Sin conciencia ambiental

| Lo de las bolsas naranjas y blancas en supermercados no dio los resultados esperados. Con nuevas políticas se intentará educar y formar. Hay voluntad de los uruguayos, pero falta mucho en sus hábitos.

 20090606 360x250
El País

MARÍA INÉS LORENZO

A veces los hurgadores venden papel mezclado con pedregullo para que pese más lo que complica el proceso de reciclaje. Un programa del Mides busca entrenarlos

Anteayer, fueron menos las personas que tiraron papeles en la calle y más las que se preocuparon por utilizar pocas bolsas del supermercado y separar las botellas de los restos de comida al tirar la basura. Hoy ya no. Es que la mayoría de los uruguayos sólo toma conciencia de los beneficios del reciclaje el Día Mundial del Medio Ambiente, que celebró una nueva jornada este viernes. Fue la oportunidad para repasar una alerta ecológica: la sociedad no tiene incorporados los hábitos de reutilización de residuos. Y no por falta de interés, sino de educación. "No se sabe cómo separar la basura ni qué hacer luego con ella", señala Eduardo Pereyra, director de la División Limpieza de la Intendencia de Montevideo (IMM).

A eso se suma el hecho de que los precios del cartón y el plástico bajaron muchísimo en los últimos años (hasta más del 50%) y no es negocio para los clasificadores venderlos; por tanto, tampoco los recogen, indica Agustín Iturralde, de Compromiso Empresarial para el Reciclaje (Cempre), ONG que promueve la reducción de residuos en Uruguay. "Pese a eso, la preocupación por el medio ambiente está creciendo", asegura, también desde allí, María José González. Al menos por parte de ministerios, intendencias, ONG, cooperativas y la propia Cámara de Industrias. Todos trabajan para inculcar en el país una cultura de reciclaje, con dos fines: que las calles luzcan más limpias y que se logre disminuir costos.

Según estudios ecológicos, para fabricar una tonelada de papel nuevo se necesitan 7.600 kilowatts de energía eléctrica; si es reciclado, sólo se requieren 2.850 kws. Producir una tonelada de latas de aluminio nuevas demanda 17.600 kws; si se reutiliza el material se necesitan 750. Más datos: recuperar 2.000 kilos de plástico equivale a ahorrar 1.000 litros de petróleo, y, por cada tonelada de papel reciclado mueren 17 árboles menos. Con su reciclaje, además, se reduce hasta un 60% el consumo de agua.

"Si se aprovechan los residuos, se preservan los recursos naturales y disminuye más del 50% la contaminación", acota Pereyra. De ahí que, como las bolsas naranjas dispuestas en los supermercados de la capital para clasificar los productos reciclables -como plástico, vidrio, cartón y metal- no han tenido éxito, la Intendencia instaló hace un mes cien contenedores, también naranjas, en Buceo Sur y Norte. "Por el momento los vecinos están entusiasmados y separan adecuadamente la basura", asegura Pereyra, y adelanta que en los siguientes tres meses se colocarán otros 300, distribuidos en Punta Carretas, Pocitos, Malvín y Centro. "Ahora estamos promoviendo que las personas aplasten los plásticos y desarmen las cajas de cartón para que se aproveche más lo que se tira", detalla el director de Limpieza.

En Montevideo, hay 7.300 contenedores para las 1.800 toneladas de basura que los capitalinos generan cada día y que luego se depositan en la Usina de Disposición Final. El 62,5% corresponde a residuos alimenticios y el resto a materiales reciclables. Hasta ahora, todo quedaba junto, a la espera de una degradación natural en el suelo. "Muchos plásticos y cartones no se podían reciclar porque estaban mezclados con otros productos. Los contenedores naranjas se crearon justamente para terminar con ese problema", indica Pereyra, aunque agrega que los recipientes tampoco son la panacea. "Dependerá de la colaboración de los habitantes".

Bic ecológica. La recolección de basura de la capital también pasa por los hurgadores, quienes venden los residuos que se pueden aprovechar a empresas o cooperativas de reciclaje. Una de ellas es Los Tornos SRL Garré, que recicla unas 30 toneladas de plástico por mes para fabricar bolsas de nylon. "Las personas le dan cada vez más importancia a la reutilización de desechos. Cada 15 días nos visitan distintas escuelas cuando hace dos años atrás no venía ninguna", revela Javier Garayalde, integrante de Los Tornos.

Ubicada en el parque tecnológico del Cerro, la cooperativa Nibolpast recicla 2.500 kilos de plástico por día. "Diseñamos baldes y palas, jarras de leche, frascos de shampoo y limpieza doméstica, y cajones de bebidas", detalla Luis Falla, miembro de la cooperativa también responsable de las lapiceras Bic. "Si bien el reciclaje mejoró, aún falta tomar conciencia sobre sus beneficios y sobre cómo clasificar. El plástico, por ejemplo, se estropea mucho porque se lo mezcla con productos laminados que dificultan enormemente su reciclaje", señala Falla, quien asegura que no ha tenido una buena experiencia con varios hurgadores que le venden ese material. "A veces te lo traen mezclado con pedregullo para hacer más peso, y ahí el proceso de reciclaje se complica", confiesa, y de inmediato aclara que no lo hacen por maldad, sino por desconocimiento.

Ese es uno de los motivos por los que el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) elaboró hace tres años el programa Uruguay Clasifica, que consiste en capacitar a los hurgadores a través de clases de alfabetización y reciclaje, para incluirlos en el mercado laboral de manera organizada. Tarea más que necesaria, sobre todo si se tiene en cuenta que en Uruguay hay 7.545 hogares con al menos un integrante que declara la separación de residuos como su ocupación principal, según un relevamiento de esa cartera. "La idea es nuclear a los clasificadores en cooperativas para formalizar su trabajo y que obtengan una vida más digna. En definitiva, ellos contribuyen en el cuidado del medio ambiente", dice Patricia Zubeldía, del Mides. Dentro de esta iniciativa, los clasificadores reciben un sueldo de 3.000 pesos y un uniforme acorde a su labor. Una vez capacitados, salen a buscar los residuos puerta por puerta. "Generalmente lo hacen una vez a la semana, y hasta el momento los vecinos han separado muy bien la basura", asegura Zubeldía. En total, se han capacitado unos 400 clasificadores. El proyecto Uruguay Clasifica también contribuye a reducir los riesgos sanitarios y el trabajo infantil derivados de la recolección informal.

Menos bolsas. Dentro de los diferentes materiales reciclables se distinguen: papel y cartón, vidrio, metales (hojalata, aluminio, plomo, zinc) y plásticos (polietileno, poliestireno y prolipropileno). Los que más se reutilizan en Uruguay son el plástico y el cartón, porque captan un mayor mercado, afirma desde Cempre, María José González, y agrega que un mismo material se puede reciclar hasta cuatro o cinco veces. Una botella de 340 gramos de vidrio, por ejemplo, da lugar a otra igual, sin ninguna pérdida en su calidad. No se generan residuos ni productos secundarios en el proceso porque el vidrio es uno de los materiales 100% reciclables. El plástico también, pero el problema es que su reciclado no se puede explotar del todo porque las personas lo desperdician más, agrega Pereyra, de la IMM. Basta ir a la playa para ver las bolsas de nylon, leche, o botellas que flotan en el mar. "Los contenedores naranja se instalaron (entre otras cosas) para revertir ese problema, pero las autoridades nacionales también tienen que imponerse porque sino nuestro trabajo es en vano", señala el funcionario.

En Uruguay existe una ley (17.849) que establece que las empresas e industrias que colocan en el mercado productos envasados en plástico tienen que responsabilizarse de que esos materiales no queden tirados por ahí una vez que la persona los usó. "Y eso no se cumple", denuncia Pereyra. "Llevar el control de los productos que se desperdician no es sencillo. Quien lo coordina es la Cámara de Industrias, y hay 400 empresas adheridas a esa gestión. Si bien la implementación de la ley es lenta, se está avanzando", opina González.

Visión va, visión viene, el exceso de residuos de bolsas plásticas es real, y por eso la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) lanzó hace tres semanas una campaña para tratar de reducir su consumo y promover su sustitución por materiales de más fácil degradación. "La idea es promover un cambio cultural en la población hacia un uso responsable y racional de las bolsas", explica desde la Dinama Anabel Vidal, licenciada en Bioquímica. "Muchas veces en los supermercados se ponen dos o tres productos por bolsa cuando perfectamente entran más. Si se utilizaran menos bolsas disminuiría la contaminación porque también habría menos posibilidades de que aparezcan tiradas", reflexiona.

Al parecer, los uruguayos no tendrían problema en colaborar. Según una reciente encuesta de Equipos Mori, el 74% de la población estaría dispuesta a usar menos bolsas de plástico al salir del supermercado, y el 69% aseguró que recurriría a la "chismosa" o carrito de feria para disminuir su consumo. "Ojalá se tome verdadera conciencia sobre el cuidado del medio ambiente, porque debe ser una de las pocas tareas en las que, más que dinero, se necesita voluntad", dice la bioquímica.

Aprender a desechar

En los contenedores naranja se vierten los residuos reciclables: vidrio, envases de plástico aplastados, metales, papel limpio y cartón. En los verde, se vierten los desechos domiciliarios: restos de comida, pañales, latas de aerosol, bolsas y papeles sucios.

El plástico es de los materiales más reciclados en Uruguay, pero para llegar a ese proceso no se lo debe mezclar con aluminio. El papel es otra estrella de reutilización, siempre que no esté satinado o húmedo. El mercado del vidrio, en cambio, ha disminuido. Ese material puede reutilizarse en buen estado o roto. No tiene un mercado local; se exporta a Brasil y Argentina.

Fuente: Ong Cempre (Compromiso Empresarial para el Reciclaje).

Enseñanza de color naranja

Las bolsas de nylon naranja que la Intendencia de Montevideo promueve desde hace dos años en los supermercados de la capital para separar los productos reciclables no tuvo el éxito deseado. Desde la comuna, se estima que menos del 30% de la población ha clasificado los residuos a través de ese sistema. "Los montevideanos no depositan los materiales reutilizables en casi ninguno de los 46 centros de acopio de basura, y tampoco colocan las bolsas cerradas, como corresponde, en los contenedores verdes, señala Eduardo Pereyra, director de la División Limpieza de la Intendencia.

Según él, eso no ha sucedido porque antes no se había organizado un circuito de contenedores para residuos recuperables. "Creemos que con la implementación de los recipientes naranjas las personas van a incorporar gradualmente los hábitos de reciclaje. Al menos por ahora la repercusión ha sido satisfactoria, y se nota mayor interés por el cuidado del medio ambiente", indica Pereyra.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar