"Te mandé un sms, profe"

| La relación profesor-alumno perdió verticalidad. Chicos tratan a docentes como pares, les mandan mensaje de texto y los tienen en Facebook. ¿Crisis de autoridad?

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El País

GABRIELA VAZ

Paula dejó con el novio, así que este mes estuvo con la cabeza en cualquiera", le cuenta Federico a sus padres mientras ponen la mesa. La madre hace un esfuerzo por recordar, pero en su memoria no figura ninguna Paula entre las amigas de su hijo. "¿Es compañera de clase?", se interesa. "No mamá, es la profesora de Geografía".

Quizá el escenario de un docente hablando de su vida privada en medio del aula sea un extremo (aunque casos hay), pero tal situación, impensada apenas una década atrás, hoy poco sorprende a los involucrados. Hace años ya que la relación profesor-estudiante perdió verticalidad y es cada vez más simétrica, sobre todo en los niveles de secundaria.

El dilema que se plantea es el siguiente: llamar al docente por el nombre de pila, conocer datos de su vida personal, dirigirse a él con el mismo vocabulario con el que los chicos se tratan entre ellos, comunicarse con él fuera de clase por mensaje de texto o vía Facebook, ¿menoscaba la autoridad del docente? ¿Es posible conservar el papel de referente desde el lugar de par?

GANARSE EL RESPETO. "El tema de la `horizontalización` se viene dando hace años. Se interpreta como una pérdida de autoridad pero, en realidad, lo que se pierde es la cuota de poder que estaba dada por el lugar de docente", dice el psicólogo Roberto Balaguer, quien se desempeña en liceos y trabaja con adolescentes. Antes -explica- el mero hecho de ser docente lo ubicaba a uno en un lugar de poder. La figura en sí estaba dotada de un halo de autoridad. "Hoy ese lugar hay que ganárselo", alega el terapeuta. Lo mismo opina la psicoanalista Ana Grynbaum, quien trabaja en dos liceos públicos de la capital. "Antes había que respetar porque sí, no porque (el docente) lo mereciera. Actualmente cuando se respeta a un profesor es porque se lo ganó".

En cuanto a la dinámica de los vínculos hoy, caracterizado por detalles mencionados como que los estudiantes llamen a sus profesores por el nombre de pila o lo tengan en su Facebook, Balaguer cree que muchas veces se pisa terreno fronterizo. "Si uno transita por allí corre más riesgos, sobre todo con aquellos chiquilines que son más proclives a correrlo a uno de ese lugar de autoridad. Pero esos hechos per se no menoscaban la autoridad. El docente siempre tiene la capacidad de conservarla, a través de la motivación, de que instale una relación de respeto por lo que hace y no por los papeles. Porque a los alumnos hoy no les interesa tanto quién es, sino qué hace".

Para los docentes mayores, el secreto es amoldarse y jugar con las nuevas reglas. "Los estudiantes se relacionan con nosotros de la misma forma que lo hacen con sus pares. No hay una pérdida de autoridad. Simplemente, los códigos del lenguaje han cambiado", opina la profesora de matemáticas Mónica Magnabosco, presidenta de la Asociación de Docentes de Enseñanza Secundaria (Ades). "En 33 años de ejercicio, nunca tuve un problema de relacionamiento. Sí noto que el vocabulario que utilizan a veces me es ininteligible, aunque tengo hijos de esa edad. Pero les pido que me explique qué quisieron decir y listo. No está en su ánimo faltar el respeto o `jugar una pulseada` desafiando la autoridad del docente. Para ellos, es algo normal".

Aún así, la psicóloga Grynbaum apunta que "no todos los docentes pueden funcionar en un trato muy `canchero`. Muchas veces hay un choque de códigos. Lo que para un adolescente puede ser muy simpático, para un docente puede resultar una falta de respeto".

El cambio es irrefutable. La sola investidura del profesor ya no es suficiente. Si los estudiantes tratan al docente como un par, ¿pueden dejar de "tomarlo en serio"? Puede ser, pero la falta en ese caso es del adulto, responde Magnabosco. "La barrera la rompe el adulto. Si los chiquilines se comunican con el profesor por mensaje de texto, es porque el profesor les dio su celular. En ocasiones pasa que cuando un docente va a faltar, avisa a los estudiantes y no al liceo. El docente tiene que avisar a su lugar de trabajo que faltará tal día por tal tema. Ese tipo de situaciones hace que los muchachos no sepan bien dónde están parados ni cuál es el referente".

Culpas. ¿Es posible encontrar responsables de este nuevo panorama? Hay muchas teorías, dice Balaguer. Y arriesga una: "En líneas generales, este proceso que se ve en el aula tiene su correlato en la familia también. Ésta es mucho más democrática, los roles están más diluidos, y la autoridad, si bien está en los padres, está más distribuida. Pasa lo mismo: detentar el lugar de padre no otorga (a los ojos de los hijos) la capacidad o el derecho de hacer o decir cualquier cosa".

Miguel Venturiello es maestro técnico en electrónica y da clases en UTU desde hace 18 años. Para él también todo se gesta en la familia. "Uno reproduce en clase lo que hace en su casa y, ¿cómo es el trato con los padres? Está muy desdibujado el grupo familiar base. No significa que hoy sea totalmente desconocida la autoridad, pero no es lo mismo que hace diez, quince años atrás. También es cierto que los docentes nos fuimos de un extremo al otro: del autoritarismo a dejar correr mucha cosa".

La psicóloga Grynbaum encuentra algunas explicaciones para ese cambio en la relación alumno-docente que sobrepasan los límites de la familia y el entorno inmediato. La dictadura, la sociedad de consumo y la desvalorización de la cultura son algunas (ver recuadro). Pero aún a pesar de todos esos obstáculos, "que son muy reales", sostiene que conservar la relación es posible. "Creo que se puede mantener un muy buen vínculo y establecer una autoridad basada en un respeto y en un reconocimiento, que es la única que tiene sentido".

TESTIMONIOS

Mónica Magnabosco

Docente, presidenta de ades

"A veces, cuando un profesor va a faltar avisa a los estudiantes por mensaje de texto, y no al liceo. Ese tipo de situaciones provoca que los muchachos no sepan dónde están parados ni cuál es el referente".

Roberto Balaguer

Psicólogo

"El docente puede ser llamado por su nombre de pila o estar en la misma red de Facebook de sus alumnos. Queda más expuesto, corre más riesgos, pero tampoco significa que ese hecho `per se` pueda menoscabar su autoridad"

Con cultura, pero sin éxito ni dinero

En su experiencia personal, la psicóloga Ana Grynbaum, quien se desempeña en dos liceos públicos de Montevideo, no vive un trato más intimista con los estudiantes. Pero sí considera que el antiguo soporte social que habilitaba un claro lugar de autoridad y respeto para el docente ya no existe. Y encuentra varias explicaciones.

"Antes el profesor era alguien importante, alguien que sabía, a quien había que escuchar y obedecer. Eso cambió. La gran pérdida de salario de los docentes los bajó en su estatus social. Les restó prestigio y cosas más materiales. Los chicos, que viven el mundo de la publicidad, dan valor a determinados objetos. Los docentes normalmente son pobres y no tienen esos objetos (ropa de marca, tecnología de última generación), ni una imagen como la que debería tener alguien con éxito para un adolescente".

La dictadura fue otra bisagra, según Grynbaum, porque cambió el valor del profesor. "Muchos perdieron su trabajo y entró gente que no estaba capacitada para ejercer. Ahí se desestructuró mucho la profesión en los hechos y creo que no volvió a estructurarse".

Algo parecido pasó con la cultura en general. "Ya no existe eso de que `tenés que estudiar para ser alguien`. Hoy los chicos ven a profesionales universitarios que no consiguen trabajo. Y por otro lado, los medios venden otra cosa. Los personajes que ellos suelen admirar, en general, no se destacan por su nivel cultural".

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