Dr. Pablo Pera Pirotto
Aunque pueda sonar extraño, la piel es ácida, lo que traducido a la química, se expresa en un ph de 5,5. Es por eso que cuando se busca mejorar la calidad de la superficie cutánea, una de las medidas más eficaces es aplicar productos o realizar tratamientos basados en ciertos tipos de ácidos.
Dentro de ellos, los más utilizados son los llamados alfa hidroxiácidos (AHA por sus siglas en inglés), que proceden principalmente de las frutas y vegetales. De allí que también sean conocidos como ácidos frutales. Se destacan el ácido glicólico, que deriva de la caña de azúcar, el ácido salicílico, de la corteza del sauce, el ácido mandélico, que se encuentra en la almendra, y el ácido láctico, que se obtiene de la leche, cuyos efectos suavizantes en la piel se conocen desde hace siglos; basta recordar los famosos baños con leche de Cleopatra, famosa por la belleza de su piel.
Todos estos alfahidroxiácidos, si bien tienen características propias que los distinguen, comparten algunos efectos similares.
Principalmente ayudan a mejorar la textura de la piel, gracias a distintos mecanismos. Por un lado, poseen una clara acción exfoliadora, al ayudar a eliminar las capas de células muertas. De esta forma logran disminuir el espesor de la piel, que se torna más delgada uniforme y luminosa. Estos efectos se constatan relativamente al poco tiempo de empezar a utilizarlos, en cualquiera de sus presentaciones, desde cremas y geles hasta emulsiones.
A largo plazo, también logran atenuar líneas de expresión y arrugas finas, y estimular la producción de las fibras de colágeno, dándole un mayor sostén a la estructura de la piel.
Otro grupo de ácidos muy usados en los tratamientos cosméticos cutáneos son los retinoides, derivados de la vitamina A. Muchas de las cremas antiarrugas tienen entre sus componentes principales el retinol, el retinaldehído o la tretinoína, sustancias que han demostrado ser muy efectivas en el combate del envejecimiento provocado por las radiaciones solares. Específicmamente esta última se puede presentar en concentraciones que van del 0,025 al 0,1%. Se debe aplicar siempre por la noche, y para evitar la aparición de efectos adversos como ardor y enrojecimiento causados por una excesiva irritación, lo indicado es comenzar colocándola en días alternos, lo que implica dejar descansar la piel entre 24 a 48 horas. Se continúa así hasta que la piel se acostumbre, momento en el que pueden utilizarse con más frecuencia. Tampoco es conveniente colocar el producto demasiado cerca de los párpados y de lo boca, ya que en esos sectores la superficie cutánea es más fina y puede provocar sensaciones incómodas. Al igual que sucede con los alfahidroxiácidos, sus efectos más importantes comienzan a manifestarse después de un tiempo prolongado de uso continuo, que debe ser al menos de unos ocho o nueve meses.
Los alfahidroxiácidos, los retinoides más otro tipo de ácidos se utilizan para la realización de los peelings (o pulidos) químicos, que dependiendo de su acción se clasifican en superficiales, medios y profundos. Este tipo de tratamiento en manos entrenadas logra muy buenos resultados, siendo ésta la época ideal para realizarlos debido al bajo índice de radiaciones UV.
Por último hay que mencionar que todas estas sustancias también se aplican para atenuar las manchas provocadas por el sol que aparecen sobre todo en la cara, las manos, los hombros o la zona del escote. Pero, cuando se quiere tener una acción más potente de despigmentación, se le suman otras sustancias como la hidroquinona, que potencia sus efectos.