencia alcista de la inflación?

-La incidencia de las frutas y legumbres no deja de ser un aspecto menor en la inflación. La inflación se ha generalizado, pero no a causa de las lluvias únicamente como se explica desde el gobierno. La mitad de los productos de la canasta familiar se ha venido encareciendo a razón del 10% anual cuando no había malas condiciones climáticas. Este hecho contribuye a formar "expectativas inflacionarias". La inflación crece porque la gente cree que va a seguir subiendo. Por eso, los precios aumentan en forma desordenada. Es el caso del costo de la construcción que aumentó 13% en los últimos doce meses debido, básicamente, a la evolución del costo salarial del sector que se incrementó un 30% entre el 1º de enero de 2006 y el 2 de enero de 2007; y esto no fue por los precios de las frutas y verduras.

-¿Cómo se podría combatir este proceso inflacionario?

-Deberían adoptarse medidas que quiebren esas expectativas. Es probable que la entrada en vigencia de la reforma tributaria tenga efectos esperados y otros no deseados por las autoridades. La rebaja del IVA y del Cofis seguramente tendrá un efecto positivo, aunque no sea muy grande. Pero podría ocurrir que una caída del consumo en los estratos más afectados por el nuevo impuesto a la renta provoque una baja en los precios de los rubros más elásticos al ingreso tales como compra de automotores, educación privada, etc.

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