Brasil: perspectivas para 2007

FABIO GIAMBIAGI DESDE RÍO DE JANEIRO

Brasil inicia el 2007 marcado por cierta ambigüedad. Por un lado, se nota la expectativa propia del comienzo de un nuevo gobierno. Aunque sea el "bis" del anterior, ya que el Presidente Lula fue reelegido en las elecciones de octubre, siempre se recrean esperanzas de mejoría, como suele ocurrir tras las elecciones en cualquier país. Por otro lado, hay desazón por la escasa velocidad del crecimiento de la economía. Empieza a difundirse la idea de que "hay algo que anda mal" en una economía que, en medio de un ciclo de crecimiento mundial como no se veía en los últimos treinta años, no consigue avanzar más allá de los poco menos que raquíticos 3% observados el año pasado. El debate que se empieza a plantear es si se trata "apenas" de calibrar mejor las políticas monetaria y cambiaria para tener una tasa de interés menor y un tipo de cambio más devaluado o si, en contraposición, ese crecimiento endeble revela debilidades más profundas de la economía, como un sistema educativo deficiente, una tasa de inversión baja y un gasto público de mala calidad.

Del rumbo de ese debate y de las decisiones que tome el gobierno dependerá qué ocurrirá con el segundo mandato de Lula (2007/2010). El año actual, sin embargo, difícilmente dejará de mostrar números muy diferentes de los que se presentan en el cuadro adjunto, ya que el escenario está más o menos trazado.

En materia de crecimiento, si bien puede haber alguna recuperación con respecto a la tasa de menos de 3,0% registrada en el 2006, la mayoría de los analistas independientes trabaja con un escenario de expansión del orden de 3,5%. En ese contexto, la tasa de desocupación debería mantenerse en niveles cercanos a los registrados en el 2006, entre 9,5% y 10,0%.

A su vez, la inversión sigue presentándose como una especie de "talón de Aquiles" de la economía, en el sentido de que es evidente que con una tasa de inversión de 20% a 21% no se puede aspirar a tener un crecimiento como el que todos desean, del orden de 5%. Por eso, la recuperación de dicha variable es una de las principales prioridades del gobierno.

Es razonable suponer que, con una tasa real de interés más baja que la que prevaleció en los últimos dos años, los empresarios deberían volcarse más hacia inversiones productivas, sacando los proyectos del estante y aplicando los saldos de caja acumulados durante años y años de tasas de interés elevadas, que modificaron completamente la forma de actuación de las empresas (en las cuales el Departamento Financiero se convirtió en una pieza clave de la estrategia empresarial). Por otra parte, la intensidad con que eso ocurra dependerá también de otros elementos de más difícil manejo, como la existencia de cierto ambiente de normalidad política, la mejora del marco regulatorio y la percepción de que el país avanza en el camino de las reformas necesarias. Una buena apuesta es considerar que el coeficiente de inversión va a aumentar, pero moderadamente.

La inflación, curiosamente, por primera vez en décadas, parece ser un tema que no genera mayores preocupaciones. Aunque casi todos esperan un pequeño aumento de la tasa después del nivel bajo de la misma registrado en el 2006 (3,1%) hay bastante tranquilidad, ya que la meta oficial de inflación trazada en el sistema de metas es de 4,5%. Por lo tanto, aunque una política que en la práctica lleve a alguna devaluación -moderada- del Real pueda provocar alguna presión sobre los precios, nadie espera que eso afecte la posibilidad de que el Banco Central siga bajando las tasas de interés (tasa Selic) a lo largo del año.

La política fiscal seguirá buscando alcanzar un superávit primario del orden de 4% del producto, aunque es posible que haya alguna reducción con respecto al desempeño registrado el año pasado.

Con eso, la combinación de un superávit primario de 4% del PIB con un pago de intereses que probablemente estaría cerca del 6% del producto, produciría un déficit público de 2% del producto, el menor nivel de dicha variable desde que esa estadística pasó a ser divulgada por el Banco Central, a comienzos de los años ochenta.

La perspectiva de una tasa Selic del orden de 12,0% a 12,5% en un contexto de inflación cercana al 4% arrojaría una tasa real de interés de cerca del 8%, aún elevada, pero muy por debajo de los números registrados en el período de la política monetaria "hard" de 2005/2006, cuando la tasa de interés, en términos reales, fue de 13% en el primer año y de 12% en el segundo.

El sector externo, todo indica que deberá seguir exhibiendo buenos resultados. Si bien no lucirán tan brillantes como los de los últimos años, también es cierto que, dada la magnitud del superávit comercial de 2006, es perfectamente razonable que haya una caída en los niveles del mismo. Sin embargo, es probable que el superávit siga siendo muy elevado -entre U$S 35 mil millones y U$S 40 mil millones- siendo suficiente para alcanzar un nuevo superávit en cuenta corriente, por quinto año consecutivo. En ese contexto, las reservas internacionales, que fueron de U$S 86 mil millones en diciembre, podrían acercarse a los U$S 110 mil millones a fin de año. Brasil estaría a pocos meses de la perspectiva de que, ya este año, el país se sume al reducido grupo de naciones con una cifra de reservas internacionales superiores a los U$S 100 mil millones. Eso sería un logro importante, que le daría una gran tranquilidad al gobierno en los próximos años, para estar en condiciones de enfrentar posibles cambios en el escenario internacional.

Se trata de una realidad con matices, donde se mezclan elementos muy positivos como una excelente situación externa, inflación baja y cuentas públicas mejorando, con un crecimiento que sigue dejando que desear.

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