"Quiero irme por la puerta grande"

| Los mismos jugadores a quienes les dijo "menos playstation y más fútbol" fueron los que le pidieron el año pasado que no se fuera. "El Polilla" Da Silva parece parco pero se emociona cuando lo recuerda. Hoy, en uno de los mejores momentos de Defensor Sporting, el técnico habla de los logros y sinsabores del deporte que lo atrapó a los cinco años, y del que nunca se desprendió.

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El País

MAGDALENA HERRERA

El reconocimiento le llegó más tarde, señala, porque nunca jugó en Nacional o Peñarol. Confiesa que no se mareó nunca, gracias al sostén y apoyo de su esposa.

Hoy no será un día más para Jorge "El Polilla" Da Silva (47 años). Al vestirse no olvidará los calzoncillos rojos que lo acompañaron semanas atrás en la Bombonera en un partido que, reconoce, no sólo fue un clic para su querido Defensor y los futbolistas que dirige, sino también para su carrera como director técnico. Los contactos para contratarlo desde el exterior comenzaron a ser cotidianos. Confiesa que es momento de irse, porque lo quiere hacer por la puerta grande. Pero restan partidos claves por delante, y eso es lo que hoy importa, aclara. El objetivo primordial: el Campeonato Uruguayo, que hoy se juega una buena parada. En segundo lugar, la Libertadores, de la que Da Silva ya está orgulloso por la performance del equipo violeta. "Más allá que la Copa es un torneo que seduce por la imagen y prestigio, tenemos una realidad: la posibilidad de convertirnos en bicampeones a nivel local. Y esa es nuestra prioridad".

-Casi todas las entrevistas, notas o biografías sobre usted comienzan cuando tenía 14 o15 años e ingresaba a las inferiores de Defensor. Pero, ¿cómo fueron esos primeros 14 años? ¿Qué características tenía su familia, de la que salen dos jugadores profesionales?

-Primero fue la pasión de mi padre por el fútbol. Empecé en baby fútbol con 5 años, en la Curva de Maroñas. Tanto mi padre como mi madre me acompañaban a todos los partidos siempre. Lo mismo ocurrió con mi hermano (Rúben Da Silva, ex jugador de Danubio). No era que fuera mal estudiante, sino que no me interesaba. Ser jugador profesional se transformó en mi único interés.

-¿Hasta que año estudió?

-Hasta tercer año de Secundaria. Lo intenté pero se empezó a complicar por los horarios de los entrenamientos. Vivía en Maroñas y tenía que ir hasta Camino Carrasco y Pichincha todos los días. Y a los 15, 16 años, cuando empecé a ascender en juveniles y vi posibilidades, decidí dedicarme de lleno. Más allá que es un riesgo porque no siempre querer algo significa llegar.

-¿Por qué "El Polilla"?

-Por Alfredo de los Santos, el "Polilla", que en Nacional jugaba de 9, de zaguero, de lateral. Me ocurrió una situación similar en las juveniles de Defensor. Un poco en broma empezaron a decirme Polilla. Quedó, y después lo heredó mi hermano. Pero el apodo es para la gente del fútbol; en casa no era el "Polilla". No me agradaba porque no tenía mucha relación conmigo.

-¿Qué recuerdos tiene de su barrio, su hogar, en Maroñas?

-Era un hogar muy humilde. Mi viejo laburaba todo el día, y nosotros por suerte no tuvimos que salir a trabajar. También el barrio era humilde, pero brindaba la posibilidad de tener mucho tiempo para lo que uno quería hacer todo el día: jugar al fútbol.

-¿Aún tiene amigos de aquellos tiempos?

-No, he dejado de verlos porque me fui muy joven al exterior. Rara vez me encuentro con alguno.

-Defensor, ¿hincha de antes o cuando comienza a jugar allí?

-Cuando empiezo a jugar. No digo de qué equipo era porque puede dar para malos entendidos.

-¿De uno de los dos grandes?

-Sí, lógicamente. Pero inmediatamente que llegué a Defensor empecé a tomarle un cariño especial. Estuve muchísimos años de mi vida ahí como jugador: debuté, me fui, volví y me retiré. Es un orgullo para mi haber jugado solo allí. Hoy soy el más fanático del club.

-¿Cómo fue ese pasaje de un club chico como Defensor...

-(Da Silva esboza una sonrisa).

-Bueno, de un club que entonces era chico hacia el Valladolid, en España. ¿Cómo fue ese salto?

-Fue un cambio tremendo. Además, era otra época: me enteré por la prensa que me había venido a buscar un equipo español, llamado Valladolid. No sabía ni que existía, ni que era una ciudad. No había la difusión que tiene ahora el fútbol europeo. Hoy cualquier niño o joven conoce a todos los equipos de Italia o España. En aquel momento, yo no sabía nada. Fue todo muy rápido: me enteré en diciembre de 1982 y ese mismo mes, el 24, con mi señora nos casamos para irnos juntos. Yo tenía 21 años y ella 19. Y, más allá que se extrañaba mucho, nos aferramos a esa gran posibilidad. Yo iba en préstamo por seis meses, en una época que era muy difícil llegar a Europa porque solo se permitían dos extranjeros por equipo. Sabía que era la gran oportunidad, y me adapté rápido. Mi señora fue el puntal más importante de mi carrera. Siempre digo que ella se lleva una parte muy importante de los logros cosechados. Ha sido el sostén en buenos momentos y también en aquellos que por ahí no fueron los mejores, tanto en la época de jugador como ahora, de entrenador, que es aún más complicada.

-Apenas con 20 años llegó a Europa y cosechó goles, premios, la primera Copa para el Valladolid y hasta un Pichichi en 1984. ¿Fue la etapa más gratificante como futbolista?

-A nivel individual, sí. Fue el logro más importante y quizás no le di demasiada dimensión. Tenía 22 años y no me daba cuenta. Lo tomé como normal. Pero ser goleador en un equipo como el Valladolid que estaba peleando el descenso, sin haber hecho uno solo de penal, fue una suerte de hazaña. Hoy lo veo a la perspectiva y me doy cuenta. No supe hasta hace un par de años, cuando Diego Forlán salió Pichichi por primera vez, que habían pasado 20 y pico de años y el único uruguayo que había logrado ese trofeo en ese tiempo había sido yo. Hoy le doy un valor enorme.

-Ante una entrevista, uno intenta averiguar todo lo posible, preguntar opiniones, a favor o en contra. En su caso llama la atención que, en un ambiente difícil como el fútbol, ha cosechado mucho respeto, de gente de Nacional, Peñarol, hinchas, futbolistas, dirigentes, técnicos. ¿Cuál cree que es la diferencia que tiene con respecto a otros que también intentan hacer lo mejor en lo suyo?

-En este país cuesta mucho lograr un reconocimiento a la carrera o trayectoria si uno no jugó en uno de los dos cuadros grandes. Creo que recién ahora estoy lográndolo. Cuando tuve mis pasajes como futbolista en la Selección, hubo momentos críticos. Quizás ahora, al entrenar a Defensor y formar parte de algo que está saliendo realmente muy bien, se empieza a cosechar el reconocimiento en la calle. En mi trayectoria como jugador no lo había sentido. Con relación a la forma de manejarme, trato siempre de tener un perfil bajo, no me gustan demasiado los medios e intento no meterme con nadie, mucho menos con compañeros.

-Muchos jugadores se han mareado tras ingresar en un ambiente que mueve cifras millonarias, entre otras cosas. ¿Le pasó?

-Siempre hay algún momento en que uno se marea. A veces no se está preparado para tanta cosa que puede llegar y que cambia muchísimo la vida. Luego de Defensor pasé, en cuestión de semanas, a vivir en hoteles cinco estrellas, viajar en avión constantemente. A veces cuesta. Por eso la familia es tan importante. Siempre hablé todo con mi señora, y sabíamos que debíamos mantener conducta y profesionalismo, para que los logros no se fueran rápido. No es fácil. No es que justifique a los jóvenes, pero como estuve del otro lado puedo comprenderlos. Uno intenta que reaccionen rápido y se den cuenta que hay que saber manejarlo, inclusive para ir más arriba. Quizás suceda eso: en vez de aprovecharlo para seguir creciendo, nos estancamos, e incluso terminamos otra vez como al principio.

-¿Cómo se logra?

-A veces me cuestionan por eso pero soy de la idea de no ser ni demasiado eufórico en los momentos de gloria ni dramático en los bajones. Uno sabe bien cómo es esta carrera. Yo estuve dos años y medio sin trabajar después que dirigí la selección juvenil. Me tocó pasarla mal; nadie te llama. Hoy me va bien, me alegro porque uno trabaja para eso, estoy feliz y viviendo un momento maravilloso. Pero sé que estas carreras tiene altibajos, y quizás en un tiempo me toque estar allá abajo. Entonces, trato de encontrar un equilibrio.

-Aunque parece serio y hasta parco, se lo vio llorando abrazado a sus jugadores. ¿Qué lo emociona?

-Lógicamente. Creo que soy de llanto fácil y ciertas situaciones no se controlan. El otro día en la Bombonera era difícil aguantar las lágrimas al ver a todos mis jugadores abrazados. Se ha luchado, hecho un gran esfuerzo y puesto mucha dedicación. Bueno, eso a uno lo quiebra. Como cuando el año pasado los jugadores vinieron a pedirme que no me fuera. Son situaciones fuertes.

-¿Desde qué lugar se vive más presión, técnico o futbolista?

-Siempre le digo a mi señora que termino más cansado sentado o parado afuera que jugando los 90 minutos. Por momentos se siente impotencia de no poder revertir las cosas o cuando se grita y no te escuchan. Es estresante y desgastante. Está la obligación de ganar. La presión es mayor, por algo si un club no funciona quién se va es el director técnico. El futbolista es parte de un equipo, la responsabilidad es compartida.

-Se habla de un alejamiento suyo, con posibilidad de volver a Colombia como técnico. ¿No es un país difícil para vivir con la familia?

-No sé si es difícil, es diferente. Pero el colombiano es una persona muy amable y acogedora del visitante. Nosotros estuvimos seis años y vivimos muy bien. No tuvimos ningún problema. Uno debe adaptarse al lugar, saber lo que se puede o no hacer, a dónde ir o no. Mis hijos fueron a la escuela durante esos años sin problemas. Por supuesto que hay cosas a las que uno no está acostumbrado: en los condominios, los guardias están totalmente armados al lado de los chicos. Esas cosas impactan. Estuve en la época quizás más dura, cuando estaba en guerra el Cartel de Cali con el de Medellín. América de Cali, donde jugaba, era un equipo algo identificado con el Cartel de Cali. Y el Nacional de Medellín con el cartel de Medellín. Éramos rivales. Ir a jugar a Medellín generaba situaciones extrañas como salir del estadio en una tanqueta blindada, o tener 15 soldados del Ejército en el pasillo del hotel. También se dieron varios atentados y algo de temor es inevitable. Pero Cali es muy tranquila y linda.

-¿Cuántas ofertas tuvo del exterior en estos dos años?

-Deben de haber sido más de diez, seguro. Sólo del fútbol colombiano, creo que tuve siete de diferentes equipos, además de alguna de Paraguay, otra posibilidad en Argentina, y de países más lejanos.

-¿Qué lo retuvo?

-En dos oportunidades estuve a punto de alejarme. Una fue a fines de 2007, cuando tenía una oferta importante del fútbol colombiano. Pero habíamos ganado el Apertura y vino el presidente de Defensor a casa para que me quedara porque estaba la posibilidad de ser campeón uruguayo, algo que no se lograba desde hacía 17 años. Lo hablamos con la familia y decidí quedarme con el objetivo de lograr ese título que iba a ser muy importante para el club pero también para mi carrera. A mediados de 2008 se gana el Campeonato, y surge una nueva posibilidad de salir. Estaba convencido de que era el momento. Pero los jugadores me pidieron que no me fuera. Fue algo que me sorprendió porque no es normal que suceda. Eso, sumado al cariño que me demostró la gente de Defensor y un poco lo familiar (tengo cuatro hijos, el menor de 7 años), llevó a que me quedara. Ahora estamos nuevamente en esa situación. Voy a esperar: no es momento para decirlo públicamente.

-Pero públicamente ha dicho que cumplió un ciclo.

-Sí, y es verdad. Ha sido muy importante lo que se ha ido consiguiendo y está la posibilidad de volver a ser campeón uruguayo, además de las buenas participaciones en las copas. El club ha crecido y obtenido un reconocimiento importante. Se han transferido cantidad de jugadores a grandes equipos. Pero todo ciclo tiene un principio y un final. Por otro lado, de Defensor me quiero ir por la puerta grande. Y sé que esto es una calesita. Hoy estás muy bien pero mañana los resultados no son los mejores. Y la gente que pide y junta firmas para que no me vaya, seguramente no esté tan convencida en otro momento. Me quiero ir en el mejor momento porque además sé que, en cualquier momento, voy a volver a Defensor. Me parece que este es el momento justo.

-¿Colombia es buen destino?

-En esta profesión uno no cierra nunca una puerta. He tenido muchas llamadas. El partido frente a Boca fue un clic especial porque ahora sí hay un reconocimiento más importante. Pero hoy no tengo nada comprometido con nadie.

-Selección, ¿recuerdos de alegría o de frustración?

-De los dos. Estar en una selección es una alegría y un orgullo enormes para cualquier futbolista. Todos apuntamos a eso. Fue importante para mí el Sudamericano Juvenil en Ecuador así como la participación de Uruguay en el Mundial. Yo tenía cuatro objetivos primarios: jugar a nivel profesional, ir al exterior, integrar la Selección y jugar un Mundial en 1986. Pude lograr los cuatro. Y viví momentos maravillosos con el combinado celeste, así como también de tristeza. Recuerdo el 6 a 1 contra Dinamarca. Fue algo que nos marcó a todos, una de las derrotas más grandes que debe haber sufrido el fútbol uruguayo. Pero generalmente uno intenta recordar los momentos lindos.

-¿Podría venir una revancha desde la dirección técnica?

-No sé, no tuve una buena experiencia. Fue una satisfacción haber trabajado en la Selección junto a Víctor Púa, pero es muy duro dirigir el combinado de este país. Es difícil dejar conformes a todos. Me parece que este no es el momento. No digo que no, porque como jugador uno siempre aspira a estar en la Selección. Es un vicio sin el que no podemos vivir.

La inseguridad, Paco Casal y la Selección

Uno de los temas candentes también preocupa a Jorge Da Silva. La inseguridad sorprende incluso al DT de Defensor, que no vio en seis años en Colombia el nivel de violencia al que se llegó en Uruguay. "Es de raíz social pero involucra otros aspectos como las drogas. No sabemos cuál será la solución pero da miedo", dice.

-¿Qué siente cuando uno de sus hijos adolescentes le dice que va a ver un partido?

- A ciertos partidos no los dejo ir, dan excesiva preocupación. Es un tema social y general. Basta mirar el informativo para ver las cosas que ocurren. Pero, también a nivel deportivo se deben tomar medidas. Somos un país chico en el que se puede identificar perfectamente a la gente que promueve todo eso. Porque si dejamos que siga ni los propios actores vamos a ir. En más de un partido me las vi difícil.

-¿Francisco Casal fue representante suyo?

-Unos años cuando salí del Atlético de Madrid hacia River. Pero más que representante somos amigos.

-Tiene seguidores y detractores. ¿Casal le hace bien o mal al fútbol uruguayo?

-Le hace mucho bien. Más allá que uno pueda discrepar con el manejo de una u otra situación, hoy el empresario es una necesidad. Si no hay intermediarios, casi no existen transacciones con equipos grandes. Paco le ha dado mucho al futbolista. Quienes lo conocemos, sabemos que lo más importante para él es el futbolista. A cierta gente eso no le gusta.

-¿Cómo ve la Selección?

-Bien, me gusta. Se está trabajando en forma seria y veo a los jugadores muy comprometidos. Ojalá se pueda consolidar todo el trabajo con resultados. Me tocó vivir la experiencia como técnico ayudando a (Víctor) Púa. Cambiaron mucho las Eliminatorias con respecto a cuando yo jugaba, que podíamos estar dos meses juntos entrenando. Había otra disposición de los equipos para prestar jugadores. Hoy es imposible. El futbolista uruguayo se va muy joven, y muchas veces no juega, que es algo que personalmente no comparto. Prefiero ganar 5 pesos y jugar, que ganar 10 y no jugar. Entonces, al conformar la Selección los mejores están afuera, pero a su vez no juegan. Ahora por suerte la gran mayoría está jugando.

FÚTBOL Y ALGO MÁS

Un jugador uruguayo de todos los tiempos. "De los que yo vi, Enzo Francéscoli".

La AUF. "Es difícil analizar sus problemas pero el fútbol uruguayo cuenta con gente muy capaz. Tiene que llegar un momento en que se hagan las cosas. Sé que no debe ser fácil gobernar, con justicia y coherencia, teniendo en cuenta todos los problemas que existen. Lo que está claro es que estamos en crisis, con un presidente que se fue por las presiones".

El mejor plantel del mundo. "Hoy me gusta mucho el equipo del Barcelona. Me siento identificado con su juego, con ese fútbol. Lo disfruto".

El mejor seleccionado. "Es muy cambiante. Pero creo que el español es uno de los más fuertes".

Diego Forlán. "Hoy por hoy, es el mejor jugador uruguayo. Tuve la suerte de trabajar cerca de Diego y me sorprendió, en aquel momento, lo excelente profesional que era ya muy joven. Se quedaba una hora después de cada entrenamiento pateando, definiendo. Lo que le está sucediendo es producto de todo lo que fue su carrera profesional. Es un tipo que quiso y quiere mejorar todos los días. Ojalá Uruguay tenga muchos más futbolistas como él".

Interés en la política. "Poco, casi nada. Como en todo, tengo mi punto de vista pero trato de no meterme mucho".

Maracaná del 50. "La hazaña más grande del fútbol uruguayo. A veces cuesta creer que se vivió, cuesta pensar que los futbolistas pudieron lograr eso. Era algo que no cabía en la cabeza de nadie. Son esas cosas que sólo los uruguayos son capaces de hacer. El otro día, hablando con los muchachos después del partido con Boca, en cierta forma recordaba eso. Salvando las distancias, cuando un grupo uruguayo está convencido de algo es capaz de lograr cualquier cosa".

Algún arrepentimiento. "Errores sí, arrepentimiento no".

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