C.T.
El 95% de los más de 200 caballitos de madera que tiene Omar Varela son obsequios. "¡Ya les advertí a mis amigos que no me regalen más!", dice entre risas. Es que la tropilla, de todos los tamaños y colores, cada vez deja más chico el living de su apartamento en el Centro de Montevideo. Los equinos también aparecen en cuadros, que son muchos y se adueñan de todas las paredes. Solo dejan espacio para un reloj cucú que en pocos minutos interrumpirá la entrevista.
"Primero que nada tuteame, sino me hacés sentir Atahualpa Yupanqui", bromea. Omar tiene Parkinson, y pide que si se nombra su enfermedad se haga al pasar. "Yo llevo una vida normal. Para mí es como una especie de pesadilla de la que trato de despertar todo el tiempo. Y así sigo adelante. Esto no me impide trabajar." Que nada lo detiene es algo que se observa a simple vista. Además de Un poco de suerte, que se mantiene en cartel en el Teatro del Anglo, el 14 de agosto estrena, en el mismo lugar, Esa maldita pared. La obra estará planteada con la "estética de un cómic". Y, como siempre, se basa en sucesos reales.
"Tiene una estructura dramática muy especial, pero está muy conectada a lo cotidiano. Acá, en este edificio, vivía una pareja de un peruano con una veterana. Ella se lo había levantado a él, que era muchísimo más joven. Lo basureaba, le gritaba, lo insultaba, lo discriminaba. El final siempre era el mismo: terminaban teniendo relaciones. Yo escuchaba a diario todo eso. Un día le dije a Julio, que vive aquí conmigo, `¿te das cuenta qué bueno sería hacer una obra de teatro donde el espectador solo escuche lo que está sucediendo?`". Omar llevó la idea a la realidad. Durante los primeros diez minutos de Esa maldita pared solo se verá la fachada de una casa, y de ella emanarán los gritos.
En cartel. En la biblioteca, salvo algunos textos de arte, no hay libros. Quizá estén en la habitación que se ve a lo lejos, donde retoza la computadora, primera confidente de las musas del dramaturgo. Lo que sí hay en la estantería son discos. No se puede negar que los gustos musicales de Omar son variados. Desde Rafaela Carrá a Laura Canoura y Tom Jobim. A simple vista, se nota la ausencia de intérpretes judíos, como lo es él. Nada de The Barry Sisters, las hermanas que visten de melodías Un poco de suerte. De este trabajo, que sucede en tiempo real, actuado por Laura Sánchez, Ana Rosa y Gustavo Casco, asegura que "todo lo que se ve también es en base a la realidad".
"Tengo una deformación profesional: siempre miro desde afuera las cosas que me suceden. Como si tuviera una cámara que observa todo lo que hago". Desde ese lente Omar vio la primera escena de esta creación. Recién había fallecido su madre y, recostado en la cama de ella, miraba viejas fotografías con su hermano. "No sabíamos quién era quién, porque de chicos éramos muy parecidos. Mientras hablábamos supe que ese era un buen comienzo para una historia".
Incluso la escena que más hace reír a los espectadores de Un poco de suerte nace de un momento dramático que la magia del teatro hizo divertido. "Mi madre nació en Lituania y murió en Buenos Aires -relata-. Cuando ella falleció yo fui para allá. ¡Cuando vi el coche fúnebre con una cruz arriba me dio un ataque! Me hermana se había olvidado de avisar que ella era judía".
Dos orillas. Gracias a su vasta carrera, el teatro lo lleva hacia otras tierras. Con Estela Medina visitará en breve Brasil. Allí presentará Sonata de otoño, de Ingmar Bergman. También llevará a Argentina Fue culpa mía, lo hice por amor. "La íbamos a hacer este año, pero las cosas en Buenos Aires están difíciles, y allí los presupuestos son más gruesos", sostiene. También planea montar en la vecina orilla Un poco de suerte. Georgina Barbarossa interpretará el personaje que encarna Laura Sánchez.
"Allá, en Buenos Aires, pasan cosas diferentes, porque son muchos los que trabajan. Si vos estás dirigiendo y preguntás `¿dónde está el jarrón?`, un asistente le pregunta a otro asistente, y ese asistente a otros dos. Eso, para el que no está acostumbrado, complica un poco. Hay veces que estás ensayando y ves gente que no tenés ni idea quién es"(se ríe).
Eso también infla los presupuestos. Además, al haber más medios, la difusión publicitaria es mucho más costosa. Después, sostiene Omar, el público es muy parecido. Y los actores también. "Es que los artistas somos como los músicos -asegura-, podemos ir a cualquier parte que siempre se utilizan los mismos códigos. Es que el arte es una forma de vida".
La tele. Pero no todo transcurre sobre el escenario. "Extraño la televisión. El casting de la tele me dio la popularidad que no me dieron treinta años de teatro. Había mucha gente que conocía mi nombre pero no mi cara. Con esto los chiquilines me paraban en la calle. Me saqué muchas fotos y firmé infinidad de autógrafos", cuenta el dramaturgo.
En breve volverá a la televisión. Otra vez en la pantalla de Canal 12 participará del programa Décadas, que conducirán Álvaro Navia y Eunice Castro. "Aún no se sabe cuándo va a comenzar. Es un formato español y está programado, pero antes tiene que arrancar el ciclo en México". Omar también se prestaba para este 2010 aparecer en la pantalla chica, pero como actor. Sería uno de los malvados de la nueva ficción de Canal 4, Correr el riesgo. "No podía estar en los dos canales a la vez y no lo pude hacer", se lamenta.
Pese a que será parte de ella, la tele de hoy en día no le agrada mucho. Incluso lanza alguna crítica contra ella en la obra que se estrena el sábado. Igual, reconoce que en ocasiones es un disparador que promueve a buenos artistas. "Pasó con Pachano -sostiene-, que después de meterse en los quilombos del programa de Marcelo Tinelli empezó a llenar los teatros. Antes no lo conocían, pese a que siempre fue talentosísimo. La tele tiene ese factor mágico".
Las reglas de un dramaturgo
Hago los espectáculos que me gustaría ver. No me pongo solo del lugar del dramaturgo, sino que escribo como si fuera un espectador más".
Observar, mirar y escuchar. No hay otra cosa más que eso. Tenés que estar atento para después desarrollar las cosas que ya conocés".