MIGUEL BARDESIO
La espera del ómnibus no se extiende más allá del minuto. Hay 52 metros de área verde por habitante y ninguna escuela u hospital queda más lejos de un kilómetro de la casa del último poblador. Esta ciudad no es imaginaria ni del primer mundo. Se llama Curitiba (Brasil) y fue incluida en el ranking de los cinco enclaves urbanos más modernos del planeta.
Su principal hacedor, el arquitecto brasileño Jaime Lerner, estuvo estos días por Montevideo porque participa de uno de los proyectos preseleccionados para la recuperación del Hotel Carrasco. Fue alcalde de Curitiba tres veces y gobernador del Estado de Paraná en otras dos ocasiones. Ahora que dejó la política, vuelve a su oficio de urbanista, da conferencias por todo el mundo y cuenta los secretos para transformar en sustentable una ciudad en tiempos de cambio climático y globalización.
"La creatividad empieza cuando se quitan ceros al presupuesto", resume una de las recetas. Lo ejemplifica con el caso del transporte. Curitiba, como el presente de Montevideo o Buenos Aires, tenía en la década del `70 un grave problema con la movilidad. Ómnibus llenos, tránsito tupido en las horas pico, accidentes. "Se planteó el tema del metro. La gente cree que esa es la solución y lo pide. Pero nosotros no teníamos ni cerca el dinero para hacerlo. Entonces, ¿por qué no de superficie? Implementamos un sistema de buses con carriles exclusivos y estaciones al mismo nivel de la plataforma". El resultado fue una red sin subsidio, que transporta 2,4 millones de pasajeros al día. Tanto suceso ha causado que otras 83 ciudades del mundo (entre ellas Bogotá, México, Seúl y Los Ángeles) hayan implementado (o lo estén haciendo) un sistema de transporte que llaman "el de Curitiba". "Un sistema que se ha demostrado con la misma capacidad del metro pero 100 veces más barato por kilómetro", resume Lerner.
Para él, en cambio, Curitiba no es un modelo. Él prefiere llamarla "referencia" y sí confiesa que "es la ciudad que más contribuciones ha hecho a la calidad de vida de la gente en un período corto de tiempo". Esto incluye el transporte, pero también salud, educación, seguridad y medioambiente; en definitiva, un testimonio viviente de que "es posible un cambio positivo en las ciudades" en tiempos de duro cuestionamiento a las urbes, según Lerner. "La gente tiene una visión muy negativa de la ciudad; creen que es el problema, pero yo creo que es la solución. Si tuviéramos una visión generosa de las ciudades, también seríamos generosos con el planeta", reflexiona.
El caso del cambio climático es ilustrativo de esa visión. El 75% de las emisiones de carbono se registra en las metrópolis, lo que empuja a pensar que debe trabajarse en comunidades diferentes. "Hay quienes piensan que la salida está en nuevos materiales de construcción, otros en formas de energía alternativas. Está bien. Pero el 75% de nuestros problemas están en las ciudades. Es sobre el concepto de ciudad que debemos actuar". Y la palabra clave es: sustentabilidad.
ÁREA VERDE. Lerner fue alcalde de Curitiba por primera vez de 1971 a 1975. Entonces, el promedio de área verde por habitante era de medio metro cuadrado. Dos períodos más (1979-1983 y 1989-1993) y hoy ese promedio asciende a los 52 metros. "Innovar es empezar", responde Lerner cuando le preguntan cómo se puede dar un salto de tal magnitud. Y añade que cambiar también es "corregir sobre la marcha, aprender del proceso".
Luego habla de los bosques y parques que se han consolidado en estos años y vuelve a la reflexión: "Las ciudades tienen que dar respuestas a los problemas de la gente, pero también tienen una gran responsabilidad con respecto al futuro de la humanidad. Esto debe ser prioridad".
El arquitecto recuerda que Curitiba fue la primera ciudad brasileña que no aceptó "la industrialización a cualquier precio". Fábricas, sí, pero que no contaminen, fue la fórmula. Hoy, Curitiba y su región metropolitana acumulan tres millones de habitantes, es la ciudad más rica del sur brasileño (se han instalado varios fabricantes de automóviles) y la que cuenta con el menor índice de criminalidad de Brasil.
Lerner encuentra una de las razones del fenómeno en la diversidad de Curitiba. El 80% de las vecindades de la ciudad son diversificadas, lo que implica que ricos y pobres tienen un alto nivel de convivencia. "Lo mejor es la mezcla, porque eso hace que se conozcan. Y si se conocen, no son enemigos. En Copacabana (Río de Janeiro) con el boom de la construcción se dio algo muy peculiar. El que vivía en la favela trabajaba en las obras. ¿Cuál fue el resultado? No había el nivel de violencia que hay hoy".
Otro hito de su gestión ha sido el índice de separación de la basura, el más alto del mundo. "La mayor fuente de energía es el desperdicio, pero no toda la basura", dice con respecto a la división entre deshechos orgánicos y reciclables. En muchas ciudades se compactan ambos, contaminando así la basura que podría reutilizarse. "¿Por qué no separar desde el inicio, en cada casa?", se pregunta Lerner. Y responde: "En Curitiba enseñamos a todos los niños a separar y ellos enseñaron a sus padres. Hay contenedores y camiones distintos para recolectar", relata.
Hoy, con 70 años, Lerner dejó por completo la política. "Ya he tenido todas sus alegrías y también todas sus amarguras".
Montevideo y el Hotel Carrasco
El arquitecto Jaime Lerner llegó a Montevideo por primera vez a visitar a la familia de su novia, hoy su esposa. "Encontré una ciudad con una buena escala, con sus playas. Creo que los valores se han mantenido. Hay sí algunos sectores más decadentes. Pero decadencia es una cosa y deterioro, otra. No hay un sector feo de la ciudad. Siempre un sapo puede transformarse en príncipe", dice.
Lerner participa del proyecto de la cadena hotelera Hyatt y el Grupo Liberman para la recuperación del hotel Carrasco. Él, sobre todo, aporta ideas para la integración con el entorno urbano. "Una cosa es restaurar y otra revitalizar, dar vida. El paisajismo de principios de siglo XX que rodea al Hotel es algo excepcional, el diseño del barrio, todo eso dan al Hotel Casino una condición única", añade.
El arquitecto tiene la idea, en una segunda etapa, de dotar al Hotel con un equipamiento cultural, que podría ser en el subsuelo. "Una sala para festivales de cine, teatro o música. El edificio es una referencia de la ciudad y si reforzamos con lo cultural, sería una maravilla".
La receta de Jaime Lerner
Cinco pilares para una urbe
MENOS AUTOS. "No usarlo por lo menos en los viajes de rutina. Para eso, la ciudad debe garantizar un sistema de transporte público ágil. Siempre digo que el auto es como nuestra suegra. Tenemos que tener buenas relaciones con ellas pero no podemos dejar que dominen nuestras vidas".
SEPARAR BASURA. "Una de las mayores fuentes de energía es el desperdicio. Muchas ciudades compactan, pero con eso contaminan la basura reciclable con la orgánica y luego hay que dividir de nuevo. ¿Por qué no separar desde el inicio, en cada casa? La sostenibilidad es una ecuación entre lo que se ahorra y lo que se desperdicia. Si el desperdicio es cero, la sostenibilidad va al infinito".
USO MÚLTIPLE. "No se puede pensar en sectores de la ciudad que se queden vacíos por 16 horas. Eso es un desperdicio brutal. El mejor ejemplo de calidad de vida es la tortuga. Combina trabajo, casa y movimiento juntos. Eso es el principio de una buena ciudad. ¿Cómo quedaría la tortuga cortada en varias partes? Eso mismo estamos haciendo con las ciudades. Vivir aquí, trabajar allá, divertirse acullá; eso no es sustentable, no es más posible en el mundo de hoy".
DIVERSIFICAR. "Hay gente que quiere vivir en una ciudad y a la vez, fuera de la ciudad. Y se arman esos guetos de gente muy rica o muy pobre, donde la gente quiere prevenir y se van cercando, cada vez muros más altos, electrificados, hasta se dan cuenta de que los que están presos son ellos. ¿Qué va a ocurrir cuando salgan? Habrá muchos esperando porque saben que ahí hay dinero. Lo mejor es la mezcla social. ¿Por qué? De esta manera, uno presta servicios al otro y se conocen. Y al conocerse, no son enemigos".
REFERENCIAS. "Toda ciudad tiene sus referencias y hay que conservarlas. Yo nací en una casa pegada a la estación de trenes. No es un patrimonio de la humanidad, pero era mi referencia, igual que la fábrica de enfrente. Por más que esos edificios pierdan su utilidad original, hay que reutilizarlos, conservarlos porque si perdemos las referencias, ¿qué somos nosotros?"