Las vacas fueron apenas rellenitas

| El país que nadaba en riqueza parece que nunca existió. Los historiadores de la economía dicen que durante las guerras mundiales Uruguay marchó hasta peor.

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El País

MIGUEL BARDESIO

La calle da siempre una primera aproximación a lo que ocurre con el consumo de un país. Y ahora, como hace 10 años que no se veía, circulan en Uruguay cada vez más camionetas 4x4 último modelo. Es la cara visible de que por lo menos hasta ayer el país -y en particular el sector agropecuario- se beneficia de buenos precios internacionales para la carne, soja, lana y otros del agro.

En la historia se ha repetido muchas veces esta escena. Hoy, son las 4x4, ayer serían los autos, televisores o el carruaje recién lustrado. Cada bonanza económica trae algún empuje de consumo, como las olas que avanzan y al cabo retroceden. En términos generales, de ese modo creció el país, en ciclos de más o menos una década entre pico y abismo. Siempre ha sido así; no es sólo cuestión de los noventa "neoliberales" y el pos 2002 "progresista".

Para conocer más de estos ciclos y sobre todo enfocado a cómo se comportó el consumo en ellos, Reto Bertoni y María Camou, dos investigadores del Programa de Historia Económica de Facultad de Ciencias Sociales, inician un estudio que busca reconstruir las pautas de consumo de los uruguayos a lo largo de todo el siglo XX. Una tarea difícil pero con una certidumbre: "el país de las vacas gordas", el que supuestamente nadaba en la abundancia, nunca existió o al menos no eran tan gordas como cree el imaginario.

Va un ejemplo: se supone que durante las guerras mundiales, Uruguay alcanzó grandes niveles de crecimiento. Pues varios trabajos de historiadores económicos han refutado ese mito con evidencia estadística. "Una cosa es la sensación de riqueza y otra la riqueza. Durante las guerras, los sectores agropecuarios tuvieron ese efecto riqueza porque los precios se dispararon como pasó ahora, hace dos o tres años. Pero eso no quiere decir que a todos les haya ido bien. Otros, que trabajaban en las fábricas tuvieron que cerrar o bajar la producción porque los insumos (el combustible, por ejemplo) estaba carísimo e iba para las economías de guerra", asegura el investigador Bertoni.

Luis Bértola, otro integrante del Programa de Historia Económica, asegura en un artículo sobre la economía en el primer batllismo, que el PBI real del país tuvo un pico en 1913 y al año siguiente (comienzo de la Primera Guerra) emprendió una caída de la que no se recuperó hasta 1922. Y el salario real cayó un 31% entre 1912 y 1917.

Durante la Segunda Guerra se dio un escenario similar. "En 1943, por ejemplo, no se importó ni una gota de petróleo. Eso paraliza todo. Tuvieron que inventar los gasógenos para los camiones y automóviles, que era hacer que los motores marcharan a leña", agrega Bertoni.

Entonces, ¿cómo se explica el imaginario de que anduvo bien el país? Seguramente, haya algo de discurso nacionalista o nostálgico ("todo pasado fue mejor") o una visión "mercantilista" de la economía porque efectivamente se exportó más de lo que se importó en los períodos bélicos. Pero como dice María Magdalena Camou: "No es sólo esa diferencia la que construye la riqueza, sino que es la actividad económica interna y dinámica la que genera la riqueza a largo plazo".

Pero este ha sido un país cortoplacista desde siempre. "La primera guerra nos hizo caer, en los `20 crecimos, en los `30 otra caída, en los `40 un poco de repunte, en los `60 un largo estancamiento, en los `70 se sube para bajar en los `80. En los `90 se levanta y viene 2002. Y ahora, hasta hace 15 días éramos el país que iba a crecer al 8, al 10%, pero los últimos pronósticos ya hablan de que el crecimiento será mucho menor para 2009", gra-fica Bertoni. Principalmente, este subi-baja se debe a que el país se ha atado a lo que ocurre con los precios internacionales, cuya fijación no depende de él, por supuesto.

Las investigaciones sobre la historia económica buscan, por el contrario, dar aprendizajes para que el país pueda adoptar estrategias a largo plazo y no depender del vaivén internacional. "Está bien exportar a buen precio lo que uno hace, pero después qué hacer con esa riqueza. ¿Consumo suntuario o inversiones para desarrollar otras actividades o capacidades que nos mantengan un poco a resguardo de las crisis del mundo?", se pregunta Bertoni.

ENERGÍA. En el ámbito de la historia económica se ha privilegiado un enfoque del lado de la oferta, de si sube o baja la producción y poco desde la demanda. "El del consumo es un campo casi inexplorado. Por eso lo poquito que se pueda avanzar, será muy importante: ¿cómo se fue comportando el consumo de los uruguayos? ¿Se da eso de que a medida que crece el ingreso, decrece la participación de bienes de primera necesidad y crecen otros y cuándo se da?", plantea Camou en algunas de las preguntas de investigación.

Con esa óptica de no confiarse demasiado en el imaginario, la idea es dividir en rubros como alimentación, transporte, vestimenta o bienes culturales y buscar estadísticas para marcar las pautas en cada uno.

Parte del trabajo está hecho porque Bertoni y Camou, junto a otros investigadores, han elaborado un artículo sobre consumo de energía eléctrica a lo largo del siglo XX. Forma parte del libro Energía y Desarrollo en el largo siglo XX. Uruguay en el marco latinoamericano, de próximo lanzamiento. Allí, plantean una historia del costo y el consumo de la electricidad en relación al salario medio industrial. El resultado: "Se identifican tres etapas: la primera hasta la década de 1930 donde la energía eléctrica es un bien todavía muy caro y llega a pocos hogares, otro período que va hasta los `60,`70, donde aumenta el salario y la electricidad se mantiene estable y se hace más accesible. Y luego, desde los `70 hasta hoy, cuando el consumo sigue aumentando pero se hace más caro en relación al salario", sintetiza Camou.

En números, un consumo básico de electricidad en la década del 1950 representaba entre un 1 y un 2% del salario. Hoy, un ejercicio similar arrojaría 3% en promedio. Claro, en aquellos años, UTE mantuvo una política social de congelar la tarifa por más de 30 años. Después, se transformó en una empresa que cobra el 100% de lo que sale brindar el servicio a cada usuario.

"El país creció en ciclos de una década entre pico y abismo, sin crear riqueza a largo plazo".

El salario cae desde la década del 60

La ronda de Consejos de Salarios está por salir, se dice, luego de encrispadas negociaciones. Pero esta herramienta de acuerdos no es algo nuevo, sino que su creación se remonta a 1943, luego se suprimen a finales de los `60, vuelven con la democracia y desaparecen en los `90 para retornar en 2005. ¿En qué se diferencian estos Consejos de Salarios con sus antecedentes?

María Magdalena Camou, investigadora del Programa de Historia Económica de Facultad de Ciencias Sociales responde: "En la década del `40 había un acuerdo bastante firme con los empresarios. Ellos también estaban implicados en aquel modelo de Estado de bienestar; estaban protegidos y subvencionados por el Estado. Y eso hizo que fueran bastante receptivos a dar aumentos de salario, lo que, comparado con hoy, se dio con mucha menos conflictividad. Los aumentos no estaban atados a incrementos de productividad, se cargaban sobre los precios, lo que llevó a una crisis inflacionaria".

Hoy, los gobiernos aprendieron la lección y ponen márgenes de aumento que no descontrolen la inflación.

La conflictividad, empero, está dada porque luego de 1968 los salarios vivieron una caída continua y todavía hoy, no se recuperan de aquel nivel. "La baja en los `70 y `80 fue cerca del 40%, aun con crecimiento del PBI, lo que habla también del aumento de la desigualdad", dice Camou.

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