Hacia fines del siglo XX comenzó en el mundo una transformación muy fuerte de las estructuras productivas hacia una sociedad basada en la información y el conocimiento. Empezaron a pesar menos ciertos factores que definían la riqueza de las naciones como, por ejemplo, contar con una gran fuerza laboral de bajo costo, disponer de materias primas abundantes o estar geográficamente ubicado cerca de los mercados consumidores. Así en pocas décadas varios países, con características comparables a Uruguay en cuanto a su tamaño, ubicación o población como Irlanda, Singapur, Taiwán, Corea del Sur, Nueva Zelanda o Israel, se han refundado y logrado mejoras notables en su composición productiva, económica y social. Ellos han aprovechado esa ventana de oportunidades que significa la reconversión mundial hacia una sociedad que se basa en el conocimiento, la apertura comercial y el intercambio cultural y que está sustituyendo a una economía basada en los recursos minerales, las materias primas y el poderío militar, comenzó diciendo el Dr. Jorge Grünberg, rector de la Universidad ORT Uruguay, al ser entrevistado por ECONOMIA & MERCADO sobre las oportunidades y dificultades que se le presentan a Uruguay para prosperar en la nueva sociedad del conocimiento. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-Si coincidimos en que el mundo está transitando de una economía de bienes básicos a una economía del conocimiento, ¿cómo se inserta Uruguay en esta nueva realidad?
-La realidad histórica es que el modelo agroganadero-portuario, con el cual Uruguay surgió como nación, se agotó y hoy no puede proyectar al país hacia adelante porque las fuentes de riqueza y de competitividad de las naciones ya no son las mismas. Nuestro modelo productivo tiene que cambiar. Eso lo sabemos todos los uruguayos, sin distinción de banderías políticas, desde hace unos cuantos años, pero el status quo se ha mostrado sumamente resistente. Sólo algunos pocos sectores de la economía se han refundado, incluyendo sectores agroindustriales que han agregado valor a su producción a través de la incorporación de conocimiento y tecnología.
-¿Por qué la sociedad uruguaya ha permanecido estática?
-La cantidad de reformas de fondo que se han aprobado en Uruguay en los últimos veinte años ha sido muy escasa. Hubo una importante, pero tímida, reforma de la seguridad social, una reforma de entidad en el puerto, pero concentrada en un solo sector de la economía, una cierta apertura del sector agroganadero y la creación de las universidades privadas, que quizás fue la reforma más relevante e influyente para el futuro del país. En realidad, son muy pocas medidas de fondo para poder cambiar al país e insuficientes para evitar que más de 155.000 personas vivan en asentamientos irregulares y para lograr que regresen miles de compatriotas que emigraron con sus talentos o sus capitales.
-¿Está nuestro país en condiciones de desarrollarse como un productor de conocimiento?
-Está en óptimas condiciones de transformarse. Es un país que no enfrenta obstáculos insalvables para desarrollarse armónicamente: tiene una lengua única, carece de conflictos étnicos o religiosos y posee un patrimonio educativo acumulado relativamente importante. Sin embargo, para poder realmente aprovechar la ventana de oportunidades que le permitiría transformarse en un productor de conocimientos, Uruguay debe realizar una serie de reformas que no se han hecho por las características de su sistema educativo que genera ciudadanos adversos al cambio y por la inexistencia de una visión nacional sobre el destino del país.
Visión nacional
-¿Cuál debería ser esa visión nacional a futuro?
-Debe ser un objetivo o una serie de objetivos importantes que unan a la nación, que sean claros en su concepción sobre la real riqueza del país y realizables en el largo plazo. Si esa meta es para convertir al país en un productor de conocimientos tecnológicos y constructor de ideas creativas, se le pueden pedir legítimamente sacrificios a la población como, por ejemplo, postergar algunas necesidades actuales siempre y cuando apunten a la búsqueda de beneficios para el futuro propio y de las generaciones siguientes. Ningún grupo social se niega a contribuir para generar mejores oportunidades para sus hijos y sus nietos, como lo hicieron muchos pueblos después de la Segunda Guerra Mundial, si ese pedido se hace ofreciendo una visión coherente y optimista de futuro.
-¿Qué efectos tiene la ausencia de objetivos nacionales a largo plazo?
-Una nueva división internacional de riqueza está en marcha y algunos países se van a beneficiar de la primacía del conocimiento como fuente de riqueza y otros sólo le van a prestar servicios a los primeros. Unos van a ser cada vez más ricos y otros cada vez más pobres. Para pensar adónde podría llegar Uruguay, hay que tener una visión nacional. Si se continúa en la inercia actual, no vamos a tener un buen lugar en la nueva distribución internacional de la riqueza. Por la ausencia de un propósito colectivo que pueda servir de factor positivo y unificador de la sociedad uruguaya, los grupos sociales están hoy enfrentados entre sí cultural, ideológica y políticamente, lo cual fricciona el avance del país. Por eso, actualmente predominan las negaciones, tales como "no al TLC", "no al Mercosur" o "no al debate educativo", que están llenando el vacío que deja la carencia de una visión nacional.
-¿Qué se requiere para construir un proyecto nacional con metas de largo alcance?
-Se están tomando acciones de importancia como la reforma tributaria, la gestión de la deuda interna y externa o la negociación de nuevos tratados comerciales, pero son acciones de "administración" del país y no de revisión o de reconstrucción. Uno tiene que preguntarse al servicio de qué visión de país se ha diseñado el actual proyecto de reforma impositiva. ¿Se procura incentivar a las personas a formarse intelectualmente o a promover que las empresas busquen nuevos mercados de exportación y financien la innovación tecnológica? ¿Incluye incentivos para que se formen asociaciones entre universidades y empresas o entre empresas e institutos de investigación que permitan generar conocimiento competitivo a la industria uruguaya?
Acciones como la reforma tributaria o la negociación de un TLC deben ser instrumentos tácticos para alcanzar grandes objetivos estratégicos. Las reformas y los tratados deben apuntar hacia objetivos nacionales ambiciosos si es que Uruguay quiere convertirse en un exportador de software o de multimedia, ser un centro de granjas de Internet, dedicarse a la explotación agroganadera de alta tecnología, que trabaje en los segmentos premium y aplique el conocimiento a la genética ganadera y a las grandes cadenas de producción que nos permita exportar en contraestación. En cambio, hoy se actúa en forma descoordinada y con horizontes de corto plazo.
Nueva sociedad
-¿Qué habilidades necesitan los uruguayos para acceder a la era del conocimiento?
-La sociedad uruguaya funciona muy jerárquicamente, pero esa organización piramidal no se adecua a la economía del conocimiento que es muy dinámica. Para ese nuevo mundo acelerado, imprevisible, siempre cambiante -diría que casi caótico- y no jerárquico, se requieren ciudadanos con iniciativa y creatividad. Por eso, algunas de las empresas más valiosas del mundo se fundaron hace muy pocos años, como es Google.
En cambio, en Uruguay estamos formando jóvenes, cuyo deseo es ser empleados y, sobre todo, funcionarios públicos. El fenómeno que hemos presenciado en las últimas semanas, cuando se presentaron más de 40.000 personas menores de 25 años para concursar por 400 o 500 plazas en el Banco de Seguros y el BROU, es un verdadero drama social. Esos jóvenes están invirtiendo tiempo y dinero en una preparación bancaria sui generis, que no existe en ningún lugar del mundo, para intentar ingresar a una institución estatal. Por un lado, no hay suficientes profesionales y técnicos para cubrir la demanda laboral de la industria informática local; pero, por otro lado, hay una legión de jóvenes subempleados o desempleados dispuestos a trabajar en la lavandería de una empresa del Estado. Sería mucho más positivo para ellos y para el país que esos miles de personas estuvieran pensando en cómo crear una microempresa, cómo cursar una carrera técnica o cómo hacer una pasantía en industrias competitivas. La capacidad intelectual de 40.000 jóvenes es un capital muy valioso para una sociedad despoblada y envejecida. La solución del empleo burocrático para su vida laboral no es aceptable si queremos acceder a la economía del conocimiento.
-¿Cómo deberían prepararse nuestros jóvenes para acceder al mercado de trabajo en la sociedad tecnológica?
-En lugar de hacer esos llamados a concurso para empleados públicos, la sociedad uruguaya tendría que capacitar a las nuevas generaciones en los principios empresariales básicos, ofrecer apoyo bajo la forma de "capital semilla" y acceso a "incubadoras de empresas" para emprendedores sin capital propio a efectos de que puedan lanzar pequeños emprendimientos a través de distintos mecanismos con participación de instituciones como la Bolsa de Valores, la Corporación Nacional para el Desarrollo, la Dinapyme o cámaras empresariales. Los recursos que se inviertan en esquemas de emprendimiento, formación y creatividad serán recuperados con creces como la experiencia internacional demuestra. Allí está la riqueza del país porque la sociedad del conocimiento necesita ciudadanos que tengan iniciativa, creatividad y aspiren a ser emprendedores, en vez de querer desempeñar tareas programadas, rutinarias, sin iniciativa y sin horizontes de desarrollo.
-¿Está preparada la sociedad uruguaya para ingresar a la era del conocimiento?
-La sociedad del conocimiento requiere apertura. A la gente puede no gustarle la globalización, pero es un hecho que las fronteras en el mundo son perforadas cada vez más a través de Internet, que es una vía muy democratizadora porque permite un acceso relativamente fácil a las fuentes de información más variadas. La inteligencia de un país está en capitalizar los efectos positivos de la globalización y limitar al máximo sus reflejos aberrantes como el terrorismo, el tráfico de drogas, el lavado de dinero o la pérdida de identidad cultural.
Métodos actuales de enseñanza son de "tiza y pizarrón" en nuestro país
r -¿Por qué afirma Ud. que el sistema educativo uruguayo crea una aversión al cambio?
-Para empezar la única decisión que los estudiantes deben tomar en trece años de estudios preuniversitarios (inicial, primario y secundario), que es cuando se moldean los valores de los ciudadanos, es elegir entre las orientaciones humanística, biológica o científica en quinto año de educación secundaria y luego optar por distintas carreras afines a la orientación elegida en sexto año. Tenemos que aceptar que en la vida hay que tomar decisiones continuamente. Algunas serán acertadas y otras equivocadas, pero siempre deben buscarse nuevos caminos para salir adelante, tanto individualmente como a nivel del país en su conjunto. Además, los métodos utilizados en la enseñanza preuniversitaria son de "tiza y pizarrón", que funcionan con el paradigma dominante del profesor que expone y el alumno que escucha. Esas prácticas refuerzan la pasividad y no conducen al aprendizaje profundo, ni permiten su fácil proyección hacia otras disciplinas. Tampoco promueven un aprendizaje crítico ya que el estudiante escucha discursos durante toda su niñez y adolescencia. Asimismo, la realización de proyectos de investigación son mínimos. Si bien hay buenos ejemplos como los clubes de ciencias, en donde hay 4.000 jóvenes participando, esas experiencias están poco y nada integradas al sistema educativo ya que funcionan "en paralelo". En síntesis, los métodos educativos son muy influyentes en la formación de valores en la juventud y la rigidez de los mismos promueve ciudadanos con aversión al cambio y la experimentación.
-¿Qué nivel de escolaridad debería alcanzar nuestra sociedad para que Uruguay se convierta en una economía del conocimiento?
-La formación superior es el equivalente a la alfabetización del siglo XX que fue una política de Estado. La cantidad y calidad de educación que recibe el ciudadano es un derecho para poder ejercer la democracia efectivamente así como tener la posibilidad de acceder a un trabajo creativo. Además, la cantidad de ciudadanos con una adecuada calidad de educación que puedan hacer aportes en la sociedad del conocimiento representa la diferencia para el país. No se puede pensar que las grandes ideas que pueden hacer avanzar a Uruguay se logren con el 9% de sus habitantes que está en el quintil superior de ingresos. Tenemos que aspirar a ser productores de multimedia, de vacunas, de semillas transgénicas, de software, de exportación de conocimientos. Para ello se necesita ofrecer una formación diferente, asegurar la cobertura no sólo en cantidad sino también en calidad y tener mecanismos sociales que brinden a los jóvenes oportunidades de llevar sus ideas a la práctica mediante el acceso a capital aventurero en incubadoras de empresas como decíamos antes. Quizás una de cada mil nuevas microempresas sea exitosa y, a lo mejor, una de cada cien mil se convierta en un Google o un Amazon.com. Es sólo una posibilidad, pero si seguimos en la senda actual nunca llegaremos a tener la más mínima chance.
ficha técnica
Jorge Grünberg, uruguayo,
48 años, es ingeniero de
sistemas egresado de la
Universidad de la República
y PhD en Educación de la
Universidad de Oxford.
Desde 1996 ocupa el cargo de rector de la Universidad ORT Uruguay. Fue Premio Nacional de Informática en 1980 y Premio CREI de Plata del gobierno de
España en 1982. Posee una
extensa experiencia en consul- toría de tecnologías de la información en corporaciones y
organismos internacionales.
Se está generando una brecha cognitiva entre estudiantes ricos y pobres
r -¿En qué medida los estudiantes uruguayos tienen un acceso fluido a Internet?
-En Uruguay los alumnos de los liceos públicos tienen, por lo general, pocas posibilidades de aplicar conocimientos muy elementales de informática en las asignaturas curriculares por distintas razones, en especial la falta de apoyo, incentivo y formación para que los docentes integren el uso de informática en sus cursos. Además, tenemos un acceso caro y limitado a Internet, lo que constituye un factor de desigualdad al generar una brecha cognitiva entre los estudiantes ricos y pobres porque acentúa el escaso grado de conectividad social, cultural y educativa de los jóvenes provenientes de hogares de bajos ingresos.
-¿Qué otros factores generan desigualdad en la educación?
-Otro gran problema del sistema educativo preuniversitario es su enorme rigidez. El paradigma que hoy rige en la educación formal uruguaya es la "habilitación". Si bien la Constitución permite el funcionamiento de institutos de enseñanza privados, estos están obligados a dictar los mismos programas que las escuelas y liceos del Estado. Por lo tanto, hay libertad de enseñanza siempre y cuando se enseñe lo mismo que en el ámbito estatal. Hoy aproximadamente el 20% de los estudiantes uruguayos concurren a colegios privados que están sujetos a severas sanciones si se apartan de los programas de estudio autorizados. Además, dentro del vasto sistema estatal, todo es homogéneo y absolutamente rígido. Por lo tanto, un liceo semirrural del departamento de Artigas y uno de Pocitos tienen que enseñar lo mismo y al mismo tiempo.
-¿Qué modificaciones propone para adaptar la enseñanza a las distintas necesidades del país?
-El sistema de habilitación debe ser reformado porque la nueva sociedad del conocimiento no es compatible con ese grado de rigidez que lleva en el área del aprendizaje a los mismos perjuicios que el monocultivo en la producción agrícola. Habría que reducir la habilitación a un plan nacional de enseñanza que cubra como máximo la mitad del horario escolar en una primera etapa y a la cuarta parte en una segunda etapa. Eso permitiría que los colegios privados y también los institutos públicos pudieran hacer propuestas y llevar a cabo diferentes experimentos y especializaciones bajo el control y evaluación de las autoridades educativas. Por ejemplo, los liceos ubicados en zonas turísticas podrían dedicar parte de su tiempo a ensayar proyectos en ramas que interesen a esa economía local, lo que requeriría la enseñanza de más idiomas extranjeros, más habilidades de interacción personal o más conocimientos de otras culturas. Liceos ubicados en zonas agrarias similarmente podrían enfatizar habilidades o conocimientos relevantes a ese tipo de producción.
En síntesis, se necesita libertad de innovación en la enseñanza. Estuvimos diez años discutiendo una reforma del ciclo básico y ahora estamos empezando a considerar otra megarreforma. Lo que se precisa es implementar diversas experiencias para comprobar qué planes funcionan. Así estaríamos creando una actitud de ensayo para distinguir el éxito del fracaso y la excelencia de la mediocridad. En la medida que continuemos escondiendo los errores en lugar de aprender de ellos, seguiremos estancados porque eso nos lleva a una sociedad cuya actitud acumulativa es de gran aversión al riesgo y al cambio, que están muy asociados.