MARTÍN FABLET
Mucho viejito de más de 40 pretende y añora volver a estar en forma. Bajar kilos y rollos al instante es la consigna. Para ello recurren al fútbol 5, al viejo y querido paddle o a salir a correr de forma desesperada. Todo esto sin control médico y con absurda frecuencia. Decididamente, muy peli-groso.
Palman como moscas. Desde infartos súbitos, síncopes y paros cardíacos. Realmente, son muchas las víctimas de estos descontroles deportivos por no tomar el recaudo correspondiente.
Es importante realizarse una exhaustiva evaluación física antes de iniciar un plan de entrenamiento. Obviamente, la idea es minimizar los riesgos de un accidente coronario y así poder disfrutar de un adelgazamiento sin sobre- saltos.
Para aquellos que pretenden monitorear la posibilidad de un infarto de miocardio (ya que a veces pasan desapercibidos), les recomiendo tener en cuenta este novedoso test de saliva realizado a través de un nanobiochip. Al parecer, es posible adelantarse al evento, con mayor facilidad y de forma más expeditiva.
En la Universidad de Austin en Texas, se consiguió medir las proteínas o biomarcadores presentes en la saliva. Estas sustancias de nombre raro, son las que los investigadores asocian a los infartos.
Pero, ¿qué es un nanobiochip? Es un diminuto microarray compuesto de proteínas, del tamaño aproximado de una moneda de 10 pesos, el cual reposa sobre una especie de tarjeta de mayor tamaño. En la tarjeta hay una mini piscina donde se coloca toda la baba del cardíaco, señala John McDevitt, profesor de bioquímica de la Universidad de Texas y principal investigador del proyecto nanobiochip. Una vez obtenida la muestra, la tarjeta se inserta en un analizador donde se detectan los diferentes biomarcadores de proteínas. El resultado es una huella de proteínas sanas o bien una huella de infarto. Todo esto se monitorea en la pantalla del analizador.
Los infartos se suelen diagnosticar por medio de los biomarcadores en sangre, no basta sólo con el electrocardiograma (ECG). Aún peor, los ECG pasan por alto un gran número de infartos, especialmente los que presentan síntomas menores o atípicos. Los biomarcadores son contundentes. El único inconveniente es que son más difíciles de detectar en la saliva que en la sangre, por lo que los investigadores tuvieron que desarrollar nuevos métodos de análisis.
Muy pronto las unidades de emergencias coronarias incorporarán el test de saliva en sus unidades, que junto al ECG brindarán un diagnóstico más preciso.
Hasta el momento, este ingenioso procedimiento ha sido probado en unos 60 pacientes, de los cuales 29 fueron víctimas de infarto. Utilizando exclusivamente el ECG, sólo se pudo detectar 67% de los infartos, mientras que combinando el ECG y el test de saliva lograron identificar el 97%.
Aunque la frecuencia de infarto de miocardio no diagnosticado o silencioso es menor que la de un infarto clínicamente evidente, el pronóstico a largo plazo de un infarto que pasa inadvertido parece ser similar o hasta más grave que el de un infarto diagnosticado. Téngalo bien presente.