Con fecha 30 de abril fue dado a conocer un documento escrito por el Presidente de las negociaciones sobre Agricultura en la Organización Mundial del Comercio (OMC), Embajador Crawford Falconer, que permite alentar esperanzas de una rápida culminación de la Ronda de Doha. Rápida quiere decir que en algunos meses, quizás fin de año, se firmarán los documentos finales, con un comienzo de aplicación de sus disciplinas por parte de los países a partir de 2008 o 2009. Sé que es difícil entender que esto sea rápido pero es así.
INSTANCIA PROCESAL. Como es de conocimiento, la agricultura ha sido hasta ahora la responsable por la paralización de la Ronda, ya que sobre ella confluyen posiciones totalmente dispares. No obstante debe recordarse que el GATT nació en 1947, y que la Agricultura hace apenas doce años que tiene disciplinas (antes valía todo en esta actividad en el comercio recíproco). En definitiva parece lógico que el avance hacia un comercio más disciplinado en esta materia sea más lento que en otras. La paralización hasta ahora era si se quiere algo singular, porque había y sigue habiendo acuerdo sobre los conceptos generales sin poder definir en cambio la cuantía de los compromisos a asumir, lo que en la jerga peculiar de la OMC se llama "modalidades". Por ejemplo, había acuerdo en la reducción de las ayudas domésticas y que a mayores ayudas mayores recortes, pero sin números sobre esto. Igualmente había acuerdo en que la reducción arancelaria sería mayor en los niveles más altos, que habría productos sensibles en los que la reducción sería menor, que en este caso se abrirían cuotas, pero el desacuerdo en los números de todo esto y mucho más es lo que hacía peligrar la ronda. El documento de Falconer tiene la virtud de "desafiar", es éste el término que usa, a todos los miembros a lograr acuerdos en torno a números que él propone. Es muy importante mirar estos números porque ya nos dan una idea de lo que vendrá. Y yo creo que son todas buenas noticias.
SUBSIDIOS. La propuesta es que los subsidios a las exportaciones se terminen por completo en el año 2013, y que para el 2011 ya hayan desaparecido entre el 50% y los dos tercios. La secuencia podrá tener alguna variación pero en esta materia algo parecido a esto serán los números finales lo que me parece una buena noticia. Además, las disciplinas sobre subsidios a las exportaciones alcanzan a tres capítulos en los que no voy a entrar pero que completan el panorama de compromisos de eliminación. Ellos refieren a: empresas comerciales estatales monopólicas o no; a la ayuda alimentaria, con frecuencia de efectos negativos en el comercio; y sobre créditos a las exportaciones, una forma de eludir compromisos de reducción de subsidios luego de la Ronda Uruguay.
AYUDA INTERNA. Este es un punto extremadamente sensible para los Estados Unidos, donde el monto total de ayudas causantes de distorsiones se sitúa en un tope de 22 mil millones de dólares que había dificultad en reducir. Falconer nos hace saber que si hay acuerdo éste se situará para Estados Unidos en valores de entre 13 y 19 mil millones de dólares. Existe una larga parafernalia de situaciones para definir qué es una ayuda que distorsiona el comercio, y en todos los casos hay propuesta de reducciones. Me refiero por ejemplo al nivel llamado "de minimis", a los niveles por productos específicos, a las ayudas exentas de compromisos de reducción, etc. Los países en desarrollo podrán reducir dos tercios de lo que corresponda a los desarrollados, pero también deberán hacer su esfuerzo. En definitiva, se pueden esperar reducciones en promedio del 60% para los niveles más elevados, con salvedades pero siempre en guarismos significativos.
ACCESO A MERCADOS. Junto con el tema de los subsidios a la exportación parece el más interesante para el país ya que puede tener efectos a más corto plazo. Como los recortes arancelarios seguirán el principio de que mayores serán cuanto más altos los aranceles, el tema es cuál puede ser el nivel de acuerdo en el recorte de los países más ricos. Falconer señala que el corte estará entre 60 y 85%, lo que ya de por sí no es desdeñable aunque se parta en algunos casos de niveles muy altos. Otra vez, los países en desarrollo deberán cortar sus aranceles en una proporción de dos tercios de los compromisos generales. Los países desarrollados habían logrado una categoría -la de los llamados productos sensibles- para atenuar sus obligaciones de reducción arancelaria. El documento Falconer nos señala que no será tan solo el 1% de las líneas arancelarias las que postulen para sensibles, pero que no pasarán el 5%. Otra vez me parece bastante razonable, aunque si pocos son los productos "sensibles" seguro que allí estarán los nuestros. En este caso lo relevante es la compensación que a través de cuotas nos den por colocar algún producto de nuestro interés en "sensible". Integra asimismo este capítulo de la negociación el llamado de "productos especiales", que son los excepcionales de los países en desarrollo, vinculados a la pobreza rural, y a otras razones sociales. Falconer escribe que desde el punto de vista político los productos sensibles de los países desarrollados guardan una proporción con los especiales de los de los países en desarrollo. En otras palabras que si el número de especiales es más grande, también lo será el de sensibles. Y que si estos se situarán entre 1 y 5%, los especiales deberían estar entre un 5 y un 8% de las líneas arancelarias. Aún en estos productos especiales habría compromisos de reducción arancelaria otra vez de dos terceras partes que las generales. Son números muy concretos y en mi opinión otra vez equilibrados.
OPTIMISMO. Para Uruguay hay beneficios claros de corto, mediano, y largo plazo. A corto plazo nuestro país es probable logre cuotas en productos que, o no las tiene, o si ya las disfruta quizás las pueda incrementar en cantidad o con un menor arancel intracuota, que en muchos casos es más importante que la cuantía misma del contingente, en especial si éste es muy grande o para muchos. También a corto y mediano plazo el fin de los subsidios a las exportaciones es un beneficio que en parte ya se está disfrutando, porque algunos países vienen desarrollando políticas para evitar producir excedentes que son los que precisamente deben subsidiar para exportar. La reducción de las ayudas internas en países a los que podríamos exportar si ellas no existieran -por ejemplo arroz a Estados Unidos- parece algo más lejano. No obstante la tendencia es la correcta y reitero que hasta hace apenas doce años no había ninguna disciplina. Mi preocupación actual es hoy el grado de amplitud que puedan alcanzar tanto en la selección como en el trato preferencial, los llamados productos especiales de los países en desarrollo, no solo porque tenemos comercio de alimentos con ellos, sino porque como explica Falconer, a más productos especiales mayor será la lista de sensibles de los países desarrollados. No obstante, no creo que se terminen aceptando listas muy grandes en ningún caso ya que la oposición de intereses funciona bien para impedir un remate a la baja de aspiraciones de liberalización comercial.
Finalmente, hay que entender como beneficio la recuperación del prestigio de la institucionalidad multilateral, clave para países chicos sin demasiados acuerdos de libre comercio como los tiene Chile por ejemplo. Este país bien puede señalar que en el fondo le da lo mismo lo que pase en la OMC ya que tiene acuerdos de a uno con todo el mundo. Pero no es nuestro caso. Para nosotros el cierre de la ronda con disciplinas claras y exigibles es vital. Y soy optimista que estamos cerca de lograrlo.