CATERINA NOTARGIOVANNI
Aunque no es médico, Osman Astesiano recorre esporádicamente los salones del Palacio Legislativo con un estetoscopio. Observa a distancia su objetivo, se acerca un poco y vuelve a alejarse. Está buscando zonas deterioradas o a punto de despegarse. Nada por aquí, algo por allá. Coloca el estetoscopio y golpea suavemente sobre el objetivo, igual que un albañil cuando chequea el estado de las paredes. "Se está por caer, no hay más remedio que consolidar", piensa. Toma una aguja hipodérmica, consolidante y asunto emparchado.
Astesiano es pintor, conservador y "en casos de emergencia" restaurador. Su misión desde hace más de tres décadas es mantener sano y salvo el acervo pictórico del Palacio Legislativo. Para ello cuenta con la vista, la formación académica (y el instinto), productos específicos para su labor, un staff de seis técnicos y el estetoscopio.
ACERVO. Las paredes del Palacio de las Leyes sostienen un total de 410 obras de arte (la mayoría ubicadas en los despachos de senadores y diputados), entre las que se destacan "La Jura de la Constitución de 1830" e "Instrucciones del año XIII", de Pedro Blanes Viale; retratos de "Fructuoso Rivera", de "Manuel Oribe" y "Batalla de las Piedras", de Manuel Rosé; y un retrato de Juan Antonio Lavalleja realizado por José Luis Zorrilla de San Martín. El acervo incluye además piezas de Rafael Barradas.
El valor de las obras no se puede precisar porque "nunca se hizo un estudio". "A veces me preguntan eso desde el Banco de Seguros, pero no puedo dar precios de mercado. En todo caso te digo que tenemos un Barradas que ronda los U$S 200.000", afirma.
Astesiano es una apasionado de la pintura (tiene más de 2.000 obras de su autoría colocadas en distintas ciudades del mundo y Montevideo), y habla de cada pieza con lujo de detalles: "La Jura de la Constitución de 1830 es, en mi opinión, el cuadro más importante que tenemos. Se hizo sobre una tela pegada a la pared sobre una base cóncava que la deja como succionada", explica y agrega: "como Blanes Viale murió sin terminarlo, una comisión entonces presidida por Zorrilla de San Martín estudió si cabía terminarlo o dejarlo como estaba. Gracias a Dios determinaron que quedara inconcluso. Es preferible toda la vida que se haya dejado así, con la mano del artista, a que hubiésemos metido todos la mano".
No obstante, la acción de los años lo obligó a meterle mano varias veces, hecho que no le causa ninguna gracia: "Todos los museos del mundo están deshechos por las manos de los restauradores", dice él, quien justamente es restaurador formado en Venecia (Italia). "En eso hay muchas escuelas, pero yo soy de los que creen que el restaurador es lo último. Nuestra misión es primero conservar, conservar y conservar. Tanto es así que tengo dos o tres cuadros dañados a los que procuro mantener sin planchar ni llenar de cera porque a la postre es peor: después de 10 ó 15 años tenés la misma falla empeorada", aduce.
BACKSTAGE. El taller donde trabaja Astesiano y su equipo se encuentra ubicado en los "confines" del Palacio, al costado y encima del techo vitro de la sala de sesiones de la Asamblea General: "siempre peleé por mantener este lugar con luz natural", cuenta. Pinturas etiquetadas como "en restauración", una amplia mesa y pocas herramientas conforman el cuadro del lugar que, a juicio del asesor artístico, no tiene la infraestructura requerida para hacer trabajos de restauración.
"Esto lo ejecutamos de una manera muy empírica. Hoy por hoy lo que hacemos es realizar un parche parcial, que tarde o temprano se deteriora", señala. El trabajo es tan "empírico" que hasta la mayoría de los insumos los trae el propio Astesiano de su casa. "La cola Beva, con la que se hacen los parches y que es fundamental para nosotros, no se consigue ni en Uruguay ni en Argentina. El que estamos usando me lo trajo un compañero de Estados Unidos", cuenta. Los consolidantes y el barniz de retoque tampoco se compran en el mercado uruguayo.
Pero lo que más indigna al apasionado restaurador es que no existan en Uruguay cursos regulares de capacitación: "Los que trabajamos en esto tuvimos que ir a estudiar afuera", acota.
Astesiano es también quien decide la ubicación de las obras y cada tanto compra obras por encargo: "Si hay algo en los remates que le interesa al presidente o algún senador voy y remato para el Palacio Legislativo", explica.
Durante la recorrida pudo verse a un grupo de escolares que estaban de visita guiada. En un momento uno de ellos hizo como cualquier niño curioso sin orientación: tocó con el dedo índice uno de los retratos de Zorrilla de San Martín. Astesiano no lo vio porque estaba de espaldas, pero consultado sobre ese tipo de conductas sólo exclamó: "¡Ahh!"
Acto seguido enganchó con la incidencia de los flashes en el deterioro de las pinturas: "Para que haga daño deberían tomarse muchas fotos a la vez y acá tenemos bajo índice de visitas", explica.
Para contrastar recuerda el sonido que producían los flashes de los turistas en el Puente de los Suspiros de Venecia: "Se parecía al de un motor", dice y agrega: "Acá no incide tanto porque tenemos 100 años de historia de arte, pero en países con 1.000, 2.000 ó 3.000 años sí. Yo trabajé en Venecia en la restauración de una iglesia del 900 y una cosa que veíamos en las estatuas es que no tenían pie. ¿Por qué? Por la acción de cada uno de los besos de los fieles que pasaron por allí. Nosotros no llegamos a ese nivel, pero igual sugerimos que si vienen 60 personas, saquen un par de fotos, pero no 60", señala.
¡Cuidado con los plumeros!
Los deterioros en las pinturas tienen dos posibles causas: por acción mecánica y por acción de la enfermedad. La primera se vincula a golpes y a otras herramientas mortales para las obras pictóricas, como los plumeros: "el destructor de la pintura de todas las épocas", explica Astesiano. Tampoco se deben usar telas que tengan hilos, como las estopas. "Lo que hay que utilizar es un tela sintética y que sepamos que no destiñe", explica. Usar solventes está permitido, pero nunca disolventes, como acetona o thiner.
El segundo factor (la enfermedad) está vinculado a la génesis misma de un obra: "Todos los cuadros cuando nacen se enferman. Por ejemplo, si es en tela ya nace mal porque cuando se estira para poner las tachuelas se hace una tensión totalmente despareja. Luego, cuando se pone el óleo, éste se va moviendo de una manera determinada, con lo cual las tensiones también son diferentes. Tené en cuenta además que el óleo -si se trabaja a la manera académica- seca en 60 años".
El miércoles pasado el equipo de Astesiano comenzó el repaso de todas las obras. Se realiza cada 2 años. Pronto sabrán cuántas y cuáles obras piden pase a enfermería.