IGNACIO QUARTINO | BUENOS AIRES
Hace dos lunes, Anabella Ascar celebró su cumpleaños en el ciclo Hechos y protagonistas -que ella misma conduce y se emite por Crónica TV- con una veintena de personajes bizarros en el estudio. En ese momento, los cuatro canales de noticias que compiten con la emisora de las placas coloradas transmitían en directo el derrumbe de un gimnasio en Villa Urquiza, que se convirtió también en la tapa de los principales diarios de Argentina durante dos días.
Pese a la importancia del hecho, el canal prefirió festejarle el cumple a la conductora y mal no les fue. Jorge Rial, desde su cuenta de Twitter, avisó que el ciclo promediaba 2,7 puntos de rating y superaba a todas las señales de noticias juntas.
A pesar de las críticas que recibe la conductora por llenar la tele de freaks, no se cuestiona su éxito. De lo que no se habla demasiado, sin embargo, es la simpleza de la propuesta: gente desconocida que se enfrenta a una cámara para contar particularidades de sus vidas.
¿y Éste quién es? Si los bizarros le dieron resultado a Anabella, ¿por qué no probar esa fórmula en un programa de televisión abierta?, habrán pensado los productores de Este es el show, que el lunes comenzaron un casting para encontrar al mejor imitador de Ricardo Fort.
Como condición, había que ir lookeado como el chocolatero (cabellera negra con gel y barba candado) y ser mayor de 18 años. Algunos ni siquiera leyeron los requisitos, conscientes de que su exotismo era suficiente para salir en televisión. Dicho y hecho: apareció un concursante de cabellos tan rubios como lacios que decía saber imitar a Fort y la producción no dudó en mandarlo frente a las cámaras. Con el aporte de estos personajes, ese día Este es el show lideró su franja horaria, en la que compite con Intrusos en Argentina.
Lo curioso es que en plena era de la tecnología como pilar del entretenimiento, el público se vuelque masivamente a los ciclos televisivos más rudimentarios, con "producción cero", que se sirve de un par de sillas, una mesa y un conductor carismático que conversa con invitados generalmente desconocidos (¡Coki, de ShowMatch, necesitó un mes para convertirse en una estrella!). O, directamente sin invitados, panelistas que representarían distintos estereotipos de la sociedad debaten lo más destacado de otros programas y nada más.
Negocio. Los que dicen entender de televisión aseguran que es una tendencia pasajera y que, dentro de poco, estos talk shows quedarán en el olvido para regresar a los programas de archivo o a las ficciones.
Sin embargo, por ahora, el negocio cierra por todos lados. Con estos ciclos, los canales se evitan pagar contratos millonarios a grandes estrellas y se ahorran los costosos gastos de producción que requiere hacer una ficción. Por eso no hay voluntad para que la tendencia cambie a mediano plazo. Antes que arriesgar fortunas, los gerentes de programación cada vez son más proclives a estimular que las grillas se pueblen de entrevistas, debates y escándalos en vivo.
Aún así, no deja de ser llamativo que el pasado 31 de julio, el canal que dirige Adrián Suar (pese a su condición de actor, dueño de Pol-Ka y creador de novelas y unitarios "cuidados") hizo uno de los programas más improvisados que se recuerden en los últimos años. En el estudio de ShowMatch se ubicaron seis panelistas, dos conductores y Ricardo Fort, quien permaneció sentado tres horas frente a cámaras para responder preguntas sobre su vida. Increíblemente, ese programa fue la última carta que se jugó Canal 13 para quedarse con el rating acumulado de julio, que peleó décima a décima con Telefé. Aunque finalmente perdió por poco, no hay que quitarle mérito al rating que dejó Fort esa tarde de sábado.
Por si fuera poco, esta improvisación de programa generó un precedente y este fin de semana, Canal 13 estrenó Sábado Show, otro talk show que habló de… Ricardo Fort, sus imitadores, el resto de los jurados de Bailando por un sueño y los participantes del concurso.
Es que en la tele de hoy no importa el programa y mucho menos la calidad del contenido. Es como el viejo jingle de un análgésico: si tiene rating, es bueno.