Isaac Alfie
Quizás el lector esté un poco cansado de mi prédica en pos de un mejor resultado fiscal; seguramente, me haya leído o escuchado como a otros tantos, decir que el gobierno se está gastando la bonanza sin guardar nada para el momento de las vacas flacas. Es que, entre otras cosas, parte de los actuales problemas de inflación y baja cotización del dólar tienen su causa en el débil resultado fiscal. Desde la presentación del presupuesto nacional advertimos que el mismo era dispendioso para épocas normales y sólo un crecimiento por encima de lo que es prudente estimar o la inflación podrían solventarlo. En los hechos, hasta el momento, ambas cosas han acontecido, tanto la expansión de la actividad como la inflación han estado bastante por encima de lo pautado en la presentación presupuestal. El resultado natural consiste en cuentas más "presentables" que las que hubieran sido bajo otro escenario.
Cumplidos dos años de gobierno y publicadas las cifras fiscales a febrero de 2007, aún sin la "entrada en acción" de las erogaciones votadas en la última Rendición de Cuentas, parece momento propicio para hacer un repaso numérico y de conceptos, de manera que el lector tenga un elemento más, acerca del futuro mediato.
Las cifras del primer bimestre del año muestran una realidad color de rosa. Los ingresos reales crecen al 11,5%, básicamente por la expansión del consumo al tiempo que en el año móvil se logró un transitorio equilibrio fiscal. Los gastos discrecionales del gobierno, es decir todos menos las transferencias a la seguridad social y el pago de intereses, crecieron en el bimestre 10,5% real. El punto central en estas cifras es que, mientras los ingresos seguramente contraerán su tasa de crecimiento a menos de la mitad al culminar el año, los gastos seguirán a ese ritmo. Otro dato ilustrativo y preocupante es que en los doce meses cerrados a febrero, comparados con los cerrados un año antes (febrero de 2006), los ingresos crecieron 9% real y los gastos discrecionales lo hicieron al 10,4%. Pero, entonces, ¿por qué mejora el resultado fiscal? La respuesta es sencilla y tiene dos patas. En primer lugar, el 85% del total de intereses está en moneda extranjera (no importa si son dólares, euros o yenes) y ésta se ha depreciado fuertemente frente al peso en términos reales; en segundo término, la transferencia a la seguridad social es un neto de egresos menos ingresos. Así, mientras los ingresos suben producto de la suba del empleo y mejoras de gestión en el BPS, el pago total de pasividades cae por dos efectos acumulativos: la reforma de hace once años que reduce el número de pasivos y, dado el carácter de "mirar hacia atrás" de la revaluación de haberes, la pasividad real aún no ha crecido, cosa que seguramente sí hará este año.
EL CICLO ECONÓMICO. Es unánime la opinión que atravesamos la fase expansiva del ciclo económico. Cuando esto sucede varios factores hacen que la recaudación aumente por encima del crecimiento del ingreso de las familias, sucediendo lo inverso cuando se contrae la actividad. La propia bonanza hace que los agentes actúen con optimismo, lo que induce a realizar gastos más importantes, en general recurriendo al endeudamiento y desatesoramiento. A su vez, las etapas de crecimiento son períodos de estabilidad, en especial del tipo de cambio, que refuerza el efecto anterior al eliminar la principal fuente de incertidumbre. Marginalmente, el tipo de bienes que se consumen en la expansión está más gravado que los consumidos en épocas normales, cuando el peso de la "canasta básica" es mayor en el total del gasto. Este hecho tan simple nos debe llevar a ajustar a la baja la recaudación observada si queremos saber cuál es la posición fiscal permanente. Según mis cálculos, la corrección debería ser del orden de 1,2% del PIB.
A su vez, donde ya no hay acuerdo es si el nivel de producto está en su potencial, por encima o por debajo de aquel. En mi opinión en algún momento del segundo trimestre del año pasado llegamos al potencial, para desde allí pasarlo; de ahí el aumento de demanda de mano de obra para suplir a corto plazo la falta de inversión. Por tanto, de aquí en más, o la inversión aumenta realmente o no podemos esperar tasas de crecimiento como las que observamos desde el 2003 (1).
LA COMPARACIÓN. Los cuadros adjuntos nos ilustran de la situación de las finanzas públicas entre febrero de 2005 y de 2007. Surge de ellos que mientras el resultado primario cae apenas 0,2%, en realidad la reducción es de 0,4% ya que hay otro 0,2% que se explica por el resultado positivo de las Intendencias que seguramente desaparezca a lo largo de este año (2). También se aprecia que de un déficit de 1,4% se pasa a un pequeño superávit de 0,1%, una mejora global de 1,5%. La explicación para la mejora se encuentra en el cuadro Nº 2, donde se cuantifican los principales conceptos. Así, por lo ya explicado, la DGI mejora su recaudación un 1% del PIB y el BPS en un 0,6% con una reducción de los egresos del 0,3%. Por su parte, los intereses se reducen 1,9% del producto, por efecto de la revaluación real del peso y el desfasaje entre la tasa de interés que el BCU abona por los depósitos de encaje de los bancos y la que coloca esos fondos (3). Por último se cuantifica el costo marginal, neto de aumento de tarifas, de la generación de energía entre 2006 y 2004 en 0,6% del PIB. Recordemos que los problemas de agua a lo largo de todo el 2004 fueron muy importantes.
Las cifras nos dicen que, aún manteniendo el gasto discrecional constante en términos del PIB, lo que hubiera implicado un crecimiento de 14,1% real en dos años, el resultado primario debería ser de 5,8% (4), en tanto el superávit global debiera estar en 2% del producto. Por cierto que ambas cifras distan demasiado de la actual realidad y seguramente disten más con el correr del año. Obsérvese que para llegar a este resultado al gasto en sueldos, inversiones, transferencias y gastos no personales, le permitimos una suba no menor, 14,1% que muchos pueden (podemos) entender hasta inconveniente. De hecho una menor suba del gasto combinado con cierta baja en los impuestos sería una mejor opción de política. La pregunta inmediata es ¿qué explica entonces el mal resultado? Por cierto que no es la inversión que apenas crece 0,1% del PIB, sino el mayor gasto en todo el sector público, incluyendo las empresas.
Profundizando el error, el gobierno anunció para el próximo año un nuevo aumento del gasto, del orden de U$S 155 millones, por encima de la previsión presupuestal y los previstos para el 2007. Se dijo también que el 40% del mismo se financiará con las utilidades del BROU, un banco que compite en el mercado, que no puede fijar tarifas y si bien se ha consolidado a partir del año 2000, las utilidades promedio de los últimos veinte años no aconsejarían una transferencia de esa magnitud. De todas maneras, que el equipo económico haya puesto este ingreso como fuente de financiación es, por decir lo menos, temerario. En efecto, se financia un gasto permanente con un ingreso aleatorio, todo un despropósito.
SUPERÁVIT ESTRUCTURAL. El lector podrá preguntarse si es necesario que el sector público tenga superávit. De hecho, si estamos en el entorno del producto potencial lo más adecuado sería tener equilibrio. El aspecto clave a considerar es el endeudamiento del país. Con una deuda del orden del 73% del PIB, resulta imprescindible que el sector público tenga superávit estructural por largo tiempo, ya que es la única manera de reducir la deuda en forma genuina. Un solo dato resultará por demás esclarecedor: en 1998 la relación deuda/PIB apenas sobrepasaba el 30% y su composición en términos de monedas (nacional y extranjera) era parecida a la actual. Luego de tres años de pésimo entorno internacional sucedió lo que ya sabemos.
En resumen, bajo las actuales circunstancias deberíamos tener un considerable superávit y no lo tenemos, dejando en claro la debilidad y el error de la política fiscal.