Según dos analistas de la oficina de Chicago de la consultora Booz Allen Hamilton, William Jackson y Vikas Sehgal, un previsible aumento a mil millones de autos rodando por el mundo en 2020 involucra tres tendencias que cambiarán la propia industria y ninguna favorece a Detroit. La clave del proceso está en Asia. Fabricantes, financieras y medios saben que hay una transformación en marcha. De ahí la atención puesta en empresas tan poco convencionales como la china Chery y la india Mahindra & Mahindra.
Si las automotrices de algunos países en desarrollo -ninguno en América Latina- evolucionan a la par con los mercados centrales, quizá para 2020 hayan dado vuelta nociones todavía arraigadas sobre costos, producción y uso del coche. Las tendencias que definirán el futuro -desde la manufactura hasta el impacto ambiental y los esquemas laborales- se interrelacionan y tendrán efectos acumulativos.
MOVILIDAD SOCIAL. Se hará sentir en los nuevos mercados, especialmente si continúa la construcción de rutas fuera de las ciudades, cambia el perfil de los combustibles y aumentan las oportunidades de trabajo. A su vez, esos factores pueden promover mayor democratización en India -China es una incógnita- y acelerar la industrialización en ambas y en vecinos como Vietnam, Pakistán o Bangladesh.
Por supuesto ningún país en desarrollo copiará el viejo modelo de Estados Unidos, hoy en crisis. No habrá suburbios interminables, nafta barata ni utilitarios deportivos. Muchos gobiernos en Latinoamérica, Europa oriental y Asia meridional y oriental deberán aplicar -tarde o temprano- restricciones al tamaño de los vehículos, las emisiones y el uso en horas pico, lo cual recortará o eliminará subsidios existentes.
Por ende, quienes habitan áreas urbanas relativamente prósperas -como Shangai y Beijing en China, o como Haiderabad y Bangalore en India- deberán apelar al transporte colectivo. Manejar el auto en esas zonas no será práctico, en tanto no haya autopistas interiores. De ese modo, el coche será para salir los fines de semana o exhibirlo como símbolo de riqueza. En las áreas rurales, la motorización abrirá horizontes y no sólo para quienes tengan auto. Por primera vez, quienes viven en aldeas lejanas alcanzarán centros urbanos en horas (India) o en pocos días (China). Agricultura, industria, ventas minoristas y distribución dejarán de estar logísticamente aisladas.
IMPACTO AMBIENTAL. Dista de estar claro, entretanto, si las autoridades de países en desarrollo tomarán en cuenta los nexos entre combustibles fósiles y la emisión de gases "efecto invernadero". ¿Por qué deberían condicionar el crecimiento a esa prioridad si países centrales como Estados Unidos o Japón, que no adhieren al Protocolo de Kyoto, no lo hacen? En la actualidad, muchos dirigentes de gobiernos en desarrollo sostienen que no pueden darse el lujo de ejercer responsabilidad ambiental, particularmente en lo atinente a monóxido y dióxido de carbono. El problema desvela a muchos expertos alrededor del mundo, pero no a Delhi ni Beijing. China ya es el segundo país del globo, tras Estados Unidos, como consumidor de combustibles fósiles.
MERCADOS EN EXPANSIÓN. Otra tendencia clave es el avance de automotores económicos. El coche chico más popular en India, Maruti Alto, se vende a menos de U$S 4.500. Las empresas están desarrollando vehículos que cuesten la mitad. Sería difícil imaginar la revolución que esos modelos desatarían en países latinoamericanos cuyas firmas siguen centradas en las clases alta y media alta.
Por el contrario, los autos aptos para mercados en desarrollo deberían cubrir necesidades básicas, sin lujos. En el futuro, el típico coche indio o chino tendrá carrocería plástica, un motor sencillo, buenos frenos, nada de bolsas y una suspensión capaz de aguantar caminos rurales o abruptos. Como viene sucediendo en Rusia desde hace mucho tiempo.
Fuente: Extractado de la revista MERCADO, República Argentina.