Es necesario modernizar reglas de vieja economía

| La retorcida idea sobre la inflación que eleva los costos no sólo aplica a la mano de obra sino también a las materias primas

CAROLINE BAUM | BLOOMBERG

Cuando oigo a algunos economistas hablar sobre la economía estadounidense, pareciera como si viviera en otro planeta. Sus preocupaciones de vieja economía parecen tener poca relevancia para la nueva economía actual.

Empecemos con el viejo flagelo de la inflación salarial. Olvídense por un minuto que no existe la bestia conocida como inflación salarial. Los salarios son un precio: el precio de la mano de obra. La inflación es un alza generalizada en el nivel de precios. (El hecho de que el nivel de precios haya sido redefinido para tomar en cuenta una serie de opciones en lugar de una canasta fija es tema para otro día).

Un alza en los salarios es sólo eso. Puede ser un síntoma de inflación, que sube junto con los precios de los bienes y de los servicios. Pero si razonamos acerca de cuál es el motor de la inflación, cabe concluir que los precios influyen sobre los salarios y no a la inversa.

Esa observación, apoyada por resultados empíricos, llevó a los gurúes que se dedican a analizar el comportamiento de los ciclos económicos, a incluir un indicador de los salarios -específicamente los costos laborales unitarios de la manufactura- en el índice de indicadores rezagados (Index of Lagging Indicators), compilado cada mes por la Conference Board. La organización mundial de negocios e investigación, que publica encuestas sobre confianza de los consumidores y empresas, asumió la responsabilidad sobre los índices de indicadores anticipados, coincidentes y rezagados en el transcurso del año 1995, cuando limitaciones presupuestarias obligaron a la Oficina de Análisis Económico a ceder la tarea.

Hace quince días, la Oficina de Estadísticas Laborales informó que las ganancias por hora promedio, el indicador más reducido de los salarios, subieron 4,2 en diciembre, igual que el máximo en cinco años del mes previo. El incremento en los salarios, junto con un alza superior a la esperada de 167.000 en las nóminas no agrícolas, hizo que las acciones y los bonos cayeran, y alentó a los mercados de futuros sobre tasas de interés a replantear la posibilidad de un recorte en las tasas a corto plazo por parte de la Reserva Federal.

APARIENCIAS ENGAÑOSAS. Esto no es nada para extrañarse. La Fed ha estado en primera fila cuando se trata de expresar preocupación por la inflación salarial y de otro tipo.

"La posibilidad de que la estrechez del mercado laboral lleve a una presión alcista sostenida sobre los costos laborales nominales fue vista como un riesgo de alza para la moderación esperada en la inflación", dijo la Fed en las minutas de la reunión del 12 de diciembre, que salieron a mediados de enero.

El modelo de costos no tenía sentido para el fallecido premio Nobel Milton Friedman hace treinta o cuarenta años, cuando las reglas hicieron a la economía mucho menos flexible. Y, ahora que la mano de obra es sustituible, tiene todavía menos sentido.

Según Friedman, los costos no levitan arbitrariamente por sí solos, aunque así pareciera a los empresarios individuales. La demanda impulsa los precios -y los costos- cuando el banco central tiene en circulación demasiado dinero en comparación con los bienes y servicios que la economía puede suministrar.

MITO. Entonces ¿por qué persiste el mito de que un alza en los costos eleva los precios?

"Porque es un pacificador, es fácil hablar al respecto", dice Jim Glassman, economista senior en JPMorgan Chase & Co. "En general, ambos se mueven al unísono".

Las ganancias por hora promedio, que forman parte de la encuesta actual sobre empleo de BLS, es el indicador más reducido de los costos laborales: cubre producción y trabajadores que no son de supervisión, un 80 por ciento del personal, razón por la que se le descontinuará en el año 2010.

A principios de este año BLS empezará a publicar una nueva serie que mide las ganancias totales de todos los trabajadores de manera experimental.

Incluso con las series más extensas, los salarios son sólo "parte de la retribución", dice Glassman. "El ritmo de incremento en las prestaciones ha disminuido".

Las prestaciones, medidas por el índice Employment Cost, subieron 3,3 por ciento en el tercer trimestre del 2006 en comparación con el año anterior, menos de la mitad de la tasa pico de 7 por ciento en el segundo trimestre del 2004.

MÁQUINA DEL TIEMPO. La retorcida idea sobre la inflación que eleva los costos no sólo aplica a la mano de obra, el mayor insumo de las empresas, ya que en la confusa mezcla también se incluyen los precios de las materias primas.

Y como los precios de las materias primas estuvieron subiendo constantemente hasta hace poco, era imposible leer una noticia financiera sin ver una referencia a temores de que las empresas trasladaran los costos a sus clientes, lo que desencadenaría una espiral de salarios-precios.

¡Eso es tan de los años setenta! Como los precios del crudo casi llegaron a U$S 80 el barril el año pasado, es impresionante que no se haya presentado una estanflación.

Tuve otra experiencia de estar fuera de mí la semana pasada, cuando escuché a la economista Catherine Mann de la universidad Brandeis decir a Mike McKee de Bloomberg TV que la utilización de la capacidad instalada era "apretada", lo que constituía otra fuente de presión inflacionaria.

¿Utilización de la capacidad? ¡Esa es una reliquia de la era Mesozoica!

CUESTIONAMIENTO. La utilización de la capacidad instalada, o porcentaje de la capacidad productiva en uso, del sector manufacturero fue de 80,3 por ciento en noviembre, alrededor de medio punto más que su promedio de 1972 al 2005, según la Fed.

El empleo en el sector manufacturero estadounidense ha estado cayendo desde fines de los setenta, parcialmente en respuesta a una mayor eficiencia y en parte debido al traslado de la producción a países en los que la mano de obra es sumamente barata. Desde 1979 se han perdido más de 5,4 millones de empleos del sector manufacturero, una baja de 28 por ciento.

"La manufactura es mundial", dice Glassman. "La capacidad ha estado creciendo rápidamente en el extranjero".

El alza en los salarios y los presuntos problemas de capacidad están llegando en un momento clave para la inflación. Aunque siga bajando, es improbable que los economistas cambien su opinión sobre la inflación que impulsa los costos. Y siguen sonando como si vivieran en otro planeta. "Actualmente viven en Plutón", dice Glassman. "Y Plutón ya ni es un planeta".

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