Hasta el momento el presidente Vázquez ha ejercido liderazgos importantes en algunas materias, pero cuando "las papas queman" ha actuado esencialmente como árbitro de última instancia en ese juego político que produce el balanceo de las tres patas o bloques que componen el Frente Amplio, sostuvo Luis Eduardo González, Ph.D en ciencia política y master en sociología. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el director de la consultora Cifra analizó la situación política de nuestro país al cumplirse dos años de gestión del Dr. Tabaré Vázquez. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cómo evalúa la relación entre el gobierno y la estructura política del Frente Amplio?
-Tiene algunas tensiones importantes, pero es muy difícil "evaluarla". Gobiernos y partidos no son la misma cosa. Los primeros tienen responsabilidades con todo el país, y no solamente con sus votantes. De esto resulta naturalmente una tensión que es muy difícil de resolver a priori.
En sistemas presidenciales como los latinoamericanos el carozo de la relación entre el gobierno y el partido de gobierno es la relación existente entre los presidentes y los partidos de gobierno. Mirando solamente ese aspecto, la política de la región enseña claramente que los partidos muy débiles son un mal negocio, porque los presidentes terminan haciendo lo que quieren. Eso no favorece al fortalecimiento de las instituciones y, en última instancia, puede convertirse en una especie de tobogán que conduce a funcionamientos crecientemente autoritarios. Uno de los frenos importantes para evitar ese deslizamiento es contar con partidos fuertes con influencia real sobre gobiernos y presidentes. Diría que en la región ese es tal vez el punto más importante.
Sin embargo, Uruguay es una de las experiencias políticas más democráticas de la región y, posiblemente los problemas se planteen de una manera distinta que en los demás países. En América Latina, puede ser preferible tener partidos fuertes que controlen a presidentes y gobiernos. Pero aquí, si el partido de gobierno es "demasiado" fuerte, el equilibrio se rompe para el otro lado. Como los partidos tienen la capacidad de imponer y partidizar, los factores moderadores pueden estar más bien en los presidentes y sus equipos de gobierno.
-¿Cuál es el rol que desempeña el presidente Vázquez en la pugna existente entre el equipo económico liderado por el ministro Astori y el bloque de radicales de izquierda?
-A mi juicio, en el partido de gobierno hay al menos tres bloques, no dos. El Frente Amplio se sostiene por tres grandes patas: la radical "tradicional", que incluye a las minorías más pequeñas y activas, al PC y parte del PS; la socialdemócrata, formada por Asamblea Uruguay, Alianza Progresista y un sector de la Vertiente Artiguista; y una tercera pata también radical, liderada por el senador Mujica. Este sector ha estado de acuerdo con los socialdemócratas en algunos temas y con los radicales en otros. Hay un vaivén permanente entre ellas que define hacia dónde se inclina la mayoría del partido gobernante. Hasta el momento el presidente Vázquez ha ejercido liderazgos importantes en algunas materias, pero cuando "las papas queman" ha actuado esencialmente como árbitro de última instancia en ese juego político que produce el balanceo de las tres patas.
Interna del MPP
-Dada la gran diversidad de tendencias en su integración, ¿dónde cree que se ubicaría el MPP en caso de producirse una confrontación más directa entre radicales y socialdemócratas?
-La respuesta probablemente depende del motivo de la confrontación. No siempre Mujica respondería de la misma forma. Como tal vez diría el actual ministro de Ganadería, algunos sapos se pueden tragar, y otros no.
-¿Qué podría suceder si Julio Marenales, que cuenta con respaldo mayoritario dentro de la interna del MPP, se impone a Mujica y se vuelca a los radicales?
-Para esto sería necesaria una discusión sobre algún tema realmente crítico, que sea resuelta en una votación interna y ganada por Marenales. Este es el líder de un casco militante del MPP, y puede vencer en una votación interna de ese tipo, como ya lo probó. Pero el peso político del MPP no surge de sus militantes, sino de la idea o espíritu tupamaro tal como lo encarna Mujica. Como todo el mundo sabe, la gente está con Mujica. La apuesta sensata de Julio Marenales es esperar que a la larga la mayoría de la gente piense como él. Si esto es así, al ganador de las recientes elecciones internas del MPP le resulta más útil quedarse como está, y no romper a su movimiento. Más que enfrentados en una pelea real, parece más bien un juego de amagues. Pero puede ocurrir que alguna vez alguien calcule mal.
-Si la línea política de Marenales se impusiera en el MPP, ¿no se corre el riesgo de que Mujica se vaya para su casa como ha amenazado, por otras razones, en varias ocasiones?
-Si las discrepancias se agudizan, Mujica se va a sentir aún más obligado a permanecer en el MPP. Si pudiendo quedarse se fuera para su casa, me inclino a pensar que eso sería un desastre para el Frente Amplio, y podría incluso provocar una ruptura gruesa del partido de gobierno y no solamente del MPP. Pienso que, al menos por ahora, Marenales no tiene la fuerza suficiente para provocar algo de ese calibre y, probablemente, ni siquiera interés en hacerlo.
Reelección
-A fines de enero el ministro Brovetto admitió públicamente que el tema de la reelección del presidente va a estar en la agenda política de 2007. ¿A qué se debe que los sectores cercanos al Dr. Vázquez hayan tomado esa decisión tan temprana?
-En realidad, el tema de la reelección del presidente fue planteado hace un año y medio por una persona de confianza del presidente: su propio hermano, Jorge Vázquez. En aquel momento, ese proyecto no era "oficial", pero fue el puntapié inicial de este partido. Al principio nadie o casi nadie se movía en la cancha, pero últimamente la pelota ha empezado a correr. Hoy ya es un proceso que no se puede detener: ahora necesita alguna clase de desenlace formal, explícito.
-¿Por qué esos sectores allegados a Tabaré Vázquez han optado por la reelección?
-No creo que sea para saber cómo termina el partido porque eso no es relevante. Lo verdaderamente importante es saber qué quiere el propio presidente. Yo no tengo la menor idea acerca de sus proyectos políticos. Vázquez puede estar esperando para ver qué pasa. Por ahora deja hacer y observa. Si los acontecimientos evolucionaran de una manera muy favorable a su reelección, entonces podría tomar una decisión en ese sentido. Por ahora es posible que sólo estemos viendo un globo de ensayo.
-¿Podría procesar el Frente Amplio el tema de la reelección presidencial en una elección interna sin que se produjeran divisiones extremas que causen una fractura de la coalición?
-Si Vázquez es candidato, en la práctica no habrá elección interna. Será solamente una cuestión formal, porque nadie se va a oponer a ese proyecto. Basta escuchar lo que dicen hoy los posibles candidatos presidenciales del Frente Amplio. "Si el presidente quiere la reelección, entonces vamos a apoyar la reforma que la haga posible". Eso significa que no va a haber una oposición interna real. Aquí no habría realmente una interna, pero no es claro si eso resulta bueno o malo para el Frente. Depende de cómo sea el proceso; es la clase de árbol que sólo se conoce por el fruto. Si Vázquez no es candidato, entonces sí habría una interna potencialmente complicada, pero pienso que el Frente podría manejarla. En eso le va la vida. Aunque, como Mujica dijo una vez, hablando de otra colectividad política, "los partidos tienen derecho a suicidarse".
Visita de Bush
-El gobierno tiene una agenda política muy nutrida para 2007 que incluye diversas medidas en el área económica. A su juicio, ¿cuáles serán los temas centrales este año?
-Hay por lo menos dos temas que van a figurar necesariamente en la agenda. El más inmediato tiene que ver con la visita del presidente de Estados Unidos, que va a renovar las discusiones sobre asuntos que hasta ahora nunca se han resuelto dentro del Frente Amplio. El segundo tema se refiere, por la fuerza de los hechos, a la reforma impositiva.
-¿Por qué le atribuye tanta relevancia a la visita del presidente Bush?
-No creo que Bush venga a hacer turismo, ni a marcar puntos para la política interna de su país. Uruguay no sirve para eso; es demasiado pequeño y marginal. Por razones obvias, lo central de la visita tampoco puede estar en la economía. Queda la política y, particularmente, la política regional. Y como todos sabemos, las cuestiones relacionados con Estados Unidos y el Mercosur son muy sensibles en la interna del Frente Amplio.
-¿Contribuirá esta visita para que el gobierno uruguayo asuma una postura más definida en cuanto a la inserción internacional del país?
-No sé si la visita del presidente Bush va a contribuir a que el gobierno defina una posición en política internacional. Sí va a ayudar a darle un tono más de urgencia a esa discusión. Tal vez en el Frente Amplio se decidan a tomar al toro por los cuernos. Lo político y lo comercial están vinculados, pero no circulan por un único carril. Hay que aprender la diferencia. El principal socio comercial de Venezuela es Estados Unidos, aunque el presidente venezolano dice cosas espantosas del gobierno de Bush. Asumo que si las cosas son así, debe ser porque los venezolanos, y Chávez en particular, creen que es lo más conveniente para ellos. Pero, para la izquierda radical latinoamericana, eso no hace menos querible a Chávez. ¿Por qué él sí puede hacer muchos y enormes negocios en el mercado estadounidense y seguir siendo el heredero de Fidel, y nosotros no?
-¿Cuál es la clave para resolver ese problema a nivel de la izquierda uruguaya?
-Sencillamente es que hasta ahora el Frente Amplio no ha podido distinguir entre discurso político y comercio. Los chilenos, por ejemplo, en las Naciones Unidas votaron en contra de la intervención norteamericana en Irak, mientras simultáneamente negociaban un TLC con Estados Unidos. Eso muestra una independencia política envidiable.
Rol opositor
-En un reciente reportaje en ECONOMIA & MERCADO, el politólogo norteamericano Martin Weinstein señaló que no encuentra que la dirigencia del Partido Nacional sepa diferenciar entre ser "oposición" y ser "alternativa de poder". ¿Qué opina al respecto?
-Es una pregunta difícil de contestar. Hasta ahora la iniciativa política la ha tenido el gobierno. Era casi imposible que las cosas fueran de otra manera. En esas condiciones, el rol de la oposición es complicado. Por lo tanto, aun si se aceptara que la oposición de los blancos ha estado un tanto desdibujada, sería difícil decidir si eso ha ocurrido por sus propias limitaciones o porque con las cartas que tenían no podían hacer nada mejor.
-¿Debería el Partido Nacional plantear una plataforma estatista para disputarle los votos de centro-izquierda del electorado al Frente Amplio o, por el contrario, diseñar una propuesta de gobierno con fuertes medidas pro-libre mercado?
-Esa es, en esencia, la discusión entre el herrerismo y Larrañaga. El ex presidente Lacalle y, últimamente, Ignacio de Posadas, con particular claridad, han sostenido que el Partido Nacional debe diferenciarse del Frente Amplio afirmando sus valores liberales, incluyendo una plataforma económica no estatista. La actual mayoría de los blancos, definida por los resultados de las últimas elecciones, está en algún lugar más cercano a las posiciones del partido gobernante. Pero no creo que haya presentado su visión con la misma claridad con la que el herrerismo ha expuesto la suya. De modo que por ahora es difícil comparar las dos ofertas.
Falta de transparencia
-Connotados políticos nacionalistas y colorados han denunciado públicamente la falta de transparencia del gobierno en varios hechos puntuales, entre otros, la adjudicación sin licitación del plazo de la terminal de cargas del puerto de Montevideo a López Mena, la publicidad concedida directamente por la Intendencia de Maldonado, etc. ¿Cómo ha reaccionado la opinión pública ante esas denuncias?
-Las consecuencias objetivas tangibles hasta el momento parecen ser más bien modestas. Quizás en el futuro podrían tener un impacto más importante, pero eso dependerá del curso de los acontecimientos. Lo que habilita o promueve los episodios de corrupción son las tentaciones del poder y las carencias institucionales, no la filosofía política. La diferencia está en cómo cada partido con responsabilidades de gobierno defiende principios básicos de honestidad y transparencia en la administración, y no en la aparición ocasional de este tipo de problemas que son inevitables. Lo importante es cómo se manejan estos episodios. Si de aquí a un par de años los episodios que Ud. menciona pueden ser descriptos razonablemente como hechos aislados que de alguna manera la fuerza política controló y superó, no van a tener grandes consecuencias en el electorado.
-¿Qué efectos puede tener en la interna del Frente Amplio y en el electorado la disputa entre el intendente de Maldonado, Oscar de los Santos, y el diputado Darío Pérez por el caso de la empresa Netcom (Satenil S.A.), así como las posiciones encontradas por el caso Nicolini?
-Las discusiones y conflictos dentro de la interna de cualquier partido siempre hacen mucho ruido, pero su efecto final depende de sus consecuencias en la población: en lo que da o quita votos, y con ellos influencia política. De todos los episodios controversiales dentro del Frente Amplio, el más notorio ha sido probablemente el de Nicolini. Sin entrar en los detalles del asunto, el argumento de la senadora Topolanski me parece correctísimo. El estándar para evaluar la conducta de un legislador de la República no puede ser el mismo que para un ciudadano de a pie. Por lo tanto, el MPP actuó decididamente, como tenía que hacerlo, aunque tal vez no con la velocidad suficiente. La pregunta de los escépticos" ¿qué hubiera pasado si Búsqueda no destapaba el asunto?" es legítima. Dejando eso de lado, la forma de proceder cura de raíz la enfermedad antes que pueda extenderse. Si los casos de este tipo quedan en el gris, no habrá forma de que el Frente Amplio se distinga de las cosas malas que endilgaban a los partidos tradicionales. Lo mismo se aplica para el caso de la publicidad en Maldonado: allí, seguramente, alguien tiene que estar equivocado. Y la gente tiene derecho a saber quién -y por qué- se ha equivocado.
La iniciativa con mayor impacto redistributivo
r -Llama la atención que la reforma tributaria no haya tenido un apoyo público notorio del presidente Vázquez ni de algunos dirigentes de primera línea del Frente Amplio. ¿Cómo interpreta a esa actitud?
-Si la dirigencia del partido gobernante no habla de la reforma tributaria, o si la menciona en voz baja y en los lugares menos concurridos, es porque no quiere comprometerse con ese tema. Parecería que los dirigentes frenteamplistas no están totalmente seguros de los efectos que puede tener la legislación impositiva aprobada a fines de 2006. En todo caso, las cosas ocurren como si quisieran tener una línea de defensa o sea una "negación plausible": poder decir "yo no fui" sin caer en el ridículo. El silencio de hoy permite afirmar después: "nunca nos convenció, pero somos gente de partido, valoramos la unidad, no la empujamos, pero tampoco hicimos campaña en contra". De esa manera, si las cosas salen mal, se puede adjudicar toda la responsabilidad al ministro de Economía.
-¿Será tan fácil esgrimir ese argumento cuando se trata del buque insignia de las reformas prometidas por el gobierno del Dr. Vázquez?
-En esto hay algo muy paradójico. No sé si la reforma tributaria es "la" gran reforma de esta administración. Pero sí me parece que, de todos los proyectos de ley que esta administración realistamente podría presentar, la reforma tributaria es probablemente la iniciativa con mayor impacto redistributivo. Al fin de cuentas, si no fuera por eso, ¿por qué se discute tanto sobre ella? Ahora bien: ¿no ha sido el ministro Astori, impulsor de esta reforma, acusado por los sectores más radicales del Frente Amplio de ser un "reformista blandengue", un socialdemócrata flojo con el imperialismo? Sea cual fuere el resultado final en lo social, económico y político de la reforma tributaria, los que ahora se juegan el prestigio con ella, defendiendo su impacto redistributivo, son los presuntos moderados. Los radicales están encerrados en el armario mirando a través de una rendija.
ficha técnica
Luis Eduardo González, 61 años, se doctoró en ciencia política en la Universidad de Yale y obtuvo una maestría en sociología en el Departamento de Ciencias Sociales de la Fundación Bariloche (Argentina). Es cofundador y director de la consultora Cifra/ González, Raga y Asociados y consultor internacional. Es profesor titular de Ciencias Sociales en la Universidad Católica y catedrático de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República.
La "razón Maracaná" y la "razón billetera"
r -Un artículo de The Economist publicado el 1º de febrero evalúa la posibilidad de que Uruguay se convierta en "el próximo Chile". Entre los obstáculos que podrían frustrar ese paso se menciona que la mayoría de los uruguayos parecen satisfechos dejando una parte importante de la economía en manos del Estado. ¿Por qué la población se muestra tan afecta a apoyar una "suerte de neo segundo batllismo conservador", como lo definió el Dr. Ignacio de Posadas recientemente en una nota de El País?
-Me parece que hay dos explicaciones principales. Una, la que todo el mundo menciona correctamente a mi juicio, es la "razón Maracaná". Los uruguayos pensamos que todo tiempo pasado fue mejor y hacemos coincidir el pico de esa "época dorada" con el batllismo "de antes". No se sabe bien si se trata del batllismo de don Pepe o del batllismo de don Luis. No quedan muchos uruguayos vivos que fueran adultos a mediados del siglo pasado, y supongo que casi ninguno lo fuese a principios de ese siglo. Pero, colectivamente, tenemos la fantasía de querer reconstruir un pasado mejor que no conocimos ni tampoco estudiamos. Es una fantasía: las envidiadas "clases medias" de cualquiera de esas dos épocas eran minúsculas comparadas con las actuales. Sin embargo, ya se sabe, las fantasías pueden ser muy poderosas.
Un segundo argumento, también muy importante, sería "la razón de la billetera". En Uruguay, en casi cualquier ocupación, salvo en las más calificadas, resulta más conveniente trabajar en el sector público que en el privado. El empleo es más seguro, tiene un horario más reducido, cuenta con una seguridad social muy generosa. Además, las remuneraciones de los funcionarios estatales, sobre todo en los niveles intermedios y bajos, son en promedio superiores a las del personal que desempeña funciones similares en las empresas privadas. Por esta "razón de la billetera" se forman filas interminables de aspirantes ante cualquier llamado para ocupar un puesto en una dependencia pública. Una generalización natural de la "razón de la billetera" sería: si la totalidad de los uruguayos fuéramos empleados públicos, todos viviríamos mejor. Esa inferencia es equivocada, como lo muestra la experiencia histórica. Si todos estuviéramos en la plantilla del Estado, terminaríamos como la ex Unión Soviética, o como Cuba en el mejor de los casos.