Cuando la piel llora

DR. PABLO PERA PIROTTO

La piel y la psiquis están íntimamente ligadas. Sobre la superficie de nuestro cuerpo se expresan una gran cantidad de emociones, aunque queramos evitarlo. Desde la vergüenza que nos pone la cara colorada, hasta situaciones de preocupación que nos dejan pálidos y sudorosos. Esta vinculación también ocurre a nivel de una amplia gama de enfermedades, que los médicos dermatólogos y los psiquiatras suelen ver en sus consultas. Como decía un viejo profesor de dermatología, "la piel llora por uno". Por ejemplo, el estrés es un factor que se vincula con el desarrollo de muchas patologías cutáneas; si bien no es la causa que las origina, sí actúa a modo de "gatillo" que dispara su aparición. El nacimiento de un hijo, la muerte de un ser querido, un accidente o incluso una mudanza pueden colaborar para que tengamos un brote de herpes o un empuje de psoriasis, para que se desencadene el vitiligo, o para que se nos caiga el pelo. Es común que pocos meses después de un acontecimiento muy estresante, el cabello se caiga en gran cantidad, y a veces de a mechones (muchas mujeres que han tenido hijos lo saben bien). La preocupación en estos casos es el miedo a perder todo el pelo, algo que genera también estrés y colabora a que se mantenga el problema. La buena noticia es que estos casos de alopecia generalmente tienen una muy buena evolución y se revierten completamente. Otro tipo de pérdida de pelo es la llamada alopecia areata, que también está íntimamente vinculada a la esfera psiquiátrica. En ella se pierde el cabello de un área muy circunscripta tanto del cuero cabelludo como de la barba. Popularmente conocida como "peladilla", hay muchos tratamientos que se pueden establecer, donde la ayuda de un especialista de la salud mental es fundamental. Si bien en la mayoría de los afectados se logra una repoblación de la zona en un lapso variable, también existen los casos en donde progresa y se generaliza, abarcando todo el cuero cabelludo, cejas, pestañas y el resto del vello corporal, causando un estigma social, con el que no todas las personas se acostumbran a convivir. Precisamente, otra de las vinculaciones de los trastornos de la piel y la psiquiatría es la repercusión que muchas enfermedades dermatológicas tienen en la vida de relación. Esto es algo muy personal, ya que sólo quien lo padece sabe el sufrimiento que implica tener que ir a una fiesta o a la playa y exponerse a la mirada de mucha gente, o simplemente tratar diariamente con los compañeros de clase o del trabajo. No es necesario que un adolescente tenga un acné muy severo para que el problema repercuta en su comportamiento, modelando una conducta introvertida o violenta. Hay muchos estudios que concluyen que el tener acné es causa de profundas depresiones en los jóvenes, y en algunos casos el motivo de suicidios. Por otra parte, también existe un grupo de enfermedades dentro de las psicodermatosis que son el reflejo en la superficie cutánea de patologías de origen psiquiátrico. Entre ellas, está la dermatitis facticia, que se caracteriza por lesiones autoprovocadas, algo que puede hacerse en forma consciente o no. De todas formas, lo habitual es que el paciente niegue tener alguna responsabilidad en su origen, por lo que, una vez que se descartan otras causas y se llega al diagnóstico, es muy difícil convencerlos de que es un problema que debe ser tratado por un psiquiatra. También existen las llamadas excoriaciones neuróticas, que provocan heridas por un rascado insistente sobre la piel sana, o la tricotilomanía, en donde el paciente se arranca el pelo.

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