Propuesta a gusto del consumidor
La entrada del local de Cartablanca es engañosa. Cuando uno mira la fachada apostada en Williman 611, a metros de 21 de Setiembre, no imagina ni las reales dimensiones ni el verdadero espíritu del bar-cafetería-restó recién inaugurado en el corazón pocitense.
Una vez en el interior, el diseño y disposición avisan que se trata de un lugar difícil de etiquetar. Una terraza con mesitas a la calle, sofás en el amplio pasaje que comunica con el fondo, más mesas, una barra bolichera en la parte trasera y hasta un patio interno con parrillero; todo conviviendo con una armoniosa y original decoración, de la que no se escapan ni los baños.
Pablo Ros y Paula Valdivieso, creadores y propietarios del local, explican el concepto de Cartablanca: "Es un café, drinking bar, after office y cocina fusión". Una de sus propuestas más novedosas se basa en las tapas, que los propios comensales pueden combinar. "La gente puede diseñar sus propias picadas, hay muchas preparaciones distintas", dice Ros, en tanto Valdivieso agrega: "La idea es que la gente participe activamente en lo que quiere comer. Por ejemplo, elegir entrecot o repollo, y en sus distintas preparaciones; agridulce, a la mostaza, crocante, con curry".
También en el área de platos la lista es variada. Ros señala el pollo a la Valdostana (con jamón crudo y queso muzzarella) como uno de los más exitosos con los clientes, pero a la vez hay gazpacho, mariscos, o ceviche.
A la tarde, la cafetería ofrece sandwiches, galletas y pastelería elaboradas artesanalmente y, para los nocheros, la barra tiene un amplio listado de cócteles y bebidas.
Cartablanca abre de martes a viernes a partir de las 18 horas y los sábados desde las 20. La cocina cierra tarde: entre 2 y 3 am. El gasto promedio por persona puede rondar entre 200 y 300 pesos, según aseguran los propietarios.