En su juventud fue militante izquierdista y, luego, subsecretario de Economía en el gobierno de Salvador Allende. Sin embargo, años más tarde se convirtió en empresario por razones de supervivencia. Durante su última etapa de exilio en Buenos Aires a fines de la década de los ochenta, participó en una pequeña firma de comercio exterior, en la cual conoció las dificultades generadas por una inflación galopante. Esa experiencia le sirvió para aprender que el empresario no puede autoengañarse. "La sinceridad que se requiere para dirigir una empresa no admite que los deseos se asuman como realidades, lo que a menudo ocurre en la actividad política", afirmó el ingeniero comercial Oscar Guillermo Garretón, presidente de Fundación Chile, quien conversó con ECONOMIA & MERCADO luego de su participación en la Mesa de Negocios con el Gobierno de Uruguay organizada recientemente por Economist Conferences. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cómo llegó usted a ser empresario luego de haber tenido una militancia tan activa en la izquierda chilena?
-Al retornar a Chile, la Marina me hizo un juicio por sedición [No ta del redactor: por el cual estuvo preso y salió exculpado] que me excluyó de la posibilidad de aspirar a cargos electivos o de participar en el aparato público. Por tanto, no tuve otra alternativa que ingresar al mundo empresarial. Buscando excluirme, la dictadura estuvo en el origen de mi carrera de empresario, sin imaginar las consecuencias. Primero, fui presidente de Metro S.A., una sociedad anónima de capital estatal que operaba como persona privada en el área de transporte en Santiago. Luego, en 1991, una firma de headhunters me condujo al directorio de Telefónica y dos años después el accionista mayoritario, Telefónica de España, me solicitó que ocupara la presidencia de esa empresa. Tiempo después fui presidente de Puerto Ventanas, que es un gran puerto granelero de la zona central de Chile y en cuya compra participé posteriormente. Más tarde ejercí la presidencia en Iansa, que es la industria azucarera nacional, aparte de algunas empresas que hemos creado con otros empresarios.
-¿Nunca ha recibido críticas, tanto del sector empresarial como de los partidos de izquierda, por esa opción?
-Sin duda mi actuación en el sector privado fue un verdadero shock para el mundo empresarial, sobre todo cuando ingresé a Telefónica, que es una de las mayores compañías privadas de Chile y que había sido incorporada al área de propiedad social durante el gobierno de Allende. A medida que fui demostrando capacidad para conducir grandes empresas, la oposición fue desapareciendo gradualmente y hoy ya no existe.
Por otra parte, cuando se me ofreció ese alto cargo en Telefónica no pedí autorización al Partido Socialista, pero sí consulté con mis amigos de izquierda. Me reconfortó contar con la comprensión de ellos, aunque recibí críticas de algunos militantes. Era lógico que fuera así porque era el primer socialista que incursionaba en la dirección de una gran compañía privada. Al haberse ido creando en democracia decenas de miles de Pymes y microempresas, estimo que hoy parte importante de la población empresarial chilena apoya a la coalición gobernante, la Concertación Democrática.
-¿No se corre el riesgo de que la creciente participación de figuras de la Concertación Democrática en los directorios de empresas privadas chilenas genere un proceso de "institucionalización" del partido gobernante chileno como ocurrió con el PRI en México?
-No son dirigentes políticos quienes participan en los directorios de las empresas. Son personas que han dejado sus responsabilidades políticas y se han insertado en la actividad privada. Además, los empresarios son ciudadanos y como tales pueden participar en política. Lo que no es bueno es que responsabilidades políticas y responsabilidades empresariales se confundan en una persona. Por otra parte, si contara la participación en los directorios, llegaría a la conclusión de que hay muchas más personas que fueron funcionarios del régimen militar que partidarios de la Concertación. Es mucho más real decir que se ha producido un proceso de desinstitucionalización dictatorial al no primar una posición ideológica o política en los directorios de las empresas, ya que se seleccionan a las personas que son idóneas para esos cargos.
-Un político uruguayo afirmó recientemente que los empresarios locales no son consecuentes con los partidos, sino que siempre se colocan cerca del gobierno de turno para obtener beneficios particulares. ¿Es creíble que los empresarios sean totalmente apolíticos?
-En primer lugar, no veo por qué los empresarios tienen que ser consecuentes con algún partido político, si bien cada uno como ciudadano puede embanderarse con el lema que mejor le parezca. Precisamente, lo que ha perjudicado a los empresarios chilenos es haber actuado en el pasado como correas de transmisión de los partidos de derecha. Si mantienen esa vinculación orgánica con la derecha están estrechando una convocatoria que es mucho más amplia hoy en Chile. Las posiciones que adopten deberían ser de carácter gremial para defender los intereses legítimos de ese sector.
En segundo término, un empresario que se diga "apolítico" no está diciendo la verdad o no califica como tal. Si hay algo que le interesa primero a cualquier inversor, antes que la rentabilidad del negocio, es la política. Me refiero a conocer qué tipo de gobernantes están en el poder, cuál es su política económica y la solvencia de quienes la conducen, cuáles son los lineamientos del Banco Central con respecto a la tasa de interés y al tipo de cambio, qué niveles de corrupción pública existen, etc.
Consensos
-¿Son compatibles los términos "empresario" e "izquierda" en la ortodoxia socialista?
-En todas las épocas de la historia, los hombres hacen un balance de las ideas en las que han creído por largo tiempo. Por ejemplo, en el Renacimiento se discutió si la Tierra era heliocéntrica o geocéntrica y ya vimos lo que le sucedió a Galileo por adelantarse a su tiempo. A fines del siglo XX, la humanidad sopesó los aspectos de un mundo dividido entre capitalistas y socialistas durante 150 años. Como resultado surgieron numerosas autocríticas, de las cuales cada uno ha recogido algo de los otros. Hoy es un consenso de la humanidad que la economía de mercado es más eficiente que la planificación central. A esa conclusión no sólo llegaron los capitalistas como Bush, sino también los comunistas chinos y el partido comunista vietnamita. ¿Por qué los chilenos que hemos sido encarcelados, torturados y asesinados tendríamos prohibido llegar a la misma conclusión?
Pero hay que decir también que otros consensos actuales tienen padre y madre socialistas que espero ver más adelante. No sé por qué debemos seguir pensando como en el siglo XIX si el mundo ha evolucionado. Sostengo que se puede ser empresario y de izquierda al mismo tiempo, es decir manteniendo el compromiso popular con el mismo entusiasmo de siempre, pero haciéndolo con la experiencia de los últimos cuarenta años que han sido muy duros en Chile y en el resto del orbe. Me parece que quienes siguen pensando lo mismo que antes, luego de todo lo vivido, dan señales de muerte cerebral más que de consecuencia con una causa o con su pueblo.
-¿Cómo se procesaron las transformaciones en la concepción económica de la izquierda chilena, especialmente en cuanto al consenso cada vez más sólido respecto a la economía de mercado?
-En mi experiencia ha sido un proceso largo, muy duro y de muchos desgarros. No ha sido fácil para nadie en la izquierda. A la caída del gobierno de Allende, ya fuera en el exilio o en las cárceles, comenzó una discusión que partió de una constatación muy simple: Nixon conspiró para botar a la Unión Popular y la derecha contribuyó a ello, pero el problema es que tuvo éxito. Entonces, la pregunta es ¿en qué nos equivocamos? Entre otras cosas, ¿cuáles habían sido las fallas en la conducción económica de alta incidencia en la crisis de 1973? La primera conclusión a que se llegó fue sobre la importancia de los equilibrios macroeconómicos. En los tiempos de Allende no había una preocupación por el rigor que ahora se tiene para conducir la economía, especialmente en determinados aspectos como la emisión de dinero, la responsabilidad fiscal, el control del gasto público, etc. El análisis y discusión de esos temas nos fue llevando a la convicción de que la economía de mercado era mejor que la planificación central y que allí debían buscarse los instrumentos más adecuados para lograr una distribución más justa del ingreso. Es insólito que aún haya quienes no crean en eso después del derrumbe del Muro de Berlín. Eso no quiere decir que se abomine del Estado como en el pensamiento neoliberal. Sus regulaciones son necesarias y se aplican en todas las economías de mercado para evitar vivir en una sociedad dominada por las grandes compañías.
-¿Qué elementos han recogido los gobiernos de derecha de la ideología socialista?
-Hay varios pensamientos de la izquierda que han sido consensuados por la humanidad. Hoy no se discute la importancia del capital humano en la sociedad del conocimiento. Curiosamente, yo aprendí ese concepto en la escuela de cuadros de la izquierda chilena hace cuarenta años. Mientras que los liberales creían en el valor fundamental del capital, la teoría marxista hablaba de la plusvalía. Hoy no se le llama así, sino capital humano. Ese concepto de la creación de valor con los conocimientos de un trabajador es una convicción unánime que tiene sus orígenes en la izquierda.
Lo mismo ocurre con el "internacionalismo", causa por la cual murió mucha gente acusada de abrazar una bandera roja en lugar de la nacional. No veo hoy a ningún capitalista ni dirigente sindical discrepando con la frase de Marx "el capital no tiene patria". Actualmente, a eso se le llama globalización.
Economía abierta
-¿Qué elementos fundamentales han catapultado el desarrollo de la economía chilena?
-En los últimos veinte años, los motores del crecimiento económico chileno han sido dos variables macropolíticas. Una de ellas es el consenso en torno a la economía de mercado, lo que contribuyó a que mucha gente invirtiese o realizara emprendimientos innovadores en Chile. La otra variable fue el retorno a una democracia sólida, con una política económica abierta que ha creado espacios internacionales enormes, donde antes sólo había rechazo a la dictadura de Pinochet, que han sido traducidos en los tratados de libre comercio (TLC) con países que representan a más de 3.600 millones de habitantes.
-¿Cuáles son las reformas impostergables en Chile?
-La productividad total de los factores de producción muestra hoy una tendencia a la baja. Por lo tanto, se necesita hallar un nuevo impulso que complemente a los dos motores que hicieron crecer a la economía chilena y que aún hoy siguen siendo importantes. La innovación en los procesos productivos, la aplicación de la tecnología y biotecnología y el fomento de los emprendimientos son temas cruciales para las empresas y el Estado. En estas áreas se trabaja arduamente en Chile y para ello se están volcando mayores recursos financieros, tanto de parte del sector público como del privado.
-¿Por qué Chile no ha podido reducir la fuerte desigualdad existente en los ingresos de su población?
-En Chile, la disminución de las desigualdades sociales figura entre las asignaturas pendientes desde hace mucho tiempo. Hasta ahora el mayor énfasis se ha puesto en el crecimiento económico porque no se puede abatir la pobreza sin una expansión del PIB, como ha sido demostrado internacionalmente por economistas de las más diversas tendencias. Si bien el crecimiento por sí solo no asegura la reducción de la pobreza, es una condición sine qua non para lograrla.
Eso lo hemos comprobado en Chile, donde el crecimiento ha ido acompañado por un descenso de la población pobre que pasó del 40% a menos del 18% del total. Al haberse fijado el gobierno la eliminación de la pobreza como primera prioridad, se focalizó el gasto público en los sectores más pobres. Pero el tema de la desigualdad se ha puesto en la agenda oficial, estando en discusión temas fundamentales, tales como la reforma previsional, la reforma educativa y otras herramientas que contribuyen a lograr un menor desequilibrio en los ingresos de la población. Un primer paso a dar es alcanzar los niveles de desigualdad de Uruguay, que son menores que los nuestros.
|Entrevista |
Los TLC promueven la reconversión industrial
r -¿Cómo puede Chile firmar acuerdos comerciales con grandes potencias económicas como China, ya que eso implica bajar los aranceles de importación y competir mano a mano con megaempresas extranjeras?
-Los TLC firmados por Chile con diversos países han promovido una reconversión de su industria. Por los resultados obtenidos, se comprueba que estos acuerdos han potenciado la economía chilena, su productividad, su empleo y su desarrollo empresarial. Hoy Chile se plantea avanzar más allá. Por ejemplo, el último tratado suscripto con México establece que los dos países van a trabajar conjuntamente en el mercado asiático en base al desarrollo de una escala mayor que beneficiará a ambos. No existe otra alternativa de éxito que la apertura comercial. Por supuesto, el otro camino -el del proteccionismo- implica menos riesgos a corto plazo, pero un mercado interno cerrado y reducido en nuestro continente ha favorecido a grandes monopolios que son rentistas de esas protecciones, retraso tecnológico y miseria para las mayorías. Al menos, a Chile le ha ido mejor asumiendo esos riesgos que quedándose atemorizado al borde del andén.
-¿Qué va a pasar con la industria textil chilena al haberse firmado un tratado de libre comercio entre Chile y China?
-La industria textil y la de vestimenta son sectores que ya tenían serios problemas de funcionamiento antes de la firma de un TLC con China. A la larga no hay modo de detener el ingreso de ropa en el mercado local si los precios de los artículos importados son más baratos. Entonces, no se precisa negociar un TLC para recibir una avalancha de importaciones. Hay que tener presente que lo global se cuela por todos los intersticios de la actividad económica. Chile al igual que Uruguay no tiene ninguna posibilidad de competir por costos de mano de obra ya que su PIB per cápita -y también el uruguayo- está por encima de U$S 12.000, medido en poder de compra equivalente, mientras que el de China y el de India se sitúan por debajo de U$S 3.000. Si quisiéramos competir por costos salariales con esas naciones, habría que reducir a la miseria al conjunto de trabajadores chilenos y uruguayos. Pero no es negándose a participar en los acuerdos comerciales como los países se defienden, sino compitiendo con más innovación, mejor tecnología y nuevos emprendimientos, que son tres elementos claves para triunfar en los mercados internacionales. Además de ser imposible a largo plazo, la "protección" termina siendo pagada por los propios pueblos en lo que consumen con sus limitados recursos.
ficha técnica
Oscar Guillermo Garretón, chileno, es ingeniero comercial egresado de la Universidad Católica de Chile. Fue subsecretario de Economía en el gobierno de Salvador Allende (1970-72). Ha sido presidente de varias empresas privadas. Hoy preside la Fundación Chile, principal centro científico-tecnológico de Chile que funciona como una entidad de derecho privado. Es socio de varias empresas en el área de informática, biotecnología y telecomunicaciones. Es accionista y miembro del directorio del holding Sigdo Koppers S.A.
El acceso a nuevos mercados constituye una cuestión de vida o muerte
r -En un artículo publica do recientemente por la revista The Economist, se plantea la posibilidad de que Uruguay sea el próximo Chile en lo que se refiere a su desarrollo y crecimiento económico. ¿Qué posibilidades existen de que se concrete ese pronóstico?
-No creo que Uruguay quiera ser el próximo Chile. Aspira a ser un mejor Uruguay en el futuro y tiene bases en que apoyarse. Por ejemplo, tengo la impresión de que está más avanzado que en Chile en materia educativa. Ese no es un tema menor porque la acumulación de capital humano en un país representa una riqueza enorme para ingresar a la sociedad del conocimiento. No obstante, Uruguay debería continuar desarrollando intensamente las capacidades de su población. Si bien está partiendo desde un punto más alto en esta carrera por alcanzar una etapa superior de desarrollo tecnológico, nadie puede dormirse en los laureles.
-¿En qué aspectos Uruguay podría tratar de parecerse a Chile?
-Salvando las diferencias entre Chile y Uruguay, estas dos naciones se parecen porque no cuentan con mercados internos de grandes dimensiones que puedan darle prosperidad a la población. Si Chile dependiera exclusivamente del consumo de sus quince millones de habitantes, el empobrecimiento sería brutal ya que se reduciría el ingreso actual de cada chileno en unos U$S 3.000 anuales. Por lo tanto, el acceso a nuevos mercados constituye una cuestión de vida o muerte para ambos.
-¿No podría tener Chile una mayor participación en el comercio de la región?
-La experiencia chilena tiene un punto de partida diferente a la uruguaya. Mi país ha hecho una enorme apertura comercial, habiendo suscripto acuerdos comerciales con Estados Unidos, Europa, China, Singapur, Nueva Zelanda, etc., en los que rigen tasas arancelarias muy inferiores a las del Mercosur. Por eso, el ingreso de Chile al bloque regional sudamericano en calidad de socio pleno le significaría contradecir los TLC que hoy tiene con un conjunto de países, cuya actividad productiva representa el 85% de la economía mundial. Sin embargo, Chile es un estado asociado al Mercosur, lo cual le habilita a participar en un espacio de diálogo político que reviste cierta importancia y también mantener TLC específicos con los estados miembros, que no resultan incompatibles con los que ha firmado con países extrarregionales.
-¿Sería conveniente que Uruguay saliera del Mercosur y tomara un camino similar al seguido por Chile?
-Aunque la situación de Uruguay en el Mercosur no puede compararse con la chilena, es claro que cuanto mayor sea el acceso de los productos uruguayos a los mercados internacionales, más soberano será y más respeto le tendrán sus socios del bloque regional. Cuando un país depende de uno o dos grandes compradores del exterior, estos pueden presionar con mayor facilidad. Por lo tanto, es muy sabio el empeño que ha puesto Uruguay para abrir nuevos mercados. Además, el nerviosismo que el reciente viaje del presidente Bush a Uruguay provocó en la región demuestra que los integrantes del Mercosur se preocupan más por aquel socio que cuenta con mayor facilidad para acceder a los mercados externos.