Jorge Caumont
Una nueva frustración sentimos en Uruguay luego de la cumbre presidencial del Mercosur en Río de Janeiro. Nada se dilucidó en cuanto al desconocimiento argentino acerca del compromiso de la libre movilidad de mercaderías y personas. Nada se trató sobre las diferencias en las políticas macroeconómicas y comerciales de las naciones del bloque que se apartan significativamente de la pregonada y acordada en el Tratado de Asunción: "coordinación de políticas macroeconómicas". Los numerosos participantes, incluyendo a invitados, se deleitaron individualmente aunque aburrieron al resto con sus respectivos discursos, indicando sus buenos resultados macroeconómicos, al mejor estilo de las tediosas sesiones de las reuniones anuales del (BID). Tan solo los países menores, Uruguay y Paraguay, insistieron en la necesidad de tratamientos que les contemplen de modo de solucionar las notables desigualdades comerciales a que ha dado lugar el funcionamiento de un acuerdo comercial multilateral que solo beneficia a los países grandes. El presidente paraguayo fue el único en hacer un llamado a la solución del diferendo papelero. El resto, incluyendo al líder cocalero Evo Morales y al líder del recientemente aceptado como miembro pleno, Venezuela, se dedicó más a plantear críticas de naturaleza política y hubo poco aporte a mejorar el movimiento comercial con equidad,
JUSTICIA. Uruguay y Paraguay, como se sabe, son los dos socios notoriamente menores del Tratado de Asunción. En el caso de nuestro país, la pertenencia al grupo de los cuatro fundadores no nos ha beneficiado. Basta con observar las cifras del comercio bilateral con Argentina y Brasil en los primeros diez y once meses de 2006, para distinguir una notable diferencia en cuanto a resultados comerciales a favor de dichas naciones. Desde ambas importamos mucho más y a ellas les exportamos mucho menos en términos reales.
En los primeros diez meses de 2006, Uruguay exportó 251.4 millones de dólares a Argentina, 16,2% más que lo que lo había hecho en el mismo lapso de 2005. En ese período, nuestro país le compró a Argentina 867,8 millones de dólares, 38,4% más que en enero-octubre de 2005. El saldo comercial ha sido desfavorable en 616,4 millones de dólares, un monto equivalente al 19% del total de las exportaciones registradas a todo destino en igual término.
En idéntico lapso nuestro país exportó a Brasil 450 millones de dólares -algo más de la mitad de lo que le exportaba en el bienio 1997-1998- e importó desde ese origen mercaderías por valor de 879 millones de dólares, 29,4% más que en los primeros diez meses de 2005. El saldo comercial con Brasil fue entonces, también, deficitario por 429 millones de dólares, lo que implica un desnivel del orden de 13% del total de las exportaciones uruguayas en esos primeros diez meses. El resultado desfavorable con los dos socios mayores del Mercosur alcanza, en consecuencia, al 32% de las exportaciones de mercaderías realizadas por Uruguay en el lapso enero-octubre de 2005.
Si agregamos las importaciones de noviembre desde los dos países limítrofes, para las que ya se tiene información oficial, por 112 millones de dólares desde Argentina y por 102 millones desde Brasil, las compras a cada uno de ellos llegan al entorno de 1000 millones de dólares y a 2000 millones en total, mientras que las exportaciones -para las que no se tienen aún cifras oficiales- no superarían los 775 millones de dólares. Se trata de montos que marcan en ambos casos pero, en especial, en el de Argentina, récord absolutos, aún en términos reales.
De los resultados anotados surge con claridad que el comercio que opera bajo el acuerdo favorece a los dos grandes. Las exportaciones uruguayas no han progresado por la apertura de los dos mercados. El acuerdo ha generado un comercio como, por otra parte, se esperaba por algunos analistas en 1991 y, al mismo tiempo y por las razones que se esbozan a continuación, injusto para nuestro país.
RAZONES. El desenlace que viene provocando la pertenencia al Tratado de Asunción de marzo de 1991, a casi 16 años de creado el Mercosur, es injusto para nosotros pues no se han cumplido hasta el momento otras condiciones necesarias para su éxito, al margen del acuerdo de desmantelamiento arancelario ya operado.
El arancel externo común, el impuesto que los países del grupo deben pagar por importaciones de fuera de la zona es sensiblemente alto y favorece la sustitución de productos que se podrían importar de terceros países a precios menores, por los que se producen en los países grandes. A los productores de Argentina y de Brasil se les crea un mercado relativamente cautivo al que no pueden acceder por valor, los más eficientes de fuera del bloque.
La injusticia con nuestro país se da, además y en particular con los productores argentinos, por la política antiinflacionario que allí se desarrolla. Un numeroso grupo de materias primas y de insumos intermedios que produce nuestro vecino, presentan precios que son menores a los de las similares o iguales mercaderías que se usan como insumos en nuestro país el que las importaría sin embargo, a sus verdaderos precios que son mayores. El congelamiento de precios, los impuestos a las exportaciones, los acuerdos forzosos de mantenimiento de valores, etc., a los que apela la conducción económica argentina para frenar la inflación, se constituyen en subsidios a los exportables de dicho país y en un castigo a los similares de elaboración uruguaya. La energía eléctrica, el agua, los combustibles, los granos y sus derivados y una infinidad de otros productos tienen, en Argentina, un precio que es incomparable con respecto a situaciones en las que predomina el mercado en la formación de tales precios. A la vez que son subsidios encubiertos a la producción -en general pero en este caso la producción exportable que nos incumbe- son factores de comercio desleal factibles de ser contrarrestados para frenar daños, con prácticas que incluyen impuestos compensatorios de tales subsidios pero que no se aplican.
El resultado comercial es injusto también, por las trabas que no pone nuestro país y en las que sí incurre, sin otro ánimo que el de proteger a su producción, tanto el más grande, Brasil, como el gobierno argentino. Ejemplos en ese sentido son las prácticas no arancelarias y otras de naturaleza arancelaria que discrepan no solo con el ánimo integracionista del comercio que imbuía a quienes firmaron el Tratado de Asunción como con la propia actitud de apertura comercial que tiene, hasta el momento, Uruguay.
El Mercosur no le sirve a Uruguay, además, por la interferencia política de los dos grandes a los que se les suma ahora Venezuela, al no permitir una flexibilización que nos ayude a conseguir nuevos mercados. Arreglos comerciales con Estados Unidos, con India o con China, reciben siempre la objeción de dichos países y coartan la posibilidad de compensar con el comercio exportador hacia otros destinos, el que hemos perdido -y que seguramente iremos perdiendo progresivamente más- con los miembros grandes del Mercosur.
Argentina y Brasil no desean compensar a Uruguay por la asimetría comercial que existe en contra nuestro y a favor de ellos, pues realizarlo implica perder un mercado, aunque sea de poco tamaño, porque políticamente se quiere mantener la hegemonía comercial sobre nuestro país y, asimismo, una hegemonía política con atributos más que nada ideológicos y discriminatorios.
Desvío de comercio provocado por el arancel externo común alto y que beneficia a Argentina y a Brasil en perjuicio de Uruguay, que podría comprar más barato fuera del bloque, gastar menos divisas y recaudar más en Aduana; inflexibilidad de los gobiernos de esos países para permitir el comercio exportador e importador de países extrazona a través de acuerdos comerciales bilaterales; diferencias en las conducciones macroeconómicas entre los miembros del Mercosur que en numerosos casos se traducen en subsidios encubiertos a la producción de mercaderías exportables que sustituyen producción uruguaya o que le impiden desarrollarse; incumplimiento de normas del Tratado como el evitar el libre tránsito de mercaderías y personas, y otros factores por el estilo, son razones más que suficientes para denunciar al Tratado de Asunción y lograr efectos comerciales mucho más favorables acudiendo a los principales mercados del mundo.