Las lecciones que aprendió Pampita

| A diez años de su debut en las pasarelas, Carolina Ardohain habla del valor de su trabajo. Cuenta cómo consiguió la fama y los pormenores de su matrimonio.

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EL MERCURIO

El lugar elegido es un departamento en Junín y Rivadavia. A las tres de la tarde, empiezan a bajar de una combi las productoras con utensilios para armar el arte de las fotos; llegan la peinadora y la maquilladora. La responsable de las joyas. La vestuarista. El fotógrafo, los ayudantes. Una multitud. Cuando llegue Carolina "Pampita" Ardohain llenará el ambiente de profesionalismo. Tiene, cuando quiere, una actitud encantadora.

Esta mujer, de 1,64 metros y 50 kilos, es madre de dos hijos y está en pareja con el actor chileno Benjamín Vicuña. Sorprende su risa, que por momentos reemplaza al enojo. Es risa de felicidad, pero cortita, como una especie de respuesta automática, un latiguillo.

-¿Qué te diferencia de las demás modelos?

-La energía. Como mi trabajo me gusta, y de verdad, en estos diez años no perdí la magia. Y creo que eso la gente lo sabe. Lo nota.

-Vayamos por partes: de General Acha, en La Pampa, a Buenos Aires, ¿cómo fue el recorrido?

-(Interrumpe) Soy la misma que llegó del interior con sueños, con ganas de conquistar Buenos Aires. Mi idea era llegar, conseguir un trabajo. No podía mantenerme para estudiar, así que tenía que trabajar para pagar mi alquiler y vivir en la gran ciudad. Sentía que La Pampa ya había cumplido su ciclo.

Inicios. Carolina viajó sola a los 17 años. Antes vivía con su mamá (su papá murió cuando era chica) y con sus dos hermanos. De su primer tiempo en Buenos Aires, recuerda que trabajaba todos los días hasta las dos de la mañana en el bowling Dromo. Un sitio de moda.

-¿Ahí ya soñabas con que alguien te descubriera?

-No, porque iba a castings durante el día. Pero nunca quedaba.

Pero las cosas comenzaron a fluir. Mientras trabajaba como vendedora de una marca participó en un casting multitudinario y quedó. Pancho Dotto vio sus fotos en la calle, pidió su teléfono y la llamó. Desde ese minuto, la vida de Carolina cambió. Su rutina diaria se transformó en un casting permanente, donde día a día iban millones de chicas de otras agencias. Época en que tampoco lo pasó muy bien. "Al principio mis compañeras eran distantes porque había mucha mala onda. Ahora, con los años, nos conocemos casi todas, tenemos marido, hijos...".

-¿Lloraste mucho?

-No (se ríe)... Te acostumbrás. No te lo tomas como algo personal. Si llegás a un lugar y ves que hay ochenta mujeres divinas, es un milagro que te elijan. Vas, por lo menos, a tres castings todos los días.

-¿Se aprende a pelear por el dinero?

-Sí, un montón. Yo sé cuánto vale mi trabajo. No me da culpa cuando tengo que pasar un presupuesto. Porque sé lo que vende, sé lo que luché y lo que me gané.

-¿Qué es lo que cotiza en una carrera de modelo?

-Lo único que importa es ser creíble. Si decís que "tal producto" es el mejor, importa tu credibilidad. Hay cosas que yo no he hecho: campañas de cigarrillos, de alcohol, desnudos, la tapa de Playboy.

Privado. Carolina habla poco de su vida privada. A pesar del revuelo que provocó su matrimonio con Martín Barrantes, un seudopariente de la nobleza de Inglaterra. No habla de esa época. Sólo dice que en los temas emocionales es muy trasparente, "en las buenas y en las malas. A los 23 años no me hubiera casado por interés".

Cree, además, que los hombres de su vida no han tenido que ver con su éxito laboral. "Todo lo gané yo sola. Siempre. La que sale a buscar un proyecto, la que se rompe el alma con cada trabajo soy yo".

-¿Cómo cambió tu cabeza con la maternidad?

-Esa independencia que da no tener hijos, manejar tu vida y tus tiempos, se termina. Y no tomas una decisión pensando sólo en ti.

-¿Cómo es la vida cotidiana con Benjamín Vicuña?

-Tengo tanta admiración por él... Lo encuentro tan talentoso que lo único que quiero es que vuele, que crezca. Mi proyecto es que él vuele sin el peso de la familia.

-¿Cómo se maneja el dinero con tu pareja?

-A mí no me da ninguna mensualidad, ni me compra absolutamente nada. Yo tengo mi trabajo. Es un tema que no hablamos. Tener mi dinero me da satisfacciones porque puedo comprarles a mis hijos lo que quiero sin preguntarle a nadie. Puedo tener un departamento en Buenos Aires, puedo ayudar a mi familia, puedo ahorrar. Puedo tener mi mundo.

-El paso del tiempo, los años, ¿son un tema para ti?

-No soy muy fanática. Todavía no me he operado de nada. No me he puesto Botox.

-Ha sido difícil tu relación con la prensa.

-Hoy me da exactamente lo mismo lo que digan. Cuando era muy joven los medios fueron muy agresivos conmigo. Me dolía. Lloraba porque no entendía. Creía que me odiaban. No entendía que era parte de un juego. Pero sobreviví porque finalmente no me ha pasado nada tan terrible.

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