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Salud
Rojo como un tomate
Ruborizarse por vergüenza no es una enfermedad ni tiene cura, como sí tienen tratamientos algunos males mayores como la rosácea o la dermatitis seborreica.

MARÍA INÉS LORENZO

Si siente calor y ardor en las mejillas en forma recurrente, se debe prestar atención. Si bien esos estados pueden manifestarse por natural timidez o miedo, en ciertas ocasiones resultan los primeros indicios de serias enfermedades de la piel. Pero no se trata de ser alarmistas, señalan los expertos, sino de distinguir entre un caso y otro ya que sonrojarse y el trastorno en la piel presentan síntomas muy similares y los pacientes tienden a confundirlos. Acto seguido, no toman las precauciones necesarias y empeoran los problemas en el rostro.

El enrojecimiento de la cara se produce cuando los vasos sanguíneos se dilatan más de lo debido, ya sea por situaciones de estrés, nervios, ansiedad, vergüenza o ira, señala Néstor Macedo, dermatólogo y profesor agregado de la Facultad de Medicina.

También puede aparecer luego de consumir alimentos picantes o con los cambios bruscos de temperatura. "Consecuentemente, esos vasos se llenan de sangre, se dilatan y no realizan bien su contracción, lo que hace que cambie de manera involuntaria y transitoria el color de la piel. Puede quedar tanto en rojo como en rosado", explica Macedo.

En tales casos, el dermatólogo aclara que los cachetes colorados no responden a ninguna enfermedad sino al denonimado síndrome de caras rojas. Se trata de un trastorno bastante frecuente que tiene generalmente una predisposición genética y que afecta a las personas de piel más blanca, sensible y de ojos claros. También es muy común en hombres y mujeres de tez más oscura y de todas las edades. El síndrome se manifiesta a través de un estado fugaz e inconsciente de sonrojo llamado flushing (que dura entre 5, 10 y hasta 20 segundos), que provoca desde un excesivo calor y ardor en las mejillas hasta trastornos psicológicos co-mo la ereutofobia, es decir, miedo a enrojecer frente a los demás.

La persona, sobre todo en la niñez y adolescencia, no sólo siente vergüenza a ruborizarse en público, sino también un miedo casi obsesivo que lo lleva a aislarse de los demás e incluso deprimirse, asegura Macedo.

Se genera así como una suerte de círculo vicioso en el que el temor facilita el sonrojo y éste a su vez aumenta el temor, por lo que el efecto de los cachetes colorados se hace cada vez más extenso y frecuente.

En esos casos se debe consultar al médico ya que cuando el flushing comienza a repetirse todos los días, y durante varias veces, es probable que se escondan detrás patologías como dermatitis seborreica, alergia, psoriasis y rosácea, entre otros males más complejos, explica Macedo.

El más frecuente y problemático es generalmente la enfermedad denominada rosácea, que, si bien la pueden padecer hombres y mujeres de todas las edades, se observa más en féminas de entre 30 y 40 años, sobre todo en aquellas que tienen tendencia a engordar e intolerancia digestiva hepática, señala Liliana Calandria, presidenta de la Sociedad de Dermatología del Uruguay.

"La primera etapa de la enfermedad se manifiesta a través de estados de sonrojo. Luego, éstos pueden instalarse en la cara por varios días y se pueden ir, volver, y así sucesivamente", agrega la especialista.

Una etapa más avanzada de la rosácea es la inflamación de la piel y la presencia de granos en las mejillas, con o sin presencia de pústulas (pus). En casos más extremos se puede llegar a hinchar, sonrojar y deformar la nariz.

Tratamientos. Es muy difícil que el flushing pueda controlarse o desaparecer para siempre así como tampoco es posible curar definitivamente las enfermedades de la piel que se manifiestan a través de esos estados de sonrojo, alerta el Profesor Adjunto.

Justamente por ello es importante prevenirlos. Lo primero que los expertos aconsejan es no ingerir alimentos picantes, alcohol ni bebidas muy calientes. Prohibido también el ejercicio físico brusco como levantar pesas o tobilleras y colocarse en la cara cualquier crema sin indicación médica. Todo eso favorece la dilatación de los vasos sanguíneos y por tanto se exacerba el enrojecimiento de los cachetes, explica Macedo.

"En el caso de los enrojecimientos que son persistentes, por ejemplo, se pueden utilizar además cremas descongestivas locales. También el láser y luz pulsada de alta intensidad son dos técnicas relativamente nuevas que ayudan a controlar la dilatación de los vasos sanguíneos", agrega Macedo.

Otra de las maneras de controlar los estados de flushing es a través de la operación de cirugía endoscópica, que resulta muy utilizada en Europa aunque no es muy frecuente ni recomendada por los dermatólogos en Uruguay. La misma consiste en eliminar los ganglios situados en las axilas que se encargan de controlar la sudoración y enrojecimiento de la cara y el cuello.

"Es una opción de tratamiento que sólo se deriva a un cirujano de tórax cuando el flushing es realmente invalidante desde el punto de vista social y cuando fracasan los controles médicos realizados previamente. Como toda operación no está exenta de riesgos y podrían aparecer luego los mismos efectos de enrojecimiento o inflamación en otras partes del cuerpo", finaliza Macedo.

Más precauciones para tomar

Ante un estado persistente de enrojecimiento facial lo primero que los expertos recomiendan es no exponer la piel al sol, ni siquiera en los horarios permitidos y con protección.

No se debe utilizar cualquier cosmético porque la mayoría de las fragancias y los colorantes que contienen pueden empeorar la situación. Tampoco se deben colocar cremas que contengan corticoides ya que si bien producen una cierta mejoría al principio, luego, cuando se suspende su uso, se produce un agravamiento.

Evitar tanto las duchas como los baños de inmersión muy calientes, así como los saunas y las aguas termales. Tampoco es aconsejable sumergirse en piscinas porque el cloro puede generar irritación.

No ingerir alimentos picantes ni calientes y tratar de evitar la comida china, ya que contiene sustancias químicas que pueden empeorar el cuadro.

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