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Artes
Tutú y balerinas en crisis
El ballet está en extinción. En diez años, se redujo drásticamente la cantidad de público en las salas del Sodre. El 70% de los bailarines profesionales emigra.

MARÍA INÉS LORENZO

Unos se aferran al optimismo, otros ya perdieron la esperanza, pero todos coinciden en algo: faltan salas de ensayo, lugares para ofrecer espectáculos y una ley de jubilación. Ese es el panorama que enfrentan hoy los bailarines de ballet del Sodre. Un escenario que a su vez provoca otros estragos: el 70% de los bailarines recibidos se van del país en busca de oportunidades que aquí brillan por su ausencia. Además, un 75% menos de personas concurren a ver obras de ballet desde los últimos diez años, señala Edgardo March, integrante y delegado del cuerpo estable de ballet del Sodre.

Y no por falta de interés. "Público hay y el ballet es hoy en día una movida interesante a nivel mundial en todas sus disciplinas, ya sea en lo clásico, lo contemporáneo, lo moderno, como lo neoclásico", afirma March.

El problema es que no se difunde como cultura, las personas no se enteran cuándo ni dónde se realizan las obras y por tanto, no van, señala el bailarín Paulo Aguiar, también integrante del cuerpo estable del Sodre. "A las artes en general y al ballet en particular se lo ha dejado de lado con el preconcepto de que es elitista y no es así", agrega Julio Minetti (38), otro bailarín de esa institución.

PATITO FEO. Ahora bien, frente a ese panorama, ¿es cierta la afirmación de que el ballet es el `patito feo` de la cultura? "Es el eje fundamental de cualquier danza ya que para ser un buen bailarín de jazz, flamenco o folclore, por ejemplo, se necesita tener una base técnica de cómo moverse y plantarse en un escenario, y eso lo da solamente la danza clásica", asegura María Noel Bonino, también bailarina del Sodre.

March, en cambio, considera que el género es uno de los más sufridos debido a que las condiciones para armar un espectáculo son más pretenciosas. "Se necesita un piso especial para amortiguar la caída o no lastimarse y una adecuada calefacción, que son cosas más caras y difí- ciles de conseguir. Eso también explica un poco el por qué no se le da tanta trascendencia", ejemplifica el delegado, y agrega que "es una pena", ya que hoy la juventud se está volcando más a la danza en general, incluyendo jazz, tango y hip hop.

CESADOS A LOS 40. El cuerpo estable del ballet del Sodre está compuesto por 54 personas (mitad hombres, mitad mujeres) entre las cuales se encuentra un corifeo, solistas, primeros solistas, primeros bailarines y cuerpo de baile, explica March. Su rutina de trabajo consiste en ensayar de lunes a viernes tres horas por día en el Palacio Salvo, dinámica que se sigue al pie de la letra, más allá que estén presentando o no espectáculo, explica Paulo Aguiar. En lo que va del año llevan realizadas sólo cuatro funciones y se piensa llegar al número 16, situación poco alentadora si se la compara con la de hace una década, cuando marcaban un promedio de 50 al año.

El Sodre funciona bajo la órbita del Ministerio de Educación y Cultura y cada bailarín estable del cuerpo de ballet se lleva por mes unos 18.000 pesos a los bolsillos, lo que significa un costo de 972.000 pesos por mes para el Estado. Y ese ingreso siempre es fijo, se realicen dos, tres o 20 funciones, o no se trabaje, explica March.

Por una cuestión de destreza y agilidad física, un bailarín está en condiciones de ejercer su profesión hasta los 40 años o hasta que se cumplan sus 25 años de carrera. "Pero eso no se cumple porque no hay una ley de jubilación que lo controle. Cuando yo ingresé al Sodre me podía jubilar bajo esa reglamentación, pero las condiciones de trabajo cambiaron. Hoy hay personas de 50 años que ya no pueden bailar y están ocupando cargos y cobrando un sueldo sin hacer nada hasta los 60 y 65 años. Es lamentable", comenta Sofía Sajac, bailarina solista del cuerpo de ballet del Sodre desde hace 23 años.

Tal pensamiento es unánime entre los profesionales de la compañía. "Quien hace ballet tiene realmente vocación y desea jubilarse dignamente. Prima esa pasión antes que transformarse en una suerte de funcionario público", opinan todos.

La situación lleva además a que no se puedan realizar concursos para que entren nuevos bailarines, señala María Noel Bonino. Supuestamente se deberían realizar llamados cada dos o tres años, pero eso no sucede. Se contratan bailarines recién recibidos por un período corto de tiempo y para algunas funciones, con un sueldo que ronda los 10.600 pesos.

BAILAR PARA POCOS. Uno de los doce profesionales en esta situación es Diego Domínguez, de 21 años, quien sostiene que debería apoyarse más a los jóvenes, dado que el mayor potencial para el género se desarrolla entre los 18 y 25 años. Si bien es consciente de que muchos de sus compañeros se fueron del país para crecer profesionalmente, él por ahora tiene fe en que se avecine un cambio y prefiere quedarse. "Creo que a la gente sí le interesa el ballet y si no se ha cultivado un público joven es porque no se han realizado suficientes espectáculos. Hay que esperar. El año pasado hicimos seis funciones de Cascanueces y llenamos el Teatro Solís con un público variado. Lo que pasa es que después pasamos a realizar obras pequeñas, con poca producción, a las que van cuatro personas. No vale la pena estar acá para que nos vea sólo esa cantidad de gente", opina.

March concuerda en parte, aunque considera también que sí se justifica para el Estado mantener el cuerpo estable del Sodre. "Creo que el panorama gris del ballet es transitorio. Además, la institución tiene un peso importante en la historia y cultura uruguaya, y un pueblo sin cultura no existe", opina.

Minneti alega lo mismo, aunque paradójicamente cree que la cultura en general tiende cada vez más a generar burros o asnos. "Sucede también con la televisión, que se ha desculturalizado", analiza.

El Dato

Llamador

Los bailarines de Ballet del Sodre brindan sus obras generalmente en el Teatro Solís y la sala Moviecenter. Las entradas valen entre $100 y $200. "Tratamos que sean accesibles para que pueda ir gente de toda clase social. La historia de la danza clásica y del ballet del Sodre ha perdido mucho protagonismo en los últimos años y buscamos que la danza clásica se integre en la sociedad como parte de la cultura popular", señala el bailarín Edgardo March.

Escuela de Danza: se inscriben 100, egresan 5

Hace unos quince años se inscribían para estudiar ballet en la Escuela Nacional de Danza 700 niñas; hoy son 100. De éstas, quedan seleccionadas entre 20 y 30, de las cuales terminan egresando cinco.

Generalmente, el 90% de los inscriptos son mujeres. Entre los varones, la mayoría se anota al curso intensivo, especifica Natalia Acheriteguy, directora de la Escuela.

La institución ofrece dos cursos: uno regular, de 8 años, y uno intensivo que dura la mitad. En el primero pueden ingresar niños y niñas de entre 8 y 11 años, y en el segundo, varones entre 12 y 20. Ambos tienen materias de danza, postura escénica y entrenamiento físico.

La mayoría de los bailarines que integran el Ballet del Sodre son egresados de la Escuela Nacional de Danza, aunque no es un requisito excluyente. Si bien ellos tienen preferencia porque realizan un posgrado en el Sodre, lo fundamental es tener entre 18 y 27 años y una buena formación profesional, explica el delegado Edgardo March.

Para poder ingresar a la Escuela Nacional hay que anotarse en noviembre para realizar una audición en diciembre. La misma consta de un examen de aptitudes físicas, en las que se evalúa la flexibilidad y el estado físico de los niños. Una vez superada esa etapa se realiza una segunda prueba donde se analizan las condiciones rítmicas. Los que queden seleccionados comienzan el curso en marzo.

"Ahora estamos trabajando para mejorar el sistema de selección. Se darán más parámetros para no dejar afuera a alguien muy interesado. Una niña puede estar cerrada en una audición y quizá tenga condiciones. La idea es hacer una evaluación más exhaustiva", dice Acheriteguy.

Aunque la directora cree que las niñas ya no sueñan como antes en ser bailarinas de ballet, asegura que todos los que se postulan llevan el género en la sangre. Ella lo vincula a los cambios culturales producidos en el último tiempo. "En los años 60, 70 y 80 venían los grandes bailarines del mundo y Uruguay era un centro cultural muy fuerte. Hoy eso no sucede porque el ballet no está arraigado a la cultura uruguaya. Antes era un elemento popular y hoy no. Además, no había muchas opciones y la gente que no tenía televisión iba a ver teatro, ballet o escuchar ópera. Ahora ya no se invierte plata en eso".

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