LIC. VERÓNICA MASSONNIER
La "tendencia verde" apareció en el escenario hace ya muchos años en la inquietud por el cuidado del ambiente, por una alimentación más saludable, por una calidad de vida más apacible, por un espacio con menos toxinas. Las expresiones varían, pero en el fondo está la misma preocupación.
Hoy observamos que esta corriente gana espacios y apunta a unir dos caminos: lo eco-lógico se une con lo eco-nómico. Así, sus expresiones impactan incluso la vestimenta: "no es de extrañar que las dos preocupaciones principales del momento, la crisis económica y el calentamiento del planeta, acaparen la atención de las marcas de moda más importantes que, este verano, plagan sus respectivas colecciones de prendas ECO-friendly, es decir, ecológicas y económicas al mismo tiempo".
Las voces comienzan a sumarse desde diferentes ámbitos: ropas fabricadas con algodón orgánico, bebidas en botellas reciclables, bolsas reutilizables. La propuesta de muchos es salir del consumo intenso y desenfrenado para apuntar a un mejor aprovechamiento de los recursos. Cuidar el planeta significa entonces gastar los recursos de manera consciente, tanto si se trata del agua como de la energía eléctrica, como del petróleo, y lo mismo tiene sentido en la economía personal ¿para qué comprar cuando podemos reciclar? ¿Por qué ir a un nuevo modelo cuando el anterior todavía cumple con todas las prestaciones necesarias?
Los descreídos piensan que una parte de estos movimientos son respuestas a una "moda" en la que nadie desea quedar fuera. Algunos hablan incluso del "marketing verde" o definen estas acciones como "maquillaje": algo que nos embellece visualmente, pero que no altera la esencia de las cosas. ¿Se trata entonces de convicción o de mero oportunismo?
En muchos sentidos, es posible que la sociedad se conecte con todas estas cosas desde el lado del "deber ser": deberíamos ser más cuidadosos, menos consumistas, comer con mayor lentitud, beber menos refrescos y más agua. ¡Cierto! Pero al lado de esas creencias aparece la difícil realidad: estamos cansados, nos gratificamos con ciertas comidas que tal vez no sean las más sanas, compramos por el simple disfrute de comprar.
Sin embargo, y más allá de los descreídos, los estudios de opinión pública muestran una corriente que se acerca más al "querer ser": tal vez todavía no somos tan cuidadosos del ambiente, ni comemos tan sano, pero aparece cada vez más una aspiración que nos conecta con esas metas. Así, la "tendencia verde" está alcanzando niveles cada vez más masivos, y dejando de ser un discurso de minorías intelectuales. Es verdad, todavía están en desarrollo los movimientos de la "moda ética" y son manifestaciones puntuales. Todavía no han crecido suficientemente las expresiones del Comercio Justo. Pero la sociedad está dando algunas señales, y si bien no ha logrado llevar todos estos modelos a su vida cotidiana, los va incorporando de manera gradual.
Los niños son tal vez la primera señal: muchas madres están preocupadas por dar a sus hijos una alimentación más saludable, muchos niños están preocupados porque sus padres dejen de fumar. Así, los ambientes libres de humo no son ya solamente una imposición sino, para muchos, una convicción. ¿Gradual? Cierto. ¿Insuficiente? Es posible. Pero cada vez se trata un poco menos de "pintarnos de verde" y se transforma en una expectativa a realizar. Y así son los cambios sociales: comienzan muchas veces como una expresión de minorías y se van transformando en aspiraciones de las mayorías hasta instalarse, cada vez más, como realidad cotidiana.