"Seré la mamá en jefe"

| "Barack debe seguir teniéndolas (a las hijas) como su prioridad, pese a ser el líder del mundo libre", dice la futura primera dama que ajusta detalles de la mudanza.

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El País

La flamante primera dama de Estados Unidos reniega de participar en las decisiones políticas. La desvela el cambio de residencia para sus dos hijas (de 10 y 7 años), les busca un colegio en Washington y quiere que Barack mantenga fuerte su rol de padre.

NEWSWEEK

Michelle Obama, que se ha destacado no sólo en el ámbito universitario y profesional, sino también en la acción social de ayuda a la comunidad y se reveló como una figura de decisiva importancia en la reciente campaña electoral, será protagonista de un hito en la historia de Estados Unidos, en el mediodía del 20 de enero próximo, cuando se convierta en Primera Dama. A lo largo de la movilización electoral, se convirtió en una voz que expuso con claridad, sentimiento y elocuencia los objetivos políticos de su marido, Barack Obama.

La flamante pareja presidencial electa tiene dos hijas: Malia Ann (10 años) y Sasha (7 años) y la familia apronta la mudanza a la Casa Blanca. Haciendo un alto en esas tareas y en una pequeña sala contigua al gimnasio de un liceo de Akron, Ohio, la Primera Dama entrante recibió a un periodista de Newsweek para conversar sobre cómo realizará la transición de esposa de un candidato presidencial a Primera Dama, qué temas promoverá desde la Casa Blanca y cómo quiere que Obama sea en su papel de padre mientras se desempeñe como el 44° Presidente estadounidense. Ella, por lo pronto, asegura que no desea participar de las decisiones de su esposo y al contrario: "Mi primera tarea es seguir siendo mamá-en-jefe".

-Ahora, se instalará la familia en Washington ¿Cómo lo hará?

-Aprovecharemos cada segundo de la transición para definir cronogramas y hacer todo lo que se debe hacer. La esperanza es que todos podamos instalarnos al mismo tiempo para no hacer la transición por partes de la familia en diferentes etapas. En este momento, resulta difícil tener conversaciones sobre colegios y otros temas de esa índole.

-¿Esta es la primera transición para su familia, la primera mudanza a un lugar diferente?

-Sí.

-¿Resulta sobrecogedor?

-Es sólo desconocido. Y como todo lo nuevo, parece de enormes proporciones hasta que uno define el plan. Lo que sé es que, una vez que las piezas comiencen a juntarse, en ese momento empezará lo más excitante. Cuando las chicas sepan a qué colegio irán, sabrán cómo se sentirán y sabrán cómo serán sus cuartos. Toda mi expectativa gira en torno de las chicas, asegurando que estén bien. Barack y yo… será una tarea difícil. A él le gustan las tareas difíciles. (risas). Sabemos que tenemos mucho por hacer. Es parte natural del tema. Pero, no bien sepa que las chicas estarán donde deben estar, el resto es trabajo duro, al que estamos acostumbrados.

-Como Primera Dama, ¿quiere continuar lo que hizo en Public Allies (entrena a jóvenes para ser líderes de grupos comunitarios sin fines de lucro)?

-Barack habla de una inversión más profunda en el servicio al país. Ha sido parte de su plataforma. Se ha reunido parte del liderazgo de los movimientos de servicio nacional AmeriCorps, como son Public Allies y otros, para definir la manera en que se puede usar ese modelo, ampliarlo y ayudar de una forma más creativa a hacer más accesible el costo de la universidad a los jóvenes. AmeriCorps me mostró, durante el tiempo que trabajé allí, que se pueden cerrar muchas brechas con las horas dedicadas a servicio comunitario. Se puede ayudar a los chicos a pagar por su educación, ayudar a la preservación del ambiente, atender a los ancianos, entre otras muchas cosas.

-Hay elementos de ese tipo a nivel nacional. ¿Faltan recursos, organización y no se ha enfocado lo suficiente?

-Afortunadamente, el presidente Bush mantuvo AmeriCorps, aunque sufrió por falta de recursos. Hace tiempo que no trabajo allí, por lo que no sé cómo los recortes de fondos públicos lo han afectado… Cuando estuve en Public Allies y AmeriCorps estaba en su punto cumbre, había recursos para crecer. Pude empezar un nuevo programa social en Chicago. Hubo otros en Milwaukee y estaban por abrir una sede en la costa Oeste. Pero, el reducirse los recursos, hubo que dejar de pensar en crecer. Eso significa que hay limitaciones en lo que puede hacerse por los jóvenes, los ancianos y otros.

-Public Allies es una organización diversa y usted habló de su deseo de devolverle algo a la comunidad. ¿De qué manera está orientado a personas como usted, que pueden haber salido de los barrios menos favorecidos y ahora devuelven a la comunidad?

-Intentamos mantener un equilibrio no sólo en materia de raza, sino también de antecedentes socioeconómicos y educativos… La idea de AmeriCorps es que el servicio no tiene un grado de raza, ni una edad. Con entrenamiento y oportunidades, cada uno es un potencial líder comunitario. El programa que yo dirigí intentó, de manera deliberada, asegurar que la clase reflejara ese tipo de diversidad. Asimismo, está la noción de que se puede crecer y aprender de todos… En todo momento se junta a la gente para reflexionar y recibir entrenamiento adicional y volver al concepto de que un estudiante de Derecho de Harvard puede aprender de un chico de 18 años que salvó los exámenes de educación secundaria. Se forma parte de un equipo.

-La gente espera una situación económica bastante dura. ¿Hay que reducir las ambiciones para ese tipo de servicio a la comunidad?

-Por suerte, esa no es mi tarea (risas). Esas serán algunas de las primera grandes decisiones que deberá tomar Barack para exponer su programa. ¿Cuánto se invierte en qué? ¿Qué se reduce y cómo? Vamos a tener que mirar al Presidente para tener las respuestas.

-Durante la campaña, usted se ha involucrado con las familias de militares y su odisea. ¿Cómo piensa continuar esa labor?

-Todavía no lo sé, pero cuando conversaba con ellas siempre tenía a mi lado a Oficiales de las Fuerzas Armadas. Conozco mucho sobre los temas que deben abordar las familias, pero no sabía tanto sobre la estructura militar. Un ex alto Oficial habló sobre el pasado y cómo la estructura militar fue muchas veces el lugar para probar cosas nuevas respecto de la vida familiar y de las ausencias. Ahora, no es así… Quiero ver cómo poder explorar caminos creativos para darles apoyo y luego usar esos modelos en un ámbito más amplio de la sociedad. Las conversaciones que tuve con las familias de militares eran una vertiente de las conversaciones que tenía con mujeres de familias de trabajadores. Periódicamente, me encontraba con el cónyuge que vivía solo, la mujer o el marido de una persona que está como reservista, vive en la comunidad y lucha con los mismos temas económicos, educativos y de cuidado de los hijos que el resto. Pero, además de eso, viven a solas ya que su ser más querido fue enviado lejos, por años y se quedan casi sin nadie que los apoye. Sus jefes no lo entendían, por lo que no recibían apoyo cuando su ser querido era enviado al exterior. No había sistemas de apoyo. Lo primero que quiero hacer es continuar esas conversaciones porque, como civil, quedé impactada al saber que no tenían apoyo. Creo que muchas familias estarían consternadas e indignadas si tuvieran conocimiento de que las familias no reciben atención mientras nuestros soldados están combatiendo y muriendo por nosotros… La cuestión será cómo aprovechar esas conversaciones para definir recomendaciones concretas y reales que se conviertan en instrumentos del cambio.

-Dicen que usted es la que mantiene el contacto con la realidad. ¿Cómo se hace para que sea real en la Casa Blanca? ¿Ha hablado con otras personas sobre las experiencias que han tenido?

-Todavía no. He hablado con Hillary Clinton, quien ha sido una fuente maravillosa. Pero, he tratado de no ser atrevida. Me pareció descortés sostener ese tipo de conversación durante la campaña electoral. Parte de la tarea que debo hacer durante la transición es sentarme a hablar con personas que han pasado por esto y comprender lo que ocurre en esta burbuja. ¿Cómo funciona? Y, cuáles son los parámetros con los que tengo que trabajar. Nuestra esperanza es poder seguir haciendo lo que hicimos durante el último año y medio. Tratar nuestra vida en familia lo más separado posible, manteniendo las vidas de las chicas aparte de toda esta experiencia. Eso significa que debemos pretender que nada de esto está ocurriendo (risas). Somos bastante buenos en esa materia. De ahora en adelante será más desafiante, pero creo que seguir conectado a los amigos y a la familia que uno conoce… Tengo la esperanza de que mi madre vendrá conmigo. Se lo estoy implorando.

-Ella dijo que no había espacio suficiente y que no quería entrometerse...

-Sí, lo que sea (risas). Debemos asegurar que nuestra primera prioridad sea poner a nuestras hijas en escuelas que tengan sentido para ellas, que tengan actividades que les interesen, que estemos siempre a mano para ayudarlas con los deberes, que asistamos a las reuniones de padres y profesores y que asistamos a todos los actos que tengan que ver con ellas. Es importante seguir haciéndolo, sin importar cuál sea el trabajo de su padre. Y, él debe continuar teniéndolas como prioridad, pese a que es el líder del mundo libre. Creo que es algo importante, para que él sea un modelo para otros. Es trasmitir el concepto de que si él puede hacerlo, entonces todos podemos luchar por ello. Lo que estamos haciendo es luchar por nuestros hijos. Tenemos que luchar por todos los chicos. Tienen que ser el centro de esta sociedad y de este país. Tenemos que poner primero y ante todo, la educación, las necesidades y el bienestar de ellos. Como adultos, podemos equilibrar el resto. Somos los adultos (risas).

-Mirando en retrospectiva, usted ha sido un pararrayos. ¿Valió la pena, teniendo en cuenta lo malo y lo personal?

-Valió la pena por todo. La verdad es que el 99% de mi experiencia es lo que usted ve hoy. Más allá de lo que piensen sobre Barack o los candidatos, la gente es decente y bondadosa. Le da a uno la oportunidad de probarse ante ellos. En ese aspecto, no hay más que ganancia en lo personal y lo accesorio es simplemente ruido, porque no refleja lo que el país piensa y siente. He tenido la suerte de estar de recorrida tanto tiempo porque ese fue el mayor estímulo, por la respuesta que recibo. Ha sido una dicha total.

-¿Convencerá a su madre?

-Sí. Creo que pensó que no tenía muchas opciones. Las chicas van a necesitarla como parte de su sentido de estabilidad. Lo cierto es que mi mamá es capaz de hacer cualquier cosa por nosotros y sus nietas. Lo único que tienen que hacer es mirarla con ojos tristes y la conquistan (risas). Es como si le dijeran: "¿Vas a decir no? Vas a decirle a tus nietas: No, me quedo en Chicago donde no están mis nietas y no voy a ayudarlos a adaptarse". No. Creo que vendrá con nosotros.

-¿La conversación con Hillary Clinton incluyó el cómo criar hijos en la Casa Blanca?

-Totalmente. Siempre he admirado lo que ella hizo con su hija Chelsea. Basta hablar una vez con Chelsea para darse cuenta que es una joven madura, correcta y equilibrada. Ellos (los padres) lo hicieron muy bien. Hillary habló sobre cómo protegieron el espacio personal de su hija y de cómo crearon fronteras claras y firmes que nunca fueron cruzadas. Eso significó, en gran medida, que aseguraran la normalidad para ella. Pero, también espero hablar con Tipper Gore (la esposa del ex vicepresidente Al Gore) y Rosalynn Carter (la ex Primera Dama, esposa de James Carter). Voy a establecer contacto con todos los que hayan tenido alguna experiencia y que deseen hablar conmigo. Caroline Kennedy, que probablemente no tenga muchos recuerdos, pero ella ha sido muy abierta. Maria Shriver (esposa del gobernador de California, Arnold Schwarzenegger) porque las Primeras Damas de nuestros Estados tienen una visión sobre el tema. Quiero hablar y tener todos los enfoques de las personas, ya sean republicanos o demócratas. Hay pocas familias que pasaron por esta experiencia. Si puedo, hablaré con todas.

-¿Dónde sostuvo las conversaciones con Hillary?

-Tuvimos la mayor parte de las conversaciones por teléfono, debido a que ella estuvo en la campaña electoral, al igual que yo. Por tanto, periódicamente, busco tener contacto con ella, de la forma que sea. Ella ha sido muy abierta y sincera. Dedica todo el tiempo que yo necesito a las conversaciones por teléfono. Ha sido absolutamente amable con su tiempo y sus consejos y estoy agradecida por eso.

Las Siete caras de la primera dama

Política. Había dicho que no le gustaba la política, pero como esposa de quien fue el candidato presidencial por el Partido Demócrata, surgió y se afianzó a lo largo de la campaña electoral como una presencia política por mérito propio. Michelle Obama, de 43 años, abogada formada en dos prestigiosas universidades como son Princeton y Harvard, madre de dos niñas de 7 y 10 años, fue una poderosa voz para promover a su marido. Tuvo dudas iniciales sobre la candidatura a Presidente de su marido, por temor al impacto que tendría en sus hijas. Pero, después que presionó a los asesores para conocer el plan concreto para una victoria de Obama, dio su aprobación.

Abogada. Graduada en prestigiosas universidades, Michelle es administradora en el Centro Médico de la Universidad de Chicago, donde percibe un salario de 300.000 dólares al año, bastante más que los ingresos de su esposo como senador.

Madre y esposa. Barack Obama conoció a su esposa, Michelle, en junio de 1989, cuando trabajaron juntos en una firma de abogados. En un principio, ella lo rechazó pero sobre finales de ese año iniciaron un noviazgo. Se comprometieron en 1991 y se casaron el 3 de octubre de 1992. La primera hija de la pareja nació en 1998, y la bautizaron con el nombre de Malia Ann, seguidamente, en el año 2001, nació su segunda hija, Sasha.

Familia. Michelle Robinson (su apellido de soltera) nació en el histórico barrio South Side, de Chicago. Su padre trabajaba en la compañía municipal de agua. Su tatarabuelo era esclavo en una plantación de arroz del Sur del país cuando se abolió esa práctica.

Voluntaria. Michelle Obama fue fundadora de la sede en Chicago de Public Allies, una organización que forma jóvenes líderes para la comunidad.

Estilo. Por estos días, todos se pregunta qué tipo de Primera Dama será Michelle Obama. Ella ha dicho que antes que nada se dedicará a su rol de madre. "En realidad, mi primera tarea es seguir siendo mamá-en-jefe", dijo en una entrevista. De hecho, será la primera vez en 32 años que ingresen niños a la Casa Blanca. Pero Barack, asegura que ella es una de sus principales asesoras en temas políticos. Algunos especulan con que Michelle tendrá un peso enorme en las decisiones de su esposo, pero quieren evitar su exposición mostrándola como una Primera Dama más tradicional, más al estilo republicano.

Moda. También se compara a Michelle con Jacqueline Kennedy, en especial por el estilo y la moda. Es posible que Michelle marque tendencias. Por ejemplo, un vestido blanco y negro sin mangas, que usó en un programa de televisión, se vendió luego como pan caliente. Pero ella no presume. Durante la visita que hicieron los Obama a los Bush en la Casa Blanca, la actual Primera Dama, Laura Bush, reveló el nombre del diseñador de su vestido, mientras Michelle lo mantuvo en reserva.

La nueva mascota del presidente

El presidente electo de Estados Unidos Barack Obama se dedica estos días a definir su equipo de gobierno que asumirá el 20 de enero. Pero debe otra decisión: elegir el cachorro que acompañará a la familia a la Casa Blanca.

Tras resultar electo, Barack Obama saludó a sus hijas frente a millones de televidentes y les prometió una nueva mascota para Malia y Sasha. "Las quiero tanto y se han ganado el nuevo cachorro que vendrá con nosotros a la Casa Blanca", dijo insinuando que esa era una promesa familiar.

Luego de aquel discurso, no se ha anunciado nada más sobre el perro presidencial, pero muchos lanzan sus especulaciones. Se dice que una de las hijas de Obama es alérgica, por lo que hay que considerar esa opción. También circuló que Michelle Obama se inclinó la opción por rescatar al perro de la calle. Y lo seguro es que se analizará al detalle el comportamiento del can. En la Casa Blanca, no se puede morder ni ladrar a las visitas.

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