JULIO PREVE FOLLE
En estos días nos viene sacudiendo el incremento experimentado por frutas y verduras, que en algunos rubros resulta escandaloso, según lo recoge la prensa de boca de amas de casa y consumidores en general. Algunos, preocupados por el incipiente rebrote inflacionario, culpan de este fenómeno a las frutas y verduras. Otros, en particular autoridades del MGAP, señalan que se trata de un fenómeno transitorio que desparecerá con oferta nacional. La prensa titula con esos precios anticipando aumentos o caídas. Y nadie refiere a las verdaderas razones.
INFLACIÓN. La inflación es un fenómeno monetario que alguna vez fue definido como el resultado de "muchos pesos a la caza de pocos bienes". Es decir que para que ocurra este fenómeno la clave es que haya muchos pesos en circulación. De lo contrario si un conjunto de precios sube por cualquier razón, otro conjunto bajará, y habrá solo cambios de precios relativos y no inflación. En el caso de las frutas y verduras, acusadas todos los inviernos de culpas inflacionarias, de no existir "muchos pesos", sus precios podrían subir y no haber necesariamente inflación. Sólo como un fenómeno de cortísimo plazo su aumento podría confundir los registros respectivos. Nada más.
RAZONES PROPIAS. Quiero llamar la atención ahora sobre las explicaciones que se dan sobre el aumento o reducción de los precios de frutas y verduras, vinculándolo a problemas en las cantidades ofertadas por nuestros productores: que la sequía, que las heladas, que la época del año, etc. Se trata de razonamientos de oferta y demanda domésticas que se corresponden con el análisis de un mercado totalmente cerrado. Es aquí que hay que buscar las verdaderas razones para estos picos de precios, los que este año han alcanzado valores excepcionales. Como se sabe las frutas y verduras disponen en esencia de tres mecanismos de protección. El primero es la llamada protección natural, esto es la que hace que sea difícil por razones logísticas de riesgo asociado a la preservación de producto, importarlo. Es importante en todos los de difícil conservación: lechuga, acelga, etc. La tecnología y las comunicaciones hacen que este concepto cada vez se relativice más. No obstante corte de puentes mediante, y una larga historia de trabas aduaneras, hacen muy difícil animarse a importar. El segundo mecanismo es la protección tributaria debida a aranceles o cuasi aranceles, en cualquier caso conocidos, cuantificables para quien desea hacer un negocio. En el país, si bien tenemos arancel cero dentro del Mercosur, debe recordarse que la administración anterior restableció el arancel de frutas y verduras disfrazándolo de un IVA que se cobra sólo a los productos importados. Y tenemos como tercer mecanismo al peor de todos ellos, al de más potente limitación del comercio sobre el que tantas veces he escrito, el Afidi (Acreditación Fitosanitaria de Importación), que es una traba administrativa ilegal disfrazada de requisito sanitario. Funciona pasando a la administración la decisión caso a caso de una importación, estableciendo no las enfermedades de que debe estar libre el producto -éste debería ser su sentido original- sino la cantidad y al precio que se pueden importar frutas y verduras en razón de juicios sobre el abastecimiento de la plaza con oferta local, y según el precio que ésta vaya logrando. Si alguien del Ministerio, con frecuencia influido por los propios interesados, los productores, juzga que lo que se va a importar es mucho o muy barato de acuerdo a su leal saber y entender, simplemente no extiende el Afidi. Y si cree que no afectará intereses domésticos libera el certificado por una determinada cantidad. En definitiva, el certificado sanitario permite administrar las importaciones en cantidad y precio de acuerdo a reglas que obviamente no están escritas. Nadie en sus cabales, a menos que se trate del aprovechamiento casual de una circunstancia loca, puede armar una corriente comercial sobre la base de la más grande incertidumbre que deriva no ya de la esencia de un mercado de por sí muy volátil, sino de la "lógica" proteccionista oficial no escrita de funcionarios fabricantes de escasez. De esta forma no es raro que todos los análisis que se han difundido pasen por comentarios sobre la oferta y demanda domésticas; esta es la forma de analizar el mercado de cualquier bien totalmente cerrado al comercio. Ya querrían nuestras autoridades del MGAP que los valores no hubieran llegado a estos picos y que las importaciones los hubieran moderado. Pero la escasez fabricada, junto a la imprevisibilidad de las reglas hacen muy difícil que pacíficamente operen los importadores.
LOS PICOS. Si bien es difícil comparar precios ya que puede tratarse de calidades diferentes, yo igualmente exhorto a mirar lo que informan todos los días respectivamente nuestra CAMM (Comisión Administradora del Mercado Modelo) y el Mercado Central de Buenos Aires (www.mercadocentral.com.ar) para productos similares. El precio de los productos en Argentina no se parece al que llegarían al Uruguay, en parte también por los costos paraarancelarios que tenemos. Tampoco la observación de un solo día puede servir para extraer consecuencias. Pero igualmente recomiendo el cotejo que dará una idea de lo que se ha hecho con este mercado entre el gobierno actual y el anterior, con prescindencia no solo de la legalidad sino de los derechos del consumidor. Veamos algunos ejemplos de precios tomados el 18 de abril. El ajo uruguayo valía 30 veces más que el argentino; el boniato un 80% más; la cebolla entre un 60 y un 80%; la papa entre un 120 y un 240% más; el pimiento entre un 150 y un 300%; el tomate un 130%; la zanahoria un 300%; bananas y naranjas casi un 100% más; peras y uvas alrededor de un 50% más.
LA LIBERTAD ANIQUILADA. A lo que me quiero referir finalmente es a una costumbre que se hace cada vez más notoria y que consiste en admitir que importar es un privilegio, una gracia que hay que pedir a la autoridad, cuando es un derecho que forma parte de los básicos de cualquiera, que lo tiene al dedicarse a una actividad económica cuya norma es la libertad y solo su excepción puede ser la prohibición. Un funcionario del MGAP declaraba que para la mayoría de los productos hay habilitación para importar, hablando en nombre de su facultad -la del MGAP- de autorizar o no los negocios. Es una barbaridad. Importar, exportar, producir, comprar, vender, cantar o bailar son derechos primarios que a la autoridad solo le compete organizarlos por delegación legítima de la sociedad. Nunca puede admitirse que importar es como una gracia que el Estado concede a quien le parece según su mejor juicio; esto es una barbaridad en términos democráticos. La norma debe ser el derecho a importar, y así lo debe sentir todo comerciante actual o potencial, estable o coyuntural, es lo mismo. Y la excepción, basada en el interés general y no en el de algunos productores, podrá ser la prohibición, circunstancial y conforme a reglas de difusión general, y nunca de acuerdo a la discrecionalidad de la administración, caso a caso. Esto debe cambiar. Si el MGAP cree que debe limitar importaciones nos debe explicar a todos por qué, por cuánto tiempo, por cuál cantidad, a qué precio, pero siempre a través de reglas públicas, bien conocidas y contenidas en normas jurídicas. Y no invertirse la carga de la prueba, como pasa con los transgénicos. En definitiva, en las frutas y verduras como en cualquier cosa, importar debe ser la regla y nunca el fruto de un permiso caso a caso; eso es la libertad aniquilada, el traslado de un poder a la administración que solo la ley puede darle.
A modo de conclusión me gustaría absolver de toda culpa a las frutas y verduras, aprovechando la ocasión para reorientar la censura donde corresponde: en los fabricantes de escasez.