La cruzada africana de Bruni

| Hay quienes dicen que lo hace para levantar su imagen; ella niega. Carla Bruni es la embajadora del Fondo Mundial contra el Sida, como lo fuera Lady Di.

EL PAÍS DE MADRID

Korogo Aminata tiene 30 años y representa todo lo contrario a Carla Bruni Sarkozy: es una de las mujeres menos conocidas del planeta. Como Da Mamounata, de 29 años. Como Zina Azara, de 40. Como todas las mujeres seropositivas de Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo. Alrededor de 150.000 de sus casi 15 millones de habitantes viven con el sida. Tan sólo 20.000 tienen acceso a tratamientos antirretrovirales.

Korogo, Da y Zina son de las afortunadas que toman medicación. Las tres reciben la visita de una de las mujeres más populares de nuestro tiempo. La primera dama de Francia abandonó la tarde anterior su vivienda en el exclusivo distrito XVI parisiense para volar hasta Uagadugú, donde estrena su nuevo cargo de embajadora de buena voluntad del Fondo Mundial contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. "Esto no es un star-show, es un día de trabajo", proclama Michel Kazatchkine a primera hora de la sofocante mañana en la capital de Burkina Faso. El director de este organismo financiero internacional cuenta con 4.000 millones de dólares para proyectos en 2009. Sus cálculos estiman que el 90% de las mujeres seropositivas embarazadas viven en África subsahariana. Este año darán a luz a 1,5 millones de bebés. Por eso, Kazatchkine ha decidido centrar las tareas de su nueva portavoz en el fomento de la protección contra el sida entre madres e hijos.

ENTREVISTA. En la mañana, Carla Bruni estrecha manos de doctores, enfermeros y mujeres seropositivas. Se muestra interesada y de vez en cuando formula una pregunta.

Más tarde, recibe al periodista en la residencia del embajador francés. Durante su visita de la mañana ha conocido uno de los tres hospitales universitarios del país y ha presidido una conferencia de prensa en el Centro Nacional de la Lucha contra el sida. Allí confesó estar "más dispuesta a escuchar que a hablar".

No parece cansada del viaje. Hace gala de sus espléndidos 41 años con una leve base de maquillaje y un punto de carmín en los labios. Viste pantalón azul oscuro, liviano jersey a juego y mocasines de color beige. Alterna sus palabras con caladas a uno de los cigarrillos Vogue que guarda en un bolso negro de Prada.

"Yo no hago esto para afianzar mi popularidad en Francia", asegura. "Tampoco puedo hacer todavía un balance sobre este viaje, ni sobre mi tarea en el Fondo Mundial. Es la primera vez que conozco la labor de personas que trabajan con esta realidad. He comprobado cosas que están cambiando en Burkina Faso y son positivas, con independencia de todo lo que falta por hacer. Pero no puedo analizar mi labor como embajadora porque acabo de empezar. Cuando pasen varios años estaré en condiciones de hacer un balance".

Lo que no puede negarse es que habla con conocimiento de causa. Ella no ha permanecido ajena a este virus con el que hoy viven casi 35 millones de personas en el mundo, el 75% de ellas en países en vías de desarrollo. Su hermano Virginio murió enfermo de sida hace tres años. "Quisiera recalcar lo tremendamente afortunado que fue por tener acceso a tratamiento. No hace falta que te diga lo que me entristeció su muerte, pero él tuvo la enorme fortuna de vivir aquella etapa con todos los medios del sistema francés de salud a su alcance. Ésa es la diferencia entre ser enfermo de VIH en Europa y aquí, en África", reflexiona.

Son las tres de la tarde. Madame Sarkozy tiene audiencia con el presidente de Burkina Faso, Blaise Compaoré. También visitará el centro médico de Pissy, donde se diagnostican entre 60 y 80 casos de sida por mes (ver recuadro). Quizás la prensa europea estuvo allí por Bruni. Esa es la idea: que ella sea el vehículo para mostrar una realidad que enferma.

Víctimas de sida y paludismo

En las modestas instalaciones del centro de Pissy, el ginecólogo Jean Charlemagne, de 37 años, dirige un equipo de seis doctores que atienden a más de 4.000 mujeres seropositivas. Alrededor de 3.000 reciben tratamiento antirretroviral. "Cada mes diagnosticamos entre 60 y 80 casos de sida; aproximadamente el 60% son mujeres", ilustra Charlemagne.

Fuera de la consulta, dos franceses que viven en Burkina Faso cambian impresiones. Uno es Robert Cazal, de 50 años. Trabaja en el Ministerio de Sanidad. Resalta la escasez de tests para diagnosticar el virus. "De los 150.000 casos de sida que estima el Fondo Mundial, sólo tenemos constancia de 30.000. Se debe a una cuestión sencilla: nuestro sistema de salud no puede soportar más enfermos". Francois Giddey asiente. Es el coordinador en Burkina Faso de Médicos Sin Fronteras.

-¿Cree usted que la visita de Carla Bruni cambiará algo?

-No. Pero el esfuerzo del Fondo Mundial es incuestionable. La tasa de incidencia del sida es del 2%, mientras que en 2000 rondaba el 7%, algo en lo que este organismo tuvo mucho que ver. Pero a no olvidar que el paludismo es hoy el problema sanitario más grave de Burkina Faso, con más de dos millones de casos y más de 4.000 muertes al año.

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