El alto precio de ser "Las jefas"

| Las mujeres aún son discriminadas y subestimadas. Así lo asegura la periodista argentina Laura Di Marco en su nuevo libro sobre empresarias talentosas.

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C.T.

La llegada de Cristina Fernández al sillón presidencial argentino era inminente. Pocos días faltaban para que la continuidad del kirchnerismo se hiciera realidad en las urnas. Fue en ese entonces, octubre de 2007, que Laura Di Marco, periodista del diario La Nación, se hizo una pregunta: "¿Qué es lo que las mujeres podemos aportar al núcleo duro del poder masculino, a la plata?"

Di Marco, que arribó a Uruguay la pasada semana para una jornada organizada por Coca-Cola con motivo del Día Internacional de la Mujer, dio respuesta a su propio cuestionamiento con el libro Las Jefas, en el cual reúne 12 historias de importantes empresarias argentinas y de otras mujeres que lograron colocarse en la cúspide de los principales medios de comunicación, después de la década del 90.

"Desmitifiqué muchas ideas previas: por ejemplo la inocencia de creer que las mujeres llegamos a todos lados. En el alto nivel empresarial no encontré siquiera 15 historias para contar. En una economía de 90.000 empresas, de las cuales 1.000 son firmas grandes, no hay ni un 1% de mujeres dirigiendo", sostiene apenas llega al hall del Hotel Pedro Figari.

Coqueta, Di Marco pide por favor se le concedan unos minutos antes de comenzar la entrevista para arreglarse. La cámara de fotos y el grabador la intimidan. "Perdón los nervios, la verdad es que estoy acostumbrada a estar del otro lado", confiesa con una sonrisa.

-¿Qué tan grandes son las diferencias entre un hombre y una mujer a la hora de acceder a altos cargos?

-Enormes. El precio que ellas pagan es altísimo. Tienen que resignar muchas cosas. La mayoría están casadas y debieron postergar mucho su maternidad. Son mujeres que se desdoblan en millones de pedazos, que se levantan todos los días a las cinco de la mañana, que tuvieron que armar complejas estructuras que mantengan en pie lo que ellas hacen afuera de sus casas. Es decir que, tampoco, se desligan de lo que la cultura dice que es femenino. Quieren todo y van a todo: la carrera, pero también la familia. Una de las mujeres que da su testimonio en el libro fue madre recién a los 60 años, cuando adoptó a tres nenes. Y la verdad es que ninguna tuvo la mínima calidad de vida.

-Aunque usted no la nombra en el libro, la llegada de Fernández al poder dio el primer impulso para que se realizara este trabajo. ¿La presidenta entra en esta listas de mujeres sacrificadas?

-Los testimonios que recojo en Las jefas son de personas de clase media, más alguna de clase media alta y clase media baja, pero todas ellas debieron hacer grandes esfuerzos para llegar a donde están. En el caso de Cristina, aunque el avance es innegable, ella no llegó exactamente por sus propios medios. Si no hubiera sido por su marido no estaba ahí. En Argentina no hubo internas, por lo que podemos decir que ella logró ser presidenta gracias al dedo de un señor poderoso que la señaló como candidata. Las mujeres del libro no son herederas, lo hicieron todo solas; incluso algunas entraron como pasantes a las empresas que ahora lideran.

-En el libro se relata el caso de Paula Guerra, CEO de MTV, que tuvo un cruce de palabras con un constructor luego que este la llamara "pichona" en reiteradas ocasiones. ¿Entiende que hay una tendencia a subestimar a las mujeres que ocupan cargos importantes?

-En realidad hay una tendencia a subestimar a las mujeres en general, y aún más en estos cargos. Lo que le pasó a Paula es un claro ejemplo, jamás alguien le diría "pichón" a un presidente corporativo hombre. De todos modos hay que reconocer que avanzamos mucho, y los prejuicios se desmontan cuando alguien va mostrando capacidad. Aunque hay espacios en que todavía se discrimina, como en el periodismo. En Argentina, por ejemplo, sólo hay editorialistas hombres; no existen mujeres que hagan el trabajo de Joaquín Morales Solá o Eduardo van der Kooy.

-Las jefas sostiene que la sociedad es menos condescendiente con los errores femeninos…

-Eso es algo que existe en los grupos donde ya hay discriminación. Es como en Estados Unidos, donde la mayoría de los presos por delitos menores son negros. Con estas jefas pasa lo mismo, los prejuicios no se diluyen cuando alguien accede a un alto cargo; al contrario, se hacen más visibles. La principal característica del poder femenino es la hípervisibilidad, y esto es responsabilidad de ambos sexos. Cuando una mujer accede a un alto cargo todas lo festejamos y tiene una relevancia tan grande que parece que fueran muchas las que lo logran. Es esto la que las vuelve vulnerables, cualquier error se nota. Por ejemplo un exabrupto, que a un hombre se le deja pasar, en la mujer ya es un generador de comentarios como: "es una loca", "se le soltó la cadena", "es igual que todas".

-El texto sostiene que las mujeres suelen llegar al poder cuando hay problemas, de hecho la mayoría de las entrevistadas obtuvieron sus cargos tras la crisis de 2001 en Argentina. ¿A qué se debe esto?

-Es algo que descubrí mientras escribía el libro. Luego de la crisis de principios de siglo los hombres quedaron aterrados, todos sus manuales quedaron destruidos, y las mujeres, en cambio, encontraron cómo responder al drama. A partir de esto comencé a preguntar a historiadoras y ellas me dijeron que en todas las revoluciones, la francesa por ejemplo, las primeras en salir adelante fueron las mujeres. Por naturaleza ellas se manejan mejor en los problemas, tiene que ver con la posibilidad de llevar adelante un pensamiento lateral. Mientras los hombres son mejores en las especializaciones, las mujeres pueden afrontar varias cosas a la vez, y en la crisis es esto último lo que se necesita. Ellas están acostumbradas a esto ya que siempre deben atender su casa y el trabajo.

-En el siglo XX, y también en lo que va del XXI, se vieron grandes avances en lo que tiene que ver con la equidad de género. ¿Qué falta?

-Las mujeres deben desprenderse de ciertos mandatos culturales. En el mundo empresarial, por ejemplo, hay una suerte de techo de cristal que es lo que hace que ellas no puedan crecer más. Este límite no lo ponen sólo las empresas, sino que ellas colaboran. Están hechas para ser buenas y para que las quieran, no están formadas para recibir agresiones como los hombres. Cuando llegan a altos cargos es factible que sean criticadas, tan solo por el hecho de ser jefas. Es algo que se da por definición, no importa cómo sean con sus empleados. Lo cierto es que a ellas les cuesta más soportar esas primeras líneas de fuego.

-Y con respecto a las limitaciones externas, ¿qué se podría hacer?

-En Estados Unidos, por ejemplo, promueven cupos empresariales del 30% pero igualmente las mujeres CEO de empresas grandes no llegan al 2%. Argentina está en el 1%. Las dos cifras son irrisorias. Habría que implementar bien el tema de los cupos para que esto no suceda más, sobre todo acá en América Latina donde la dosis de machismo y sangre es muy alta.

Di Marco en primera persona

"Siento que dejé mucho en el camino, cosas que no dejaron mis colegas varones", sostiene Laura Di Marco. La autora de Las jefas tiene 43 años, una hija de 20 y en la actualidad se desempeña como periodista del suplemento dominical Enfoques del diario La Nación. Ella manifiesta que en su oficio existe, aún, una gran discriminación hacia las mujeres.

"Es cierto que ahora hacemos periodismo político, pero los premios se los siguen llevando los hombres. Además, siempre pueden fijar mejores posiciones", asegura Di Marco.

La periodista remarca que su experiencia personal fue "traumática": "Ahora mi hija es grande, pero cuando era chica todo era difícil. Las empresas no se flexibilizan, si tenés un bebé te dan tres meses de licencia por maternidad, pero es claro que con eso no alcanza. Por ejemplo, se debería permitir que trabajaran desde la casa. En Argentina los diarios son muy machistas, tanto Clarín como La Nación".

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