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Domingo 24.05.2009, 18:57 hs l Montevideo, Uruguay
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Domingo


Actualidad

Bandera libre a los peligros

Los trabajadores del volante confían en un "sexto sentido" para evitar situaciones riesgosas. Lo primero que se toma en cuenta es la "pinta" del posible pasajero. | No les gusta hablar de zonas rojas, pero hay barrios a los que no entran o no levantan pasaje. La noche de un gremio donde el compañerismo está en baja.

LEONEL GARCÍA

Puede pasar cualquier noche, en cualquier calle de cualquier barrio. Un caminante levanta la mano para parar un taxi. El conductor contesta con un juego de luces. Eso tiene dos finalidades para el chofer: la más conocida apunta a avisarle al transeúnte que lo vio; la segunda, disponer de un segundo o un segundo y medio para una rápida radiografía del candidato a pasajero. "La ropa puede no influir tanto, pero hay algo en la cara, en la expresión, en la mirada... es como que un sexto sentido te está avisando de un peligro. Y no lo levanto". La radiografía da un resul- tado negativo. El caminante se queda en la calle y el coche sigue viaje. "Me podré equivocar, pero son las menos de las veces". Quien habla es Carlos Gil Mancini, un taxista con 24 años de experiencia en la noche. Y ese es uno de los "piques" que tiene para sobrevivir en Montevideo, durante ese turno.

Otro taxista de mucha experiencia es Elbio Nicoletti, con 31 años en el oficio. Él prefiere el término olfato a sexto sentido. Pero el concepto es el mismo. "En la noche, trato de elegir el pasajero. Es la misma situación de cuando vas caminando y en una esquina ves unas `pintas` que de seguro te la van a dar. Yo siempre le digo a mis compañeros: ningún viaje te va a solucionar la vida, pero sí te la puede arruinar. Si ves complicada la cosa, seguí de largo, por más que el propietario (del taxi) te presione para que lleves más plata".

Durante 2008, las rapiñas a los taxis aumentaron un 43,3% respecto a 2007, siendo por amplio margen el año con números más negros en un lustro. El horario de más riesgo, sostiene Juan Acevedo, directivo del Sindicato Único y Autónomo de los Trabajadores del Taxi (Suatt), es el que va de las diez de la noche a las seis de la madrugada. En este 2009, en el que ya dos taxistas fueron asesinados mientras trabajaban, los primeros datos reflejan que la situación tiende a empeorar. Y todo eso por un jornal de entre 400 y 500 pesos para los conductores.

Estas son noches de paradas vacías; de taxis volcados y de "carneros" provocadores; de la "mafia del gremio" y la "mafia de la patronal"; de patotas, presiones de ambos lados, rompehuelgas, representantes "de nadie", represores e infiltrados, todo según la perspectiva de quien hable.

El secretario de la patronal Cpatu, Mario Soca, estima que entre 2.600 y 2.900 taxis recorren habitualmente Montevideo en las noches. Pero estas últimas no son jornadas normales. Desde el gremio, donde se impulsan paros desde las 0 a las 8 horas, Acevedo dice que el pliegue a la huelga "es muy bueno, por más que la patronal haya contratado gente (rompehuelgas)", y lo estima para los choferes "entre un 60% y un 70%". No cree que la población rechace las medidas de lucha; al contrario, sostiene que la gente "sabe que luchamos por las vidas de los trabajadores". Desde la Cpatu, en cambio, señalan que las agresiones a taxis como las de hace ocho días, le han quitado todo apoyo popular al sindicato. "Además, el acatamiento no llega al 15% entre los conductores", asegura el vicepresidente, Heber Laurito.

Nicoletti es dirigente del Suatt. Gil Mancini no sólo no está afiliado, sino que tiene un mal concepto del gremio, al punto que confiesa tener ganas de "largar todo y buscar otro trabajo". Sin embargo, hay puntos en que tirios y troyanos coinciden: la inseguridad con la que tienen que lidiar para trabajar en la noche cada vez es mayor.

Zonas bravas. Desarrollar un sexto sentido y estar atento a "las pintas" no es una receta ni una solución absoluta. En el mejor de los casos, es un elemento a tomar en cuenta para sobrevivir, según relatan los propios taxistas. Otros incluyen saber cómo perder un viaje, casi con seguridad según el destino. Y a veces, cuidarse de sus propios colegas. Que en el sector se ha perdido compañerismo es algo que señalan tanto miembros del Suatt como aquellos no sindicalizados.

Los conductores dicen que no les gusta discriminar los barrios. Pero hay lugares -todos ellos vulgarmente señalados como "zonas rojas" por el inconsciente colectivo montevideano- donde no se entra, o si lo hacen, no levantan pasaje. Detenerse ahí con el embrague puesto y la primera lista ocupa el primer lugar a la hora de las recomendaciones; preferir perder el importe del viaje cuando el trámite de pagarlo se demora sospechosamente, el segundo. En varios casos, mampara mediante, el problema no suelen ser los pasajeros sentados atrás, sino quién pueda aparecer por el lado de la ventanilla del conductor o del acompañante. El sexto sentido no es infalible. Según relatan los taxistas, muchos de estos episodios que terminan en los registros de las comisarías comienzan con un hombre bien vestido en el Centro, con una mujer con un bebé en brazos desde cualquier hospital, o con una hermosa joven muy agradable; la presencia, el sentido maternal o la simpatía terminan en el mismo momento en que se llega a destino, y hay cómplices esperando. "De traje y corbata te afanan igual... a mí me sorprendió una pareja que me pidió que los llevara a un hotel de alta rotatividad en el Prado, hicieron la pantomima que discutían, me pidieron que me detuviera, me distraje, y cuando quise acordar, el tipo me estaba encañonando desde la puerta del acompañante", recuerda Nicoletti. La inmunidad a los robos no existe.

"De madrugada no entro en el `40 Semanas` ni en Cerro Norte; ahí si no te roban te rompen el auto", señala Gil Mancini. Aún así, aporta matices: "Por lo general, el que toma un taxi en Piedras Blancas, Gruta de Lourdes y la Periferia, es porque en verdad necesita el servicio. Hay que tener más cuidado cuando levantás a un tipo en 18 de Julio, por ejemplo, y te dice algo así como `de General Flores para afuera...`". Según este "tachero", una indicación poco precisa -"vamos a la zona del Cilindro", "agarrá para el Parque Rivera y después te digo", "tomá por Belloni"- tiene altas probabilidades de terminar en un robo. "Que te digan la calle y el lugar es fundamental. Por más que estés cagado, tenés que mantenerte firme. Y si no hay caso, la solución es una sola: `bajate`". Gil Mancini se jacta de que nunca un ladrón le llevó la plata, "aunque una vez en el Parque Rodó, en el `88, me resistí a un robo, cosa que hoy no volvería a hacer; eran dos tipos, y me comí flor de paliza".

Claudio, Miguel y el "Pelado" soportan el frío nocturno mientras esperan clientes en el Parque Rodó. Para los tres, el filtro es el pasajero y no el destino. El primero siempre vuelve vacío del Cerro; el segundo saca pecho: "una vez que paré y el cliente subió, voy hasta el Borro igual"; el tercero acota: "pero salimos con la bandera baja". A Miguel, la única vez que lo robaron fue por desoír a un cliente ("No se te ocurra contar la plata acá"). Un tipo surgió de la nada y lo encañonó en San Martín y la vía. "No está mal para 15 años en la noche", bromea.

Todo un signo de estos días, ninguno de los tres acepta dar su nombre completo, no aceptan fotos de ellos ni de sus taxis. "Por la numeración", explican, y por el miedo a posibles represalias en noches de pedradas y volcadas a vehículos. En estas jornadas, Tres Cruces y sus alrededores -escenario de los violentos incidentes del sábado 16- se ha convertido en un punto riesgoso durante las madrugadas para varios trabajadores.

Marcos -con los mismos reparos que sus colegas- espera clientes en la Plaza Cuba. En su caso, a la intuición le suma otros elementos de seguridad: evita las parejas jóvenes y las puertas de los bailes. Tiene bien definidos dos segmentos en los que nunca se detendría: "Propios entre Burgues y Coronel Raíz, e Instrucciones entre Propios y Antillas". La Seccional 12ª, que tiene jurisdicción en esas zonas, es una de las que tiene más registros de rapiñas a taxis.

La confianza en el sexto sentido también es sostenida por Eduardo Murriel, aunque sostiene que a la intuición hay que ayudarla por otros dos sentidos mucho más comunes como la vista y el olfato. "Es evidente, se nota a la legua, cuando un pasajero está alcoholizado, drogado o anda en una cosa rara. Larga un olor que no es normal", explica mientras circula por un Bulevar Artigas escaso en taxis libres. El habla no es un sentido, pero es otra herramienta a la que apela Gil Mancini. "El taxista tiene que hablar con el pasajero cuando se la ve fea. Si notás algo raro te conviene sacarle conversación". La teoría olfativa tiene más de un adepto. "Si ves que el tipo empieza a titubear o a transpirar, y a emitir un mal olor -no sé porqué será ese fenómeno pero siempre pasa-, enseguida tomá recaudos", agrega, sugiriendo apelar a la policía, una estación de servicio abierta (excusa: "se me rompió el auto") o apelar a los sistemas de seguridad del vehículo.

Pero cada maestro tiene su libro. Al contrario que Gil Mancini, Marcos habla lo menos posible con el cliente. "Nunca sabés cómo viene la jugada. Todos tenemos nuestros problemas y nunca sabés si te quieren hacer entrar en algo. Ya no hablo, aunque eso me cueste menos propina". En 15 años de profesión, sólo lo robaron una vez, en Peñarol.

Locura. Algunos de los taxistas consultados creen que su sector está mal mirado por la mayoría de la población. No sólo por aquellos que en el argot tachero hacen de "mulitas" -choferes que transportan droga, o ayudan a trasladar ladrones a su lugar de "trabajo", cuya existencia, con matices, es reconocida por la mayoría de los consultados- sino por la agresividad en la calle.

"Mirá cómo se tiró este animal". Desde la izquierda, un taxi dobla raudamente por Bulevar Artigas hacia Avenida Italia. Le pasa a metros del auto de Murriel, que conservaba su derecha.

"La violencia se nota en los colegas al `robarse` el pasaje, al conducir como dementes, la locura por llegar a la recaudación que le exige el encargado", y, por supuesto, "los líos entre los que están sindicalizados con los que no", agrega.

Los taxis han servido como divanes de psicoanalista, confesionario e incluso hoteles de alta rotatividad (con la participación, o no, del propio chofer). Sus conductores son también conocedores de algunas de las bocas de venta de pasta base, la misma droga que muchos señalan como la causa de la mayor violencia actual. Todo esto es reconocido por los propios implicados. Uno dice haber recibido 200 pesos por haber ido a una de esas bocas. "Me avisaron: `si hay lío, rajá`".

Nicoletti y Gil Mancini tienen visiones antagónicas sobre el Suatt. Pero ambos -por separado- apelaron al mismo ejemplo para graficar cómo se ha perdido el compañerismo en el sector. "Antes, si un compañero pinchaba en algún lugar, se acercaban dos colegas y aunque sea lo alumbraban, lo acompañaban y le daban una mano. Ahora le preguntan si quiere que le lleve el viaje", dice el primero de ellos. "Hoy podés quedar tirado, pinchado o con el auto roto, y ni te dan pelota", agrega el otro. Gil Mancini piensa en su hijo más chico, de seis años, cuando dice que ya no se resistiría a un robo, y que los problemas internos del taxi hacen que piense seriamente en otro rumbo. En varias oportunidades, Nicoletti ha ido seguido rumbo al trabajo con la despedida, entre cariñosa y angustiada, de su hija menor, de 22 años: "Cuidate mucho, papá". Para él es mucho más que un deseo de suerte. "Cuando te lo repiten mucho, te termina llegando al corazón de otra manera... es que yo sé que salgo, pero no sé si vuelvo". La angustia y los miedos no distinguen afiliaciones gremiales.

Temperatura y sensación térmica

Rapiñas en aumento: 116 en primeros dos meses de 2009

Según datos de la Oficina Central de Información Táctica (OCIT) del Ministerio del Interior, en 2008 hubo 615 rapiñas a taxis en Montevideo. En 2007 se registraron 429; en 2006, 428; en 2005, 553; y en 2004, 379. Pero en los dos primeros meses de este año se registraron 116 rapiñas a taxis en Montevideo, un número mayor que cualquiera de esos bimestres en los cinco años anteriores (en 2008 hubo 107).

En el año pasado, el 55% de las rapiñas a taxis en Montevideo se repartieron en cuatro seccionales: 17ª (117), 12ª (106), 8ª (61) y 19ª (54). Esta área comprende a los barrios Borro, Manga, Casavalle, Piedras Blancas, Gruta de Lourdes, Aires Puros, Sayago, Peñarol, Belvedere, La Teja, Pueblo Victoria, Lavalleja y el 40 Semanas.

La flota de taxis de Montevideo ronda los 3.200 taxis. Según Mario Soca, secretario de la patronal Cpatu, hay una relación de aproximadamente 2,5 choferes por unidad. "En total 12.000 familias (incluyendo talleristas, paradores, radioperadores, conductores y patrones) dependen del taxi", señala Heber Laurito, vicepresidente de Cpatu.

Sergio Pereira, dirigente del Suatt, dice que hay 1.500 afiliados al gremio.

Un nuevo sistema disuasorio, el eje del conflicto

Desde el sábado 9 de mayo, Suatt inició un paro nocturno indefinido, entre las 0 y las 8 horas, reclamando que se implementen trabapuertas y alzacristales en todos los taxis como medida de seguridad. Según el dirigente Juan Acevedo, la instalación costaría 137 dólares por vehículo. El conflicto comenzó con el asesinato del taxista Carlos García, el 10 de abril.

El Ministerio del Interior y Cpatu rechazan esta medida, indicando que viola los derechos de circulación de los pasajeros, apelando a la Constitución de Uruguay y al Pacto de San José de Costa Rica, en el entendido que el pasajero queda "secuestrado". Según el Suatt, esto no es así ya que el sistema se pondría en funcionamiento sólo en caso de riesgo. Aún así, varios usuarios de taxi cuestionaron el riesgo que implicaría para ellos quedar "encerrados" en caso de accidente.

El conflicto ha tenido episodios de violencia. Varios taxis han sido apedreados, dados vuelta e incluso fueron robadas la recaudación y el sistema GPS de algunas unidades. Desde Suatt, varios dirigentes han hablado de provocaciones y presiones por parte de la patronal que habrían justificado esos ataques, pero se deslindaron por los robos.

Medidas de seguridad como la luz azul, las radios, las mamparas y el sistema satelital GPS (presente hoy en 1.000 unidades) no han sido suficientes para reducir los robos. "Lo del trabapuertas es un elemento disuasorio más", dice Elbio Nicoletti, directivo de Suatt. "Pero no tengo duda que a la larga los chorros le van a encontrar la vuelta", reconoce.

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